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Ejercer un derecho ganado

noviembre 17, 2017

Para los trabajadores, los jóvenes y sinnúmero de ciudadanos, participar en los procesos electorales es parte de las luchas sociales, políticas y cívicas.

Editorial. El Siglo. El 19 de noviembre el pueblo chileno está llamado a ejercer el sufragio efectivo, a hacer valer un derecho por el cual se luchó durante décadas -lo que incluyó batallas para que las mujeres pudieran votar-, y recuperarlo con el término de la dictadura.

Sobre todo desde inicios del siglo pasado, para los trabajadores, los jóvenes y sinnúmero de ciudadanos de todo el país, el participar en los procesos electorales es parte de las luchas sociales, políticas y cívicas.

El sufragio es una de las maneras que tiene el pueblo de expresar su opinión y su adhesión a un proyecto de país, de defender sus conquistas y de representar su apoyo a quienes se comprometen a trabajar para profundizar y ampliar los derechos sociales, sindicales, culturales, humanos y civiles de las grandes mayorías.

Las organizaciones del pueblo desde el siglo pasado reivindicaron el derecho a voto como una forma de lucha y de expresar la voluntad popular y ciudadana. Eso, como parte del conjunto de batallas sociales, ideológicas y reivindicativas que libran los trabajadores, la juventud, las mujeres, los campesinos y pobladores, los intelectuales y artistas.

Esto tiene que ver, asimismo, con robustecer el estado de conciencia de los ciudadanos y la asimilación de la necesidad de que sea escuchada la voz y acatada la voluntad de las mayorías.

Una elección, por lo demás, permite el avance de la democracia, de los proyectos transformadores, de la solución de las demandas populares. Ejemplos notorios de aquello en Chile, lo constituyen los triunfos de Pedro Aguirre Cerda y de Salvador Allende, que lideraron desde la presidencia procesos destinados a garantizar derechos de todo el pueblo.

En muchas etapas de la vida de nuestro país, ha sido fundamental que en el Parlamento haya una mayoría democrática, progresista y popular.

No sufragar, es negarse a ejercer un derecho ganado. La comodidad, el no compromiso con los acontecimientos derivados de una elección, no contribuyen al avance democrático, social y político. Más bien frustra y aborta una opción de participación y, en efecto, de ejercicio de un derecho reivindicado históricamente por los sectores más democráticos, progresistas y populares de Chile.

Es totalmente cierto que no basta con votar, ya que la participación tiene que ver también con organizarse, manifestarse, protestar y ser parte de propuestas. Pero hay momentos en que la batalla electoral es fundamental para posibilitar avances transformadores y agudizar procesos en beneficio de la mayoría. Eso lo han entendido incluso sectores que hace unos años pensaban que las elecciones no servían para nada.

Hay otro elemento que no se debe soslayar. El no ejercer el derecho a voto, la abstención, son hoy en el país elementos que contribuyen a que la derecha, los segmentos conservadores, el gran empresariado, puedan ganar procesos electorales, porque ellos tienen su votación acotada y les afecta el que más gente vote. Abstenerse, moleste o no escucharlo, pavimenta un camino más fluido a la derecha. El no votar, objetivamente, contribuye en gran medida a que el país continúe con una democracia imperfecta y un modelo económico excluyente.

Las elecciones del próximo domingo 19 de noviembre no son una excepción respecto a esto. Será un día determinante para la democracia y los cambios en Chile. Y el pueblo es el protagonista principal con el ejercicio de su voto.

Ese día, como ha ocurrido a lo largo de la historia, cada chilena y cada chileno, sufragando, podrá permitir que el país siga avanzando hacia cambios democratizadores, sociales y de equidad económica y de mayor respecto y promoción de derechos sociales y ciudadanos. Restarse no ayuda a ese proceso, menos si alguien quiere profundizarlos.

Nadie debe quedarse en la cama el 19 de noviembre. Todas y todos debemos concurrir a las urnas a expresar una alternativa y a jugar un papel fundamental en el proceso democrático y en el fortalecimiento de los proyectos progresistas y de izquierda.

 

 

 

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