Viernes 21 de Septiembre del 2018

Más articulos

Mujeres reivindican al Wallmapu mediante la música

Mujeres reivindican al Wallmapu mediante la música. Daniela Millaleo y Karen Wenül realizaron un ciclo de conciertos donde alzaron reivindicaciones de pueblos originarios y de todas las mujeres indígenas. Son jóvenes, mujeres y mapuches que reivindican la lucha del Wallmapu, a través de la música tradicional


Te recordamos Víctor Jara

Víctor Jara, canto libertario, canto de alegría, canto de dolor canto de lucha y de esperanza. Canto de unidad y rebeldía, canto perdurable y duradero más allá de tus días y de tu vida,. Dejaste tu espacio y tu tiempo en la memoria Canto de unidad y rebeldía, canto perdurable y duradero más allá de tus d


CANTANDO EN LOS ANDAMIOS

Nacida para sufrir decía la propaganda de la teleserie. Un culebrón televisivo que mantenía en silencio, con lágrimas y suspiros a buena cantidad de televidentes. Capaz que más de alguna de ellas se viera un poquito reflejada en el sufrimiento de la protagonista. Quizás hubo entre los seguidores alguien que s


Cine Alternativo El Diálogo de América

Este diálogo se produjo en Chile, durante la visita de Fidel, coordinado por el periodista Augusto Olivares, quien resistió hasta el final, junto a Allende en la Moneda, y allí quedó, el 11 de septiembre de 1973. Viernes 21 de septiembre, 18:00 hrs. local Víctor Jara. Entrada gratis.


Un Mural para José Venturelli

Obra itinirante de Brigada Ramona Parra/Mono González y las niñas y niños de La Granja. Este 12 de septiembre comenzó la itinerancia por Barrio Arte un mural creado por Alejandro “Mono” González en el marco de los 30 años de la muerte de José Venturelli.


Mi deuda de amor

 

Este trabajo fue realizado en el Taller de Literatura del Adulto Mayor, auspiciado por la Municipalidad de Valparaíso y dirigido por la profesora Judith Maury Reyes en el año 2008. De carácter autobiográfico, es un emotivo testimonio, entre muchos, de los que acaecieron en tiempos siniestros.

 
                                  Mi deuda de amor
                       Relato de Sonia Farías, profesora

 
     Desde un muro del camino de Cintura, cerro Mesilla de Valparaíso, se desprende suavemente mi antiguo alumno. Su rostro diáfano, risueño, con el bigotillo que adorna su labio superior. Sus ojos negros, límpidos, transparentes, agudos, afectuosos, me acogen con un cálido abrazo fraterno.

     No puedo detener mis lágrimas, sollozos ahogados en mi pecho, un nudo atorándome en la garganta. Impotencia, recuerdos, recuerdos.

     Años, años atrás, en una noche otoñal, miraba la vitrina de una zapatería, cuando una voz infantil le dice a su madre: “mamá, mamá, mi señorita de la escuela, ¡está aquí, en la calle!”... El niño, al llegar a la escuela, me encontraba ahí y al despedirse, al término de la jornada, con un besito de despedida, yo seguía allí.

     - Sí, sí, -respondió su madre amablemente– también ella sale de compras- y nos despedimos, con un efusivo abrazo, hasta el día siguiente.

     Alejandro, era el menor de siete u ocho hermanos. Su madre había sido distinguida como la mejor madre del sector, por su dedicación y entrega a la familia. Su padre, era un esforzado hombre de bien.
     
     Niño bien cuidado, inteligente. Cuando cursaba segundo básico, su madre muere de cáncer. Yo acompaño a la familia en el sepelio, terminada la ceremonia en el cementerio, el niño le dice a su padre y hermanos: “ahora me voy con mi señorita Sonia, ella es mi segunda mamá”. Yo, turbada, emocionada, no supe qué hacer, el chico había cogido mi mano.

     No recuerdo los argumentos que le dieron los familiares, para desprenderse de mí, mas se fue sin llanto ni coacción imprudente.

     Evoco el vínculo maestra-alumno, fraternal, sin problemas. En cuarto año básico enseñé los primeros movimientos de ajedrez. Alejandro ya los sabía por sus hermanos, con los cuales practicaba, convirtiéndose entonces en un experto.

     En séptimo año fue campeón comunal y provincial de ajedrez. El director de la escuela, ufano del alumno, lo llevaba en su auto a las competencias, fotos publicadas en el diario “La Estrella” del Puerto, adornaban diarios murales. Los retratos fotográficos de Alejandro, pegadas a un mural, servían de publicidad al establecimiento escolar.

     Pasaron los años. Dejé de saber de esa camada de alumnos, los que ya son jóvenes; me saludaban en la calle, cuando nos encontrábamos.

     Un día de agosto -¿1988?-, caminando por el centro de Valparaíso, un joven alto, buen mozo, me alza en un abrazo, dejándome en el primer escalón de acceso a una tienda, para quedar a su altura. –“¡Míreme, míreme, señorita Sonia!”- Reconozco sus límpidos ojos, alegres, -“¡Alejandro Pinochet!” –Sí, señorita Sonia, seré profesor de Ciencias Sociales, como usted… me queda poco. ¡Seremos colegas!...”

     Nos despedimos, contentos. Yo, agradecida de mi profesión, que me daba esa satisfacción moral de gratitud.

En octubre, otro exalumno, viene a mi casa a darme la noticia: “Alejandro, fue secuestrado por la CNI en Santiago. Nadie sabe lo que le ocurrió, más que sus captores”.

     Cuando difundí la noticia en la escuela, bajé al submundo de la cobardía. El director no lo recordaba. Todos mis colegas se excusaban de no reconocerlo como alumno regular, sólo una colega amiga, me consoló y lo reconoció.

     ¡Alejandro Pinochet Arenas, detenido desaparecido!... He asistido a muchas manifestaciones exigiendo conocer el destino de los detenidos desaparecidos. He visto a su padre, añoso ya, luchando por encontrarle. Fuiste de los últimos mártires del gobierno militar.

      En el Cerro Mesilla, camino Cintura, encontré tu cara mirándome desde un muro…
      Escribo estas últimas letras, con los ojos húmedos.
      Espero que me abraces, cuando marche a tu dimensión…
 
 

 

 

Actividades

 

 

Federación Nacional Victor Jara - Estocolmo, Suecia
contactos: director@victorjara.se
© www.victorjara.se autoriza la reproducción total o parcial de los contenidos con mención de la fuente.