Sábado 28 de Marzo del 2020

En torno al Chile despierto

 

En torno al Chile despierto 

Es bueno revisar papeles que uno ha dejado a un lado, olvidando incluso su contenido. Haciendo eso en días pasados, me reencontré con un artículo del economista Manuel Riesco que imprimí al leerlo; lo había publicado “Crónica digital” el 12 de mayo del 2018, su escueto título: “Fascismo”. 

Considerando las protestas de fin de año y comienzo de éste, lo primero que creo interesante destacar en ese artículo es que Riesco confirma una vez más que el “Chile despertó” es el resultado del descontento y frustación acumulados por decenios. Sin duda desde la dictadura misma y de 30 años de “transición democrática” neoliberal, con la que nos quieren escatimar hasta el agua. Cito a Manuel Riesco para que los lectores conoscan su bien formulada posición al respecto: “La extendida indignación popular es justa, porque la élite prohijada por la Dictadura ha impedido que, al cabo de tres décadas, el sistema democrático corrija los abusos y distorciones heredados de aquella. Principalmente, que el gran empresariado se haya apropiado de recursos naturales que pertenecen a todos y viva de sus rentas y, no contentos con ello, escamotean además a los trabajadores un tercio de sus ya modestos y precarios salarios mediante cobros forzosos supuestamente destinados a contribuir al ahorro nacional y pagar la educación, y mediante intereses usurarios. El Estado mismo es aun insuficientemente democrático, instituciones fundamentales que se mandan solas se han corrompido y servicios públicos arrastran deficiencias inaceptables.” 

eso es lo que ha sucedido 17 meses después: el despertar de Chile ante la acumulación de tales síntomas. 

Al momento de expresar Riesco lo citado (2018), lo que había detrás era la lenta suma del descontento durante la dictadura y a partir de su salida pactada. Es decir, la lenta recuperación de las organizaciones sindicales, la manipuleada protesta de las “marchas de los pingüimos” y después las de los estudiantes universitarios, las nuevas privatizaciones, la corrupcción de las fuerzas de orden y militares, y varios etcéteras más. 

Todo ello aumentado por los descarados intentos de legislar contra los trabajadores. Bueno... y también las piñericosas, por cierto. 

Desde el momento de la salida de Pinochet de palacio -sus acólitos gozan del poder hasta ahora- estuvo claro que tantos abusos sólo podían cometerse amparados en la Constitución Política impuesta por su dictadura. En otras palabras, la demanda central que emana hoy de las manifestaciones: “una nueva Constitución”, es a lo menos tan antigua como el inicio de la transición democrática -la izquierda, el Partido comunista, la impugnaron desde su promulgación en 1980. Sabemos también que los derechos a la salud, la educación, salarios y pensiones justos, vivienda digna, escritos como demandas en los entornos a la Plaza de la Dignidad serán posibles bajo una Constitución que abra puertas al  desarrollo de una verdadera democracia. 

Y en esas estamos, con la derecha uniéndose, solo temporalmente desorientada por la protesta popular, en torno al “No” a una nueva Constitución y jugando al agotamiento de los que protestan. A lo que hay que sumar los intereses comprometidos en los negocios presentes en la oposición y los eternos “dueños de la verdad”. Y por otra parte, una oposición deliberando y por tanto, dividida, con llamados a la unidad a condición de que sea en torno a lo que ellos proponen, sin considerar la necesidad de la amplitud en la fuerza que logre avanzar en democracia y terminar con los abusos neoliberales.  

Los alrededor de 75 días que restan para el plebiscito que definirá la opción de una nueva Constitución y la manera en que ésta se materialece son cruciales para que triunfe el Si, pero también para que las opciones de cómo se configure la nueva Carta Magna permita avanzar en nuestros derechos. Es decir, permita que la democracia real avance. Por tanto, el mecanismo que el plebiscito apruebe debe ser lo más cercano a una Asamblea Constituyente, único mecanismo realmente democrático para esos efectos. 

Finalmente, una advertencia emanada del artículo “Fascismo” de Manuel Riesco que inspiró estas notas a partir de una nueva, esta vez parcial: “El fascismo resurge cada vez que las sociedades modernas enfrentan crisis que atemorizan a la ciudadanía... En tales condiciones aparecen demagogos que intentan desviar la ira popular hacia chivos expiatorios...” 

Palabras que ameritan sendos comentarios. 

Germán Perotti 

Estocolmo, 19.01.2020 


 

 

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