Para entender que entramos en una nueva era II

Para entender que entramos en una nueva era II

Se preguntará quién lea estas notas por qué el número romano “I” en la anterior, nos avisa el intento de proyectar más luz sobre lo que cambiará el rumbo de Chile este 2022, es decir: el nuevo gobierno con su programa y la nueva Constitución, sobre la que votaremos a fines de año. Existe entre ambos hechos una muy clara relación, obedecen a la largamente sentida necesidad de deshacerse del modelo impuesto por la dictadura.

El cambio regular de presidente cada cuatro años fue coronado el 2021 por un triunfo abrumador de las fuerzas progresistas, al tiempo en que un “Chile despierto” está construyendo una nueva Carta Magna, cuyas directrices ya están propuestas en el Programa de Gobierno de Apruebo Dignidad. No debe sorprendernos, tanto la Convención Constitucional y el Programa son el reflejo del estallido popular de 2018/19 -la legítima voz del pueblo. Ambos procesos apuntan a la superación del neoliberalismo y al avance hacia la dignidad, la democracia y la justicia social. Bastaría con ello para reconocer que “entramos en una nueva era”, la de una democracia avanzada.

Ocurre, sin embargo, que tal avance viene en brazos de una nueva generación, con su propia manera de ver los problemas de la sociedad, enfocando causa, constatación y solución holísticamente, fuertemente relacionados -transversalmente. De ahí, por ejemplo, la frase del objetivo “Ecología justa” en el Programa: “Hoy la pobreza y la desigualdad tienen cara de sequía, de contaminación y de devastación de ecosistemas que sostenían formas de vida que ya no son posibles.” Diagnóstico que concuerda prístinamente con el enfoque entregado en un discurso del nuevo vicepresidente de la Convención Constitucional, Gaspar Bascuñán -digno de ser más difundido- en el que habla de la salud, tema central en las demandas sociales, como dependiente del entorno natural (polución y clima), el acceso al agua (bien nacional), la calidad de la vivienda (parte de la dignidad), la educación (conocimiento y oficio), el trabajo (seguridad laboral), planteando que para lograrla a médicos y hospitales les corresponde solo un 20% de las acciones necesarias.

Refiriéndonos a este tipo de detalles podemos entretenernos largo rato. Y es necesario abordar otras esferas de la nueva manera de hacer política. Ya vendrán el número III, el IV, etc., si mis sesos los encuentran. Pero demos por ahora demostrado que el Nuevo Gobierno y la Nueva Constitución van juntos y tienen el mismo horizonte, su éxito y defensa es nuestro gran desafío.

El Chile que puede resultar del éxito de ambos no solo será más democrático y digno, contribuirá a frenar el recalentamiento de la atmósfera, protegerá sus recursos naturales, beberá agua limpia, enseñará gratuitamente lo que los jóvenes necesitan saber, y un largo etcétera; porque habrá superado las injusticias del neoliberalismo, será sustentado por una generación que abraza una visión integral del bienestar humano y sabrá reconstruir la cultura que abarque a todos y sea de todos, a la vez que será la patria de todos los que lo habitan.

El corolario de esta elucubraciones es que creemos que hoy, a diferencia de cuando el dictador salió de La Moneda, hoy vemos un futuro posible diferente… “entramos en una nueva era”. El nuevo presidente tiene ante sí la dura tarea de abrir las alamedas auguradas por Salvador Allende… casi 50 años atrás.

Germán Perotti

16 de enero, 2022

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