Viernes 14 de Agosto del 2020

Se nos vino septiembre III

 

Se nos vino septiembre III

Dado que el tema que nos preocupa en esta serie de notas, con el “se nos vino septiembre” parece reiterativo, se hace necesario explicar que ese “se nos vino”, al momento de iniciar la serie, había apuro; se había perdido tiempo en relacionar el plebiscito de octubre y la elección de la Asamblea Constituyente con un pasado que, al parecer, se estaba echando al olvido intencionadamente: el cincuentenario del 4 de septiembre de 1970. Su relación con las próximas consultas populares, que no son solo una elección más, sino un desafío a entender por qué vamos a votar, es de vital importancia; existe un trasfondo histórico de dos siglos de luchas, con guerras civiles incluso, en que sectores de la sociedad impusieron diferentes Constituciones asegurando la protección de sus intereses. Así hasta 1925, en que la protesta popular obligara a Arturo Alessandri a promulgar Carta Magna que conocimos con el nombre de ese año que, con algunas reformas, hizo posible que el Programa de la Unidad Popular triunfara ese inolvidable 4 de septiembre, iniciando el proceso brutalmente interrumpido 3 años después… todos sabemos cómo.

Ocurre entonces que la Constitución Política que permitió las realizaciones del gobierno encabezado por Salvador Allende fue producto de la lucha del pueblo, como será la que inexorablemente Chile se va a dar después de la pandemia del virus, pero derivada del “Chile despierto”, abriendo definitivamente las alamedas que Allende nos anunció en su último discurso. Es ese referente histórico el que nos interesa destacar con nuestro intento de estimular la participación en el próximo proceso. Una vez ganado el plebiscito y asegurada la composición de la Asamblea Constituyente se viene la necesidad de asegurar el contenido de la nueva Carta y nuestra tesis es que en las propuestas y realizaciones de la Unidad Popular está la base de ese contenido y que los muros de los lugares en que se manifestó el pueblo a partir del estallido de octubre nos las recuerdan constantemente.

Ahora bien, al recordar la que llamamos “la única primavera que Chile ha tenido”, casi rutinariamente destacamos el medio litro de leche en las escuelas, las guarderías en los lugares de trabajo, la nacionalización del cobre y los bancos, las instancias de participación y otros innumerables etcéteras. Pero hay algo más: para asegurar la soberanía y la dignidad nacional e implementar o consolidar los avances en la implementación del programa y desarrollar una democracia con pleno respeto de los derechos humanos, la Constitución vigente -la de 1925- era insuficiente. Nuestro presidente mártir lo sabía y entendía así. A lo largo de los mil días impulsó y participó en el proyecto de nueva Constitución que, llamando a un plebiscito -el 12 de septiembre del 73- se sometería a la opinión del pueblo.

Lautaro Cotal, paciente explorador de Internet, nos ha compartido días atrás un revelador documento que la solidaridad aportó en España 20 años después del golpe cívico militar -lleva el título “Mi propuesta a los chilenos”. Con prólogo de Joan E. Garcés, asesor político de Salvador Allende y uno de los coautores de la propuesta, se presenta el texto de una nueva Constitución para Chile.

No somos ni la sombra de un perito en la materia, pero creo importante comentar aspectos relacionados con esa propuesta:

1. Nuestra constancia en la lucha por una constitución que abra el camino a una nación plenamente   democrática y participativa cumplirá 50 años el próximo 2023.

2. La propuesta allendista buscaba reforzar la participación de los trabajadores en las decisiones políticas, entre otros aspectos, reemplazando el vetusto Senado por una “Cámara de los trabajadores” -tema que amerita toda una nueva nota.

3. Para lo que viene en alga más de un mes, contamos con propuestas que parten con el documento rescatado, pasan por los acuerdos de los encuentros constituyentes populares del 2016 y están representadas en las demandas del estallido de octubre. Lo que justifica nuestra insistencia en asumir el momento del plebiscito de octubre y la Asamblea Constituyente apoyados en la historia de nuestros esfuerzos.

El prólogo de Joan Garcés del documento que comentamos comienza con: “La construcción de un Estado democrático es un horizonte ideal, móvil, que encierra dimensiones sociales, económicas y políticas internas. También internacionales en la medida que aspire a una soberanía nacional efectiva.” Ese primer párrafo nos abre los ojos al contenido de la propuesta allendista. En ello, anticipándome a la descripción de la propuesta y resumiendo mi lectura, el rol del Estado es “irrenunciable” y debe ser definido por una Constitución opuesta al estado subsidiario impuesto a sangre y fuego por el fascismo en nuestro país.

Respetando la extensión de estas notas me quedo aquí, argumentando solamente la importancia de que debemos atenernos a lo ya existente para aportar a los contenidos que deben configurar la propuesta de una nueva Carta Magna, por lo visto, más que necesaria y tan largamente ansiada.
 

Germán Perotti

12 de agosto, 2020

 

 

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