Lunes 15 de Octubre del 2018

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Proyección y balance para enfrentar los desafíos

marzo 9, 2018

Michelle Bachelet puede jugar un rol importante en la compleja ecuación política que debemos construir.

Juan Andrés Lagos. Periodista. Objetivamente, el Gobierno de Michelle Bachelet y la Nueva Mayoría (NM) es el más transformador desde que comenzaron los regímenes civiles electos por la ciudadanía.

Es, también, el que más se acercó (y respondió) a las grandes y mayoritarias demandas sociales que vienen abriéndose camino por décadas, y que la élite política y económica nunca quiso considerar y responder, incluso con desprecio y prepotencia.

Por eso, para entender el presente y el futuro, es clave considerar lo que significó el 2011 y el acumulado de demandas y movilizaciones anteriores que se hicieron manifiestas.

Del punto de vista socio-político, este Gobierno “tocó” la arquitectura sustantiva y esencial del modelo de dominación extremadamente neoliberal impuesto en Chile, por Pinochet, y reformado en forma gradual y astuta por los gobiernos de la Concertación, y el primero de Piñera, bajo el sistema de gobernabilidad autodefinido como “política de los consensos” centro-derecha. Con exclusión de la izquierda y de los movimientos sociales y pueblos originarios.

El Gobierno de Michelle Bachelet y la alianza Nueva Mayoría, son la expresión de un intento de respuesta al clamor de una ciudadanía que simplemente se cansó y se indignó con las desigualdades; el abuso; la élite política; la prepotencia; la simulación y el engaño.

La mayoría de las leyes aprobadas bajo este Gobierno, se deben realizar y aplicar a plenitud bajo el régimen de Sebastián Piñera. Es bajo ese Gobierno que entrarán en proceso de realización plena y efectiva. Algunas, de dimensión histórica para la excluyente democracia representativa chilena, como el sistema electoral proporcional, ya demostraron el tremendo efecto democratizador que han generado.

La historia política chilena demuestra, con creces, que una de las grandes habilidades de la elitista clase política criolla es buscar los astutos caminos para aprobar, y no aplicar; reconocer, y desconocer.

Esas habilidades las ha demostrado especialmente la derecha y el centro, con simulaciones hasta burdas, como la que pretendió instalar la idea patética de que Chile tenía una nueva Constitución, por el solo hecho que la firmaba un presidente civil.

Por eso, es un error de magnitud y hasta una ingenuidad política de marca mayor, creer que porque muchas reformas son leyes, se ha consolidado un significativo proceso de avance democrático. En rigor, este es uno de los espacios, tal vez el campo en disputa en donde se medirán las correlaciones de fuerzas sociales y políticas que intentarán la regresión-restauración, versus la estabilización y realización plena de las reformas iniciadas.

El campo político en donde se mueve la élite, el totalizante sistema mediático, y los poderes fácticos todavía vigentes, está plagado de movimientos y dispositivos tácticos dirigidos a la simulación.

En esta dinámica, y estrechamente vinculada a este mismo proceso, es que surgen más demandas legítimas de la ciudadanía, como el cambio al sistema previsional depredador, y que algunos en la derecha y el centro definen insensiblemente, como expresiones de “resentimiento”.

Una hipótesis plausible, es considerar que la derecha se ha preparado para un tiempo político más allá de un sólo Gobierno. Tienen la fuerza electoral; política y económica para intentarlo. Porque necesitan responder a la ciudadanía, y reinventar el modelo neoliberal para una nueva fase de acumulación basada en el capital especulativo financiero y transnacional. En eso no se van a perder.

La fuerza de la derecha política y económica sostiene en estos días una direccionalidad táctica y estratégica considerable, que no habían logrado hace bastante tiempo, y que alcanzaron en poco tiempo: cuatro años.

Tienen intenciones de penetrar incluso en el autodefinido “centro”.

Por otra parte, en los partidos de la NM, especialmente, hay expresiones contundentes de sectores que añoran la restauración neoliberal noventera; aún con fatiga política, igual pretenden disputar la hegemonía de la recomposición progresista. Son los mismos que se resistieron, con malos métodos, al proceso de reformas, y que en cierta medida drenaron los efectos sociales y políticos del gobierno que termina.

Ese, en rigor, también es un campo en disputa, y no verlo así puede llevar al mismo error que significó no haber enfrentado, con mayor expresión y debate, a los restauradores dentro de la NM y del propio Gobierno.

Por eso, en los hechos no hay otra alternativa para seguir adelante: Convergencia de todas las fuerzas que están por las transformaciones; por los cambios; sin excluir a nadie, enfrentando las diferencias, y buscando los acuerdos; con activación intensa del protagonismo y de los movimientos sociales y populares. ¿Es posible ese camino? Sí. Pero el tema de fondo es que es totalmente necesario, para seguir caminando. De otra forma, la derecha se moverá con prestancia en las aguas fragmentadas, divididas, atomizadas de las fuerzas progresistas.

En ese contexto, de futuro, la querida ciudadana Michelle Bachelet tiene mucho que aportar.

Porque hay, objetivamente, un vacío y una cierta sequedad de liderazgos convocantes; incluyentes e inclusivos; y porque su persona puede ayudar enormemente a las convergencias; a la defensa del legado de reformas; al camino que necesitamos abrir. La caricatura que se pretende imponer, es que va por un nuevo período de Gobierno. El tema es bastante más de fondo: Michelle Bachelet puede jugar un rol importante en la compleja ecuación política que debemos construir: la convergencia amplia para generar los mínimos comunes de un camino político; programático; electoral necesario.

elsiglo.cl

 

 

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