De libertades e indultos.

Eduardo Contreras

Abogado

Santiago. 13/08/2020. Todos estamos conmovidos por el horroroso crimen de Ámbar, la dulce muchacha asesinada y destrozada por un psicópata depravado que, a pesar que era el asesino de una anterior pareja y de su hijo, deambulaba libre por el país porque había sido favorecido por una resolución  judicial que le otorgó la libertad anticipada antes de cumplir la totalidad de su condena. Lo cual está autorizado por la ley y es un tribunal el que debe decidir si hay claros indicios que haga procedente el beneficio.

La justa indignación generalizada en nuestro país es causada tanto por el horror del crimen como por la decisión judicial y también por la disposición jurídica que autoriza ese procedimiento empleado para el término anticipado de su anterior condena. En esos temas puede haber coincidencias.

Pero lo que resulta inaceptable es que haya quienes, como los personeros de la derecha, incluidos altos funcionarios de gobierno y algunos de sus parlamentarios y parlamentarias, además de la prensa derechista que es abrumadoramente mayoritaria en el país, más no pocos representantes del “centro”, que hoy rasgan vestiduras por este abominable delito, mientras sin embargo guardan absoluto silencio respecto de la brutal realidad que significa que por estos mismos tiempos -y desde hace ya varios años- hayan sido liberados o beneficiados criminales peores como fueron los de la dictadura chilena que encabezó el genocida Pinochet.

Todos son asesinos bastante más abominables que Hugo Bustamante.

El paso del tiempo, o la edad de los salvajes asesinos de verde uniforme, no puede ser pretexto para que callemos tan aberrante situación. Jamás debemos olvidar, por ejemplo, que los uniformados de Pinochet -militares o carabineros – quemaron vivos a Rodrigo Rojas de Negri, y Carmen Quintana, que degollaron a sangre fría a Guerrero, Parada y Nattino, que a decenas de sus miles de prisioneros, como el caso de Víctor Díaz, les torturaron salvajemente durante varios meses para luego asfixiarlo y lanzar su cadáver al mar desde un avión. Método este último que utilizaron lanzando al mar a muchos prisioneros, muertos o vivos, atados a rieles para que se fueran al fondo y no aparecieran.

Son  muchos miles los ejecutados políticos, los detenidos desaparecidos, los torturados, los prisioneros por largo tiempo en campos de concentración…

Entre las terribles torturas aplicadas a sus prisioneros, los uniformados usaron la violación sexual de mujeres y hombres. Lo hacían los propios torturadores o usaban perros que violaban, o introducían por la vagina o el ano de sus víctimas palos de escoba o trozos de madera; en la mayorías de los casos destrozando otros órganos de sus prisioneros.

Y bien, pasaron los años y ninguna sanción a estos monstruosos crímenes. Arreglines políticos, pactos con el dictador, caracterizaron eso que se llamó la transición a una democracia que todavía no termina de ser plenamente real.

Es más, si no hubiese sido por la querella del Partido Comunista de Chile que un 12 de enero de 1998 presentamos un grupo de abogados a cuyo frente estuvo nuestra histórica dirigente Gladys Marín, jamás hubiera existido ni siquiera la precaria justicia que ha existido y Pinochet no habría sido desaforado de su cargo de senador, un privilegio conque le premiaron los cobardes de ese acuerdo. Y nunca hubiera sido procesado, como lo fue.

Llega la hora de hablar claro a propósito del cobarde asesinato de Ámbar. Porque en nuestro país ha habido casos iguales, pero generalmente mucho peores. Pero se callan. Veamos sólo algunos ejemplos.

Fue un 20 de agosto de 2005 que el entonces presidente Ricardo Lagos dijo que el indulto que favoreció al suboficial (r) del Ejército Manuel Contreras Donaire, uno de los condenados por el asesinato del dirigente sindical Tucapel Jiménez, era una “señal potente para dejar las cosas en el pasado”. Agregó que le concedió este beneficio porque le pareció “indispensable” ya que el autor del crimen “cumplía órdenes”. Y, sin más, el criminal quedó en libertad condicional con firma en el Patronato Nacional de Reos.

Y fue Sebastián Piñera, experto en esto de tribunales, quien concedió indulto al coronel de Ejército René Cardemil, prisionero en Punta Peuco por el asesinato de 6 personas en octubre de 1973 en el túnel Lo Prado. Beneficio que no alcanzó a usar el delincuente puesto que falleció mientras se tramitaba administrativamente lo resuelto por el mandatario.

Piñera insiste y en mayo del presente año anunció que otorgaba indulto presidencial por razones humanitarias al ex agente de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), Demóstenes Cárdenas Saavedra, de 65 años, lo que generó el inmediato rechazo de organizaciones de Derechos Humanos. El funcionario de la Fuerza Aérea está condenado a 10 años y un día de cárcel por el secuestro calificado del militante comunista Stalin Aguilera Peñaloza, y mantiene pendientes otras tres condenas relativas a la llamada “Operación Colombo”. Un operativo montado por la DINA entre 1974 y 1975 para encubrir la desaparición de más de 100 detractores de la dictadura de Augusto Pinochet. Y fue recién en julio del presente año que el ministro de Justicia, Hernán Larraín, por encargo de Piñera, firmó dos indultos para beneficiar a presos del penal Punta Peuco, condenados por violaciones a los derechos humanos. Se trata de Raúl Rojas Nieto y Víctor Mattig Guzmán, quienes ya estarían en sus casas.

Tampoco cabe olvidar ejemplos de decisiones judiciales graves. Como aquel fallo dividido de la Corte Suprema de fines del 2016 en que, con el voto en contra de los ministros Haroldo Brito y Jorge Dahm, la Suprema otorgó libertad condicional al funcionario de Carabineros Claudio Salazar Fuentes, condenado a cadena perpetua por el secuestro, asesinato y degollamiento de José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino en 1985. Según se logró establecer en el juicio, además, Salazar Fuentes fue quien degolló personalmente a José Manuel Parada usando un corvo.

Lo impactante del fallo -que deja chico el caso de la juez que dio beneficios al asesino de Ámbar- es que se afirma allí que Salazar está preso ya desde 1992 y que por tanto la libertad condicional puede ser concedida ya que “no se divisan fines posibles de resocialización que pudieran efectivamente lograrse con una prolongación de la reclusión”.  Agreguemos que, al liberar a Salazar Fuentes, tan sólo Miguel “El Fanta” Estay permanece en prisión de los cinco condenados por este caso. Esto, ya que en 2015 se le otorgó la libertad condicional a Alejandro Sáez Mardones y más tarde se liberó a José Florentino Fuentes y Guillermo González Betancourt

El carabinero asesino, en una misa de ese mismo año 2016, pronunció estas palabras que se hicieron públicas: “Padre Jehová, te pido de corazón que sepas perdonar mis pecados cometidos (…) Te pido además, que con tu infinito poder, cambies aquellos corazones duros que, con razón o sin ella, nos detestan sin darnos cabida en la sociedad”.

A lo dicho no puede dejar de agregarse que los gobiernos post dictadura se cuidaron de levantar lujosas y cómodas instalaciones para que los asesinos estuvieran cómodos en recintos que más que prisiones parecen hoteles de lujo. Han prometido poner fin a esos privilegios. Por supuesto, ningún mandatario ha cumplido.

Otro recuerdo viene al caso: los actuales ministros Hernan Larraín y Victor Pérez, fueron  amigos de los nazis de la llamada “Colonia Dignidad”, en especial de Paul Schaefer. ¿No sabían estos personajes que a la misma hora de sus almuerzos y cenas allí se torturaba y se asesinaba salvajemente? Por cierto eso además de todas las depravaciones, abusos y violaciones de menores.

Hay muchísimo más que evocar. Pero por ahora estos pocos ejemplos para que, por supuesto que sin dejar de lado el caso de Ámbar Cornejo y la condena a su asesino, nunca olvidemos que la historia reciente de Chile conoce de miles de casos iguales y peores. Son crímenes de lesa humanidad, impunidad de los culpables y responsabilidad de gobiernos que les han amparado. Nuestro reconocimiento además a las agrupaciones de familiares de detenidos desaparecidos, de ejecutados políticos, de torturados, de prisioneros de la dictadura, cuya heroica lucha ha escrito páginas de dignidad en este país.