Jueves 19 de Abril del 2018

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A propósito de “fortalecer el Estado”

 

A propósito de “fortalecer el Estado”

Por: David Mc Conell

Con motivo de cumplirse cien años de la publicación del libro de Lenin “El Estado y la Revolución” (Noviembre de 1917), han aparecido variadas tesis e interpretaciones con respecto al Estado y una de ellas es la necesidad de…” fortalecer el Estado”… porque…” la Revolución socialista no estaría a la orden del día”… y “vivimos la etapa de la revolución democrática”. Es lo que afirma nuestro compañero Iván Ljubetic en uno de los capítulos de su artículo de dieciocho páginas “En torno al El Estado y la Revolución”.

Se podría colegir que si estuviese “a la orden del día” sí estaríamos por la destrucción del Estado burgués. Estamos entonces por fortalecer el Estado burgués, por la lejanía en el tiempo de la revolución socialista, esa es la argumentación.

A continuación se afirma..."Vivimos, como lo estableció el XX Congreso de Agosto de 1994 del Partido Comunista, la etapa de la Revolución Democrática. Etapa en que el objetivo estratégico es conquistar un Chile democrático. Lo que Lenin llama una República democrática, la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo, pero que mantiene la esclavitud asalariada como destino del pueblo".

Cuando Lenin se refería a la necesidad de la lucha por una República democrática, existía en Rusia una Monarquía brutal que ni siquiera tenía Constitución. Y cuando Lenin dice ser partidario de la República democrática como la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo, se está refiriendo a las mejores condiciones de lucha del proletariado para terminar con la esclavitud asalariada en los países capitalistas con democracia burguesa. Y “querer terminar” significa también querer terminar con el Estado, con el organismo que asegura “la esclavitud asalariada”. Pero Ud. compañero Iván concluye que debemos (los comunistas)… “fortalecer el Estado” (Burgués), El actual Estado de Chile, no es otra cosa que la forma de organización de la clase en el poder, la oligarquía financiera, o sea la fusión de los monopolios de la banca con la industria, con dominio del capital extranjero, preponderantemente norteamericano.

Ante la pregunta: ¿Qué debemos fortalecer de este Estado? Hay una sola respuesta: ¡Nada! Todo lo que realice la clase obrera organizada y el pueblo, luchando por sus intereses, deberá ser dirigido en contra del aparato de Estado. Las “mejoras” cuando ocurren, por pequeñas que sean, el “perfeccionamiento” del aparato de Estado, al ir en contra de los intereses de la oligarquía y a favor de los trabajadores no perfeccionarán ni “fortalecerán” el Estado (Burgués), por el contrario lo intentarán desmontar, debilitar, en el sentido de la total destrucción, lograda solo por la revolución. Por tanto el que la revolución no esté ad portas no significa que debemos “fortalecer” el Estado de la burguesía.

Gran parte de la obra de Lenin está dedicada a los problemas de la lucha por la democracia y acerca del Estado. Marx y Engels nos han dejado valiosas tesis de plena vigencia acerca del origen del Estado y su rol en la lucha de clases.

Cobra también vigencia el libro de Lenin “Dos tácticas de de la socialdemocracia en la revolución democrática”, escrito en Junio de 1905, doce años antes de “El Estado y la Revolución”, pues veremos reflejada en sus conclusiones, la consecuencia política, el estudio minucioso de las condiciones de Rusia, y la herencia metodológica de los clásicos, Marx y Engels. Ambos libros son un acierto explicativo de las revoluciones que se avecinaban. Ambos libros no dejan dudas acerca del punto de vista de clase con respecto al Estado y la necesidad de transformar la revolución democrática en revolución socialista.

El libro escrito en 1905 lleva por título…”Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”, y no es casual, explica naturalmente las dos posiciones políticas en las filas de los revolucionarios, a su vez se percibe en el título que la “revolución democrática” no tiene apellido, ni burguesa ni proletaria, por la sencilla razón que la lucha contra la monarquía y su derrota definitiva, abría posibilidades de toma del poder a la burguesía y al proletariado. A contar del triunfo de la revolución democrática en Febrero de 1917, el poder estaba en disputa en Rusia, aunque con predominio de la burguesía, y a contar de Octubre con hegemonía del proletariado. He utilizado adrede el término “hegemonía” porque en la actualidad, citando a Gramsci algunos políticos han querido desvincularlo de las opiniones de Marx, Engels y Lenin. En general los cuatro usaron el término hegemonía, como sinónimo de supremacía y ligado al poder político de la clase obrera. No olvidar que Gramsci fue marxista y se guió siempre por la Tercera Internacional.

En Chile existe ya una República democrática con un Estado burgués y la caracterización de la revolución hecha por el XX Congreso en 1994 de “Revolución democrática antiimperialista” plantea la necesidad de cambios en el dominio imperialista, cambios de todo tipo incluidos el aparato de Estado. Es el Estado el garante de las ganancias monopólicas, la explotación desenfrenada, la impunidad. El Estado interfiere en todo, en la vida política, social, económica, cultural, etc.

Ha habido períodos de nuestra historia en donde esta República no ha sido democrática, ha existido fascismo por ejemplo, que es la negación de la democracia. Cuando es democrática la República y domina la burguesía, la democracia es burguesa y en ese sentido las clases oprimidas y en particular la clase obrera, al valorar las formas de la democracia burguesa, advierte en la República democrática la mejor de las formas posibles de gobierno en el seno de las estructuras político burguesas. Estas formas facilitan la lucha bajo condiciones favorables. Por otro lado la democracia burguesa tiende a apartar, a impedir la participación de los trabajadores en las funciones del Estado, y es absolutamente natural pues el Estado representa esencialmente a la clase que detenta el poder, la burguesía, en nuestro caso la burguesía monopólica.

Lenin escribe: “Nosotros somos partidarios de la República democrática, como la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo” y a la vez recomienda…”pero no tenemos ningún derecho a olvidar que la esclavitud asalariada es el destino del pueblo, incluso bajo la República más democrática. Más aún todo Estado es una fuerza especial para la represión de la clase oprimida. Por eso todo Estado no es libre ni es popular”.

En la obra de Lenin… “El Estado y la Revolución. La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución”, expone el autor, como su título lo indica, las ideas de Marx y de Engels acerca del Estado y la revolución, y las palabras más repetidas son…”destruir”, “romper”, hacer añicos”, “destrucción completa”, “hacer saltar”…el Estado.

Lenin se detiene minuciosamente en los aspectos de la doctrina marxista olvidados o tergiversados. A la vez reconoce en el Estado no solo su carácter de opresor sino también técnico, y los bancos por ejemplo que efectúan un amplio trabajo de cálculo y registro al servicio del gran capital pueden ser utilizados por la nueva coalición en el poder. En el Gobierno de la Unidad Popular los bancos estatizados cambiaron su postura, al poner a disposición de la mediana y pequeña burguesía los créditos necesarios que antes no les eran otorgados.

A veces las polémicas con respecto al tema, planteadas un siglo atrás, se reproducen con tal similitud que pareciera solo han sido reemplazados los nombres de los polemistas. Dos dirigentes de la Nueva Mayoría, autocalificados de “izquierda, Carlos Ominami y Guillermo Garretón en carta dirigida a los Partidos y agrupaciones de izquierda a principios del año 2017, afirman que…”el Estado (De Chile) es el único instrumento consagrado al bien común”. Argumentos casi idénticos se entregaron cuando Lagos puso su firma a la “Nueva Constitución”, la Constitución de Pinochet. Con ellos, “los” Ominami o “los” Garretón, estamos unidos por cosas bien concretas y también por cuestiones bien concretas en veredas opuestas.

Todo el libro de Lenin “El Estado y la revolución” está dedicado a la necesidad de la toma del poder por el proletariado y el campesinado y el derrocamiento de la burguesía. La monarquía había sido derrotada por la revolución burguesa de Febrero de 1917 y el proletariado que había jugado un importante rol no estaba en el poder, el dominio lo detentaba la burguesía apoyada por los imperialistas extranjeros. Las contradicciones se agudizaron y los bolcheviques pasaron a la ofensiva ganando a los soviets. Se dio una dualidad de poderes, hasta que la lucha determinó el paso del poder a la “democracia revolucionaria”, con el proletariado revolucionario a la cabeza. Los soviets de obreros, campesinos y soldados destruyeron el aparato estatal burgués y crearon uno nuevo, diferente y con ello una nueva democracia.

Cuando el XX congreso del Partido Comunista de Chile plantea como conclusión estratégica en su programa de 1994 la necesidad de una revolución democrático antiimperialista cuyo cumplimiento y éxito abre la posibilidad de tránsito al socialismo, nadie estaba pensando que la revolución democrático antiimperialista estuviera a la vuelta de la esquina y menos la revolución socialista, sin embargo no se concluyó que se debería fortalecer el Estado burgués. El XX Congreso utilizando la metodología marxista de análisis y extrayendo conclusiones de las investigaciones de la realidad chilena, determinó que para superar el atraso y los graves problemas económicos, sociales y políticos de las grandes mayorías, se debían solucionar las contradicciones de la sociedad capitalista que crean las condiciones para las desigualdades sociales. Por un lado los monopolios y el imperialismo que domina sin contrapeso; y por otro lado la clase obrera, las capas medias y la pequeña y mediana burguesía, expoliadas e impedidas en su desarrollo. Esta contradicción principal determina el rol de las clases sociales en el sistema capitalista chileno y a su vez crea las condiciones para las alianzas de clase en contra de quienes detentan el poder estatal y político, la oligarquía financiera aliada al imperialismo.

Estas alianzas de clase son objetivas, son producto de las contradicciones de clase en el seno de la sociedad capitalista chilena. Cuando decimos que son objetivas decimos que se dan, existen, independientemente de las ideas, de los deseos, de los partidos políticos y de sus líderes. Por otro lado las alianzas se posibilitan y se realizan, cuando los partidos que dicen representar a determinados sectores luchan consecuentemente en contra del principal responsable de la agudización de las contradicciones sociales, económicas y políticas del país…el imperialismo y la oligarquía financiera. De esta manera se acerca más rápido el triunfo de la revolución democrática antiimperialista. En dicha alianza también hay contradicciones de clase y visiones de clase diferentes, pero los une un enemigo común reflejado en un Programa de tareas inmediatas. Las masas perciben cuando dicho Programa las interpreta, y los vaivenes, avances y retrocesos, de la lucha, tienen que ver preponderantemente con las acciones de la clase obrera y de las masas movilizadas, con respecto al Programa acordado. Creer que la lucha es solo por “arriba”, es tan pernicioso para el movimiento de masas como creer que se puede hacer abstracción de su propio accionar, batallar.

El ex presidente Lagos al pretender ser candidato a la presidencia nuevamente, criticó fuertemente la política de la Presidenta Bachelet para congraciarse con los sectores derechistas de dentro y de fuera de la Nueva Mayoría, y al esperar todos, una respuesta contundente de la Presidenta, ella solo respondió que gracias a su política se habían “impedido explosiones sociales”. Y explosiones sociales masivas ha habido varias, incluso han abarcado regiones enteras, en el norte, en el Sur y en el centro. Según un estudio de la Universidad de Chile en el año 2017 han estallado 570 huelgas ilegales en el país y el año pasado solo 360. Pareciera entonces que para algunos políticos de la Nueva Mayoría ese es el rol de un gobierno reformista…”frenar los movimientos sociales”, pero para los políticos de izquierda, los movimientos sociales deben ser un catalizador para realmente exigir, llevar a cabo, ejecutar, las reformas establecidas en un Programa aceptado por todos.

Conduce a confusión cuando “El Siglo” del 6 de Enero de 2017 plantea la necesidad de “consolidar un Estado que responda a las mayorías”. Sólo diremos que cuando el Estado responda a las mayorías, no será este Estado, dejará de ser este Estado, por tanto no es a este Estado el que se deba “consolidar”, ni fortalecer. Esta idea, la idea de “el Estado somos nosotros”, (la mayoría), surge en contraposición a la idea…”el Estado soy yo”, referida a los monarcas. La idea surgida del propio cambio del Estado burgués, producto del impetuoso desarrollo económico a fines del siglo XIX en Europa y a su vez de la percepción de las masas que su bienestar está ligado al Estado, crea la ilusión de neutralidad del Estado y de allí la idea… ”el Estado somos nosotros”.

El mismo error comete el editorialista de “El Siglo” (15 de Mayo de 2015) al escribir:…”más allá de las siempre valiosas disquisiciones filosóficas e históricas lo cierto es que el Estado es- o debiera ser- la representación de una voluntad ciudadana cuya primera vocación es la de integrar a la totalidad de quienes comparten un espacio territorial”. Cuando el Estado integre a la totalidad de quienes comparten un espacio territorial no habrá necesidad de este Estado, es el ABC de las explicaciones de Marx, Engels y Lenin, sin olvidar a Gramsci, con respecto al Estado. La idea del diario El Siglo, está presente en discursos e intervenciones de destacados compañeros en el año 2016 y 2017.

Si la etapa estratégica y las tareas tácticas que de ella se derivan es conquistar un Chile democrático, o sea el triunfo de la revolución democrática antiimperialista, solo será posible si la clase obrera en alianza con otras clases y capas expoliadas por el imperialismo logran no solo apoderarse del poder del Estado sino (A esta idea está ligado todo el libro de Lenin que en este mes cumple cien años) destruirlo y crear uno nuevo.

¿Y porque no aprovechar el viejo aparato burgués? Es el mismo Lenin quien responde a Kautsky…”la esencia de la cuestión radica en si se mantiene la vieja máquina estatal (enlazada por miles de hilos a la burguesía y empapada hasta el tuétano de rutina y de inercia) o si se la destruye, sustituyéndola por otra nueva” (V. I. Lenin. Ed. Progreso. O.E, 3 t. t 2. Pág. 384).

Ligado al tema en debate… “fortalecer el Estado” (Burgués democrático), debemos decir que es la democracia la que se debe fortalecer, aunque el mejor término es “desarrollar”. Porque “democracia” es, desde Pericles, la participación del pueblo en las labores del Estado. En los tiempos de Pericles no pertenecían a la categoría “pueblo” los esclavos ni los parías. Hoy es a la inversa, a la categoría “pueblo” no pertenecen los oligarcas, los monopolistas, los grandes capitalistas y toda la corte de ejecutivos pagados para garantizar la explotación.

La paradoja de la democracia burguesa, de un Estado democrático burgués es que solo se desarrolla si la lucha de la clase obrera y las capas expoliadas por el gran capital logran reivindicaciones favorables a sus intereses, logran incidir en las cuestiones del Estado.

La democracia es una forma de Estado, una de las variedades de Estado. Y por consiguiente, representa, como todo Estado la aplicación organizada y sistemática de la violencia sobre los hombres”. (Obra citada, Pág. 372). Esto por un lado, Lenin agrega… “la democracia implica también el reconocimiento formal de la igualdad entre los ciudadanos, el derecho igual de todos a determinar la estructura del Estado y a Gobernarlo”. (Pág.372) Por un lado a la democracia le imprime su sello la clase que domina y por otro lado “el reconocimiento formal de la igualdad” determina que los ciudadanos luchen porque deje de ser “formal” y en esa lucha, la clase obrera juega el rol principal y determinante. “Bajo el capitalismo la democracia se ve coartada, cohibida, mutilada, deformada por todo el ambiente de la esclavitud asalariada, de penuria y de miseria de las masas” (Obra citada, Pág. 385). A esa democracia los comunistas la llaman “democracia burguesa”. Lenin agrega…”Por esto y solamente por esto, los funcionarios de nuestras organizaciones políticas y sindicales se corrompen (O para hablar con más exactitud, muestran la tendencia a corromperse) bajo el ambiente del capitalismo y muestran la tendencia a convertirse en burócratas, es decir en personas privilegiadas, divorciadas de las masas, situadas por encima de las masas”.

Como dijimos, lo paradojal de la democracia burguesa es que solo “se desarrolla” si la clase obrera y las capas expoliadas luchan por sus intereses. El límite del desarrollo de la democracia y por tanto, la meta, el objetivo, de las luchas de los trabajadores y de las masas por sus reivindicaciones, es la toma del poder político, el salto cualitativo y la aparición de un nuevo tipo de democracia, cualitativamente distinta a la democracia burguesa existente, a eso los comunistas lo llaman revolución. Recién aquí, con el triunfo de los trabajadores en alianza con otras clases y capas en contra del imperialismo y la oligarquía, se planteará la creación de un nuevo Estado que será la forma de organización de las clases y capas triunfantes y el rol de la clase obrera será determinante. Por tanto, en ninguna circunstancia la clase obrera está interesada en fortalecer un organismo que la aplasta…el Estado. En algún sentido y a su vez lo paradojal es que el propio desarrollo de la democracia burguesa conlleva su muerte.

Si en el Gobierno de Piñera y en el gobierno de la presidenta Bachelet hubo y hay “democracia burguesa”, la pregunta a dilucidar es: ¿Qué los diferencia?...la respuesta es muy sencilla, los diferencia la actitud frente a los graves problemas económico-sociales que enfrenta la mayoría y a la participación real de esas mayorías en las decisiones políticas, al final de cuentas, estatales. Las soluciones a graves problemas político-sociales y económicos de los trabajadores y la participación e influencia del pueblo movilizado en la toma de decisiones será lo determinante para valorar a un Gobierno y no nos cansaremos de repetir que en última instancia el papel de la clase obrera será fundamental, por ser la clase mayoritaria y jugar un rol principal en la producción. Si el Gobierno democrático burgués de Don Pedro Aguirre Cerda ha sido reconocido positivamente por la historia, lo ha sido por las soluciones planteadas a los grandes problemas de su época.

Regresemos a la Revolución democrática antiimperialista establecida como tarea estratégica en sus Congresos por el Partido Comunista de Chile, ya en la década del cincuenta del siglo pasado. En primer lugar la formulación tiene sus raíces y explicaciones, extraídas de las propias condiciones de dominio del capital financiero y del imperialismo en el país. Desde los tiempos de Dimitrov y de la Internacional Comunista se venía discutiendo la posibilidad de grandes alianzas por parte del proletariado para oponerse al dominio del imperialismo y de las guerras, por un nuevo reparto del mundo. A fines de la década del treinta los Frentes populares triunfaron en España, Francia y Chile y aunque fueron derrotados por haber logrado el imperialismo separar del movimiento popular a parte de la burguesía interesada en los cambios, sus logros significaron grandes avances para los países.

El triunfo de la Unidad Popular en 1970 al elegir Presidente de Chile a Salvador Allende, cuyo Programa era democrático antiimperialista con vistas al socialismo, significaba el primer paso importante en el transcurso de décadas de masivas luchas del proletariado en particular, en alianza con otras capas y clases de la población, por el desarrollo de la democracia en dirección a un régimen realmente democrático que acercase la etapa socialista de la revolución. El Programa de la Unidad Popular estableció que cumplidas las tareas antiimperialistas se abría la posibilidad de tránsito al socialismo. El Programa no establecía plazos ni fechas, no podía establecerlo. Sí podía establecer las alianzas de clase y las tareas por cumplir para liberarse de quienes impedían el desarrollo y expoliaban a la inmensa mayoría del país, incluidas la pequeña y mediana burguesía. El poder político (Estatal) estuvo en disputa por tres años hasta que logró el imperialismo norteamericano imponer sus designios ayudado por parte de la burguesía local. No se logró la toma del poder y a su vez la destrucción del aparato de Estado para crear uno democrático antiimperialista. La hegemonía, la supremacía, de los trabajadores estuvo en disputa. Solo se pueden establecer hitos de esa hegemonía cuando se triunfa con la investidura del Presidente Allende, se nacionaliza el Cobre, se implementa la reforma agraria y otros importantes actos. Una de las primeras medidas anti represivas del Gobierno fue terminar con el “grupo móvil” de la policía.

Para algunos compañeros el triunfo de la Unidad Popular se produjo por vía “institucional”. De ser cierta esta tesis corroboraría lo que estamos discutiendo…”El Estado debe fortalecerse”. O sea previo al triunfo de la Unidad Popular, si hubiésemos fortalecido las “instituciones” otro gallo nos cantaría. En el Gobierno de la UP, la burocracia quedó intacta, e incluso casi todo lo que se hizo fue hecho a contrapelo de la “institucionalidad y de la burocracia, fue hecho gracias a la presencia organizada de las masas en la calle, en las fábricas, en el campo, en las poblaciones populares, en las universidades y liceos. Solo dos ejemplos para no aburrir al lector. Después del triunfo electoral en donde el pueblo organizado defendió en las mesas de escrutinio el voto emitido, vino el asesinato del Comandante en jefe del Ejército para provocar una situación de ingobernabilidad favorable a un golpe de Estado, se produjo lo contrario, una situación desfavorable para los organizadores del brutal crimen. El Parlamento debía definir entre las dos primeras mayorías en la elección presidencial. El día de la votación fue rodeado el Parlamento por los trabajadores y los resultados son conocidos, el Parlamento votó por Salvador Allende. Pero según la Constitución el Parlamento podía haber elegido al segundo, “La institucionalidad existente lo permitía, no ocurrió así. En la Nacionalización del Cobre sucedió de igual forma y los Democratacristianos que planteaban la “chilenización” del cobre, muy diferente a la “nacionalización”, se vieron obligados a votar la nacionalización, la derecha para no quedar mal ante la historia también la aprobó, era una exigencia generalizada. Los trabajadores nuevamente habían rodeado el Congreso. ¿Fue triunfo “Institucional”?

Todas las instituciones tienen carácter de clase a través de sus integrantes y en particular de su política; nuestra lucha debe estar dirigida a la democratización, hasta que haya un salto cualitativo y esa “institución” deje de ser la misma, en ese momento los de abajo crearán una nueva institución acorde a las reales soluciones de sus problemas. Ahora si se quiere igualar el término institucionalidad con “legalidad” utilizado por Engels para destacar el avance de las luchas democratizadoras del proletariado con métodos legales por haber cambiado la situación en Alemania de su época, se puede hacer, pero destacando este doble carácter dado por la lucha de los de abajo.

La “institución”… el Tribunal Constitucional decidió por un voto, apoyar el aborto en tres causales. ¿Cómo es posible, cuando representa lo más reaccionario del aparato de Estado? Es muy posible que hayan percibido que una votación contraria a la mayoría del país, revelaría ante las masas, mejor que mil artículos e infinidad de charlas, el real rol asignado por la Constitución a esta “institución”. Es una de las posibles explicaciones. Se debía resguardar su poder omnímodo para ejercerlo en nuevas situaciones por venir, mucho más complicadas y conflictivas. Además la mayoría de los países que se dicen democráticos tiene esta ley aprobada y el Tribunal Constitucional no deseaba pasar por ultraconservador como cuando se aprobó la ley de divorcio y solo dos países del mundo no la habían aprobado, entre ellos Chile. Lo triste en la ley de aborto por tres causales fue que el Gobierno le pidió por favor, casi rogando, a esa instituciónde diez miembros, con solo una mujer, que votasen favorablemente la ley, abalando con su actitud la existencia y decisiones del Tribunal Constitucional, hoy y en el futuro, reconociéndolo como “juez” y confirmándolo como “arbitro supremo”, incluso no ya de si es constitucional o no una ley sino también se ha arrogado la posibilidad de dar opiniones acerca del contenido de la ley.

¡Fue lainstitución”, la que finalmente permitió la ley!... dirán algunos, haciendo absoluta abstracción de las movilizaciones, de las discusiones, de los foros, de las votaciones en el Parlamento, etc., etc. Ya veremos qué nos deparará el futuro con respecto a esta ley que no es del gusto de la oligarquía y de los sectores reaccionarios del país. De partida, la Universidad Católica que recibe dineros del Estado para funcionar ha logrado que por motivos de “conciencia” que la Universidad (la “institución) y todos los que en ella trabajan sean liberados de practicar abortos por violación, más aún se les prohíbe hacerlo en otros hospitales. Si agregamos que el 75% de los médicos obstetras de Chile, consultados por encuesta, está en contra de la ley, podemos adelantar las serias dificultades que tendrá su puesta en práctica. Aunque la “institución la haya aprobado. El problema por tanto es de correlación de fuerzas, dentro y fuera de las instituciones.

Un último alcance con respecto a las formulaciones acerca del Estado, en el Prólogo para el libro “Ensayos para un modelo de desarrollo sostenible: un cambio estructural (Editado por (ICAL y ClACSO) se lee… En esta perspectiva (De movilización) el rol de los movimientos sociales es fundamental, pues el Estado, como conservador del orden solo puede representar un nuevo consenso si es empujado a él por los movimientos sociales para luego incorporarlo como propio”. El Estado incorporaría como propios los nuevos consensos, esa es la afirmación. Aunque es el conservador del Orden… ¿El Estado (Burgués) incorporaría “como propios” los consensos antiimperialistas?... ¿Los consensos en contra de los monopolios?... ¿Los consensos a favor de los intereses de los trabajadores? etc. Cuando esto esté por ocurrir significa que la disputa por el poder del Estado estará a la orden del día. La revolución democrática antiimperialista estará a la orden del día. Hasta ahora ningún Estado burgués ha “incorporado” como propios, consensos que van en contra de sus intereses y a favor de la clase oprimida sin dar una dura y sangrienta batalla. La experiencia de la Unidad Popular es el mejor ejemplo.

Gramsci utiliza el término consenso de varias maneras, en particular al advertir que el proletariado puede transformarse en clase dirigente y dominante en la medida que logre crear un sistema de alianzas de clase que le permita movilizar contra el capitalismo y el estado burgués a la mayoría de la clase trabajadora y eso significaba en Italia, dadas las reales relaciones de clase, obtener el consenso de las grandes masas campesinas. Gramsci utiliza también el término consenso para referirse a una forma de dominio de la burguesía, a la supremacía ideológica de la burguesía. A la hegemonía de la burguesía debe oponerse la hegemonía del proletariado que debe ir acompañada de “hegemonía cultural”. Los deformadores del pensamiento de Gramsci han querido ver en esta idea algo contrario a los clásicos del marxismo cuando es el mismo Gramsci quien veía en los consejos obreros turinenses, los verdaderos embriones de poder de la clase obrera. Lo fundamental es que Gramsci quiere terminar con el consenso social burgués, o sea la hegemonía de la ideología de la burguesía y para ello el Partido de la clase obrera en Gramsci es fundamental.

El mismo prólogo recién citado dice: “Desde el pensamiento gramsciano podemos decir que estamos en medio de una crisis orgánica, es decir la mayoría de la población ya no cree en lo que creía antes y vivimos el tiempo del interregno cuando la vieja hegemonía comienza a morir y la nueva no termina de nacer, vivimos por lo tanto en la incertidumbre de lo que viene”. Con respecto a este párrafo solo diremos que el propio Gramsci reclamaría…”desde mi pensamiento no pueden concluir que están en medio de una crisis orgánica. Yo morí en 1937, a lo más podrían utilizar como base teórica los descubrimientos de Marx, Engels y Lenin para estudiar la situación en Chile y será la investigación de la realidad chilena la que les diga si hay crisis orgánica. Finalmente decir que es temerario afirmar que “la vieja hegemonía comienza a morir” cuando la izquierda reconoce la posibilidad de triunfo del candidato de la oligarquía.

 

David Mc Conell.

 

 

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