Miercoles 18 de Julio del 2018

Kiko Pino expone en el barrio

 

Kiko Pino expone en el barrio

Sábado 13 de enero, hago el recorrido matinal bajo tierra que nos lleva de una de las islas de esta bella ciudad hacia Husby, barrio satélite de Estocolmo, que luce su propio centro cultural con su correspondiente sala de exposiciones. Voy pensando sobre la connotación que Kiko le da a la nueva muestra de sus pinturas: “Made in förorten” (hecho en el barrio). Me ha pedido que diga unas palabras en sueco en la inauguración y me intriga que destaque el barrio como procedencia de su obra.

Las distancias de esta ciudad generan culturas y dialectos barriales, ocurre incluso que se siente orgullo por pertenecer a un sector. La lástima de ello en nuestro caso es que apenas nos informamos sobre el quehacer de los chilenos, tan dispersos geográficamente y, si nos enteramos, no nos dan el tiempo o las energías para acercarnos. Se nos pasan así sin mayor trascendencia sus aportes a nuestra condición binacional. Y ocurre que es en el plano local donde se puede apreciar mejor eso de atender inauguraciones o presentar eventos en sueco y español. Es, en otras palabras, donde se experimenta mejor la “integración” tan palabreada actualmente y en el caso de Kiko lograda por su trabajo. Él desarrolla su actividad a nivel local y logra un público mezclado. No se me ocurrió, en todo caso preguntarle si tenía alguna razón propia para destacar el carácter local.

Pero no es sólo eso lo que debemos comentar respecto de la muestra de Kiko y sus cartones recuperados. Lo conocemos desde que llegó a Suecia en 1987 tras haber resistido 14 años de dictadura con su respectivo período de cárcel y tortura. Traía toda una vivencia que a otros ha sumido en amargura y “pérdida de brújula”. Pero Kiko Pino no. Es de madera dura. Sin restarse a la solidaridad, se metió en el idioma, estudió pedagogía y siguió creando. Es lo que debemos destacar en Kiko en primer lugar; es uno de los mejores ejemplos de lo que hemos dado en llamar “el exilio creador”.

Hay, por cierto, diferentes categorías entre los que intentan crear en el exilio; están, por ejemplo, los que improvisan buscando expresar sus nostalgias, aunque sin mayor oficio, o los que buscan dominarlo primero y se someten al aprendizaje. Merecen respeto, se dan buenos resultados entre ellos en nuestra comunidad. Pero Kiko es diferente, su instinto creador lo llevó a estudiar en las escuelas de arte de Valparaíso y como artista nato, ha sabido aprovechar el oficio aprendido para desarrollar una expresión -o estilo- propio. Estilo que a esta altura es una síntesis de trabajo constante y lucha por una sociedad mejor. Esta vez, el mensaje del artista adopta la inquietud por el medio ambiente tanto en la elección de los materiales que usa, como en su introducción de mensajes escritos (la letra como parte de la composición, integrada a ella) en sus cuadros.

Figurativo o no, pensando en los que ven en la pintura solo la interpretación de lo que capta la vista, en la obra de Kiko lo que vemos es la madurez alcanzada, el oficio. Además, una tremenda inquietud. Sus “formas” bien dispuestas en el plano nos pueden parecer arbitrarias, sin embargo, son más bien su rechazo a la violencia.

Otra observación que debemos destacar es su uso del color, hay una gran armonía cromática en sus cuadros. Incluso en contraste, su peso en la obra deviene balance. En más de una medida, la sensibilidad para matizar los colores hacen al pintor. En eso Kiko no se pierde.

Alejado de donde viven muchos de nuestros lectores, vale la pena “viajar a Husby” y conocer la obra de este luchador.

Germán Perotti

Estocolmo 22 de enero 2018


 

 

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