Lunes 20 de Enero del 2020

Mi primera semana en un Chile despierto

 

Mi primera semana en un Chile despierto

Escribo con atraso, debería haberlo hecho antes de la “salvada” de Piñera en el parlamento. Llegué a Santiago el 4 de diciembre, pero los trabajos que me trajeron y los encuentros con los seres queridos que van quedando toman su tiempo, cansan, además, con 30 grados de calor de calor. Pero vamos al grano…

La vista al pasar por primera vez frente a la plaza Italia -hoy de la Dignidad- es desoladora, no hay superficie vertical sin consignas, incluso los monumentos, el General Baquedano luce una bandera tricolor amarilla, roja y verde, anda a saber si venezolana o colombiana, el pasto, aún no del todo amarillo, pisoteado, los edificios del entorno con sus lados a la calle tapados. Flotan en el aire, sin embargo, el optimismo y la esperanza: “Chile despertó”.

También se siente ello en los primeros contactos humanos; el taxista deplora los destrozos, pero los justifica; el dueño del hotelito en Providencia en cuyo café me refugio para conectarme electrónicamente -todo un empresario- me pregunta cómo se ve lo que está ocurriendo desde el extranjero -participó en las protestas. El amigo de la infancia que me invita a cenar la segunda noche de mi llegada, lo menos que dice es: “de ésta algo sale”, optimista en todo caso, acepta el que estamos viejos y que a lo mejor no vamos a ver “lo que saldrá”. Será un proceso largo que debe ir configurándose.

Pero más interesante es conocer relatos de participantes y observadores. En un barrio pegado a la cordillera los vecinos se arman de palos y fierros para defender su propiedad ante la eminente pasada de la columna que marcha a sumarse a las protestas, y los manifestantes pasan por su calle contando, invitándolos a que se adhieran. Me han contado más de un caso similar. Una amiga de amplia experiencia política y dedicada a trabajar en comunidades relata los cabildos locales autoconvocados y sus esfuerzos por hacerse oír; según ella, son muchos los casos en que vecinos que sólo se saludaban por cortesía, han comenzado a conversar.

Es un despertar que según todos los conocidos perdurará. Da la impresión de que el individualismo está derivando en social. Emblemáticos resultan los jóvenes que con instrumentos improvisados y pitos reemplazan semáforos y dirigen el tránsito en esquinas clave. Se relatan formas de autodefensa colectiva. Las manifestaciones de mujeres completan esa idea de que en el Chile que despertó incluye el “nosotros”.

Lo dicho hasta ahora son impresiones. A lo mejor falta objetividad y sobre todo análisis Difícil tarea, la prensa no habla de ello, salvo cuando escribe sobre desmanes y las dificultades de la izquierda. Los partidos políticos parecen acallados. Se sorprenden los amigos cuando se les dice que se vislumbra una estructura del movimiento con la acción de sindicatos y organizaciones sociales, no saben del contenido de las propuestas que se ventilan, las que están a todo color pintadas en los muros de la ciudad. Solo te dicen “esta tarde hay una protesta en la plaza, no se sabe de quiénes y por qué... no te acerques.

Causa del malestar que se expresa incluso como odio contenido en los desmanes laterales, es la acumulación de frustraciones por el desprecio y la arrogancia del régimen a las justas reivindicaciones y derechos básicos que los “tiempos mejores” traerían y la constatación de para quién esos tiempos estaban concebidos.

Se suma la marginalización que vemos en la proliferación de carpas diseminadas en parques que pronto se transformarán en una nueva versión de las poblaciones callampas. Son las viviendas de los que metafóricamente -o maléficamente- se mencionan hoy como los que están en “situación de calle”. Y no se trata solo de carpas o tiendas armadas con frazadas y y ramas, algunas apoyadas en los muros de edificios públicos. El viernes 13 debí concurrir al Museo de Arte Contemporáneo a una reunión a las 10 de la mañana, al subir por las centenarias y pomposas escaleras de la entrada, cuando ya hay un techo, me topé con una pareja durmiendo sobre un colchón, ella aún en sueño él desperezándose.

Las manifestaciones se repiten continúan porque estamos en los “tiempos malos”.

Sobre visiones y salidas habrá que indagar mucho y escribir algunas notas más adelante.
 

Germán Perotti

Desde Santiago

15 de diciembre, 2019

 


 

 

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