Millones de mujeres y hombres anónimos, son los autores de esta escena histórica.

El Siglo. 23/10/2020. La amplia y extendida movilización social y ciudadana produjo las condiciones para que se instalara la realización de un plebiscito -que se materializará este domingo 25 de octubre- destinado a avanzar hacia una nueva Constitución que deje definitivamente atrás la vieja Carta Magna impuesta por la dictadura.

Si bien el marco formal del suceso lo estableció un grupo de partidos políticos, generando distorsiones, vacíos e insuficiencias -como el desechar la Asamblea Constituyente como órgano soberano del pueblo que diera luz al nuevo texto constitucional e imponiendo quórum para su aprobación en la huella de lo ideado bajo dictadura-, hoy existe la posibilidad cierta de que se abra una puerta para tener una nueva Constitución e inclusive se puede, aun, batallar para que las fuerzas transformadoras tengan una mayoría que permita contar con una real y sólida nueva Carta Magna, y no “moderada” o acotada como aspiran sectores conservadores.

Hay que insistir, ante intentos falaces, en que este plebiscito es resultado de la acción y de la voluntad del pueblo. Es consecuencia de las masivas y macizas movilizaciones del último trimestre del 2019. Es producto de un ideario y una demanda social por derechos. Es consecuencia de años en que las fuerzas progresistas y de izquierda vinieron reclamando la realización del plebiscito y avanzar a un nuevo contenido constitucional.

Hay que parar, entonces, posturas oportunistas o de última hora. No hay que olvidar que este gobierno rehusó darle continuidad al proceso constituyente iniciado en la administración de la ex Nueva Mayoría y descartó que fuese una prioridad ir por una nueva Constitución. Asimismo, segmentos minoritarios de la oposición, medios de prensa conservadores, intelectuales de la derecha orgánica, los partidos de derecha, poderes fácticos y grandes empresarios, habían congelado y tapiado la posibilidad de un plebiscito para un nuevo texto constitucional.

Fue el pueblo, su lucha, su manifestación, su voz, su organización, su decisión, su compromiso, lo que abrió este tránsito histórico en el que está el país. Millones de mujeres y hombres anónimos, son los autores de esta escena histórica.

Es esa misma fuerza popular y ciudadana la que debe expresarse este 25 de octubre para afianzar el avance hacia una nueva Constitución y contar con un órgano compuesto cien por ciento por ciudadanos electos para redactarla.

Este hecho es una derrota del pinochetismo, de toda la derecha, de los conservadores, de los grandes financistas y empresarios que rehúsan cualquier cambio en nuestra sociedad. Ellos no tienen nada que celebrar, aunque quieran capitalizar el episodio.

Por eso, es el pueblo en sus territorios y sus espacios propios, en sus organizaciones sociales y sindicales, en la representación de sus partidos políticos, el que deberá celebrar entusiastamente el triunfo en el plebiscito de las posturas transformadoras.

Luego, prepararse para la batalla de generar una mayoría democrática, progresista y transformadora en el órgano que redactará el nuevo texto constitucional, alistarse para participar en cabildos, asambleas, encuentros y espacios de reflexión y propuestas, y luego obtener mayoría en el plebiscito aprobatorio de la nueva Carta Magna.

Chile, su pueblo, innegablemente vive un tránsito histórico que sepulta un marco constitucional injusto y autoritario, y se abre un periodo que irá consolidando una sociedad de derechos, justa, equitativa y participativa, que otorgue una calidad de vida a la inmensa mayoría de chilenas y chilenos.