Domingo 09 de Agosto del 2020

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Una vida militante: Alfonso Baudrand

 

 Una vida militante: Alfonso Baudrand

 PG: Compañero Alfonso, en primer término quería agradecerte esta posibilidad de conversar contigo y poder publicar esta entrevista en nuestra Revista Principios de tal manera que conozcan, principalmente los militantes jóvenes de nuestro Partido y de las JJCC, este testimonio de un antiguo comunista pronto ya a cumplir 89 años de edad y 60 de militancia ininterrumpida. Primeramente, quería consultarte quién es Alfonso Baudrand De la Fuente.

AB:Nací en Buenos Aires, Argentina, el 28 de mayo de 1926. Era el segundo de dos hermanos. Mi padre era Luis y mi madre Ema. Cuando tenía cerca de un año y medio de edad, mis padres volvieron a Chile. Mi hermano mayor Luis falleció trágicamente ahogado cuando yo tenía como 8 años de edad. El era 4 años mayor que yo.

Por esos años nos invitaron un verano al campo. Los primos mayores nos incitaron a que montáramos a pelo y atravesáramos el lago. Mi hermano se cayó del caballo y se ahogó delante mio. No pude hacer nada, más que llorar. Para mi madre fue terrible, hacía apenas 2 años que había enviudado. Aún así, fue capaz de sacar la familia adelante. Mi madre me enseñó que había que tener valor con sus actitudes y trabajando, sin caer en la religión. Mi familia no era católica observante, a pesar de que mi abuelo tenía un hermano y algunos amigos curas. El fue un liberal balmacedista hasta su muerte.

PG: ¿Cómo fue tu niñez y adolescencia?

AB: Mi niñez fue como la de cualquier hijo de clase media. Si bien todos se declaraban católicos, la religión no fue en mi casa un hecho gravitante. Mi padre falleció cuando yo tenía seis años. El tenía 8 hermanos, pero yo nunca supe de ellos y ellos nunca se preocuparon de nosotros. Por lo tanto, mi madre tuvo que asumir la responsabilidad del sustento del núcleo familiar y mi abuelo materno la de figura masculina. De él aprendí muchas cosas, incluso tuve acceso a su biblioteca, especialmente a obras de Historia de Chile. Gracias a sus relaciones, pude estudiar becado e internado gratuitamente, en el Colegio San Pedro Nolasco, la primaria y la secundaria, por la amistad que tenía mi abuelo materno con algunos clérigos mercedarios. Para las elecciones de 1938, mi abuelo apoyaba al candidato del Frente Popular y estaba en contra del candidato Ross de la derecha. La familia de mi abuelo, que era de la zona de Los Andes, de donde también provenía la familia Aguirre, era amiga de ella. Mi abuelo, cuando era estudiante y viajaba a Santiago, se alojaba en la casa con reja de fierro, frente a la Plaza Bello, antes del Palacio de Bellas Artes, que era la casa de los Aguirre.

PG: Para la segunda guerra mundial tu eras adolescente:

AB: En el colegio, para la Segunda Guerra Mundial habían 2 bandos. Al tocar la campana salían los dos grupos: el mio, partidario de los aliados, y el otro partidario de los nazis. ¿Por qué apoyaba a los aliados?. Simplemente porque mi apellido es de origen francés. Mi abuelo materno ya había fallecido, por lo que no contaba con sus sabias opiniones que hubiesen podido ayudarme mejor. Cuando mi abuelo ya no pudo mantener la familia, mi madre y una hermana soltera de ella tuvieron que asumir esa función. Para ello se dedicaron a hacer dulces chilenos que vendían en el barrio, en un local en Merced casi Miguel de la Barra, además de repartir a domicilio. Posteriormente, en base a mucho esfuerzo, pudieron ampliarse a otros dos pequeños locales del barrio.

PG: En esos tiempos no todos iban a la Universidad. ¿Qué hiciste una vez egresado de humanidades?

AB: Terminada mi educación secundaria, en 1944 empecé a trabajar en la Contraloría General de la República. Encontré ese trabajo por amistades, ya que en ese tiempo no habían concursos públicos. Para mi fue muy importante el compartir con adultos desconocidos. Me permitió también tener mayor claridad sobre el acontecer nacional y acceder a dinero para solventar mis gastos. Se podía hacer una carrera funcionaria sin necesidad de tener un título universitario, como era mi caso. Entre 1944 y 1956 tuve varios amigos que me orientaron hacia algunas lecturas y no estar dedicado solo al club de mis amores: Magallanes. A través de la lectura y adquisición de conocimientos, de la cultura en general, empecé a conocer un mundo totalmente desconocido para mi. Los valores y principios me los habían inculcado en la casa, pero el conocimiento mismo me llevó a tener una evolución en mi caminar, fue así como en el transcurso de aquellos años se acercaron unas personas que eran militantes comunistas de la célula Balmaceda de la Contraloría, con los cuales compartía algunas inquietudes respecto a los trabajadores y a la vida misma.

En 1948, con 19 años me casé con Lía Miranda Rayo. Ella tenía 18 años. Tuvimos 2 hijos: Lía, ya fallecida, y Luis (vive en Finlandia). Duré como 11 años casado con ella. Después me casé por segunda vez con Lucy Möller, y fue un fracaso, salvo el nacimiento de los tres hijos. El tercer matrimonio fue en Colombia con una colombiana. Con ella no tuve hijos.

PG: ¿Te gusta el fútbol?

AB: Sí. A mi me gustaba el Magallanes e íbamos todos los domingos al estadio. Fundamos el Club Deportivo de Estudiantes en Providencia, que todavía existe, todos ex estudiantes del San Pedro Nolasco. Entre otros, jugaban allí Carlos Alberto Palma (“Palmita”) y Julio Martínez. Palmita fue el “alma mater” del Club en aquella época. El 1952 salimos campeones de la Liga Amigos del Fútbol de Santiago.

Fui al Mundial de Fútbol de Brasil de 1950. Fuimos 6 en el auto de un amigo (pedí permiso sin goce de sueldo). Nos demoramos casi 6 días y llegamos justo para el partido Chile – España. Pasamos por Argentina, Uruguay y Brasil. Llegamos el 29 de junio en la mañana, para la inauguración. Perdimos 2 a 0 con España.

PG: ¿Cuándo ingresaste al Partido?

AB: Ingresé a militar en 1956. Todavía el Partido era ilegal por la Ley de Defensa de la Democracia, dictada por el traidor González Videla. Sin perjuicio de aquello, los comunistas actuábamos en la Contraloría en la clandestinidad por la condición de tal de este organismo, y lo hizo hasta 1970. El transcurso laboral de aquellos años me permitió adquirir un desarrollo diferente y un pensamiento más claro y una responsabilidad mayor en el acontecer nacional. El compromiso que se adquiere cuando tu tienes mayor conocimiento te permite actuar más consecuentemente, con un contenido ético moral. Por lo mismo, mi ingreso al Partido fue un paso fundamental en mi vida. Nuestra célula Balmaceda de aquel entonces era siempre atendida por compañeros de la Dirección Central, como Waldo Atías, Jorge Texier, el compañero Pino y otros camaradas. Esa formación y esas inquietudes se fueron desarrollando con mayor compromiso cuando te das cuenta que tu accionar te lleva a asumir una causa con un alto compromiso social.

PG: ¿Cómo se desarrolló tu vida laboral en la Contraloría?

AB: En la Contraloría, en aquellos años que yo empecé a trabajar allí, había una fuerte presencia de radicales y masones. Había una Asociación de Empleados, cuyo presidente era, en aquel período, si no me equivoco, Américo Trujillo. A él y a otros dirigentes se les acusaba de comunistas, lo que a mí no me consta, porque pretendían abrir la Asociación a todos, lo que se contraponía con las altas jefaturas radicales que tenía, como ya lo señalé, esta repartición pública. Poco tiempo después Trujillo dejó de trabajar en la Contraloría, pero la Asociación siguió funcionando, con otros matices y actividades. Como ya había fallecido mi abuelo, quién junto a mi eramos los únicos hombres de la casa, no había preferencias políticas, había solo que trabajar, pero interactuando con colegas, que yo no sabía que eran comunistas, y ex compañeros de colegio, como Jorge Valdés, que murió hace poco, el cual fue el primer militante comunista que conocí como tal. El había sido dirigente sindical desde muy joven en la empresa estatal, ya desaparecida, llamada Central de Leche Chile. En la Contraloría los compañeros hablaron conmigo. Primeramente me invitaron a células abiertas y más adelante a reuniones ordinarias de célula, algunas de las cuales se realizaron en la casa del compañero Volodia, por Agustinas abajo. También fui dirigente de la Asociación de Funcionarios entre los años 1969 y 1970. Entre los militantes de aquella época (1956), con un Partido todavía en la clandestinidad, estaban, entre otros, Arturo Cerda (ya fallecido), Raúl Espinoza Fuentes, Jorge Villegas,

Hubo otra persona que influyó en mi. Era un radical y masón, abogado, mayor que yo y que también había sido estudiante del San Pedro Nolasco. Un día me dijo que me iba a esperar a la salida, a las 18 hrs. Había pedido un vale a mi nombre para la Editorial Pax. Yo ya estaba casado, y el padre de mi primera esposa había sido fundador del PS y masón. Me tocaba asistir a tertulias familiares, donde me encontraba con maestros masones, profesores, profesionales y otra gente, y yo sabía sólo sobre el Magallanes. Compré como 25 libros con ese vale. Además, había heredado la biblioteca de mi abuelo. Tenía un gran desafío con la familia Miranda Rayo (la de mi primera mujer). Eso me llevó a leer y leer para adquirir mayor conocimiento.

PG: ¿Cuáles fueron tus principales funciones en la Contraloría?

AB: Hice algunos cursos de perfeccionamiento mientras me desempeñaba en la Contraloría en las áreas de Derecho y Contabilidad. Y, a pesar de no poseer título universitario, ascendí en el escalafón. Durante mi período laboral en esta institución, entre otras funciones, fui Subjefe de la Sección Profesionales en el Estatuto Médico Funcionario, Subjefe de la Sección Remuneraciones Sector Fiscal, Semifiscal y Empresas Autónomas del Estado, Subjefe de la Sección Nombramientos del Magisterio, Subjefe Nombramientos Semifiscales y Empresas del Estado, Subjefe Nombramientos Administración Central, FFAA y Poder Judicial, Jefe Coordinación Administración Central, FFAA y Poder Judicial. Aquí quisiera hacer una aclaración: las FFAA enviaban la información en un sobre cerrado donde todo lo concerniente a ello tenía un carácter secreto. La Contraloría no tenía ninguna facultad para revisar eso, y mucho menos cuestionarlo. Lo mismo para el Poder Judicial. En éste solo había que verificar que los nombramientos y otros documentos estuvieran firmados por el Presidente de la República y el Ministro de Justicia y trajeran la terna respectiva. Fui también encargado del Plan Piloto para la Mecanización del Control de la Administración Pública.

PG: ¿De qué otras actividades participaste en la Contraloría?

AB: En la Contraloría teníamos un grupo de teatro (Alborada), un conjunto folclórico y una biblioteca. Fue una muy buena experiencia. Habían en los barrios de Santiago y provincias varios grupos de teatro aficionados. Por ejemplo, en San Miguel habían como 10. Se organizaba una competencia nacional cada 2 años por parte del Instituto de Teatro de la Universidad de Chile (ITUCH). Venían grupos desde Arica hasta Punta Arenas. Nuestro grupo fue partícipe de todo este proceso. En aquellos tiempos habían 2 tendencias de cómo hacer teatro en nuestro país. El tradicional hasta esa época y el Método de Stalivnasky, técnicas que trajeron a Chile desde Europa Eugenio Guzmán y Pedro Hortus, todos gente del ITUCH. Entre 1964 y 1970 hicimos 14 montajes, como el Periodista, la Princesa Panchita, Carolina, etc., todos autores nacionales. Presentamos también La Mariposa bajo el Zapato, de Miguel Littin. Nos invitaron del Colegio San Ignacio de Alameda para presentar esta obra en la iglesia de ese colegio. Esta obra hace una denuncia social y de la explotación del patrón, y la sumisión de la mujer del obrero por la iglesia. La Mariposa bajo el Zapato significa la mujer del obrero poseída por el patrón. Hubo una gran acogida con muchos aplausos. Eso fue muy importante. Se realizó con una consagración, con música sacra. Los curas no se movieron y las monjas nos ayudaron a desarmar y ordenar las cosas y nos comprometieron a volver a presentar esta obra en el Colegio, ya que les había impactado fuertemente. Participamos en el Festival Pedro de la Barra en Antofagasta, después fuimos a Chiloé. En Santiago teníamos un equipo de iluminación que podíamos transportar. Había una pareja de mimos y, como ya dije, el Conjunto folclórico, que lo dirigía Boris Navia. Todos eramos aficionados y funcionarios de la Contraloría pero con la Dirección General de Orlando Rodríguez y su compañera, Marcela Otero. Este grupo ya no existe. Teníamos el apoyo total de la Institución, pero sin un apoyo económico mayor. Endesa nos financiaba los viajes y hacíamos uso de los días administrativos.

Teníamos la Asociación de Funcionarios e hicimos una Convención de los Trabajadores de la Contraloría y votamos, en 1969, la huelga. Dentro de los logros estuvo el Estadio de la Contraloría y un campo de veraneo. Fue un trabajo muy bien llevado, también con los compañeros del PS.

PG: ¿Durante el Gobierno Popular estuviste en la CORA?.

AB: Efectivamente, en mayo del año 1971 fui en Comisión de Servicios a la CORA como Gerente Nacional de Personal de esa institución. Para la UP yo ya era Secretario de la célula de la Contraloría. En esa condición me llamó a conversar el compañero Orlando Millas, Ministro de Economía en esa época. Era para ver cómo se apoyaba al compañero Kirberg como Rector de la UTE. Para eso propusimos a Boris Navia y a María Eugenia Álvarez y a dos compañeros que no eran militantes pero sí de mucha confianza. Me señaló también la necesidad de enviar un compañero a la CORA para la Gerencia de Personas. Yo lo plantié en la célula y no hubo resolución al respecto. Al informarle al compañero Millas, él me dijo que por qué no era yo. Le respondí afirmativamente, entendiendo la responsabilidad, sin preguntarle nada más, ni siquiera las condiciones salariales, que fueron menores que en la Contraloría. Así llegué a la CORA en mayo del 1971. El Vicepresidente Ejecutivo de ella en ese tiempo era el compañero David Baytelman. Habían varios problemas allí. Entre otros, habían 250 trabajadores que no tenían contrato, nadie sabía quiénes lo habían contratado. Yo me manejaba bien con el Estatuto Administrativo. Una de las primeras medidas que implementamos fue formar un Comité Paritario de Personal. Este estaba formado por 5 representantes de la Asociación de Funcionarios, que eran DC, 5 funcionarios del agro y yo como Jefe de Personal, que presidía dicho Comité. Había también una buena dotación de militantes del PS, con los cuales se trabajaba muy bien, especialmente con Pedro Hidalgo y otros. A la primera reunión que citamos nos encontramos con algunos funcionarios que habían aparecido “de la calle” a altos cargos, ya que no se respetaba el escalafón. Había muchas jefaturas que habían sido cubiertas “por la ventana”, es decir, con personas que habían ingresado directamente a cargos. Allí se planteó hacer una revisión de esos nombramientos. Por mi parte señalé que esa revisión iba abarcar los últimos 10 años. La Gerencia de Personal tenía 3 Departamentos: RRHH, Administración y Bienestar. El primero dirigido por el compañero Jaime Iturra (PC), el segundo por la militante socialista María Eugenia Rodríguez y la militante radical Elena Veliz en el tercero. Había mucho desorden, cientos de cartas de recomendación para contratar gente, de todos los partidos. Resolvimos la contratación solo por concurso público y se reestructuró la dirección central de la CORA, pasando Personal a depender directamente de la Vicepresidencia Ejecutiva. Desde el tiempo del Presidente Frei Montalba, pero especialmente durante el Gobierno Popular, la CORA jugó un papel determinante en la lucha ideológica contra el gran latifundio y cambió la estructura productiva agrícola en el país. La CORA tenía sus oficinas centrales en Santiago y disponía de 14 Zonas Agrícolas, lo que significaba tener una estructura nacional, con más de 2.000 funcionarios. En la medida que empezó a funcionar el equipo de Personal, se empezaron a regularizar especialmente la situación de los funcionarios que tenía una situación contractual irregular, particularmente para asegurar su protección previsional. Por lo mismo, como CORA no tuvimos problemas con el paro impulsado por la oposición. Para resolver el alto grado de centralización que caracterizaba a la Administración Pública, hicimos un seminario con los encargados de Personal de las 14 zonas para agilizar los procedimientos. A esto se le dio una estructura y se le fijaron las funciones. Entre otras cosas, se planteó la necesidad de mejorar la disciplina laboral, evitando las inasistencias injustificada del personal y los reiterados atrasos. Para contrarrestar éstos eventos, hablé con el ministro Jaime Tohá. Le plantié el problema y quedamos de acuerdo en un día cualquiera para que fuera a la CORA a las 8 hrs. y que a las 8,20 hrs. (la tolerancia) retiráramos las tarjetas del reloj control. El ministro fue con un equipo de la TV y causó gran impacto. Repetí esa experiencia en 2 o 3 zonales. Desgraciadamente nos faltó tiempo para haberlo hecho en todas las oficinas. Ahora bien, en general había un gran compromiso de los funcionarios con el Gobierno Popular, salvo puntuales excepciones. En la CORA, teníamos un muy buen Partido. Todo esto conversándolo y pidiendo opiniones en la Comisión Agraria del CC del Partido, a la cual iba prácticamente todos los día, una vez terminada mi jornada laboral. Los que cumplíamos funciones en el gobierno, no teníamos responsabilidad de dirección en el partido, militábamos en una célula como simples militantes de base. Fueron medidas muy oportunas el diferenciar así el nivel de responsabilidades. En la CORA trabajé con los dos Vicepresidentes Ejecutivos: Primero con Baytelman y, después, con el compañero Hugo Díaz. El aporte de Baytelman fue excepcional. A él yo no lo conocía. Se caracterizaba por una gran sencillez en el trato. Como anécdota, una vez en una reunión con el CR Capital, que era la orgánica que nos atendía, informaba yo acerca de las anomalías en cuanto a la conducción en lo administrativos de parte de la Dirección. Siendo él Jefe de Servicio, no se molestó en absoluto, incluso compartió conmigo varios de mis argumentos. El siempre escuchó las propuestas y opiniones que le entregaba yo y otros compañeros. Hugo Díaz tenía otro carácter. Aún así, personalmente nunca tuve problemas con él. Ya estábamos bien montado en el manejo del servicio y prácticamente se habían terminado ya la expropiaciones de predios. Baytelman iba a terreno y muchas veces, cuando llegaba tarde, dormía en un sillón. No se cómo resistió ese ritmo. Una vez se tomaron Linares los trabajadores de la CORA. Unos trabajadores forestales llegaron a hablar conmigo ya que esos funcionarios no estaban de acuerdo con el nuevo jefe de finanzas, llegado para hacer las expropiaciones. Este funcionario iba a hablar con el dueño y lo amedrentaba con pistola al cinto. Otro ejemplo: Había un funcionario en Quillota miembro de Patria y Libertad (Carlos Ibañez Letelier), al que tuvimos que despedir. Me llamó el General Prats, a la sazón Ministro del Interior, consultando muy deferente por las causales de despido. Se la dimos y quedó conforme con ellas.

PG: ¿Cómo viviste el 11 de septiembre?.

AB: El día del golpe fui a trabajar a la CORA, en Olivares con Av. Bulnes. Me fui caminando por Mac Iver, Ahumada y Nueva York. La mayoría de que los que llegamos eramos de la UP. En la calle Nueva York estaba lleno de milicos que reclamaban contra el gobierno. Las oficinas de la CORA ya estaban tomadas por los militares, un oficial con 2 soldados, pero pudimos entrar. Estuvimos en el subterráneo. Posteriormente, junto con el Presidente de la Asociación de Funcionarios parlamentamos con el oficial y logramos evacuar las oficinas poco antes del toque de queda. Salimos todos. Yo tuve que ir por Av. Matta y más arriba volver al norte por Portugal hasta el barrio alrededor del Palacio de Bellas Artes, donde vivía en aquel aquellos años mi madre. Ya no volví a la CORA. Posteriormente se contactó conmigo el compañero Carlos Naum y el “negro” Valdés. Nos encontramos por Las Condes. Días después, en las Torres San Borja, donde habían compañeros del Partido, (entre ellos la compañera Mónica Rodríguez y su esposo Hugo Gutiérrez.), me contacté con ellos. Yo tenía el listado de todos los militantes de la UP que trabajaban en las instituciones ligadas al agro, el cual logré eliminarlo.

PG: ¿Y el exilio?.

AB: A fines de octubre de 1973 me fui al exilio, a Colombia, por recomendación de mi pareja colombina de aquel entonces. Un día, en la segunda mitad de septiembre, a la entrada de Apoquindo me tomó un auto diplomático colombiano, y así ingresé a la Embajada de aquel país. Estuve 40 días en ella y llegué a Colombia el 29 de octubre de 1973. En la Embajada, en aquel mes, eramos como 50 asilados. Entre otros, estaban Carlos Barella, Carlos Cerda, Eduardo Labarca. Nos formamos como Partido y no tuvimos mayores problemas, a pesar de la presencia de algunos ultras.

A mi partida al exilio, Boris Navia se hizo cargo de mi madre y mis hijos. Yo me había separado de mi segunda esposa y tenía la tuición de mis hijos. Boris y su compañera Gloria se portaron muy bien con mi familia

En Colombia nos recibieron autoridades de gobierno y representantes del partido colombiano. Gracias a eso pudimos hacer nuestras actividades de solidaridad. Posteriormente, allí conocí a varios compañeros muy conscientes y consecuentes, como Carmen Lazo, el compañero Miguel Morales, ambos del PS, y otros.

Entre otras cosas, exhibimos la película Missing y nunca dejamos desembarcar a los marinos de la Esmeralda. Tuvimos muy buenos contactos con la CSTC (Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia) e hicimos con ellos muchas actividades solidarias. En Colombia hubo cerca de 40 exiliados políticos. Al principio de mi exilio fui solo militante. Después llegó allá el compañero Miguel Canales, que había sido del CR Capital, y el PC empezó a funcionar regularmente. Poco a poco nos contactamos con los sindicatos, hicimos actividades en torno a las Fiestas Patrias, acciones de solidaridad. Hicimos 2 huelgas de hambre por parte nuestra, además de propaganda. Los militantes eramos entre 10 a 12. Después llegó un pequeño grupo de jotosos, todos residíamos en Bogotá Había un Comité Colombiano de Solidaridad con Chile, el que al principio fue muy activo y realizó varias actividades dado los recursos con los que contaba, pero después fue decayendo. Nos visitaba el compañero Luis Canales en forma periódica, como también otros dirigentes. Hacíamos campaña de finanzas para nuestro funcionamiento y también para Chile. Una de las cosas complejas fue la diferencia de opinión con los compañeros del partido colombiano, especialmente respecto a las formas de lucha. El 81 hubo un cambio en esto con la RPM y todas las formas de lucha. Yo llegué a ser secretario de nuestro Partido en Colombia los últimos 5 años de mi exilio. Teníamos excelentes relaciones con el Secretario General del partido colombiano, compañero Viera, y el encargado internacional de ese partido.

Del PS estaban Edgardo Condezza, Benítez, ex dirigente sindicalista, y el ex ministro de Allende, Carlos Briones. No habían más orgánicas partidarias chilenas. Siempre tuvimos actividad como Partido, especialmente en lo sindical y teníamos el apoyo del Comité Exterior de la CUT. Siempre nos visitaban.

PG: ¿De qué vivías allá?.

AB: En lo laboral, primeramente un ex compañero me contrató para hacer encuestas, fue mi primer trabajo. No teníamos mayor ayuda, salvo el alojamiento. Después tuve la suerte de trabajar en TV, en teatro, como actor. Pero no duró mucho, tanto como lo que duró la grabación de una telenovela, algunos meses, y después hice dos cortos para una obra de teatro. Más adelante me fui como Administrador de un restaurante con discoteca, casi por 2 años. Yo ya tenía a mi hijo mayor de mi segunda esposa conmigo. Después me independicé con un negocio llamado Quinchamalí, donde vendía de todo, era como una Rotisería. El año 78 me reconocen la jubilación en Chile, y en ese momento se va mi mamá con dos de mis hijas para Colombia. Ella se puso a hacer dulces chilenos para vender. Le dije que nos lleváramos a su hermana, mi tía. Pero eso no se dio y mi madre volvió a Chile dejándome con mis hijos.

Un día, me pidieron ir a la Unicef de Bogotá para contar como había sido el golpe en Chile. Ahí conocí a mi tercera señora. Pertenecía a una familia colombiana muy importante. Su tío era Ministro del Interior de Colombia. Con ella regresé a Santiago. De mi mujer colombiana me separé varios años después. Ella participó en Mujeres Democráticas acá en Chile.

PG: ¿Cuándo volviste y cómo te integraste de nuevo en el país?.

AB: El 4 de octubre de 1983 aterrizaba en Pudahuel, después que me fuera levantado la prohibición de ingreso. Estábamos totalmente de acuerdo con la política del retorno. Me vine por la responsabilidad política conmigo mismo y con mi Partido. Son convicciones profundas, tuve la suerte de “aprender a leer” ya adulto, fui afortunado. Para mi regreso no debía buscar a nadie, me iban a buscar. Como a los 3 meses de mi retorno me encontré en el Metro con el compañero León Suárez, quién me hizo un guiño y nos bajamos en la estación de Carlos Antúnez. El dijo que me iba a llamar y poco después me incorporé a militar en Providencia, en la célula Reinalda Pereira. Trabajé también en el Frente de Profesionales. Posteriormente me incorporé al Regional como Encargado de Solidaridad. Este regional iba desde Lo Barnechea hasta Quilín y se denominaba “Turquesa”. Empezamos a trabajar con la Vicaría de la Solidaridad de la Iglesia. En Providencia atendía al Colegio Latino Americano para el tiempo del degollamiento de los profesores comunistas, además de una célula textil de la Empresa Magallanes. Participé en el PAIS. Teníamos célula en las clínicas Las Condes, Alemana y en el Hospital del Trabajador. Se hizo un excelente trabajo. En ese tiempo todos usábamos chapa. Me acuerdo del compañero Luis Reyes, ya fallecido, esposo de la compañera Josefina. El era de Las Condes. Era un camarada incansable. Como no tenía dinero, andaba a pie cuadras y cuadras. de Las Condes. También me acuerdo de León Suárez, ya fallecido. En Lo Barnechea estaba Luis Alarcón, Trabajábamos con los curas e íbamos a nombre del Partido a hablar con ellos. Concordaban en que se debía ejercer la violencia en la lucha contra la dictadura. Todo esto fue antes del atentado al dictador. Si bien trabajaba yo en la clandestinidad, seguíamos haciendo una vida “normal” en lo cotidiano. Participé en el XV Congreso a nivel de regional. Después del plebiscito y las elecciones volví a militar a Providencia. Ya tenía casi 70 años y fui solo militante. No quise asumir ningún cargo. Con Boris Navia participé activamente en los Clubes de Amigo de la radio Nuevo Mundo, buscando recursos para su financiamiento. En el año 2009 trasladé mi militancia a la célula Cristina Carreño. Junto con los trabajos de la célula en Ñuñoa, participé activamente en San Miguel el 2010 para la elección del compañero Tellier. Ahora espero participar activamente en el XXV Congreso de nuestro Partido.

PG: ¿Qué haces hoy día?

AB: Yo sigo teniendo ganas de seguir participando en política. Uno no piensa o no siente los años que tiene. Quieres ser útil. Espero que alcancemos el poder algún día. Es una cuestión de convicciones. Uno lo hace porque cree que es posible, y para eso hay que cambiar la sociedad, para que todos lleguen al conocimiento. Estoy semisatisfecho, aunque debo reconocer que no he sido el mejor padre para mis hijos. En la actualidad tengo mi pareja, Orieta Visconti, con una relación de 18 años con ella. Es una mujer muy especial, no es militante, pero es de izquierda. Tiene 3 hijos de su primer matrimonio.

PG: ¿Cuál es tu opinión acerca del PC y del actual proceso de la NM?

AB: Yo lo único que he recibido de mi partido son enseñanzas. Eso lo tengo muy claro y he tratado de tener una conducta de acuerdo con ello. No es muy complicado. Es convicción. Mi formación se la debo al partido. En todo sentido. He sido un tipo afortunado. Las enseñanzas recibida por tantos camaradas, con sencillez, sin pedir nada, entregando tanto. De repente me siento mal porque no puedo participar en más cosas, sobre todo desde cuando me cambié de casa. Encuentro positivo la NM, es importante en lo esencial, es solidificar para una segunda etapa. Es muy positivo el cumplimiento del programa de gobierno. Si bien no tenemos un Partido perfecto, es una tremenda herramienta para los cambios en nuestro país.

PG: ¿Cuál sería tu mensaje para los militantes comunistas, especialmente los jóvenes?

AB: Como ya lo señalé, otra vez estoy “aprendiendo a leer de nuevo”. Veo muchas noticias. Deberíamos vivir con más fuerza nuestra línea política. Tenemos que desarrollar más y mejorar nuestro Partido. El imperialismo está presente y metido en América Latina y algunos participan de ello. Se le debe notificar a Piñera que reciente su viaje a Venezuela fue para desestabilizar a dicho país. A los jóvenes llamarlos a que es básica su formación, hacer un trabajo más en conjunto entre PC y JJCC. ampliar más el conocimiento. Los jóvenes en los últimos años nos han dado un gran ejemplo Hace un par de años atrás para un aniversario, me llenó de orgullo cuando entraron al Caupolicán decenas de militantes de las JJCC con sus camisas amaranto. Ahí esta el porvenir nuestro, que la Jota se desarrolle. Debemos luchar contra el individualismo, y nuestras JJCC nos han ayudado a ello, por su gran desempeño en el movimiento social. Se les debe transmitir el gran ejemplo que han dado cientos de militantes, que ofrendaron su vida, por nuestro pueblo. Al negro Valdés lo conocí de 14 años, a muchos no les caía bien, pero toda su vida se la dedicó al PC, hasta su muerte. Esos compañeros son los que necesitamos, ellos son los imprescindibles.

PG: Gracias compañero Alfonso por tu tiempo y esta entrevista.

AB: Gracias a tí, compañero.


Patricio González

 

 

 

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