Viernes 18 de Septiembre del 2020

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,El Mojón

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,El Mojón

 

El Mojón

Sonaba la campana y el Profesor jefe del cuarto medio del Liceo Municipal ya estaba frente a la puerta de la sala de clases. Al percibir una gran trifulca y ruido de sillas rodar por el piso se apresuró a abrir la puerta. Grande fue su sorpresa e indignación al ver a dos alumnos trenzados cual dos osos, golpeándose a puñetazo limpio y el resto de los jóvenes azuzando a los contendores. Uno era más alto, fornido, caracterizándose por su prepotencia y frecuentes actos de matonaje frente a sus compañeros. Todos le temían. El otro era delgado, de regular estatura, pero no retrocedía ante el grandulón habiéndole propinado algunos golpes en el rostro aunque evidentemente había sacado la peor parte, pues su frente estaba cubierta de sangre.

El profesor en un arranque de temerario arrojo producto de su enfado, tomó al provocador por el cuello lanzándolo contra la pizarra. El alumno quedó paralogizado. Los ojos desmesuradamente abiertos demostraban sorpresa ante lo inusitado del ataque. El curso completo quedó en absoluto silencio, expectante, solo se escuchaba el ruido de las hojas de un árbol cercano a la ventana. Fueron segundos interminables, interrumpidos de repente por el profesor. Con un vozarrón pocas veces escuchado lo amenaza…“Mira Mojón, te vuelvo a sorprender pegándole a un compañero y seré yo quien te eche a patadas del Liceo. Puede venir el Ministro de Educación a reintegrarte si quiere, de todas maneras no entraras más a una sala de clases mientras yo esté en el Liceo”.

El joven caminó hacia su asiento lentamente. El profesor abrochó su chaqueta, dirigiéndose al fondo de la sala. Con voz calmada iniciaba la clase de Filosofía. Transcurrida la mañana la campana anunciaba el fin de la jornada. El inspector de patio acercándose al profesor le comunica que la Directora lo esperaba en su oficina. Después de golpear la puerta y permitírsele la entrada se sorprende al ver sentado junto a la Directora, al matón. Sin preámbulos la Directora le da a conocer la queja del alumno en su contra. Lo había tratado de “Mojón” frente a todo el curso.

La Jefa del establecimiento acostumbraba a cometer el error de no llamar antes a los profesores en esas circunstancias, para informarles de la situación y no ponerlos en un entrevero delante del alumno. Con cierto grado de malestar expresado en el tono de su voz, el profesor comenzó a referir los hechos y la gravedad del incidente que terminó con un estudiante sangrando profusamente por su nariz y cabeza. Al terminar el relato y manteniendo el tono de ira fingida se dirigió al acusador agregando: “No solo eres un matón, prepotente, inconsciente, vanidoso, engreído, si no también un gran Mojón hermenéutico, sincrético y onomatopéyico”.

Ahora era la Directora quien abría los ojos y no sabía que decir. El alumno se adelanta y entre sorprendido y a la defensiva alega: “No ve Directora me trata de Mojón”. El profesor sin mirarlo y dirigiéndose a la Directora le dice: “Este abusador ejerce prepotencia contra los débiles y más chicos, yo ejerzo prepotencia intelectual en contra de los matones, me pongo del lado de los vulnerables., Es tan ignorante que no sabe el significado de Mojón. Mojón es la piedra tipo monolito usada de límite en las fronteras o para separar predios y eso eres tú, un Mojón, estas siempre parado como monolito esperando a la próxima victima para provocarla, herirla, o burlarte de ella. Con una salvedad, los verdaderos mojones por lo menos sirven para delimitar fronteras, tú ni para eso sirves, eres un Mojón insípido”.

Terminada la reunión y quedar a solas la Directora con el profesor, le comenta en un tono conciliador que, aunque habían salido bien del problema, de todas maneras estaba preocupada porque el alumno podría quejarse ante el Ministerio de Educación, y a modo de despedida le pregunta para estar más tranquila: “¿Realmente Mojón significa monolito?”

Los padres del joven pendenciero habían venido en Marzo a matricularlo, eran personas humildes y de trabajo. La madre empleada domestica, el padre obrero de la construcción. Le resumieron al profesor todo su drama y los esfuerzos desplegados para encontrar una matrícula para el hijo, el primero de cinco hermanos. Los otros cuatro eran buenos alumnos, sin problemas de conducta. Narró la madre casi llorando, la cantidad de Liceos visitados para que lo matricularan. Todos le habían mentido aduciendo no tener vacantes. En realidad, no lo aceptaban por su mala conducta. La madre cometía el “error”, en su inocencia, de decirle al entrevistador que el año pasado había sido expulsado del liceo por haberle pegado a un profesor y la justicia lo había encarcelado por tres meses.

Esta vez el ¨Profesor jefe lo había matriculado bajo su responsabilidad y no comunicó a nadie el historial delictivo del nuevo alumno. Al despedirse les hizo una recomendación que más parecía una advertencia…:”Deberán venir ambos apenas los llame, me ha dado buen resultado hacer conversaciones largas con los padres y el alumno presente”. Los padres no titubearon en aceptar la propuesta.

Pasado un par de meses el nuevo estudiante demostraba, sin grandes esfuerzos, obtener las notas mínimas necesarias para pasar de curso. Es posible que así también hubiese ocurrido en el colegio en donde estuvo anteriormente, para después ser portada de diarios por pegarle a un profesor.

Pero ahora algo estaba sucediendo en el curso y el profesor no lo captaba en su integridad. Los problemas eran variados y no podía enfrentarlos todos con igual intensidad. El Liceo se caracterizaba por recibir a alumnos que los otros Liceos no aceptaban. Las dificultades conductuales eran pan de cada día. Había tiempo solo para preocuparse de los casos más explosivos.

A profesores, alumnos e inspectores les molestaba la prepotencia del nuevo alumno y a su vez se daban cuenta que el Profesor jefe en algunas situaciones conflictivas no tomaba partido, La actitud era más bien conciliadora. El bravucón insolente también lo percibía.

Y vino la pelea en la sala. Desde ese momento cambiaron las relaciones y cambió también la actitud del resto de los alumnos hacia el prepotente compañero. Captaron rápidamente que ahora, el profesor jefe los defendía del grosero alumno. La tortilla se daba vuelta, ellos empezaban ahora a molestarlo. Cuando en el recreo pasaba cerca de un grupo, uno de los jóvenes le gritaba “Mojón”, él se acercaba en tono amenazante y todos hacían como si nadie hubiese dicho nada. “El mojón” se indignaba, les lanzaba un par de garabatos, amenazaba, y no pasaba a mayores.

No hubo más riñas en la sala. Al poco tiempo el conflictivo estudiante se enamoró de una alumna de un curso paralelo y como dice la canción de Violeta Parra… “al malo sólo el cariño lo vuelve puro y sincero”.

Dos veces llamó el profesor a los padres para conversar con ellos. Las dos veces lo hizo sin la presencia del alumno. Las reuniones se convertían en recomendaciones e información para los padres acerca de cómo tratar a un joven de 18 años que ya no era un niño y tampoco un adulto. Se percibía en los gestos de sus rostros y en los movimientos de las manos, las ansias por saber cosas y poder ayudar al rebelde hijo. El profesor terminaba diciéndoles… “no olviden que nadie ha hecho un curso para ser padre, sencillamente se es padre. Se aprende cometiendo errores y si nos resultó en la infancia no nos damos cuenta que los niños se transformaron en adolescentes, la etapa más difícil de nuestras vidas”

Vinieron los exámenes de fin de año y la tan esperada graduación de cuartos medios. Como era costumbre, los padres compraban un terno nuevo a sus hijos. Para muchos era la primera vez que vestían un traje y el enamorado alumno la primera vez que usaba una corbata.

Finalizada la ceremonia los padres se acercaron con un regalo al Profesor jefe y lo abrazaron con alegría y lágrimas en los ojos. Se notaba la felicidad en sus rostros. Le confidenciaron que su hijo nunca había hablado tan bien de un profesor en casa, como de su actual Profesor jefe.

“¿Y dónde está ahora?”… preguntó. Un alumno cercano al grupo les informa que ya se había ido del Liceo, pues lo habían visto con su polola fuera del establecimiento.

Una vez en casa, el profesor muestra con orgullo el regalo a su esposa. Los padres del problemático alumno le habían entregado un hermoso lapicero grabado con su nombre, pero, el “Mojón” no se había despedido. La esposa percibiendo la tristeza en sus palabras le acaricia la mejilla y le dice: “De todas maneras tú seguirás siendo para él, el mejor Profesor jefe”.
 

David Mc Conell

 

 

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