“Seamos firmes, sencillas, incansables, valerosas”. “Seamos solidarias y sensibles, enamorémonos todos los días, seamos ágiles, livianas como las mariposas y fieras ante la injusticia”.

Gladys Marín MillieOtro mundo es posible y necesario, con fuerza de mujer.

Quién más que la mujer necesita un mundo distinto. Si damos vida, queremos que esa vida venga a un mundo bueno y que la vida sea buena para todos. Hoy, bajo este sistema capitalista neoliberal y los gobiernos que implementan estas políticas, la vida es muy injusta y dura. Y doblemente injusta para la mujer, tristemente injusta para la mujer trabajadora, para la mujer del mundo de los pobres.

Es injusta, es cruel, intolerable para cientos de miles de niños. Todos ellos son nuestros hijos, nuestra maternidad se debe extender a todos ellos. Sólo así seremos madres realmente.

Qué injusta, qué cruel es la vida para los adolescentes que vagan en las calles y cuyo mundo se limita a la esquina del barrio.

Vemos a las mujeres trabajadoras transitorias, eventuales en las pesqueras, en los talleres, en los hospitales, a la que vende diarios o caramelos, a la artesana, a la mujer temporera, a la mujer empleada en casas particulares, a las vendedoras de tiendas, promotoras, a la dueña de casa, a la pobladora de la toma de terreno, a la profesora, a la estudiante, a la profesional, a la escritora, a la artista: todas necesitan salarios dignos, empleos seguros, salud, educación, viviendas, salas cuna, guarderías infantiles en los lugares de trabajo y estudio y en los barrios.

Las palabras no sirven. La dictadura impuso un modelo autoritario, repreviso, confinó a la mujer al hogar, a labores “sólo el sexo”.

El 40% de hijos que nacen fuera del matrimonio son tan legítimos como los que nacen dentro de él. Los hijos ¡son hijos y punto! La izquierda ha luchado por años porque exista una ley de divorcio que proteja especialmente a los niños y a la mujer, y también reivindicamos la necesidad de reponer la ley sobre aborto terapéutico, derogada bajo la dictadura.

Los hombres saben, y nosotras mejor, que no salimos de la costilla de Adán, ni que lo obligamos a comerse la manzana. Y también sabemos que con cabellos largos o cortos y del color que se nos antoje, tenemos ideas profundas y extendidas.

Se necesitan cambios profundos que ni la derecha ni la Concertación podrán realizar. Nosotros, nosotras, gente de izquierda, tenemos la obligación de llevar adelante estas transformaciones.

El gran problema a resolver es el de la injusta distribución de la riqueza y la tremenda desigualdad que ella genera, ambos inherentes a este modelo neoliberal. Miren ustedes: entre los 587 multimillonarios del mundo, los más ricos entre los ricos, el “chileno” Andrónico Luksic encabeza por segundo año consecutivo el grupo de las mayores fortunas locales. Le siguen Eliodoro Matte y Anacleto Angellini. Y del otro lado están los más de dos millones de pobres excluidos del mercado del trabajo, a quienes se les niega un empleo. Si consideramos el grupo familiar, a un promedio de 4,4 personas por familia según cifras del INE, implica que el sistema condena a la pobreza a cerca de ocho millones de chilenos, o a más de nueve, si se incluye a los aproximadamente 400 mil trabajadores que ganan el salario mínimo. La cesantía, así como la pobreza, golpea más fuertemente a la mujer.

Cuando pretenden desde los cuarteles venirnos con amenazas, las mujeres progresistas, las mujeres chilenas, les decimos a las Fuerzas Armadas que no pretendan seguir arrogándose papeles que no les corresponden. Hoy o mañana tendrán que enfrentar los tribunales de justicia y asumir su valor, o su cobardía.

La vida es hermosa cuando se toma una decisión y se lucha a fondo por ella. Y nuestra decisión es tener una vida sencilla pero feliz para todos, con tiempos para conversar, para leer, para reír, para estudiar, para cuidar la naturaleza y naturalmente para amar.

Sólo queremos, como dijo Neruda, “un gran mantel para comer, con todos los que no han comido, un plato como luna, donde todos almorcemos, por ahora no pido más que la justicia del almuerzo”.

Exijamos, luchemos, por la justicia del pan y de la vida. Nosotras, mujeres, esposas, amantes, pololas, novias, hijas, ciudadanas, salgamos a trabajar y a luchar sin que nadie nos detenga. Sueltas como hojas al viento, al viento de la justicia, de la democracia y la libertad.

Seamos mujeres plenas, suframos por el dolor ajeno, seamos solidarias y sensibles, enamorémonos todos los días, seamos ágiles, livianas como las mariposas y fieras ante la injusticia. Seamos firmes, sencillas, incansables, valerosas. Seamos la fuerza, la lluvia necesaria que haga realidad Otro Chile Posible y Necesario.

¡Con Allende, mil veces venceremos!

(Este 6 de marzo de 2020 se cumplen 15 años del fallecimiento de la líder del PC, Gladys Marín Millie. Este es un artículo escrito por ella para El Siglo, cuando estaba en tratamiento en Cuba por su cáncer. Sintetiza su mensaje de lucha y reivindicación de las mujeres y por un país justos y equitativo).