Patricia Ryan. Gonzalo Magueda. Periodistas. 13/06/2020Verse obligado a cambiar a su Ministro de Salud en un momento trascendental de la batalla contra la pandemia del nuevo coronavirus, es uno de los peores fracasos del Presidente Sebastián Piñera y la síntesis de que la estrategia de su gobierno en el combate a la Covid-19 presenta decisivas fallas.

El gobierno de Piñera es el tercero en América Latina que debe sacar al titular de Salud por mala gestión, errores y fracaso de estrategia. Los otros son de las administraciones de Jair Bolsonaro en Brasil, Lenin Moreno en Ecuador, y Martín Vizcarra de Perú. Todos gobiernos de derecha que presentan las cifras más catastróficas de contagio, muertes y crisis sanitaria en el marco del nuevo coronavirus.

El eliminado ministro Jaime Mañalich tenía el respaldo y, como él dijo, “el soporte y la ayuda del Presidente de la República”. Es decir, Piñera apoyó los planes y las decisiones del ahora ex titular de Salud. Por tanto, los fracasos, las equivocadas medidas y hasta las confusiones u omisiones en la entrega de información a la opinión pública y las comunidades médica y científica, tuvieron el soporte del mandatario. El costo lo pagó este día Jaime Mañalich.

Es así que la diputada Karol Cariola, dijo que “como nuevo ministro de salud, el presidente al nombrar al señor (Enrique)  Paris confirma que el interés por recuperar la fe pública y el trabajo colectivo para superar esta crisis está en segundo lugar, lo primordial para el Presidente de la República hoy día es elegir ministros para su blindaje personal y no para la protección de la ciudadanía”.

De acuerdo a fuentes del Ministerio de Salud (MINSAL) y de La Moneda, el Presidente Piñera siempre supo de los análisis y medidas que estaban en mano de Mañalich y respaldó lo que se estaba haciendo. “Si hubiera diferido y escuchado al Colegio Médico y expertos, habría sacado a Mañalich, pero siempre lo apoyó” indicó un funcionario del MINSAL.

Se sabe, por ejemplo, que el mandatario conoció los informes de expertos y de entidades científicas y médicas que hace al menos dos meses plantearon extender las cuarentenas, pero optó por coincidir con Mañalich en cuanto a no declararlas en muchas comunas que después tuvieron un alza inmensa de contagios.

A todo eso se suman conceptos e ideas que manejó Mañalich como que la gente podía salir a tomar una cerveza y comer una empanada, promoción de la “nueva normalidad” y “retorno seguro”, el “carné Covid”, la “inmunidad de rebaño”, los fallidos argumentos por errores u omisiones en las cifras de muertos y hasta su confesión de que no conocía la realidad de pobreza y hacinamiento que había en zonas de la Región Metropolitana.

En el fondo, es difícil atribuirle solo al titular de Salud situaciones de gran impacto en relación a la pandemia y la crisis sanitaria, lo que no baja el tenor a los cuestionamientos al ahora ex ministro por lo que se calificó como actitudes de arrogancia, ironía, autoritaria, confrontacional y de “no saber escuchar”.

En síntesis, la salida obligada de Mañalich, demostró el fracaso del gobierno de Piñera en estos más de 100 días de pandemia, y que tuvo como broche de otro conocer a través de un reportaje del medio de prensa CIPER, de que el Ministerio de Salud reportó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de 5 mil muertos por Covid-19, cuando en Chile hablaba de unos tres mil. Sumado a lo que la alcaldesa de Peñalolén, Carolina Leitao, definió como “el fracaso de la batalla de Santiago”, definida así por el gobierno, demostrado en el aumento inmenso de contagiados, el colapso en hospitales, altas cifras de decesos y una falta crítica de ventiladores mecánicos. Se le pidió insistentemente al gobierno, desde municipios, el Colegio Médico, instituciones científicas y académicas, organizaciones de la sociedad civil, que ampliara las cuarentenas, pero Piñera coincidió con Mañalich en no hacerlo, lo que derivó en una tardanza para recién ahora tener a más del 45% de la población en cuarentena pero en comunas donde se potenció el contagio en niveles peligrosos para la población. En ese tema todo es más grave si se tiene en cuenta que el gobierno recibió informes que indicaban la necesidad de implementar las cuarentenas más extendidas, de los cuales el mandatario tuvo conocimiento. También hubo y hay deficiencias en la trazabilidad de la pandemia (al techo de 60%), la cantidad y métodos de test de PCR y atrasos en instalación de residencias sanitarias.

Otra demostración del fracaso del gobierno de Sebastián Piñera en lo que se ha estado realizando, es que la vocera, Karla Rubilar, tuvo que reconocer que con el nuevo Ministro de Salud “se inicia una nueva etapa”. Precisamente, las primarias declaraciones del mundo médico, político y social apuntaron a que se deberían cambiar estrategias, precisar las cifras y la realidad, y acometer un desempeño urgente ante el peor momento, hasta ahora, de la pandemia.

Podrá estar Enrique Paris en el foco, y seguramente en él recaerán los dardos, o en los aplausos, de hecho el propio jefe del Ejecutivo volvió a traspasar su responsabilidad al decir que en Paris estará el liderazgo en la batalla contra la Covid-19. Pero es cierto que el gobierno piñerista es el que estará, inevitablemente, en el centro del desempeño que siga.

En todo caso, Karol Cariola sostuvo que con el nombramiento del nuevo titular de Salud “recuperar la fe pública debiera ser uno de los principales objetivos de la próxima autoridad sanitaria y, lamentablemente, creo que Enrique Paris difícilmente es la persona que puede estar a cargo de llevar esa voz de confianza a la ciudadanía, sobretodo porque ha sido él quien ha puesto en duda, ha recriminado y cuestionado una de las principales voces de confianza de la ciudadanía como es la presidenta del Colegio Médico”.

En dos años, Sebastián Piñera ha cambiado tres veces al Ministro de Salud. Partió con Emilio Santelices, luego puso en el cargo a Jaime Mañañich y ahora a Enrique Paris. Los tres, por cierto, reconocidos en postura conservadoras respecto a temas sanitarios y que valoran prioritariamente el apoyo al sector privado de salud.