Miercoles 21 de Noviembre del 2018

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“Unidad, trabajo decente, crecimiento e inclusión”

Mayo, 1 2018


Las claves del discurso del primero de mayo de la presidenta de la CUT, Bárbara Figueroa.

Santiago. El siguiente es el texto completo del discurso que brindó la presidenta de la Central Unitaria de Trabajadores, Bárbara Figueroa, en la marcha de este primero de mayo:

Queremos iniciar nuestras palabras entregando nuestro pésame a las familias de los trabajadores y trabajadoras fallecidos y aún en estado grave, víctimas de la explosión del sanatorio alemán de Concepción.

Queremos entregar nuestro saludo y solidaridad a los trabajadores, trabajadoras y dirigentes del sindicato de tripulantes de LAN, del sindicato de canal 13 y al sindicato de manipuladoras de alimentos de la empresa SANU.

Saludamos y agradecemos a las organizaciones migrantes, trabajadores del sector público, organizaciones y trabajadores de la comunidad LGTBI, trabajadores de la cultura y las artes, trabajadores por cuenta propia, emprendedores, los trabajadores a honorarios, trabajadores del subcontrato, trabajadoras de casa particular y todas y todos los que nos acompañan en esta jornada, reciban nuestro saludo en una nueva conmemoración del día internacional de los trabajadores y trabajadoras, nuestro y vuestro día.

Un fuerte y fraternal abrazo a todos los trabajadores que están cumpliendo turno en estos momentos, a los trabajadores y trabajadoras de los servicios de salud, a los trabajadores de la minería, el petróleo, el transporte, de los medios de comunicación. A todos aquellos trabajadores y trabajadoras anónimos que en este día cumplen labores para permitir que nuestro país pueda seguir funcionando.

Reciban nuestro fraternal saludo también, los comités de allegados y comités de vivienda que hoy nos acompañan, las organizaciones de derechos humanos (AFDD, AFEP) los estudiantes, secundarios y universitarios, las organizaciones de exonerados políticos, la confederación y federación de uniones comunales de adultos mayores.

Saludamos también desde esta tribuna a las autoridades que nos acompañan, diputados y senadores de la república, ex ministros y ministras del gobierno de Michelle Bachelet, los militantes y directivas de los partidos político: del partido socialista, comunista, demócrata cristiano, partido por la democracia, el PRO, partido radical socialdemócrata, el MIR, revolución democrática. Un saludo fraterno para todos ustedes, en la batalla contra la desigualdad y por más justicia social, solo la amplia unidad de todos los sectores sociales y políticos nos permitirá seguir avanzando.

Permítanme un saludo muy especial para nuestros dirigentes, para los sindicatos base, confederaciones y federaciones del mundo privado afiliados a la central unitaria de trabajadores, para nuestras organizaciones del sector público y muy especialmente a nuestras CUT’s provinciales y zonales que a lo largo de nuestro país conmemoran el primero de mayo en sus regiones, provincias y comunas, y a nuestros dirigentes nacionales de la central, este gran colectivo de hombres y mujeres que han puesto todo de sí para llegar a esta gran convocatoria.

Conmemoramos este año, los 30 años de refundación de la central, heredera de un siglo de organización sindical en nuestro país, vaya para todos nuestros valientes dirigentes protagonistas del congreso de agosto de 1988 en punta de Tralca, nuestro más ferviente reconocimiento y nuestro abrazo a la distancia a quienes ya partieron y que fueron forjadores del sindicalismo en nuestro país: Luis Emilio Recabarren, Clotario Blest, Manuel Bustos, María Rozas, Exequiel Ponce, Tucapel Jiménez, entre tantos otros y otras.

Nuestro reconocimiento y agradecimiento también a Gloria könig que año a año nos acompaña en este escenario y al grupo Illapu que estará cerrando esta gran jornada, el arte nacional comprometido con su gente y su pueblo.

Conmemoramos este nuevo primero de mayo enfrentados a un mundo que vive muchas tensiones y guerras que dejan saldos trágicos y son precisamente los y las trabajadores los más afectados. El capitalismo salvaje y los grandes consorcios defienden sus intereses financieros e incluso no trepidan en impulsar el armamentismo como instrumento económico y militar. Las y los trabajadores no podemos ser neutrales ante esta situación.

Resulta imperioso, hoy como ayer, levantar la demanda por la Paz y porque el diálogo y el respeto a la autodeterminación de los pueblos y los estaos sea una realidad plenamente respetada. Es por eso que como Central Unitaria de Trabajadores hacemos el llamado a conformar un gran movimiento por la paz en nuestro continente, para la defensa de los pueblos y para impedir que los intentos por generar conflictos de insospechadas consecuencias, se hagan realidad. Nuestro continente debe ser una zona de paz y la CUT aportará a esta noble causa.

Han transcurrido 132 años desde que se consagrase el primero de mayo como el día internacional de los trabajadores y trabajadoras. 132 años desde que se lograse, gracias a este esfuerzo colectivo, mutilado con la matanza de miles de trabajadores que fueron parte de este esfuerzo, establecer la jornada laboral de 8 horas. Más de cien años han pasado desde esos hechos y hasta el día de hoy, la tarea por reivindicar el rol de los trabajadores y nuestros derechos sigue tan viva y presente como en 1886.

Nos reunimos este primero de mayo bajo la consigna “Chile necesita al pueblo unido”, tal como el año 2017, reivindicamos desde este espacio la tarea primera a la que estamos convocados todas las fuerzas sociales y políticas que anhelamos construir un país con más justicia social: la unidad.

Hemos aprendido a duros golpes, que solo con la más amplia unidad es posible hacer realidad nuestras demandas y reivindicaciones y que cuando fallamos en este esfuerzo no solo se retrasan nuestros objetivos sino que sometemos a miles a una espera innecesaria y desesperanzadora. Es por ello que nos hemos convocado este 2018 bajo la misma consigna del año pasado, pues la tarea de ayer sigue siendo la del presente y mientras ello no logremos hacerlo carne, seguirá siendo -desde nuestra humilde trinchera- el llamado permanente al que nos convocamos.

Conmemoramos este primero de mayo, además, con la llegada hace 52 días de un nuevo gobierno, encabezado por la derecha. Lo hemos dicho siempre: no da lo mismo quien gobierne.

Nuevos desafíos políticos y sindicales marcarán nuestros pasos en los años que vienen. La tarea por derrotar las profundas desigualdades en nuestro país y de las que somos directas víctimas, sigue siendo nuestro objetivo principal. Pero qué duda cabe que junto con seguir trabajando por la superación de la desigualdad y las discriminaciones, resguardar los avances obtenidos en los últimos años es también una tarea de primer orden si pretendemos ir más allá en la garantía de derechos.

Debatimos durante tres años una reforma laboral que pese a dos años de revisión en el parlamento fue llevada por la derecha al tribunal constitucional, con el solo objeto de vulnerar el mandato soberano sobre derechos colectivos. Así fue que debimos enfrentar, en esta instancia, la insistencia de parlamentarios de derecha por: eliminar la titularidad sindical, el derecho del sindicato a decidir sobre la extensión de beneficios, el derecho a negociar de los sindicatos interempresa, el derecho a huelga sin reemplazo, es decir, sobre los instrumentos claves de la nueva legislación.

No obstante ello, y pese a todos los obstáculos, se pudo promulgar este nuevo marco de relaciones laborales, y a un año de su implementación, estamos frente a la amenaza que estos nuevos instrumentos se vulneren, ya no por la vía del debate parlamentario, sino por la vía de dictámenes, transformando a la dirección del trabajo en un apéndice del gobierno y lo más complejo de todo, en un instrumento al servicio de los empresarios. Poniendo, nuevamente, el poder del dinero como el problema central en las relaciones laborales.

Frente a los anuncios y actuar de la nueva autoridad, nuestro mensaje es claro: si se pretende hacer cambios a la legislación laboral, solo podrá ser vía leyes que estos cambios operen. No hay facultad en la dirección del trabajo, para reponer mecanismo de negociación a los grupos, ni puede –vía definición de servicios mínimos- afectarse el derecho a huelga, tal como lo reafirman los fallos últimos de la corte suprema.

En materia de derechos colectivos nuestra posición es una sola: falta restituir derechos, como la negociación sectorial, en ningún caso retroceder en lo avanzado. Insistir en reponer debates zanjados durante el último año, solo puede tener como explicación, la insaciable hambre por ganar a costa de los derechos de los trabajadores.

Desde nuestra perspectiva, el trabajo decente es la gran tarea que debemos atender y debiese ser la prioridad de cualquier agenda laboral. Y en esto, permítannos solo una reflexión, no solo se trata de avanzar en más empleo formal o disminuir el trabajo informal, es por sobre todas las cosas, asumir que el trabajo decente requiere de un principio básico, que es valorar y dignificar al trabajador como sujeto de derechos.

Lo hemos dicho en cientos de oportunidades, hacer justicia con los derechos de los trabajadores no es solo hacer lo correcto, es por sobre todo abrir paso a una sociedad con más armonía, es permitir que nuestra gente y nuestras familias puedan vivir mejor, es asegurar el derecho de todos y todas a vivir una vida digna. Hacer efectivo el discurso que “Chile es la casa de todos”, porque lo cierto es que hoy, esta casa que a todos nos alberga, a algunos les da enormes garantías mientras otros están consumidos en la pobreza o esclavos de las deudas.

Sabemos que avanzar al cumplimiento de este objetivo no se resuelve de un día para otro, tenemos plena conciencia que avanzar hacia un Chile con más justicia social nos convoca no solo a un debate de derechos sino también de responsabilidades. Hemos expresado con claridad nuestra voluntad de diálogo, nuestra disposición a ser una contraparte activa en los debates nacionales, a ponernos a la altura de los desafíos y contribuir con propuestas, pero esta voluntad la ponemos a disposición de un trato serio y respetuoso, que no vulnere los canales de la democracia y que permita el legítimo debate de las diferencias.

En tiempos en que la legitimidad de las instituciones sigue en tela de juicio, haber sido triunfador en una elección no es suficiente para pretender imponer cambios o giros radicales respecto de lo hecho, más aún cuando se ha sido activo en las campañas de desprestigio de las autoridades e instituciones. Los mismos votos que le han dado el legítimo triunfo a este gobierno en las urnas, le dieron mayoría en el parlamento a sectores de oposición.

Y digámoslo con todas sus letras, no solo se trata de hacer las cosas mejor para recuperar la legitimidad de las instituciones, se trata también de no ser cómplice de un clima de odiosidad y violencia, utilizando un lenguaje que por un lado llama al diálogo pero que, por otro, valida la discriminación, caricaturiza la relación con los actores sociales o asume con “naturalidad” la creación de referentes que ensalzan la matanza y desaparición de chilenos.

En un escenario como este, el rol de los actores sociales y gremiales se torna clave, pues de ello puede depender la legitimidad de las políticas públicas que se pretendan impulsar. Bajo este diagnóstico es que señalamos nuestra disposición al diálogo, pero un diálogo donde exista un real reconocimiento del rol que jugamos en la sociedad y donde no se pretenda suplantar las representaciones. La CUT no es de trinchera, está por el diálogo, pero un diálogo real.

A 52 días del nuevo gobierno si bien se han realizado anuncios, ingresado algunos proyectos al parlamento y constituido comisiones, hemos sido testigos de la modificación -vía protocolo de objeción de conciencia- de la ley de interrupción del embarazo en tres causales; se ha señalado por parte del ministro de educación el perdón del gobierno a los sostenedores privados y reafirmado la posibilidad de lucro en educación superior; se detiene el avance de leyes como la de identidad de género; se reabre la votación sobre el proyecto Dominga y se habla de modificaciones a la reforma tributaria para devolverle garantías a los grandes empresarios.

En menos de dos meses, la prioridad del gobierno ha estado puesta en los mecanismos que le permitan retrotraer el alcance de las reformas del gobierno anterior, ¿es a esto que nos tendremos que acostumbrar cada vez que cambie un gobierno?, si es así, estamos condenados a vivir en un permanente circulo vicioso, donde el desafío de mirar hacia el futuro será solo un slogan de campaña para captar votos.

En materia laboral, sabemos que hay grandes y nuevos desafíos a los que debemos enfrentarnos, que están cambiando las características del mundo del trabajo; fenómenos como la automatización, robotización, incorporación de nuevas tecnologías, digitalización e inteligencia artificial, no son debates del futuro, son desafíos que caminan con nosotros en este tiempo. No somos ingenuos y no podemos pretender que se detengan los cambios porque nosotros no nos hagamos cargo.

Nos preocupan, tanto como al mundo empresarial, estos debates y queremos ser protagonistas de estos procesos, pero a diferencia de lo que algunos pretenden imponer, para nosotros el debate no es sobre mayor flexibilidad, es sobre todo respecto de la calidad del empleo y sobre los mecanismos que como país desarrollaremos para permitir que el avance tecnológico no profundice la desigualdad en el mundo del trabajo. Sabemos que la denominada revolución 4.0 llegó para quedarse y nuestro debate como país no es cuándo llegará sino de qué manera impedimos que sean unos pocos los que se beneficien de ello.

No nos confundamos, comprender los desafíos de futuro, no nos hace olvidar nuestras demandas históricas por más dignidad y mejor distribución de los recursos que nosotros mismos generamos. Los trabajadores hemos sido, somos y seremos la principal riqueza de cualquier sociedad, los nuevos desafíos de la revolución 4.0 no nos quitan esa naturaleza, sino que nos obligan a profundizarla.

Hasta ahora, un elemento distintivo en nuestro país, es que se automatizan labores que ya han sido precarizadas, por ejemplo vendedores en el sector retail, cajeros en el supermercado, autoservicio para pesar alimentos; o como ocurre en el caso de la línea 6 del metro, donde no hay una sola persona que intermedie entre el pasajero y el carro del tren. Si miramos estos ejemplos, son precisamente las labores externalizadas de las empresas las que se han automatizado de manera más rápida. Resulta legítimo, entonces, asumir este debate con todas las implicancias que tiene, no solo respecto de productividad sino también del cómo no dejar a nadie fuera.

El debate no es sobre más o menos flexibilidad, pues nuestro país ya cuenta con suficiente flexibilidad hoy. El debate es sobre trabajo decente y condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras.

Vinculado con estos desafíos, debemos discutir de manera urgente, y mucho más efectiva, sobre formación para la vida y el trabajo. Ya no es posible seguir hablando de capacitación sin que ello este estrechamente vinculado con el desafío de la educación en nuestro país. Ha llegado el momento de hacernos cargo de una política de formación continua y un sistema nacional de intermediación laboral que esté a la altura de los desafíos que tenemos.

Frente al anuncio de que oficios, labores y profesiones tienen potencial riesgo de desaparecer y nuevas áreas se desarrollarán, la única manera de hacer un tránsito inclusivo es que el estado y los actores del mundo del trabajo nos atrevamos a debatir sobre ello, pero también sobre lo que nunca nos hemos atrevido a debatir de conjunto hasta ahora: nuestro modelo de desarrollo y nuestras expectativas de crecimiento a largo plazo.

Enfrentar los nuevos desafíos del mundo del trabajo, sin mirar el tipo de desarrollo que estamos promoviendo, sin revisar si nuestro actual modelo es capaz de responder a estos nuevos desafíos, sería un error garrafal. Creer que el problema es solo más y mejor capacitación o diálogo con las empresas para saber qué y cómo automatizaran, sería hacer una lectura muy limitada. Debates sobre nuevas tecnologías y revolución tecnológica es hablar también y en primer lugar del para qué, qué sentido tiene estos avances y qué tipo de sociedad es la que aspiramos construir a partir de estas nuevas oportunidades. En este debate no pueden estar ajenos los trabajadores, pues es nuestra dignidad y nuestras oportunidades lo que se juega en estos cambios.

Nuestra apuesta es por un modelo de desarrollo sostenible, que nos provea crecimiento económico con un profundo respeto por los derechos sociales y un irrestricto cuidado medioambiental.

No obstante, así como tenemos nuevos y relevantes desafíos que enfrentar, no podemos hacer este camino si no abordamos también las deudas de arrastre que aún nos duelen y que acarreamos por décadas. Una de estas deudas es la que tenemos con las mujeres y su incorporación en equidad e igualdad al mundo del trabajo, siendo el 52% de la población no resulta sostenible perpetuar los obstáculos para su incorporación al trabajo, más aun cuando la comisión nacional de productividad nos señala que incorporar 900 mil mujeres al mercado laboral aumentaría el PIB en un 6%.

La universalidad del derecho a sala cuna ha sido una demanda histórica del movimiento sindical, pues sabemos que es uno de los grandes obstáculos que impiden nuestra mayor participación. Saludamos que esta deuda del estado de chile con las mujeres se aborde, pero no aceptaremos que se vuelva a proponer como mecanismo de financiamiento el uso de los fondos del seguro de cesantía para financiar este derecho.

No apoyaremos políticas públicas que se financien a costa de otras políticas de seguridad social. si es necesario evaluar qué hacer con los fondos del seguro de cesantía, aumentar el nivel de prestaciones debería ser la primera prioridad y no financiar de nuestros mismos bolsillos el derecho a sala cuna.

Debatir sobre el futuro del trabajo mientras cargamos con pensiones inferiores al sueldo mínimo en un 81%; altos niveles de fatalidad en el trabajo y aumento cada vez más preocupantes de enfermedades profesionales, particularmente en salud mental, sería negar una parte fundamental del debate.

Ante el anuncio del ingreso de un nuevo proyecto sobre pensiones, como central hemos decidido conformar una comisión en que dirigentes sindicales, organizaciones de adulto mayor y profesionales, presentaremos propuestas que permitan incorporar la mirada de todos los actores al debate, donde uno de los principios fundamentales es garantizar que toda iniciativa cumpla con los estándares mínimos de la OIT en materia de seguridad social. No podemos permitir que en una materia tan trascendental para quienes han entregado su vida al desarrollo de Chile, lo que prime sean los intereses políticos o la defensa de los intereses de las AFP.

Como CUT no entendemos el desafío de las pensiones, aislado de otras políticas y garantías, es por esto que nuestro llamado es a construir una política de seguridad social en chile basada en la solidaridad. que aborde desde la protección a la maternidad hasta pensiones justas al momento de retirarse del trabajo, pasando por el debate sobre seguridad y salud en el trabajo, seguro de cesantía, entre otros. Insistiremos, en este sentido, en que chile debe ratificar el convenio 102 de la OIT.

Si bien debemos trabajar con celeridad para darle soporte técnico a nuestras propuestas, no puede haber un asomo de duda sobre nuestra aspiración: queremos pensiones justas, ese es nuestro objetivo y para ello debe haber igual aporte de empleador y trabajador, el sistema debe basarse en la solidaridad (intergeneracional e intrageneracional), no se puede permitir el lucro con nuestros fondos, empleadores y trabajadores deben supervisar la administración de los fondos y ser consultados sobre su uso, con una fuerte institucionalidad pública; un sistema que debe garantizar una pensión mínima que no puede ser inferior al ingreso que le permita a un jubilado no caer en la pobreza.

Ninguno de estos principios los puede sostener el sistema administrado por las AFP’s, por tanto sería una provocación a los trabajadores, proponer una reforma al sistema que signifique poner más recursos en el actual modelo. En esto no hay dos voces en el sindicalismo, ni un peso más a las AFP’s es nuestra demanda y nuestra batalla, terminar con las administradoras de fondos de pensiones.

Como podemos ver, nuestra agenda de temas es amplia y nos invita a estar alerta en los debates y desafíos de futuro, sin olvidar a quienes han sido los permanentes postergados y excluidos. Es por ello que, insistimos, hablar de desigualdad no es solo hablar de derecho al trabajo, es reconocer al trabajador como sujeto de derechos.

Como el derecho a un salario justo. En un país donde el 71,1%n de los hogares destina sus ingresos a pagar deudas, el tener salario no garantiza que una familia deja de ser pobre o que puede vivir dignamente. Cuando la demanda social nos impone el exitismo y la capacidad de consumo como la gran muestra de ese éxito, no podemos asombrarnos que terminemos siendo esclavos de las tarjetas, qué es aquello sino esclavitud moderna.

Nos dirán que se debe aprender a vivir con lo que se gana, pero lo que no se dice es que en Chile una familia de 4 o 5 integrantes donde solo hay un trabajador por hogar, debería ganar entre 420 mil y 500 mil pesos para salir de la pobreza, eso contrasta radicalmente con los salarios promedios en que más de la mitad de los trabajadores gana menos que eso.

Si realmente se pretende enfrentar la superación de la pobreza en nuestro país, eso debe ser mirando la pobreza en sus múltiples dimensiones y asumir con toda la gravedad que implica, el hecho de que tener salario, no significa salir de la pobreza. En Chile, ser trabajador y pobre no solo no es contradictorio sino que es casi una condición necesaria para el modelo de desarrollo que tenemos. En el Chile de los 20 mil dólares percapita, la desigualdad es una necesidad del modelo de desarrollo neoliberal.

Pretender hablar del trabajo solo a partir de demandas como el trabajo desde la casa, la jornada flexible, el estatuto de los jóvenes trabajadores o de los adultos mayores, es decirle a la sociedad que los trabajadores hemos resuelto nuestras necesidades básicas y que llegó el tiempo de hablar de nuevos temas, cuando la realidad no es tal.

Es mentirnos en nuestra cara diciéndonos que estamos bien, cuando sabemos y vivimos diariamente que no es así, no es así cuando nos levantamos de madrugada para ir a nuestros trabajos y el transporte está muy lejos de garantizar condiciones dignas, no es así cuando tenemos una urgencia y sufrimos la impotencia de no contar con salud oportuna, no es así cuando llegamos a nuestras casa y debemos compartir techo con una o dos familias más pues no alcanza el ingreso para tener casa propia, afectándose incluso el tiempo de intimidad con nuestros compañeros y compañeras.

No es así, cuando en una negociación colectiva por mejores condiciones laborales, los empresarios están dispuestos a perder 25 millones de dólares, en vez de mejorar las condiciones de sus trabajadores como ocurrió con los compañeros y compañeras de LATAM.

Ese es el Chile que viven miles de trabajadores a lo ancho y largo de nuestro país. No es que queramos todo gratis, no es que seamos abusadores, no es que vivamos en el pasado. Queremos dignidad: salarios justos, derecho al descanso, a la educación, a la salud, a la vivienda, al transporte digno. Queremos que nuestro aporte al desarrollo de chile sea reconocido y se nos trate con respeto.

Este es el Chile desigual del que hablamos, el del trabajador y trabajadora que, incluso sin darse cuenta, hoy se siente libre pese a ser un esclavo, aquel que no puede siquiera pensar en pelear por mejores condiciones en su trabajo porque el temor no es al despido, es a estar en DICOM por no poder pagar deudas si se queda sin salario; es por ellos que hablamos nosotros, los organizados, los que hemos dado el paso de defender sus derechos. Por ellos existimos y seguiremos existiendo las organizaciones sindicales, le guste o no a los gobiernos; pues de otra forma, no se habría logrado nunca regular la jornada laboral, ni se habrían establecido leyes que resguarden la seguridad en el trabajo y el respeto a la vida.

Sin embargo, nuestra tarea no se limita solo a dar cuenta de nuestras necesidades más inmediatas. Como central unitaria de trabajadores tenemos plena conciencia de que hay luchas y demandas que si no asumimos de conjunto con otros actores, los desafíos aquí señalados, no podrán avanzar al ritmo que se requiere.

Estuvimos junto a los estudiantes el 19 de abril marchando en todo Chile, pues defender el derecho a la gratuidad en la educación no es solo una demanda estudiantil, es en primer lugar una demanda de los trabajadores y trabajadoras, pues no puede ser nuestra capacidad de pago la que determine la educación a que nuestros hijos pueden acceder.

Somos parte del movimiento el litio para chile, pues no queremos volver a vivir lo que sufrimos con el salitre en su momento y lo que puede ocurrirnos con el cobre si persistimos en una política extractivista; asumimos como propia las banderas de las organizaciones y comunidades que lucha por el derecho al agua, el vital suministro que ya hoy en algunas comunas y provincias de nuestro país escasea.

Compartimos las demandas de las organizaciones territoriales que piden que los proyectos empresariales sean respetuosos de sus comunidades y de su medio ambiente.

Pero sabemos que de todas las batallas, la principal a la que estamos desafiados en este tiempo, es la demanda por una nueva constitución para nuestro país. muchos se preguntarán porqué para la CUT es tan relevante este tema, otros buscarán caricaturizar nuestro rol acusándonos de políticos por estar preocupados de estos temas, pero la experiencia presente nos ha mostrado en toda su magnitud la importancia de contar con una constitución que sea capaz de atender las necesidades que hoy tenemos como país.

Mientras no tengamos una constitución que garantice el derecho a la educación como un derecho fundamental, seguiremos siendo presa de las voluntades de los gobiernos de turno para avanzar o retroceder en este derecho. Mientras la constitución no establezca como obligación del estado el trabajo decente, seguiremos dependiendo de la voluntad de las autoridades y nuestra capacidad de lucha para asegurar este derecho básico. La constitución no es solo un marco de deberes y derechos, es por sobre todas las cosas, la expresión concreta del tipo de país que queremos ser.

El proceso político reciente nos demostró en los hechos que no basta con conformar una mayoría política y social dispuesta a avanzar en transformaciones profundas para chile, pues mientras en la constitución se mantenga la existencia de un tribunal constitucional contramayoritario, que sea muro de contención de estos avances, la demanda por una nueva constitución estará más viva que nunca.

Los planteamientos que hoy hemos reafirmado en este primero de mayo, son la carta de navegación que hemos construido colectivamente con nuestras estructuras y es la hoja de ruta con la que enfrentaremos este nuevo período, pero entendemos que así como es muy importante que las organizaciones cuenten con plataforma y programas, solo podremos avanzar si somos capaces de poner como primera prioridad de nuestras agendas la unidad en la acción. Como movimiento sindical hemos aprendido de nuestros propios errores y hoy es claro que estamos frente a un país y una ciudadanía que exige mucho más de nosotros que hace un par de años.

La demanda por mayor probidad, por más transparencia, por efectivo acceso a la información de todos y todas, son condiciones básicas en este tiempo para que todas y todos puedan participar de los procesos y las definiciones. ya no es suficiente con entregar la información, el desafío es abrir las puertas para que todos aquellos que deseen participar y contribuir en la tarea, puedan hacerlo. Chile cambió y ese cambio no es cosmético, no fue el resultado solo de un proceso electoral hace cuatro años, es la demanda real y efectiva por garantía de derechos y por ser parte de esta construcción.

Lo que requerimos es una profundización de nuestra democracia, y con ella el fortalecimiento de la red social que la sustenta; atentar contra los derechos sindicales, atentar contra los sindicatos, es atentar contra la democracia misma y transformarla en una cáscara vacía. Ya lo sabía la dictadura militar al tratar de cosificar el sindicalismo y prohibir las federaciones estudiantiles. Sin una mayor democracia, la manera de resolver los problemas es por medio del conflicto social.

Lo decíamos en líneas arriba, el fondo y la forma son claves en estos tiempos. No puedo denunciar como mala práctica que familiares estén en un gobierno y luego pretender olvidar esta crítica y pedirle a un hermano que sea embajador; no puedo exigir respeto por el parlamento siendo oposición y hoy pretender “saltarse” el debate parlamentario porque no tengo mayorías; no puedo convocar a acuerdos nacionales solo con quienes me acomoda discutir y sin escuchar a las organizaciones sociales. Este no es el Chile más democrático y participativo que entre todos hemos forjado y que, entre otras cosas, demanda coherencia entre el decir y el hacer de sus autoridades.

Ponemos especial atención en este punto pues entendemos y asumimos que no es obligación de los gobiernos hacer o asumir todo aquello que los actores sociales planteamos. No pretendemos nosotros que un gobierno se someta al control de las organizaciones. Sin embargo, lo que no podemos hacer en una sana democracia, es pretender suplantar las organizaciones o poderes del estado cuando ellos no comparten mis posiciones. No podemos livianamente acusar a los jueces de “izquierdistas” pues en ello se pone en tela de juicio la valoración que tiene el propio gobierno de la democracia y autonomía de las instituciones y poderes.

Enfrentados al peligro de volver a tiempos en que la democracia pierde sentido y valor, nuestro llamado como central unitaria de trabajadores es a defenderla, a defender la democracia y cuidar nuestras instituciones.

En esta tarea, como CUT, sabemos que no solo basta contribuir con el buen diálogo, es necesario seguir trabajando incansablemente por organizar más, por volver a darle toda la importancia que tiene a lo colectivo, al desafío de organizarse con otros y enfrentar juntos y no separados las oportunidades y obstáculos que se puedan presentar.

En tiempos en que se insiste en poner lo individual por sobre lo colectivo, nosotros hacemos el llamado a organizarse, a no dejar de confiar en el otro, a convencernos de que solo podremos avanzar en mayor bienestar si lo hacemos de la mano con miles más. Como central, la responsabilidad está clara, debemos avanzar en la más férrea y amplia unidad social y política para defender lo logrado y debemos seguir creciendo porque de ello depende cuanto más podamos avanzar.

Unidad desde la diferencia, reconociendo nuestros puntos de encuentro y también nuestras distancias, cuidando nuestra diversidad y valorando lo que cada uno es y representa, pues solo así podremos no solo converger en las mejores propuestas para nuestro pueblo, sino por sobre todo podremos devolverle la esperanza a millones de chilenos y chilenas que hoy nos miran con distancia.

No hay un solo ciudadano que desee vivir con la angustia permanente sobre el futuro, es a ellos a quienes debemos re-encantar y cautivar para que sean parte de este gran proyecto por la justicia social. Chile necesita más que nunca al pueblo unido y nos exige todas nuestras voluntades para avanzar en este camino.

Como Central Unitaria de Trabajadores asumimos con humildad pero con mucha convicción esta tarea, nos comprometemos a trabajar incansablemente por un proyecto de sociedad que a todas y todos nos convoque y que defenderemos en las calles todas las veces que sea necesario.

La invitación a ustedes es que vuelvan a sus hogares, sus trabajos, sus barrios, sus familias y les cuenten que la clase trabajadora no baja sus brazos y que pese a las dificultades, nos ponemos una y mil veces de pie para defender lo que con lucha y esfuerzo hemos ganado.

Vamos a combatir la desesperanza, vamos a combatir la indiferencia, convoquemos a todas y todos a ser constructores de nuestro futuro, pues solo unidos es que podremos torcerle la mano a la injusticia.

Mil veces venceremos!!

Foto: Sergio Cárcamo

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