Así lo indicó Jorge Ramírez, presidente de Comunes, quien sostuvo que “tenemos la oportunidad histórica de sentar bases para un proyecto que supere el modelo neoliberal”.

 Hugo Guzmán. Periodista. 21/10/2020“Debemos ser capaces de articularnos con el mundo social”.

 “El proceso constituyente le pertenece a la gente, el triunfo del Apruebo es de la ciudadanía”.

 “Se requiere la más amplia unidad posible entre las fuerzas transformadoras y de cambio para poder superar el modelo neoliberal”.

 “Veo con preocupación cómo algunos voceros de la casta hacen llamados para que luego del plebiscito tengamos una suerte de acuerdo nacional”.

 “La construcción de una fuerza popular, radicalmente democrática y transformadora requiere de una amplia unidad en donde el PC, su historia y sus movimientos sociales son fundamentales”. 

 Jorge Ramírez asumió con presidente del partido Comunes en un momento nada fácil, lleno de controversias, con un gobierno en crisis, una oposición en debate, y con la perspectiva de un plebiscito histórico que, entre otras cosas, le abre desafíos a los sectores transformadores.

En medio de aquello, en entrevista con ElSiglo.cl puso el acento en el triunfo del Apruebo como mérito del pueblo y en la necesidad de caminar hacia el cambio del modelo neoliberal. Pero ahí advirtió de “castas” que pueden meter la mano para que eso vaya por otros rumbos. Enfatizó en la necesidad de poner contenidos a los acuerdos de la oposición, que no sean vacíos, y planteó que en ese marco es necesaria la unidad del Frente Amplio, el Partido Comunista y sectores progresistas de la Concertación. Sobre cuestionamientos en el FA de acordar con el PC, llamó a dejar atrás el modo binominal y la guerra fría.

Partiendo con el eje de esta semana, ¿cómo ve el escenario en torno del plebiscito?

Evidentemente estamos esperanzados y tenemos muchas expectativas de que el plebiscito logre convocar a una amplia mayoría ciudadana y que se consiga un triunfo contundente del Apruebo y de la Convención Constitucional. Tenemos la oportunidad histórica de sentar las bases para un proyecto que supere el modelo neoliberal y pasar de un país de privilegios a una sociedad de derechos que construya un país en común. Para ello es fundamental construir una mayoría popular y democrática para jubilar también las formas y maneras en las que se ha practicado la política tradicional durante los últimos 30 años. Debemos ser capaces de articularnos con el mundo social, con las organizaciones ciudadanas y con las distintas expresiones que enriquecen la diversidad del nuevo Chile.

Se da por hecho que gana el Apruebo, pero hay preocupación por el tema convencional…

Creo que es fácil que se preste a confusión dada las similitudes de nombres entre ambas convenciones, no obstante, estoy convencido que será la Convención Constitucional la que se impondrá el domingo. Esto también es una señal de alerta, aunque parezca accesorio, la batalla cultural también se da en este tipo de situaciones: en un nombre, en una foto. En este caso creo que pudimos haber sido más claros respecto de cada órgano y su respectivo nombre, distinguirlos mejor el uno del otro. Es un aprendizaje que nos queda para la gran disputa de ideas que se viene en la Constituyente. Nada es al azar.

¿Qué le parece que la derecha haya llamado a celebrar el 26?

El proceso constituyente le pertenece a la gente, el triunfo del Apruebo es de la ciudadanía, no le pertenece a ningún sector político, ni menos a los partidos, por tanto, le pertenece  al  pueblo que se ha manifestado transversalmente, incluso a ese pueblo que alguna vez le votó a (Sebastián) Piñera.

Ahora, no me sorprende que la derecha intente apropiarse de cualquier expresión popular que ha surgido durante este ciclo. Recordemos la entrevista a un medio extranjero donde el Presidente Piñera asegura haber participado en las movilizaciones o la instrucción que recibió el oficialismo para felicitar la denominada marcha más grande la historia por sus redes sociales un día después de haber criminalizado toda forma de protesta. La derecha, en general, y este gobierno en particular, necesitan colgarse de cualquier triunfo de la gente para no quedar fuera del tablero. Lo que no han entendido es que la ciudadanía pateó el tablero y hoy ni sus piezas ni posiciones son útiles para jugar. La ciudadanía sabe que la derecha que quiere adueñarse de este proceso  es la misma que llama a rechazar para reformar pero se ha opuesto a todas las reformas durante décadas, la misma que menospreció al movimiento feminista, la misma que ocultó cifras de contagios para mentir a todo Chile, la que está más preocupada si pintan o no la estatua de un cuestionable personaje como (Manuel) Baquedano en vez de los miles de casos de tortura, violación a los derechos humanos y represión contra la ciudadanía.

El resultado, ¿debería ayudar a la confluencia en la oposición? Sobre todo de cara a la elección de convencionales.

Parto de la premisa que se requiere la más amplia unidad posible entre las fuerzas transformadoras y de cambio para poder superar el modelo neoliberal, pero tenemos que tener cuidado con la forma en que se construye discursivamente y políticamente esta confluencia. Desde Comunes creemos que más que  la confluencia de una oposición vacía, el resultado debiera ayudar a la configuración de una frontera nueva, entre quienes estamos por cambios radicales en un marco democrático y con protagonismo popular y quienes quieren que nada cambie o esperan retocar el modelo.

Veo con preocupación cómo algunos voceros de la casta hacen llamados para que luego del plebiscito tengamos una suerte de acuerdo nacional, abandonemos la movilización y demos por cerrado el ciclo que abrió la ciudadanía hace poco más de un año. Creo que cualquier idea de oposición debe tener ciertos ejes, el más importante es superar el modelo neoliberal. Más útil que una oposición al gobierno de Piñera es una oposición al modelo que Lagos y Piñera promueven y defienden. Debemos ser muy claros, la ciudadanía debe mantenerse movilizada y activa en el proceso constituyente, sólo así las fuerzas transformadoras podremos alcanzar niveles de articulación y coordinación que nos permitan tensionar para correr los límites a los sectores que aún dudan o creen que solo se requieren reformas y no cambios estructurales en nuestra sociedad.

¿Cómo mira que después del 18/O de este año y en el marco plebiscitario el gobierno ponga como eje la violencia?

El gobierno ha intentado por todos los medios desviar el foco de atención, ocupan las mismas estrategias del terror utilizadas por regímenes autoritarios cuando pretenden justificar sus cuestionables prácticas. Condenar la violencia “venga de donde venga” no es un fin en sí mismo, deberíamos preguntarnos más bien: ¿dónde se origina la violencia en Chile? Y nos encontraremos con que esta tiene un origen sistémico y multidimensional. Lamentablemente el empoderamiento de la ciudadanía también nos ha mostrado una cara que siempre ha existido pero que hoy se vuelve más evidente y es el poco apego de nuestras fuerzas de orden y seguridad con los derechos humanos y la democracia. Es cosa de ver datos y veremos cientos de torturas y muertes, todas de ciudadanos, ninguna de agentes del Estado. Esto no es casualidad y si vamos a hablar de violencia no podemos ocultarlo.

En el Frente Amplio hay cuestionamientos a las conversaciones y opciones de acuerdos de ustedes con el Partido Comunista. ¿Cómo ve ese acercamiento? 

Nosotros siempre hemos dicho que conversaremos y articularemos con todas las fuerzas que estén por la construcción de un horizonte nuevo que supere el actual modelo neoliberal.  Ese es nuestro punto de partida y también uno de los ejes que constituyen al Frente Amplio. La construcción de una fuerza popular, de cambio, radicalmente democrática y profundamente transformadora requiere de una amplia unidad ciudadana en donde el Partido Comunista, su historia y sus movimientos sociales son fundamentales.

En ese sentido, vemos que lamentablemente algunos sectores tradicionales ven la política todavía en clave binominal o como si estuviéramos en la guerra fría. No han entendido que la política del siglo XXI tiene fronteras que son mucho más complejas que las que conocimos hasta antes del 18 de octubre, y en ese sentido me parece que  particularmente el movimiento ecologista y feminista nos dan cátedra, han logrado  empatizar y comprender  mucho mejor lo que está pasando en Chile. En el mundo feminista y ecologista convivimos sectores del FA, del PC y sectores progresistas de la Concertación obligados por la mayoría ciudadana que no milita a ponernos a disposición de las demandas de estos espacios, de manera articulada y trabajando juntos.

Esa me parece que es la fuerza que debe irrumpir desde el 25 de octubre. Es el inicio de la construcción de un pueblo en el que el FA, el PC  y los sectores progresistas de la Concertación seremos actores importantes pero entendiendo que los actores principales serán la ciudadanía y el movimiento popular. Por eso me llama la atención que existan algunos que aún vean al PC con recelos. Un acercamiento con el Partido Comunista es viable y no podríamos permitirnos privilegiar ciertos cálculos internos para cerrar las puertas a la posibilidad de construir esa mayoría popular y transformadora que requiere Chile.

¿Coincide en que se estaría ante la construcción de «un polo de izquierda» o lo caracterizaría de otra manera? 

No,  si fuese un polo de izquierda estaríamos renunciando a la construcción de esa mayoría popular que se requiere para lograr las transformaciones que hemos planteado y que la ciudadanía ha puesto en la mesa. Pero sobre todo estaríamos haciéndole el juego a los medios hegemónicos que buscan atrincherarnos para dejarnos en la marginalidad del tablero. Más que un “polo de izquierda”, nosotros creemos que se debe construir un polo que involucre lo social, el campo popular, ciudadano, ecologista, feminista y radicalmente democrático, que supere con creces a la izquierda.

La apuesta que debemos hacer debe tener la capacidad de incluir a fuerzas tan importantes como el PC y el FA, pero sobre todo a la gente, a esa ciudadanía que se moviliza y organiza en distintos espacios que muchas veces la política no logra identificar y que ni siquiera se identifica con izquierdas o derechas porque ambas identidades quedan cortas a la hora de explicar lo que está pasando en Chile. Debemos entender que la construcción del nuevo Chile requiere superar cualquier rigidez identitaria y de trincheras, por eso ponemos la mirada en el futuro, no en el pasado. Quienes somos de izquierda tenemos que tener la audacia revolucionaria de no renunciar a nuestras convicciones pero al mismo tiempo entender que hoy se requiere una fuerza política que se parezca a Chile más que a la izquierda de Chile.

¿Dónde cree que están las bases de un posible acuerdo de toda la oposición frente a la Convención Constitucional? Hablo de la elección de convencionales y del proceso de elaboración del nuevo texto constitucional. 

Desde el Frente Amplio hemos sido muy claros al respecto. Es necesario generar una convergencia con propósito lo más amplia posible. Por eso el pasado lunes invitamos a todas las fuerzas políticas y organizaciones sociales a elaborar un reglamento democrático y participativo de la Convención Constitucional y a definir en conjunto elementos que profundicen la participación de la ciudadanía en todo el proceso.

Para nosotros el proceso constituyente se sostiene en tres pilares: en lo político se debe crear un orden democrático paritario y plurinacional, donde el poder resida en el pueblo. Por eso, es necesario que existan mecanismos que aseguren la participación de la ciudadanía. En lo social, creemos que la Constitución tiene que asegurar la existencia de un Estado social y democrático de derecho, donde los derechos sociales sean asumidos como derechos de igualdad ciudadana. Y en lo económico, se debe reconocer la capacidad del Estado para  orientar de manera estratégica el desarrollo nacional, a través de políticas industriales, de desarrollo científico y tecnológico.