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Falacias anticomunistas

 

Falacias anticomunistas

octubre 13, 2017

Hay posturas anticomunistas que quieren inhibir su participación y frenar su legítimo esfuerzo de incidir en la realidad nacional.

Editorial. El Siglo. Algunos medios de prensa quisieron establecer que los problemas originados en el oficialismo por el caso de cuatro comuneros mapuches en huelga de hambre tuvieron origen en una entrevista dada por el ministro de Desarrollo Social, Marcos Barraza, de militancia comunista.

Al mismo tiempo, salieron voces desde la derecha y de boca de dirigentes de la Democracia Cristiana, que apuntaron al Partido Comunista como excesivamente influyente en el Gobierno y causante de escaramuzas contingentes, como la ocurrida con las vacaciones del subsecretario del Ministerio del Interior, también en el contexto de diferencias dentro del Gobierno desde que se tomó la decisión de incidir en terminar con cautelares que prolongaban la prisión preventiva de los mapuches y revertir la querella por Ley Antiterrorista.

Ambas apreciaciones y declaraciones constituyeron una auténtica falacia y una premeditada tergiversación, y así lo indican los hechos. Las declaraciones del ministro Barraza en cuanto a que en La Araucanía no hay terrorismo y que se requiere de soluciones políticas e institucionales a las demandas de los pueblos originarios, se produjo un día después de que La Moneda tomara las resoluciones respecto al proceso a los indígenas presos y en huelga de hambre. Y la supuesta o real molestia del subsecretario de Interior con lo ocurrido, no tiene que ver con el PC, sino precisamente con decisiones del Gobierno y de la cartera del cual él es parte.

Lo sucedido en cuanto al camino tomado para terminar con la huelga de hambre de cuatro mapuches -que entraba ya en riesgo de sus vidas- respondió a medidas originadas en la oficina del ministro del Interior, Mario Fernández, de militancia democratacristiana, seguramente avalada por la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, de militancia en el Partido Socialista.

Cualquier persona medianamente enterada del funcionamiento del Gobierno y de la política nacional puede concluir que no es el PC el que tiene el mayor peso de influencia en esta administración, y menos “el poder”. Como dijo el presidente de la colectividad, si fuese así, hay cuestiones que seguramente se harían de otra manera. El colmo de la ridiculez y falacia fue la afirmación de uno de los candidatos presidenciales de la derecha que sostuvo que hay un pequeño gobierno comunista decidiendo en el país.

Más allá de lo contingente, las percepciones que se quisieron establecer y las declaraciones que se hicieron pretendiendo cuestionar el papel que juegan los comunistas en el Gobierno y la política, recuerdan que en el país hay posturas anticomunistas que, de partida, quieren inhibir su participación y quieren frenar su legítimo esfuerzo de incidir en la realidad nacional. Al mismo tiempo, persisten en querer desacreditar, incluso a costa de falacias y tergiversaciones, las opiniones de los comunistas expresadas en distintos ámbitos y buscan deslegitimar el que el PC pueda ser parte de una coalición de centroizquierda.

En definitiva, como se quiso hacer ferozmente durante la dictadura, es oponerse a las posturas transformadoras, defensoras de derechos sociales y de ampliación de la democracia que busca el Partido Comunista, contribuyendo desde distintos campos políticos, sociales y populares.

En ese camino es lógico el debate de ideas y las diferencias. Pero de allí a instalar falacias y tergiversar la realidad, es otro asunto.

Por lo demás, frente a los denominados matices o diferencias en el Gobierno -como el hecho real de que unos quieren el camino represivo y rígido en La Araucanía y otros buscan la senda política y del diálogo- no son las autoridades comunistas las que andan generando problemas, expresando molestias, recurriendo a presiones, pidiendo vacaciones o presentando renuncias, como se ha visto ya en varios casos de ministros y otras autoridades.

En situaciones delicadas como el tratamiento de situaciones de violencia en La Araucanía y el procesamiento de comuneros indígenas, así como decisiones que adopte el Gobierno, sería conveniente que desde el oficialismo no se dejasen pautear por medios de prensa conservadores, que se respetara la verdad de los hechos, se mantuvieran grados de ponderación y no se siguiera el antiguo guión de buscar en los comunistas al chivo expiatorio, cuando el origen de problemas está en otro lado.

 

 

 

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