Domingo 09 de Agosto del 2020

El valor de una bata blanca

 

EL VALOR DE UNA BATA BLANCA

Desde los albores de la humanidad, unas de las cosas más preciadas por el hombre ha sido la salud, entendida obviamente como estar en condiciones óptimas para subsistir, sobrevivir ante las inclemencias de la naturaleza junto a su familia, grupo, tribu, comunidad, nación, etcétera, ya que él vive, sigue viviendo, en un medio físico, biológico y social al que se adapta y trata de usar en su provecho, es decir siempre ha existido una interrelación entre el hombre y la naturaleza, entendida esta última como todo el medio que nos rodea desde que este planeta echó a andar hasta las fecha. Todo esto hasta llegar a los días de hoy en que por lo menos se reconoce, dentro de la complejidad creciente de la sociedad y por ende del fenómeno salud-enfermedad, que la salud no solo es la ausencia de la enfermedad sino un completo estado de bienestar físico y mental. Por decirlo de otra forma el fenómeno se ha complejizado desde un hechicero, brujo, machi, druida y otras denominaciones a nuestro médico, caracterizado fundamentalmente por una bata blanca, armado de un variado arsenal de recursos para enfrentar este proceso, salud-enfermedad, bastante complejo como lo vemos hoy a nivel planetario.

En este mismo desarrollo de la humanidad, el conocimiento y las ciencias, a alguien se le ocurrió decir que la salud es una cosa muy importante para dejarlo solo en manos de los médicos. El juicio es cierto pero no absoluto, ya en un artículo anterior señalaba que la salud es un producto social en el que interviene otros factores además del sector de la salud. El éxito de la atención a la salud de la población está en la intersectorialidad, pero es evidente que el saber médico y de todo el personal dedicado a la salud es determinante a la hora de sopesar acciones. Este saber ayuda a la voluntad política a saber hacer lo necesario para lograr el bienestar de la población.

En el contexto político, económico y social de nuestro mundo, reinan las desigualdades en lo que respecta a la atención de salud de la población que han sido puestos a prueba en el enfrentamiento de la Pandemia actual que corroe la humanidad. Sistemas públicos sin recursos, sistemas privados excluyentes y otras opciones mixtas, que acumulan demandas insatisfechas en medio de pobreza y miseria. Tenemos una accesibilidad a dicha atención limitada culturalmente, económicamente, geográficamente en gran parte de nuestra región latinoamericana, ni hablar de medios diagnósticos o medicamentos. Todo esto ha repercutido en la alta incidencia y mortalidad por este nuevo coronavirus, pero también en el trabajador de la salud frustrado, sin los recursos necesarios, sin la protección adecuada para la heroica tarea de atender a los enfermos que acuden a los servicios de salud, y ya se cuentan bastantes los afectados por este nuevo virus entre médicos, enfermeras, técnicos y otros paramédicos y también lamentables fallecimientos.

Nuestro Chile no escapa a esta realidad, se dan los mismos fenómenos y sumados a la hipócrita incapacidad del presidente y su ministro de salud que se fijan, copian la tarea, de otros gobernantes villanos, que en función de reactivar la vida económica del país, del comercio, de volver a la normalidad sus negocios tiran adelante a la población, a los trabajadores, sin una garantía auspiciada por ellos, a exponerlos al contagio nuevamente, al parecer serán simple mirones a ver qué pasa y lo más probable que pase es una mayor incidencia de la enfermedad. Eso es al parecer la nueva normalidad que promocionan estos canallas.

Hoy recuerdo una noble iniciativa en el Gobierno Popular de nuestro Presidente Dr. Salvador Allende y fue el llamado “Tren de la salud”, un tren de 12 vagones pintados de blanco que en cinco semanas recorrió, en 1971, regiones del sur de Chile, Arauco, Cautín, Malleco, fundamentalmente en territorio de la Araucanía, mapuche. Participaron médicos, dentistas, enfermeras y auxiliares que en cada parada y con ayuda del ejército equipos médicos iban en Jeep a los lugares más apartados y pienso lo útil que sería hoy una iniciativa similar, con los recursos necesarios, para enfrentar esta Pandemia llevando la atención médica a lugares apartados donde se dificulta el acceso a los servicios necesarios. Pero conociendo el espíritu nefasto de los que tendrían el poder de hacerlo, quedaría allí como una noble iniciativa mas, pero frustrada.

Esta crisis sanitaria pasará, pero habrá otro Chile, otro mundo también, donde tengo fe que se destaquen con mayor peso valores como la solidaridad, la cooperación y las acciones coordinadas ante un enemigo común, donde se reconozca el digno papel del personal de la salud, de todos los trabajadores de la salud y voluntarios que conformaron la primera línea de combate y en medio de la rebelión social que no ha concluido porque su esencia es el cambio de todos los males acumulados que también afectan a la salud de nuestra gente. Para tener salud hace falta cambios en educación, en alimentación, en seguridad social, en atención a la mujer y el niño, al adulto mayor, en vivienda, en cultura, en atención a los pueblos originarios, en la atención al medio ambiente, hay que cambiar todo lo que sea necesario cambiar, para ser tratado y tratar a los demás como seres humanos, y no es fácil porque hay que enfrentar poderosas fuerzas dominantes en nuestro país y en el mundo, por lo que hay que luchar con audacia, con inteligencia, con unidad, con los pies bien puesto en la tierra, seguros que la verdad , la justeza y fuerza de nuestras ideas no pueden ser borradas. Eso es, entre otras cosas más, lo que nos legó Fidel, ni más ni menos para tener en cuenta al hacer una Revolución.

Es para mí inevitable como médico formado en Cuba, viviendo y compartiendo la cotidianeidad de los cubanos, hacer referencia a esta solidaria Isla. El acceso a los servicios de salud está garantizado para todos, sin distinción de género, color de la piel u otro factor, es universal y con una interrelación adecuada el cubano es atendido en su consultorio, en el policlínico, en el hospital o el mayor de los centros de investigación del país si es necesario. En la atención primaria de salud, donde radica el mayor contingente del ejército de batas blancas, el médico y la enfermera de la familia, viven inmerso en el barrio, en la cuadra, conoce a su gente, a cada uno de ellos, sus problemas, los atiende en la consulta, en su casa y en el hospital si es necesario, es un guardián de la salud. Hoy desempeña su labor con mayor atención frente a este nuevo virus, participa y organiza la pesquisa activa de la enfermedad en conjunto con los estudiantes de medicina u otro trabajador asignado a su barrio sin dejar de lado los otros programas como la atención a la embarazada, al niño, a los pacientes con enfermedades no trasmisibles, a cualquier evento de salud que se puede dar diariamente. Comparte como todos también la preocupación por el transporte, por garantizar los alimentos para su hogar, la canasta básica, en la que está inmersa toda la población cubana en largas colas para resolver estas cosas necesarias, pero es digno de destacar la iniciativa de dar preferencia, prioridad, en la compra al personal médico, a los trabajadores de la salud en general. Un justo y cariñoso reconocimiento por la tarea en que están enfrascados en estos momentos. Así es este solidario pueblo consigo mismo y con su gente, con su médico, con su enfermera, con su estomatólogo, con quien lo atiende en el consultorio, policlínico y hospital, una feliz iniciativa que se suma a los aplausos y vítores diarios que se le da a las 9 de la noche, hora del “cañonazo” como lo saben los que han visitado Cuba.

Al conmemorarse este 1 de mayo, el Día Internacional de los Trabajadores, quiero pedir un enérgico “Viva” a los trabajadores de mi patria y muy en especial a los trabajadores de la salud de Chile, de Cuba, de Nuestra América y de nuestro Mundo”, que hoy honran más su humana labor y resaltan con dignidad, en momentos adversos, el valor de una bata blanca.
 

Dr. Alex Soza Orellana

Especializado en Salud Pública

Chileno, Iquiqueño, residente en Cuba

La Habana, 1 de mayo del 2020

 

 

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