Miercoles 24 de Abril del 2019

Sobre teatro chileno sueco


Sobre teatro chileno sueco

Se comenta, y ya hay proyectos sobre el tema “doscientos años de relaciones entre Chile y Suecia”. Cuarenta lustros en los que, podríamos decir, los contactos han ido aumentando de uno a miles -aunque no se sabe cuántos. Pero algo sabemos del último medio siglo, en el que las relaciones se han intensificado en todos los niveles de la sociedad.

No escribo hoy acerca de esa larga historia, amerita un buen tiempo de historiadores profesionales investigando, lo hago a partir de la experiencia personal. Cuando, hacen 55 años, vine a Suecia por estudios (con tantas idas y venidas no sé ahora cuántas veces he venido) los chilenos en estas latitudes no pasábamos de 10 incluyendo el personal de la embajada, casi todos estábamos de paso; al llegar al exilio en 1973 se hablaba de una centena; a la salida del dictador de la Moneda en 1990, éramos alrededor de 27.000, se hablaba de dos generaciones; hoy, con una tercera en la comunidad, nos pasamos de los 60.000.

Acortando en palabras: más allá de unas cuantas multinacionales suecas representadas en Chile y algunos becados chilenos transitando por las empresas y universidades suecas, poco o nada sabíamos de nuestros pueblos en los años 60, ni de su existencia y sus culturas. Tras medio siglo transcurrido, prácticamente todos los chilenos saben que Suecia no es Suiza y lo mismo, los suecos saben que Chile no es una provincia de China.

No es de extrañarse entonces de que ocurran contactos en todos los niveles y hasta se pueda hablar de mutua integración. Lo que justifica la engorrosa introducción es la entrañable experiencia tenida el reciente sábado 13 de abril en el AliasTEATER de Estocolmo. Un escritor chileno, Alejandro Sieveking, traducido al sueco en su obra teatral “Ánimas de día claro”, presentada por actores suecos, dirigida (en sueco) por con director chileno, Boris Kozlowski. Todo ese regalo de entendimiento cultural venido de provincia: Uddevalla, al norte de Gotemburgo.

Como buena parte de la obra de Sieveking, “Ánimas de día claro” representa temas del imaginario chileno, rico en intentos de generar contactos con la deseada vida más allá de la que estamos viviendo. Es una dulce historia de la relación entre el alma de una joven fallecida y un campesino emprendedor que exalta el triunfo del amor cuando concluyen que ella lo esperará hasta cuando a él le toque llegar al mundo de las ánimas.

No es el caso de dárselas de crítico teatral. Se trata más bien la constatar el potencial que la relación entre pueblos y culturas genera cuando se encuentran a través del arte, algo tan necesario hoy, cuando nos vemos frente a las fuerzas reaccionarias buscando destruir el mundo en aras del lucro. Se trata también del reconocimiento de los esfuerzos que a través de la creatividad chilenos y suecos vienen intentando generar esa doble cultura que naturalmente debe surgir de ese entendimiento. Son ya incontables esos intentos, provienen del calor de la solidaridad que el pueblo sueco nos rindió en tiempos negros de brutalidad fascista en nuestro país. Se trata de un patrimonio “binacional” que es necesario mantener vivo y desarrollándose. Aunque se piense que es simple idealismo, el entender que así se construyen la paz y una globalización sin lucro es, en mi opinión una constatación; es el camino para lograr la convivencia en paz.
 

Germán Perotti

18 de abril, 2019

 

 

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