El hombre que reinventó el tango

El hombre que reinventó el tango
marzo 11 17:50 2021

Hoy día es imposible hablar de la marca sonora rioplatense por excelencia sin mencionar a Ástor Piazzolla

Autor: Pedro de la Hoz | pedro@granma.cu

11 de marzo de 2021

Ástor Piazzolla. Foto: Tomada de Internet

Si el tango en una época fue –quién lo discute– Carlos Gardel, hoy día es imposible hablar de la marca sonora rioplatense por excelencia sin mencionar a Ástor Piazzolla.

A cien años del nacimiento del célebre músico argentino, el 11 de marzo de 1921 en Mar del Plata, nadie ignora el talante universal de su legado. El tango alcanzó en sus manos una dimensión global hasta entonces desconocida, pese a los ataques de los puristas y la resistencia de los espíritus conservadores.

A inicios de los 70, cuando ya había recorrido un largo trecho y era el reconocido autor de piezas que adquirirían connotación clásica como Adiós Nonino, y líder de agrupaciones de primerísima línea como el Octeto Buenos Aires, el Nuevo Octeto y el Quinteto Nuevo Tango, lamentaba: «El tanguero es de una secta que nace, vive y muere por el tango, ignorando cualquier otra variante de la cultura. Hace 40 años en Buenos Aires nadie se atrevía a violar esa religión llamada tango, pero la renovación era totalmente necesaria, como lo es en cualquier otra música. Los tangueros nunca han aceptado mi música».

Nada lo amilanó. Supo fundir los aires de su tierra y vivificarlos con las mejores tradiciones occidentales de la música de concierto y el jazz. Bebió en las fuentes de Bach y Bartok, con el oído puesto en asimilar el linaje de Julio de Caro y Aníbal Troilo. Incluso, contrario a lo que no pocos piensan, manifestó una deuda de gratitud con Gardel, como lo prueba en una carta que dedicó a la memoria del llamado Morocho del Abasto, en la que escribió: «Quizá llamándote Charlie te acordarás del pibe de 13 años que vivía en Nueva York, que era argentino y tocaba el bandoneón. Además, trabajó de canillita contigo en El día que me quieras. Te puse Charlie cuando me preguntaste en tu casa cómo se decía Carlitos en inglés. ¿Te acordás cuando te llevé un muñeco de madera que había tallado mi viejo? Esa mañana me dedicaste dos fotos, una para Vicente Piazzolla y otra para el simpático pibe y futuro gran bandoneonista. De 1934 a hoy, 1978, pasaron 44 años y realmente no te fallé».

El tango nuevo de Piazzolla se hizo tango a secas, lo mismo con sabor a milonga que a música de cámara, tan exigente en las pequeñas como en las grandes formas orquestales. En Balada por un loco y la ópera María de Buenos Aires. En Hommage a Liege, para bandoneón, guitarra y orquesta, que Leo Brouwer estrenó en 1985 desde el podio, con la presencia de Cacho Tirao y el autor, en un teatro belga  y  el estremecedor Libertango.

Su compatriota, el gran escritor Ernesto Sábato, suscribió con plena razón: «Existe un tango antes de Piazzolla y otro tango después de Piazzolla».

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