Lunes 16 de Julio del 2018

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El fraude de las encuestas

 

El fraude de las encuestas

noviembre 20, 2017

El problema es más grave si se considera que esos trabajos son profusamente difundidos por la prensa y llegan con categoría de seriedad.

Patricia Ryan. Periodista. Las empresas o instituciones encuestadoras o que hacen encuestas en Chile, tienen ahora el desafío de corregir metodologías o abandonar intencionalidades si quieren recuperar legitimidad ante la opinión pública y re-ganarse el respeto de las organizaciones políticas y sus candidatos.

Para hablar de las que se pueden considerar “más conocidas”, sus sondeos resultaron un fraude en relación a lo que fueron los resultados finales del proceso electoral recién pasado.

Peor aún, mostraron durante meses tendencias que claramente afectaban a los candidatos de los partidos y conglomerados de centroizquierda: situaron a Alejandro Guillier generalmente bajo 20%, cuando obtuvo el 22%, y a Beatriz Sánchez debajo de los dos dígitos, obteniendo el 20% en las presidenciales, de acuerdo a los resultados oficiales.

Para refrescar la memoria, habría que decir que, por ejemplo, el Centro de Estudios Públicos (CEP), que hace la considerada “más respetable y esperada de las encuestas”, le dio un 44% a Sebastián Piñera, y éste sacó solo el 36%; a Beatriz Sánchez se le vaticinó un 8.5%, y ella obtuvo el 20%; a Alejandro Guillier se le ubicó con un 19% y éste sobrepasó el 22%. Todo mal.

La Cadem, que llenó de datos a la opinión pública semana tras semana, tuvo un promedio de un 45% para Piñera, un 20% para Guillier y, como promedio, un 13-14 por ciento a Sánchez. Todo equivocado.

El evidencia es que, sea por la razón que sea -mal trabajo o intencionalidad política- esos y otros sondeos siempre dieron al candidato de la derecha muy por arriba de los 40 puntos, relativizaron bastante la adhesión al candidato del oficialismo (durante meses tuvieron a Guillier entre 8 y 15 puntos) y pusieron en un dígito los respaldos a la aspirante del Frente Amplio.

¿Quién dará cuenta?

Beatriz Sánchez de alguna manera sintetizó algo más que la molestia de muchos actores políticos. En sus palabras, un par de horas de terminado el escrutinio, afirmó: “¿Dónde está ese oráculo que es la CEP, borrándonos del mapa? ¿Dónde están las otras encuestas, por ejemplo la Cadem, diciendo ‘están fuera, pueden llegar cuartos o quinto’? Yo me pregunto si esas encuestas hubieran dicho la verdad, a lo mejor sí estaríamos en segunda vuelta”.

En su momento, la experta electoral Marta Lagos habló de un “subdesarrollo” en las empresas o entidades que hacen sondeos, aseveró que en Chile no se tiene “el estándar internacional” e indicó luego que los dirigentes políticos tienen razón en quejarse por los malos indicadores que presentan quienes hacen encuestas.

El problema es más grave si se considera que esos trabajos son profusamente difundidos por la prensa y llegan con categoría de seriedad y casi gurú a la opinión pública, es decir, pueden incidir. Ahora, ciertamente, en la gente se puede instalar una enorme duda respecto a las encuestas. En esto hay que considerar el papel que juegan los medios de comunicación, que suelen darle una amplia cobertura a las encuestas y trazar proyecciones a partir de los sondeos.

En estos días se produjeron algunas situaciones que podrían dar para más cuestionamientos. Por ejemplo, Roberto Izikson, de Cadem, puso en Twitter: “Entiendo las críticas a las encuestas…pero cumplieron”…según él “cumplieron”, porque adelantaron que habría segunda vuelta, que sería entre Piñera y Guillier, que Sánchez sería tercera y que “el cuarto podría ser cualquiera”. Todo lo que mencionó como mérito de los sondeos, estaba establecido por los análisis políticos, por declaraciones de personeros de distintos comandos y era una percepción o conclusión en amplios sectores de la sociedad: nadie necesitó de millonarias encuestas para saber que habría segunda vuelta, que pasarían Piñera y Guillier y menos para concluir que “el cuarto podría ser cualquiera”. Lo de Sánchez es una distorsión, porque en varias encuestas la dieron cuarta o quinta.

En este cuadro se añade la experiencia mundial y se mencionaron los casos en que encuestadoras “famosas” no dieron con los resultados reales, ni cerca. Pasó con la elección de los presidentes Pedro Pablo Kuczynski en Perú y Donald Trump en Estados Unidos y con el plebiscito en Colombia respecto a respaldar o no los acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla.

¿Seguir creyendo?

Es altamente probable que no exista credibilidad respecto a las encuestas en esta segunda vuelta presidencial, y que desde muchos ámbitos de la sociedad, del espectro político y de la propia opinión pública se tienda a rechazar y cuestionar los pronósticos de las entidades encuestadoras.

¿Se podrá seguir creyendo en los sondeos de la CEP o de Cadem? ¿Explicarán un nuevo método o corrección técnica? ¿Cómo harán creíble su labor y sus datos en estas tres semanas de segunda vuelta presidencial? Capaz que no haya encuestas, pero si salen, una nube de incredulidad estarán sobre sus estadísticas.

Habrá que ver el comportamiento de los medios de comunicación, sobre todos aquellos dependientes de grupos económicos y de línea editorial conservadora, en cuanto a la difusión, categorización y relevancia frente a los sondeos que podrían salir.

Algunos dirigentes y comentaristas políticos comentan que será mejor ir “al análisis cualitativo” de este decisivo proceso electoral, porque se deterioró la confianza en las encuestas.

elsiglo.cl

 

 

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