Martes 24 de Octubre del 2017

Sobre Juan Rulfo

 

Sobre Juan Rulfo

El Taller Literario de la Federación Nacional Víctor Jara y el grupo teatral “Fugamar”, bajo la dirección de Enrique Durán, nos han brindado el viernes 26 recién pasado de este mes una emotiva tarde, digna de elogio y desafortunadamente única, por ahora, toda vez que no sabemos cuándo la podremos ver nuevamente. Su tema: un homenaje instructivo y artístico al escritor e intelectual mexicano Juan Rulfo en el centenario de su nacimiento.

Digo “instructivo”, porque el Taller Literario se dio el trabajo de investigar y rescatar en medios y libros una imagen biográfica del gran Rulfo, sobre el que escasamente se habla y, sin embargo, ha sido traducido a más de cincuenta idiomas; la exposición amenamente alternada del texto preparado por el Taller y leído por Liliana Díaz y Lautaro Cotal, nos entregó un Juan Rulfo bien puesto en su entorno,
inmensamente sensible, profundo en su pensamiento, gran lector y un no solo exigente y autocrítico escritor, también un documentalista fotográfico.

Y dije “artístico”, porque el grupo Fugamar, con sus dotados actores Florencio Urbano y Jaime Gatica, se dio el lujo de mostrar una dimensión poco conocida de la creatividad de los compatriotas residentes, o al menos poco difundida: el buen teatro. Esta vez su actuación representaba la dramatización del cuento -novela corta- “¡Diles que no me maten!” del homenajeado Juan Rulfo, realizada por nuestro legendario
“teatrero” Enrique Durán. Todo un esfuerzo creador que nos confirma nuestra convicción de que el exilio no nos doblegó, que el apagón cultural que la dictadura intentó fue, quizás, su primer fracaso.

Se suele destacar tan solo la parquedad de Juan Rulfo en su producción literaria; sólo dos libros: sus 18 relatos reunidos en “El llano en llamas” (1953) y su novela “Pedro Páramo” (1955). Ambos rápidamente posicionados entre las obras maestras de la literatura latinoamericana. Se sabe poco, sin embargo, de su actividad cultural, sus artículos teóricos y su elección a la Academia Mexicana de la Lengua en 1976. Diez años antes de su fallecimiento, aunque su discurso de entrada es leído solo en 1980; en el que se destaca su modestia, la que se proyecta en toda su labor intelectual y su vida. Tampoco sabemos suficientemente acerca de su escritos o sus viajes, su presencia dando charlas en universidades y foros europeos y latinoamericanos. Es decir, una aparentemente escasa producción, pero grande y brillante actividad intelectual; la que fue reconocida, al menos, con el Premio Nacional de Literatura en México en 1970 y en España con el Premio Príncipe de Asturias en 1985.

En este año, en que nos han salido al paso muertes de figuras queridas de nuestra generación y varios centenarios de nacimientos de ilustres, el recuerdo de Juan Rulfo reabre las inquietudes por ese inmenso y mal reconocido conjunto de culturas latinoamericanas, ávidas de ser estimadas por su valor, de tomar parte de la solidaridad entre nosotros y ser valoradas por su peso real.

Juan Rulfo por su parte, nos trae a la memoria la trágica historia del pueblo mexicano, transformándose en un imprescindible en la formación de nuestra identidad regional. Cuando avancemos en ello, se nos aparecerá Rulfo al frente llevando la bandera junto a la ya gran pléyade de creadores que nos definen como pueblo. Nuestro Taller Literario viene ayudándonos a reconocerlos desde hace buen tiempo y
merece que lo destaquemos.

Germán Perotti
27 de mayo, 2017


 

 

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