Miercoles 23 de Mayo del 2018

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El Informe al Pleno del CC del PC

 


El Informe al Pleno del CC del PC

enero 17, 2018

Documento completo del análisis y proyecciones hechas ante el Comité Central del Partido Comunista de Chile, hecho público ante el pueblo.

Santiago. Informe al Pleno Enero 2018.

Enfrentamos este Pleno de análisis del proceso electoral y de evaluación de los cuatro años de gobierno, con la convicción de que fue absolutamente correcto participar del mismo. Y no obstante ser la más alta concreción lograda hasta ahora de nuestra política de amplia unidad, para un programa de reformas democráticas, como parte del desarrollo de su línea política y en su tercera experiencia histórica como Partido de Gobierno, nuestra valoración debe ser crítica, porque estamos ante un conocimiento que no teníamos y que debemos asimilar profundamente para nuestro desempeño futuro.

El Gobierno de la Nueva Mayoría es el primer Gobierno que terminamos, en los más de 105 años de nuestra historia, en el que nuestro compromiso siempre giró en torno al cumplimiento de un programa de cambios reformistas para el país. Reformas que abrieron grietas al modelo neoliberal, aunque no con toda la profundidad que tuvo nuestra participación en la Unidad Popular. Debemos sopesar muy bien esta etapa histórica para valorarla en su justa dimensión.

Nuestra presencia en el Gobierno posibilitó avances acotados al sistema democrático, que resultaron en el establecimiento de derechos no contemplados por el modelo neoliberal. Consideramos de gran relevancia los avances en temas de relaciones laborales, educacionales, de derechos de la mujer y de género, en el sistema tributario; en leyes de probidad y transparencia, entre otros. Cada uno de estos avances debe ser analizado en particular y defendidos en conjunto. Este fue un Gobierno que se definió por un programa reformista, en donde la presencia del Partido Comunista fue determinante en mantener vigente el desafío programático.

Ciertamente, hay un precedente que considerar, el año 2011 marca un hito cualitativo, con las multitudinarias movilizaciones protagonizadas por amplias capas y expresiones del pueblo chileno.

Bajo el Gobierno de derecha, el primero electo en décadas tras el Golpe y la dictadura fascista, y en plena vigencia la desprestigiada política de los consensos, estas movilizaciones cambiaron el escenario político chileno. Irrumpieron y generaron condiciones para avanzar más rápidamente hacia una nueva situación, y rompieron, temporalmente, la intención derechista de abrir un ciclo de gobiernos restauradores y neoliberales con dimensión estratégica.

Más aún, si queremos remontarnos a nuestros permanentes esfuerzos por abrir paso a una nueva correlación de fuerzas transformadora en Chile, deberíamos tener muy presente el año 1996, cuando por primera vez lanzamos una propuesta política a la entonces concertación, que consideraba contenidos programáticos y criterios de alianzas nuevos, para enfrentarnos a la derechización creciente de la política y la vida social en nuestro país, y que advertíamos se convertía en un peligro mayor, de dimensión incluso estratégica. En los actuales momentos el desafío de establecer propuestas de mayos proyección democrática adquiere relevancia muy decisiva.

El año 2011 las demandas populares remecen el cuadro socio-político chileno, y las movilizaciones y sus protagonistas tienen un muy amplio respaldo en nuestro país e incluso en el mundo, considerando que nuestro continente se caracterizaba por la presencia de gobiernos emancipadores, muchos de ellos claramente de izquierda y anti neoliberales.

La demanda del movimiento real de masas, por educación gratuita y de calidad, rápidamente se acompañó por la necesidad de una reforma tributaria para financiar la primera. Y adquieren mayor fuerza propuestas de transformaciones que venían planteándose al calor de intensas luchas, y se hacen manifiestas para un amplio sector popular y ciudadano: Nueva Constitución Política y Asamblea Constituyente; reforma laboral; nuevo estatuto medioambiental; reconocimiento en otra categoría al Pueblo Mapuche; fin al sistema binominal; mayor participación social y ciudadana en las decisiones del país.

En fin, emerge entonces un estatuto programático y político que enfrenta al Gobierno de derecha, pero que a la vez dinamiza nuevas alianzas para lograr avances significativos en las elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales que venían.

Uno de los principales acuerdos fue romper con el sistema binominal y la política de los acuerdos, lo que, como hemos comprobado, ha creado un cambio sustancial en la representación parlamentaria del país y en las correlaciones de fuerzas.

Ha quedado demostrado que era posible hacer cambios, es una constatación determinante, pero nos faltó la capacidad de comunicar los avances en la política pública, así como explicar la complejidad de las reformas y defender su forma y contenidos.

El análisis crítica de un periodo de Gobierno trascendente

Cuando acordamos ingresar al Gobierno, definimos este como un Gobierno en disputa, donde la defensa del programa era una parte fundamental de nuestro que hacer, el cual se realizaría con una estrategia dual, es decir empujando desde dentro del gobierno y empujando desde los movimiento sociales la realización de las reformas comprometidas. Nuestra ausencia en el Comité Político de ministros del Gobierno nos impidió participar más fuertemente de la conducción, que estuvo mucho más a la mano de la DC, el PPD y PS.

Es posible decir que nuestra derrota se fue fraguando durante los 4 años de Gobierno, pero se aceleró a partir del cambio de gabinete a inicios del segundo año. La tecnocracia se puso por encima de la política, relegando el programa de reformas a la medida de lo posible, cediendo la épica del impulso reformista al gradualismo conservador, este sello caracterizó al gobierno durante buena parte de su mandato.

 

Los hechos han demostrado que esa tesis o idea de un Gobierno en disputa, nos referimos a su qué hacer, era correcta. El primer año -el 2014- estuvo marcado por un claro sello transformador, reforzado por la voluntad de sustentarse en las organizaciones y movimientos sociales. No obstante este sello transformador, siempre se incubó al interior de la coalición una mirada crítica y distante por parte de los sectores más conservadores, que si bien minoritarios en este periodo, si tuvieron mucha incidencia en el diseño y trayecto de la transición pos dictatorial.

 

Su crítica, a una supuesta falta de rigor en las políticas públicas, escondía diferencias fundacionales en torno al sentido de las reformas y al proyecto país contenido en el Programa de Gobierno.

 

Con la iniciativa política de nuestro lado, en el transcurso del primer año de Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, fue contundente una posición a la ofensiva de Gobierno y de la NM. Logramos incluso entendimientos parciales; tácticos y temporales, con sectores de la derecha, para instalar reformas significativas. Mientras el sector derechista más retardatario se veía afectado por denuncias de corrupción y sus propias dispersiones.

Luego, al destaparse varios casos de corrupción (los cuales comprometían principalmente a la derecha y luego a personeros de la otrora Concertación, instalándose la “teoría del empate, respecto de lo cual han hecho ingentes esfuerzos por comprometer al partido comunista, sin lograrlo”), se agudizó una crisis de legitimidad del sistema político, el impulso transformador decayó y el Gobierno perdió iniciativa política. En ese contexto, comienza a tomar protagonismo al interior de la Nueva Mayoría la sensibilidad restauradora o el así llamado “partido transversal”. De allí en adelante, ese sector tensionó y debilitó, para luego fracturar la unidad de la coalición, presionando permanentemente para inhibir el programa, aprovechando también la caída en las encuestas de la Presidenta quien, mientras estuvo en el peak de su popularidad, actuó como una gran fuerza ordenadora de todos los sectores.

 

La desafección ciudadana se incrementó con fuerza, y el estratégico y potente sistema de comunicación hegemónico lanzó sus dardos con virulencia en contra de “los partidos” y “la política”, habiendo detectado que esta campaña afectaba casi exclusivamente a las fuerzas políticas de la NM, y no a los partidos de derecha ni del Frente Amplio. Comenzó entonces una canalización rápida de parte de ese descontento, hacia las expresiones que hoy conforman el Frente Amplio y la propia derecha.

Casi simultáneos y en el mismo tiempo político, los sectores restauradores ya posicionados en el mismo gobierno, empezaron públicamente a cuestionar el ritmo y los contenidos de las reformas; la gestión política de la Presidenta; e incluso un destacado líder político, llegó a afirmar que vivíamos la segunda crisis más grande después de la de 1973. Apelando a reponer lo que llamó “grandes acuerdos nacionales”.

Desde los partidos de la NM, desde su base, se hicieron esfuerzos para articular apoyos a las reformas y al gobierno, en diversas ciudades, en frentes sociales y territoriales que no tuvieron la suficiente fuerza. El significativo encuentro de la NM metropolitana, con la participación de centenares de dirigentes intermedios y de base de los partidos, y el acto de apoyo a Bachelet en el Caupolicán, fueron algunos de esos intentos, que finalmente no fueron apoyados con el mismo grado de convicción por el conjunto de los partidos, algunos de los cuales veían como un peligro la presencia social activa por las reformas.

Por otra parte, los esfuerzos de sectores restauradores por contraponer la Concertación, incluso en el ámbito simbólico, con la NM, fracasaron por no tener un claro fundamento social y no ser una opción válida en el presente.

Como comunistas, debemos analizar también nuestra propia presencia política en el Gobierno, cuanta fue nuestra contribución al programa y a las tareas de Gobierno, y considerando también errores cometidos y si esta presencia ayudó significativamente a que el Partido pudiera establecer mayores lazos con la base social y el electorado, o en alguna medida quedó subsumida por las tareas propias de la administración pública.

La presencia del movimientos sindical

Hicimos esfuerzos por concitar el máximo de apoyos desde el movimiento social para las diversas reformas, incluyendo en ello la voluntad de los comunistas de acoger indicaciones o señalamientos provenientes de las organizaciones sociales. Es evidente que no tuvimos todo el éxito esperado. No logramos evitar grados de desafecto en sectores sociales que nos llevó a no poder profundizar lo suficiente los cambios

En este escenario de unidad y lucha, perdimos algunos espacios de representación social como en el Colegio de Profesores, donde vivimos una fuerte campaña anticomunista desde la derecha y desde sectores de izquierda contrarios o muy críticos a las reformas de la educación, que lograron menoscabar nuestra presencia, aun cuando fuimos los principales impulsores en la concreción de la Carrera Docente, a la cual la actual conducción del Colegio se opuso terminantemente.

 

Pero en este mismo cuadro complejo logramos alcanzar la conducción de la ANEF, fortalecer nuestra presencia en la base sindical y en otras organizaciones sociales, lo que fue una contribución, en conjunto con otras fuerzas, a la derrota de las maniobras que pretendían deslegitimar y atomizar la CUT, para debilitarla o contraponerla al proceso de reformas, en especial a la Reforma Laboral, respecto a la cual la CUT jugó un papel trascendente que debe valorarse positivamente, pero el análisis crítico y autocrítico debe ser en este aspecto mucho más exhaustivo, debemos tener la capacidad de develar en toda su profundidad los embates por cooptar o dividir a la organización sindical clasista y nuestras debilidades para enfrentarlos, más aún, cuando debemos competir con fuerzas emergentes que nos disputan nuestra presencia.

 

Debemos considerar también que hay modificaciones en la estructura de clases, tanto objetiva como subjetivamente, y lo que denominamos clase obrera hoy tiene una gravitación disminuida en relación a la sostenida en las primeras siete décadas del siglo XX, aproximadamente. El campesinado ya no es una clase social estratégica, como ocurriera en aquél período, en gran medida ha pasado a ser parte del proletariado como en el caso de los centenares de miles de temporeros. Por otra parte, la tradicional oligarquía agraria se extingue y la burguesía industrial pierde influencia frente al capitalismo financiero transnacionalizado, lo que se refleja en un bajo índice de manufacturas de origen en nuestro país.

 

La heterogeneidad estructural de la economía genera un sector del proletariado caracterizado por sus altos niveles de calificación y el acceso al contrato indefinido, de alta productividad, pero de poco peso numérico, que es el caso de los trabajadores mineros, quienes representan en 2015 apenas el 1.88% de los ocupados, con una leve alza respecto a 1996, donde representaba el 1.50%. Por otra parte genera segmentos más precarizados, como es servicios y ventas, ubicados en los circuitos flexibles y en las cadenas de subcontrato, y que en el mismo periodo experimenta un alza muy notable: pasa de 16.80% al 25.43% (es decir, hay un incremento de un 51%). Así, se van generando identidades que, incorrectamente, entran en colisión.

La precariedad que enfrentan amplios segmentos de la población trabajadora, tanto bajo la línea de pobreza como arriba de ella, incluyendo a importantes sectores de capas medias, queda graficada con el hecho siguiente: los ingresos autónomos de los hogares (lo que puede incluir más de un salario) hasta el decil 5 se ubican bajo los 600.000 pesos. Y solo en el decil 8 superan levemente el millón de pesos (Encuesta CASEN 2015, valores en pesos de noviembre de 2017).

 

Se entenderá entonces que en una sociedad donde gran parte de los bienes públicos como la salud y la previsión están privatizados; y donde el peso de la deuda familiar en materia de vivienda es alto, la precariedad es estructural y afecta fuertemente la acción colectiva.

 

Fue, precisamente el temor a la expresión de masas del descontento subyacente en la sociedad, lo que movio a la derecha, y en parte también a sectores del gobierno y la NM a un afán por disminuir la presencia y conducción de los comunistas en el movimiento social, muy en sintonía con la tesis del “desarme” planteado por la derecha.

Por todo lo expresado, queda clarísimo que, a partir de un examen exhaustivo del tema, debemos abordar con prontitud el reforzamiento de nuestra incidencia en el plano social, tanto en el plano sindical que es primordial, como en el territorial y estudiantil, que contienen un alto germen movilizador.

Causas estructurales de la derrota

Podemos afirmar que existen razones de carácter estructural que ayudan a explicar la derrota en segunda vuelta, como la permanente resistencia a la implementación del programa, mediante los llamados “matices”, la crítica a la supuesta “desprolijidad” de las reformas, la campaña de la derecha a través de los medios para deslegitimar el programa y socavar la base social de apoyo a los cambios; el periodo de ambigüedad, de avances y estancamientos del gobierno, para implementar el programa, los esfuerzos de los restauradores que lo obstruían y la consecuente fractura de la Nueva Mayoría, fueron pavimentando el camino para la derrota electoral y política de nuestro gobierno.

A lo anterior, se debe agregar que algunas de las reformas, como fue el caso de la reforma educacional, puso en evidencia la incapacidad de gestión que arrastra la actual institucionalidad del Estado (subsidiario), de marcada inercia neoliberal para sostener las transformaciones, lo que repercutió también en valoraciones ciudadanas negativas respecto de los cambios en curso, ejemplo de ello es la tardanza de las escuelas subvencionadas para pasar de subvencionados con fines de lucro a escuelas bajo la modalidad inclusiva y gratuita, o la persistente falta de atención oportuna en salud pública, todo lo anterior con impacto directo en las familias.

 

Asimismo, un sector más radicalizado del movimiento político social no contribuyó a poder viabilizar el proceso, logrando un peligroso funcionalismo con los sectores hegemónicos. Junto a no querer entender las reformas, o minimizarlas en su alcance, se hizo hincapié en aquellos puntos que no contemplaba el programa de gobierno como las pensiones, el CAE, la salud y una serie de otras demandas imposible de solucionar en un corto plazo, pero que además, incluso con nuestra expresa disposición a tomarlos, se chocaba con la falta de recursos, la regla fiscal o la falta de proyectos.

 

Se puede afirmar que, la falta de financiamiento provocado por factores externos, fundamentalmente la baja del cobre y el boicot a la inversión de los grandes empresarios, con el consecuente debilitamiento de la economía y los empleos, y los oídos sordos a nuestras propuestas, y de otros sectores de la Nueva Mayoría, de implementar políticas contra cíclicas que permitieran mejorar la calidad de vida de la población, mediante un rol más activo del Estado, se transformó también en un factor adverso.

 

En este punto es preciso reafirmar que todo nuestro análisis critico parte de una valoración profunda de las reformas alcanzadas, pues modifican puntos sensibles del modelo neoliberal en favor de mayores niveles de igualdad para nuestra sociedad. Valoramos las reformas como un proceso histórico, fueron un avance en el programa del PCCh, que no se habrían podido realizar sin la Nueva Mayoría.

Por ello es tan crucial la pregunta, por qué, si bien se llevó a cabo tan importante proceso de reformas, la derecha y el ala conservadora de la NM logró deformarlas y vaciarlas de contenido frente a gran parte de la sociedad, ganando así la batalla de posiciones, connotándolas negativamente y poniendo en jaque la razón misma del gobierno de la NM.

Un aspecto de este déficit es que nos faltaron medios de comunicación masivos propios y de gobierno para dar el debate de las ideas, frente a los medios de propiedad de los grandes capitales que golpearon permanentemente el programa de reformas y el desempeño del gobierno, casi sin contrapeso, aportando así a que la lógica conservadora se instalara con mucha fuerza con los resultados conocidos.

Un problema que tenemos entre manos es como logramos quebrar este poder hegemónico que le da tanta ventaja a la derecha y a los poderes fácticos.

El nuevo cuadro electoral

La situación de Chile viene dada en un contexto latinoamericano, con lógicas des-constituyentes, que niegan derechos sociales a favor de lógicas conservadoras, con crisis en las democracias participativas. Aparece la mal llamada derecha social que dificulta diferenciarnos e invisibiliza nuestro proyecto, o al menos confunde a la opinión pública. Emerge un nuevo universo electoral que se moviliza por nociones de derechos y protección social, que responde más a las oportunidades individuales y empatiza con reformas y transformaciones en la medida que estos impactan en su vivencia cotidiana más que por su connotación ideológica. La derecha no tiene empacho en tomar algunas de nuestras banderas cuando percibe que causan este efecto en parte importante del electorado.

La derecha nos propinó una derrota política-electoral, a partir de la deslegitimación cultural, ante vastos sectores de la población, de nuestro discurso de las reformas y la igualdad social, deslegitimando por ende nuestra posición política, impactando en un desapego de buena parte de la sociedad con las reformas. La derrota política se hizo evidente en segunda vuelta, donde sectores conservadores se plegaron a posiciones reaccionarias y sectores despolitizados no vieron en la continuidad de las reformas un camino de desarrollo. Se impuso un electorado que se siente abandonado por la sociedad de derechos y a la vez integrado con la sociedad de mercado, son estos votantes los que están desafectados de las miradas políticas de largo plazo, los que inclinan negativamente la balanza. El discurso anti reforma caló hondo en un sector de la sociedad postergada, que percibe el empleo como llave de entrada a la sociedad de consumo y no como un derecho que dignifica su vida en una sociedad de derechos.

No obstante la derrota, también debemos considerar la importancia que tiene el que más de tres millones de votantes adhirieran a las ideas del progreso social, de la democratización y los derechos de las personas.

¿Qué fue lo que nos impidió avanzar más allá de esa importantísima adhesión que nos permitiera seguir adelante con el proceso de reformas?

Entre otras, en términos de campaña presidencial, sufrimos una derrota anunciada desde el fracaso de las primarias en la Nueva mayoría, que nos obligó a competir en dos frentes, podemos decir que la responsabilidad del Partido, en segunda vuelta, era crear puentes con el Frente Amplio. Los que fueron difíciles de constituir dado el discurso presidencial y la corrección permanente del encargado programático al candidato. De todas maneras logramos avances como Partido en los entendimientos con sectores del Frente Amplio y el PRO que incidieron en la votación de segunda vuelta, lo que no fue suficiente porque de igual modo unos 300 mil votos que votaron por la centro izquierda en primera vuelta, se fueron hacia la derecha en la segunda vuelta, particularmente desde el electorado proclive a la DC, espacio discursivo que capturó Piñera sumando propuestas a su programa, como AFP Estatal o Gratuidad a los CFT.

La votación de Piñera fue una sorpresa para todos, incluida la derecha. Una fuerte campaña de terror político y económico, que ponía al elector entre una falsa disyuntiva entre ganar más empleo y seguridad o retroceder a una situación de caos influyó sobre los votantes más conservadores y despolitizados e incluso hizo que más de 400 mil nuevos votantes participaran de esta segunda vuelta para defender su status “amenazado“, por la supuesta intención de instalar en Chile una “segunda Venezuela”.

La derecha se la jugó como clase en defensa de sus intereses superando fraccionamientos y discursos contradictorios, poniendo al centro la necesidad de detener el proceso reformista. La derecha se desplegó completamente en la segunda vuelta presidencial y nosotros no supimos o no tuvimos la capacidad de reaccionar, en parte por las descoordinaciones que se produjeron entre el comando de campaña y los partidos.

Frente al nuevo período

Para discutir la estrategia del PCCh en este nuevo periodo debemos partir de la constatación que el Partido Comunista de Chile tiene una profunda vocación de poder, por que cual sea nuestra estrategia deberá estar pensada para recuperar el gobierno y reiniciar el proceso de reformas. No solo tenemos la tarea de resistir y defender las conquistas sociales. Tenemos también el deber de actualizar programáticamente nuestra propuesta que nos distingue ética, política e ideológicamente. De esta forma, es importante poder capitalizar políticamente nuestro paso por el Gobierno.

Debemos instar por una oposición que no asuma solo una posición defensiva, ya que las reformas no son un problema exclusivo de voluntad política, sino que son una necesidad que se reclama en amplios segmentos de nuestra sociedad, como una nueva Constitución Política, una profunda Reforma Previsional, garantizar el efectivo acceso a la salud, la vivienda social, la autonomía de los pueblos originarios, todos asuntos que siguen vigentes y que reclaman una urgente solución.

Podemos generar un nuevo cuadro político si sumamos las voluntades de los movimientos sociales y partidos de la oposición que retomen y exijan la concreción de estos y otros derechos sociales. Esa será la base sobre la cual será posible proyectar un nuevo gobierno de amplia base social y de unidad sin exclusiones, que profundice y consolide una transformación radicalmente democrática del país, que apunte a erradicar el neoliberalismo y sus nefastas secuelas.

En ese sentido la construcción de Partido tiene que dar cuenta de la existencia de reivindicaciones sociales que tienen un carácter de clase y otras más transversales que dan cuenta de contradicciones culturales y sociales, de masiva receptividad y que en ciertas materias dividen las aguas de modo muy preciso entre neoliberales y demócratas y, en torno a ellas, se puede desarrollar Partido con amplias vinculaciones en un universo social muy diverso.

Hay importantes ámbitos del quehacer social que debemos abordar con la vocación que nos caracteriza como el mundo de los adultos mayores, cuyo número e importancia ha aumentado y seguirá aumentando significativamente. Por su parte, la migración es un fenómeno incontrarrestable y la masividad de esta se hace sentir en nuestro país, tras esto está el derecho al trabajo digno de toda persona, cualquiera sea su nacionalidad, creencia o color de su piel, las organizaciones de derechos humanos, sindicales estudiantiles debieran acoger y organizarlos y levantar su voz contra la discriminación de que son objeto.

Un lugar especial en las luchas de este periodo son los derechos plenos de las mujeres, tanto para decidir sobre su cuerpo, a una vida libre de violencia y a la autonomía económica que genera la inclusión laboral. Es muy importante la demanda por la vivienda social, de miles de personas sin casa, especialmente mujeres, organizadas que luchan por este objetivo tan importante y sentido.

Necesitamos profundizar las reformas en el modelo de desarrollo nacional, es una vergüenza que el litio se le entregue a SQM para explotación hasta el 2030, el país sigue perdiendo soberanía económica. Es necesario profundizar el debate de un nuevo modelo de desarrollo sustentable, que provea mayor crecimiento económico, con sostenibilidad medioambiental y sostenibilidad social por medio de los derechos sociales.

Una de las disputas principales se dará en el Parlamento, desde ahí se van a tratar de producir retrocesos en la reformas, es desde ahí que el Gobierno de Piñera buscará desmantelar el afán reformista. Nuestra tarea debe ser la de defender el proceso de reformas, reconociendo que iban en la dirección correcta, pero que les falto mayor profundidad o aceleración para crear pertenencia con el pueblo.

Ante este nuevo y complejo cuadro político, con un nuevo Gobierno de derecha que ha presentado claras intenciones contra reformistas, se necesita un movimiento estudiantil unido, con demandas que le permitan actuar y con la mejor conducción para acrecentar sus fuerzas y desplegarlas amplia y masivamente en las calles, contribuyendo de manera significativa en la generación de un nuevo escenario político en el país propicio a la recuperación de un gobierno transformador.

Parte importante de la agenda del movimiento estudiantil deberá estar marcada por defender y avanzar aún más las conquistas parcialmente resueltas, principalmente la gratuidad, desmunicipalización y ley de inclusión, por empujar avances en el proyecto de fortalecimiento de las Universidades Estatales, por evitar regresiones que colaboren en consolidar la hegemonía de la provisión privada de educación y desplegar una firme ofensiva sobre demandas no resueltas, convocantes y probablemente contradictorias políticamente con el nuevo gobierno, como el fin al endeudamiento estudiantil (CAE), democratización de las instituciones, nueva política de acceso a la educación superior, nuevo sistema de financiamiento para escuelas y liceos, entre otras.

La situación política hoy

En las reuniones de presidentes y secretarios generales ha quedado claro que todos los partidos están en un proceso de análisis de los resultados electorales y que su disposición o no a acuerdos amplios, sin exclusión, que de sustento a una oposición fuerte y abra paso a conversaciones sobre futuros eventos electorales que debieran enfrentarse juntos, está pendiente del resultado de esos eventos. Solo el PS y el PC han manifestado claramente una postura proclive a la búsqueda de la unidad de los partidos de centro e izquierda, incluyendo a los del Frente Amplio.

No descartamos avanzar en puntos de encuentro y convergencia con el Frente Amplio, o con algunos de sus partidos, entendiendo la convergencia no como un lugar, sino como la capacidad de arribar a un programa o a medidas que de conjunto se le propone al país. No vamos a simplificar el debate proponiendo elegir entre el FA y la NM, debemos aplicar la estrategia de la más amplia unidad política de la centroizquierda, con una base programática y una relación desde el movimiento social hasta el parlamento.

Por otra parte, el PC ha realizados encuentros formales con el PRO y prácticamente con todos los partidos del Frente Amplio con diferentes grados de acogida a nuestra propuesta de unidad amplia, que consideramos alentadoras.

Nuestra opinión, es que ha sido muy necesario mantener vínculos políticos con el amplio arco de la centro izquierda y nos congratulamos que la Fiesta de los Abrazos nos haya permitido avanzar incluso en el intercambio público de ideas, en las que participaron más de 50 personalidades y dirigentes de otros partidos.

Podríamos decir como conclusión, que si bien es cierto hay expectativas como para avanzar en acuerdos por ahora puntuales, es evidente, primero, que se está produciendo una fuerte presión desde la derecha para cooptar a sectores de la NM y, segundo, que al tenor de los resultados electorales no sería extraño que se conformen nuevas correlaciones de fuerzas y recomposición de acuerdos. Ante ello debemos estar prevenidos y construir nuestro propio campo de acción. Establecer también nuestras propias fortalezas desde posiciones de izquierda.

La campaña parlamentaria

La reforma al sistema electoral que rompió el candado del binominal, sinceró las fuerzas propias de cada partido. Porcentualmente nuestro Partido prácticamente mantuvo su votación con una leve alza en términos de votos. Y mantuvimos nuestra presencia en términos relativos en la Cámara de Diputados.

En este escenario, debe ser una preocupación saber cuál es la composición social e ideología que posibilita el buen resultado del PCCh en la Región Metropolitana, cuales son los factores estructurales del resultado distrital comparado entre las comunas que ganamos y las que perdimos, para saber dónde están nuestras brechas de crecimiento. Somos el partido de NM con más diputados en la RM. Pero el análisis no puede circunscribirse sólo a la RM.

Es innegable que en la ejecución de la campaña propiamente tal tuvimos un conjunto de insuficiencias, necesarias de analizar. Sin duda una dificultad mayor la marcó el hecho de que muchos cuadros de dirección, de distintos niveles o fueron candidatos o estaban con cargos de gobierno, o en el comando presidencial.

La dirección nacional de la campaña en su aspecto práctico, fue asumida por el Secretariado, guiándose por las orientaciones que emanaban de las discusiones de CP y en el marco de los acuerdos del CC.

Debemos saludar a todas aquellas compañeras y compañeros, miembros del CC o no, que jugaron un papel tan complejo como el de ser candidatos en las circunstancias actuales. Destacar a miembros del CC que se la jugaron en los distritos que les correspondió actuar y desde luego al conjunto del Partido, si no hubiera sido por este trabajo habríamos corrido la suerte de otros partidos de la NM que bajaron su votación. Desde luego esperábamos más y seguramente de nuestro análisis surgirá la noción de que era posible alcanzar más, pero esto es después de la batalla, por tanto lo válido será sacar las lecciones, y muy bien sacadas, para los próximos eventos electorales que se avecinan.

Cada organismo, sector y militante del Partido debe hacer este análisis crítico y autocrítico, que difícilmente se podrá hacer en este Pleno, pero sí debemos dejar establecidas directrices claras para su realización. De lo profundo que sea este análisis surgirán muchas medidas de carácter político, orgánico, de cuadros y de otra índole necesarias de realizar en un corto período, para que den sustento a una Conferencia Nacional, que proponemos realizar en los próximos meses, teniendo también elementos más concretos de como fluctúa el acontecer político en los primeros meses del Gobierno de Piñera.

Como una primera mirada queremos dejar en claro que participamos de la campaña de acuerdo a lo establecido por el CC, que definió integrar el pacto llamado Fuerza de la Mayoría, después de agotar los esfuerzos por ir en una lista única. Recordemos también, que de los 4 partidos nosotros éramos el cuarto en votos y en representación parlamentaria, ambas cosas, una lista de 4 partidos y nuestra fuerza electoral menor, nos ponían límites en nuestras pretensiones de alcanzar todas las candidaturas deseadas o necesarias.

Recordemos también, que nuestras opciones ya estaban disminuidas por los resultados de la elección municipal, lo que fue analizado y advertido por este CC.

Las reuniones de distintos grupos del CC avanzaron mucho en el análisis crítico, pero esta discusión aún no ha sido ponderada en su totalidad y a ello hay que añadir que no están todavía todos los datos electorales básicos para un balance más pormenorizado que va a ser muy importante en lo que viene de confrontación electoral.

La negociación se cerró el último día y a última hora. En los hechos logramos el acuerdo para presentar candidatos en 22 de los 28 distritos, pero luego por un error cometido por la Comisión Electoral Nacional, no inscribimos candidato en el distrito 17 y en consecuencia tuvimos representación sólo en 21 distritos. En Cores presentamos 75 candidatos en 51 circunscripciones de las 64 existentes.

Una de las grandes metas que nos propusimos fue romper la exclusión en el Senado. En la CP llegamos a la conclusión que el mejor lugar para lograrlo era la III Región y el candidato adecuado en este caso era el compañero Lautaro Carmona, con mérito para serlo.

En la búsqueda de asegurar la candidatura buscamos acuerdos de apoyos mutuos, que en el papel y en las conversaciones que se tuvieron parecían bastante adecuados. Pero no asimilamos a tiempo los factores externos que se mostraban desfavorables y que atentaron directamente contra nuestra candidatura. Nuestro propósito es aclarar prontamente estos aspectos que resultaron en una derrota política para nuestro Partido en la persona de nuestro Secretario General, en circunstancias que nosotros cumplimos con todos los compromisos de apoyo mutuo, pero de manera aún no explicada, tal conducta no fue correspondida. Tampoco están bien claras algunas medidas muy incidentes de gobierno interior.

Junto a estos factores está claro que hay que analizar los esfuerzos propios, entre los que podemos mencionar la capacidad de dirección para asumir una candidatura como esta de manera privilegiada, la forma como se realizó la campaña en la zona, la forma como se encaró la candidatura parlamentaria. Es un análisis que de ninguna manera se puede rehuir, más aún cuando en la práctica perdimos 1 diputado.

El Partido hizo un esfuerzo muy grande para el financiamiento de las campañas, de ninguna manera todo lo suficiente. Se realizaron encuestas, no todas las necesarias por falta de presupuesto, ni todas a tiempo por lo mismo. Hubo apoyos en frases radiales, en insertos en radios y en algunos distritos se usó la georreferenciación para enfrentar de mejor forma el trabajo casa a casa tan vital con los cambios de la ley electoral. También se avanzó en la propaganda digital, cuyo efecto debemos también analizar.

Hubo candidaturas que se instalaron tarde o no quedaron bien instaladas y posiblemente no respondían tampoco al momento y a las sensibilidades nuevas del electorado de determinados distritos. Las segundas candidaturas donde fue posible tenerlas por lo general se instalaron tarde, a pesar de que como se comprobó por efecto de la nueva Ley Electoral se podía doblar, descubrimos esta posibilidad cuando ya la campaña estaba en marcha.

Debemos manifestar nuestra preocupación y asumiendo la responsabilidad como dirección del Partido de los resultados en la V Región, en la VIII Región y en el distrito 10 de la RM.

También hubo distritos en que se produjeron dificultades para ordenar nuestras fuerzas, hecho ya conocido por el CC. Hay caso de insuficientes planificaciones del trabajo electoral de las direcciones regionales o planes alejados de un diagnóstico real.

Hay muchos otros problemas que el CC conoce, de índole orgánico o de diferencias de las cuales algunas se han superado pero otras persisten. Nuestra labor como miembros del CC avecindados en los comunales y regiones es ayudar a superar tales problemas, pues le hacen un enorme daño a nuestro Partido y muchas veces castran nuestras posibilidades de éxito.

Podemos dejar como conclusión de este capítulo la imperiosa necesidad de contar con un trabajo electoral sólido, permanente, tanto de dirección como a lo largo del país, especializado, conocedor de las últimas técnicas y ojalá dotado de instrumentos necesarios. Necesitamos cuadros formados para esta tarea. Debemos ser capaces de anticiparnos en todo sentido a las elecciones de Alcaldes, Gobernadores y Concejales que están a la vuelta de la esquina. La prevención debe ser total, lugares en los que hay que concentrar esfuerzos, donde disputar, candidatos que se vislumbran y su real inserción.

El papel del Partido

Cuando hablamos del papel del Partido, las más de las veces lo hacemos en términos generales. Es el Partido el que hace o no hace bien las cosas. Pasamos muchas veces por alto que el Partido lo constituimos todos nosotros, organizados en una estructura que nos confiere determinada autoridad y derechos, pero por sobre todo deberes con los cuales cumplir.

En esta oportunidad, dada la envergadura de las tareas que nos ha tocado enfrentar, debemos ir más al fondo en nuestro análisis, particularizar más en la responsabilidad de cada organismo y con la capacidad individual de percibir nuestros propios errores o falencias, por cierto sin desconocer los méritos.

Es difícil encarar tal tipo de análisis en una sola reunión del CC. Hay que establecer la mejor forma de hacerlo en cada instancia. Como Comité Central debemos asumir nuestra propia responsabilidad, respecto de nuestra participación en el Gobierno, en las campañas electorales, en la movilización social, en la conducción política del Partido.

La reunión por grupos del CC ha demostrado ser positiva en cuanto a la profundización del debate e intercambio sobre el momento político. De la misma manera debemos hacer un debate acerca del Comité Central que necesitamos, teniendo como base la experiencia vivida en este período.

Han surgido reparos a las comisiones nacionales auxiliares del Comité Central y su rol, no pueden ni deben reemplazar el rol de las direcciones intermedias.

Hay percepciones o constataciones de que hemos tenido un Comité Central lejano en términos de su involucramiento en las tareas de dirección política, demasiado subsumido en las tareas concretas y no en el debate de las direcciones intermedias, lo que ha redundado en que a estas se les dificulta hacerse cargo del periodo histórico que vivimos.

Se requiere un CC de mayor involucramiento en la relación del Partido con las masas y los movimientos sociales, trabajando mancomunadamente con las Juventudes Comunistas en el desafío de recuperar nuestra incidencia y conducción entre los trabajadores, los estudiantes y los pobladores.

Aparece como una falencia la no existencia de un área ideológica que recoja la experiencia de los equipos de profesionales y técnicos del PCCh en el Gobierno, que nos ayude a fortalecer el programa del PCCh, que nos proyecte hacia los objetivos que vienen. En este aspecto necesitamos enfrentarnos de mejor forma con la derecha.

Quiero manifestar que lo peor sería tener una actitud contestataria ante estos requerimientos y otros que surgen desde el Partido, todo lo contrario hay que acogerlos, como dijimos en un párrafo anterior, en la Conferencia Nacional propuesta, varios de estos aspectos que conciernen también y en mucho al funcionamiento del ejercicio de la dirección del Partido, deben tenerse muy en cuenta, considerando también que no son largos los tiempos políticos de aquí al próximo Congreso Nacional, que deberemos encarar de acuerdo a la Nueva Ley de Partidos Políticos.

El Partido puede y debe jugar un importante papel en el periodo y proceso que se abre, a condición de readecuar sus cuadros y estructuras, en función de los conflictos y contradicciones sociales más relevantes de esta etapa. Ir más allá de esquemas internistas, entender los problemas orgánicos, como esencialmente políticos. Su resolución es la conformación de estructuras acordes con los aspectos centrales de nuestra línea política, estos es, en función de nuestras definiciones del carácter del período y de su más posible superación.

Debemos establecer una clara política de cuadros que proyecte al PCCh en los próximos desafíos políticos y electorales, junto a ello, debemos iniciar procesos educativos para los nuevos militantes del PCCh.

Nuestra experiencia de Gobierno y de masas nos dota de un aprendizaje que enriquece el acervo partidario en cada región, que permite adentrarse en la política pública, para su diseño y ejecución con énfasis en la justicia social, el interés popular y la pertinencia territorial. Nuestro Partido cuenta hoy con nuevas herramientas; después de cuatro años de experiencia de gobierno combinados con nuestra trayectoria e inserción de masas, debe permitirnos alcanzar un salto cualitativo en nuestra política, enfrentando en mejores condiciones los desafíos de los siguientes cuatro años.

Y entre las muchas tareas a asumir debemos destacar 2 de bastante trascendencia:

1.- El Partido y particularmente su dirección, debería tomar decisiones precisas para en este nuevo ciclo, asumir de manera más concienzuda aspectos de organización y líneas comunicacionales, en función de sus objetivos estratégicos y tácticos y de sus lineamientos políticos para el periodo. Nadie discute a esta altura la importancia cardinal de las comunicaciones en el quehacer político y en la batalla de las ideas e ideológica desencadenada actualmente.

En los multifacéticos formatos que se desarrollan los productos comunicacionales, radica una posibilidad de dar luchas políticas, ideológicas y organizativas.

Desde una perspectiva partidaria, se trata del impulso y consolidación de la complementación de herramientas para fortalecer las comunicaciones, hacerlas más macizas, consistentes, creativas, influyentes y oportunas, como impresos, redes sociales, radio, audiovisuales, entre otras.

Una primera idea es que se formalice la existencia de una Plataforma Comunicacional que reúna todas nuestras posibilidades de medios, Departamento de Prensa del Partido, equipo de prensa de la Bancada en el Parlamento, equipo de Redes Sociales del PC, y otros instrumentos que puedan surgir.

El concepto de Plataforma tiene que ver con la existencia de un grupo de instrumentos comunicacionales del Partido que deben funcionar de manera coordinada, en el mismo sentido político/editorial, potenciando los recursos mutuamente, con una idea colaborativa y solidaria entre sí, no como estancos separados y menos de funcionamiento fáctico, que es algo que viene ocurriendo de alguna manera.

Todos ellos componen un conjunto de capacidades comunicacionales que deben complementarse entre sí. Es imprescindible, así ocurre con los grupos de medios de los empresarios y de la derecha.

Adicionalmente se podrían incluir cuadros especializados en esta área para que participen en las definiciones político/comunicacionales.

Esta Comisión debe reunirse periódicamente, acordar sus instrumentos de análisis y de trabajo, asumir cuestiones como análisis de coyuntura, diseños comunicacionales, contenidos generales en los medios, lineamientos editoriales, iniciativas, entregar responsabilidades, efectuar evaluaciones y planificaciones de trabajo, establecer puestas en escena, etc.

La conducción debe ser de la Comisión Política.

Junto a ello el Partido debe preocuparse de armar una red de comunicadores, periodistas, expertos en redes sociales, que estén a disposición para asumir el conjunto de tareas de la Plataforma Comunicacional.

Ocurre que en la actualidad, esos profesionales y especialistas, que son militantes del Partido, están dispersos, diluidos en tareas que les son asignadas, en ocasiones, de manera individual y con concepto de estanco.

También realizar Escuelas de Cuadros de Comunicaciones, donde se impartan talleres, clases y charla de inducción y formación, tanto ideológica/política, como profesional/técnica. Que esto incluye capacitación para el trabajo en medios/equipos propios, en y otras instancias de labor.

2.- Nunca dejaremos de lado la tarea de alcanzar la verdad y la justicia, menos aún ante el Gobierno en ciernes, que cuenta con un ala ultra reaccionaria, insensible a lo que fueron los crímenes de lesa humanidad. Se necesita un fortalecimiento del trabajo en este sector, asumir también el tema de derechos humanos en la amplitud del concepto y tener muy en cuenta lo avanzado en este Gobierno, que pudiera ser factible de retrocesos por parte de la derecha. Quedan además muchos aspectos pendientes que el actual Gobierno no tuvo la capacidad de concretar o avanzar en ellos.

Para terminar, nuestro mensaje al Partido y al pueblo, es que los comunistas hemos pasado por muchas vicisitudes, algunas mucho más complejas que esta y hemos sabido salir adelante. Lo importante es que estamos presentes, dispuestos a luchar y a vencer.

¡Mil Veces Venceremos!
 

Publicado por: elsiglo.cl

 

 

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