Lunes 01 de Junio del 2020

Entre Apruebo y rechazo

 

 

Entre Apruebo y rechazo

Entre Apruebo y Rechazo se ha metido un bicho, no es virus ni bacteria, es la abstención. Pero en el caso del próximo plebiscito del 26 de abril en Chile, tampoco se trata de esa porfiada abstención que los electorados de todo el mundo han sufrido estos últimos años. Ahora se trata del llamado a no votar, solapadamente planteado por ahí y propagado por algunos… despistados diría yo.

Valga la concesión a ellos con ese adjetivo; toda vez que no se dan cuenta de que no participar el 26 de abril es hacerle el juego a la reacción. Invitar a no votar es dudar de la única herramienta que tenemos – por ahora - los de abajo para influir en las normas, el quehacer común y del Estado. Pero abstenerse en Chile, hoy, es también no hacerle caso a las demandas del pueblo que se pretende reivindicar con ese mensaje; es no percatarse de que el llamado a plebiscito es una conquista de las bases de nuestra nación, de los que por cientos de miles desafían la brutal represión en la Plaza de la Dignidad, las ciudades y pueblos, a lo largo del país. Además, no votar esta vez es no hacerle caso a los cientos de cabildos ya realizados y marchas, es desconocer a los vecinos que sacan mesas a la calle y por primera vez conversan sobre lo que hay que hacer para sacar al país del abuso y el profitar; qué hacer para recuperar la dignidad. En otras palabras, no participar y solo criticar, es no saber dónde se está parado/a.

Se argumenta también que no vale la pena votar porque todo está “cocinado” de antemano. Tamaño temor a quemarse en la cocina no había visto yo en mis largos años. Menos aún tan fuerte pesimismo. Más bien no opinar cuando se cree que los guisos políticos, aunque incomibles, son irreversibles. Se opina y se actúa en política para cambiar el menú, no para dejar que la cocina se apague. Esa es la estrategia de la derecha. Los hay también que creen que basta con echarle un poquito de sal, como hemos venido experimentando los últimos 30 años de democracia concertada. En pocas palabras: no votar ahora es no darse cuenta de que Chile despertó.

La abstención no es “abstinencia” de la política, en verdad, es una forma de expresar descontento, al que el sistema político y la desigualdad, de clase y género por lo demás, no le da salida. Y está claro que el “rechazo” a una nueva Carta Magna se apoya en ella, ya que, sin militancia o definición sobre el tema, o por quién votar, deviene en base electoral a favor de la derecha de todos modos.

Por último, a nivel personal, aunque no se suela actuar políticamente, votar significa la propia satisfacción de haber contribuido.

Terminemos con aquello de por qué debemos participar y, por tanto, votar por Apruebo. Por algo se le vienen poniendo parches a la Constitución pinochetista. Aunque sólo se le haya limpiado la cara haciendo creer que era democrática porque se terminó con los Senadores vitalicios, el sistema binominal y de pasadita se le concedió derecho a voto a los chilenos en el extranjero sea democrática, pero conserva todos los elementos que preservan las

garantías del lucro, la explotación de los trabajadores y la destrucción de nuestra naturaleza. Una gran mayoría piensa que hay que cambiar la Constitución y no continuar parchándola; hasta el presidente de Renovación Nacional se “desborda” a cada rato en ese sentido.

Además, es bueno recordar que las manifestaciones de descontento a nivel nacional de los últimos cinco meses han logrado más que el desconcierto de la clase dominante y sus títeres: se han visto obligados a preguntar en un plebiscito “si” cambiar la Constitución o no. Y de ahí la segunda consulta del 26 de abril: con “qué” instrumento se la construye. Todo un avance. No argumentaremos acá, porque la respuesta es solo una: de la manera más democrática posible, la “Asamblea Constituyente”, libre y soberana, como ha planteado “Unidad Social”. Recordando por cierto de que tal Asamblea es la propuesta a agregar cuando se marca el voto con “Convención Constitucional”

La tarea del momento es trabajar por ello de aquí al 26 de abril, ese día defender nuestros votos en las urnas. En una próxima nota conversaremos acerca de cómo constituir esa asamblea.
 

Germán Perotti

Estocolmo, 27 de febrero 2020


 

 

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