Sábado 18 de Noviembre del 2017

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¿De qué crisis estamos hablando?

 

 

¿De qué crisis estamos hablando?

El Siglo - 05/08/2016

Todo indica que lo que está instalado realmente en nuestro país en este periodo, es la disputa a fondo del Chile que se quiere.

Editorial. El Siglo. Ricardo Lagos afirmó que Chile vive la peor crisis política e institucional de los tiempos del siglo XX y siglo XXI. José Piñera retornó para defender el modelo neoliberal y las AFP. Los empresarios advirtieron que este es uno de los peores periodos de la economía nacional. Segmentos conservadores dentro de la Nueva Mayoría quieren desvirtuar el sentido de las reformas y la derecha recurre a todo lo que tiene a mano para anular y echar atrás las transformaciones progresistas.

En contrapunto, Guillermo Teillier afirmó que lo que existe es una confrontación entre quienes desean mantener el modelo económico e institucional heredado de la dictadura y los que quieren hacer cambios y transformaciones. Michelle Bachelet sostuvo que el gobierno y la Nueva Mayoría son capaces de conducir cambios exitosos para el país y apela al juego limpio. El movimiento ciudadano volvió a instalar una demanda de cambio, estas vez para terminar con el sistema privado de pensiones expresado en las AFP. Sectores progresistas, democráticos y de izquierda siguen impulsando las reformas, respaldan el proceso constituyente y aspiran a una nueva Constitución.

Todo indica que lo que está instalado realmente en nuestro país en este periodo, es la disputa a fondo del Chile que se quiere, es el debate en torno a la sociedad a la que se aspira, es la confrontación ideológica, política, de ideario, de propuestas, entre el progresismo y el conservadurismo. Se asiste a la agudización de la contradicción democracia-neoliberalismo.

Más que crisis política, lo que hay es una fuerte disputa en torno del proyecto-país. Más que crisis institucional, lo que existe es una exigencia de cambiar las bases constitucionales del país.

Junto a eso, se constata que lo que sí entró en crisis es el modelo económico e institucional impuesto por la dictadura, así como las prácticas corruptas, irregulares y abusivas que se ejercieron durante el régimen militar y se extendieron durante varios años de la democracia formal.

Nadie podría negar que en el país se vive una situación de crisis de credibilidad y de confianza en la política, en los partidos, en el Parlamento, en los empresarios, en los grupos financieros e incluso en otros ámbitos como las entidades del fútbol profesional.

Pero ocurre que lo anterior no es consecuencia de políticas y acciones de estos años recientes, sino secuela del sistema impuesto por la dictadura y de deficiencias de fondo del proceso de transición pactada sustentada en la política de los consensos.

El país vive tensiones y episodios convulsos propios de reformas y transformaciones que implican cambios sustanciales en ámbitos tan fundamentales como la tributación, la educación, lo laboral, las leyes electorales, las pensiones y el encarar políticas sociales de alcance mayor, a los que se oponen fuertes poderes económicos, políticos y mediáticos.

Por lo demás, en el país está en desarrollo todo un proceso político intenso y amplio, en un marco de libertades y derechos, incluso mejorado con la reforma electoral que se hizo durante este gobierno y promovido por las fuerzas democráticas y de izquierda. Está en curso el desempeño y trabajo de las instituciones, incluso asumiendo deficiencias estructurales con nuevas normas, y encarando situaciones negativas y deficitarias.

Hay evidencias objetivas de que se avanzó en desnudar las situaciones de corrupción e irregularidades, se dio luz verde a la fiscalización y la transparencia, se aprobaron leyes de probidad, de anti-colusión y anti-corrupción, están en marcha procesos judiciales contra políticos y empresarios que violaron la ley.

Lo que ocurre es que segmentos disidentes de las políticas del gobierno, personeros oportunistas, y sectores conservadores y de derecha, quieren convertir, por arte de magia, la fuerte confrontación democracia-neoliberalismo, progresismo-conservadurismo, en una supuesta crisis política e institucional, en un supuesto desorden que impide crecer económicamente y hacer inversiones, en una supuesta situación de ingobernabilidad sin caminos de salida.

Hay una disputa en torno del proyecto-país. Frente a eso, no es la desazón o el fuego amigo o los cañonazos entre las fuerzas democráticas la manera de encontrar los mejores caminos. Este es un tiempo decisivo de defender las reformas, de impulsar los cambios, de instalar las demandas sociales, de movilizar al pueblo, de unir las fuerzas progresista y de izquierda, de mejorar las gestiones, de vitalizar propuestas transformadoras, pensando en un futuro que requiere que el país siga cambiando.

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