Lunes 18 de Noviembre del 2019

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Los actores políticos que no se sumaron a la “cocina constitucional”

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Declaración pública ante propuesta para llegar a un acuerdo entre la oposición y el gobierno por nueva Constitución. Los presidentes de los partidos políticos, jefes de comité y parlamentarios abajo firmantes, ante la propuesta de llegar a un acuerdo entre los partidos políticos de oposición y gobierno para


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Carmona: Demanda de nueva Constitución “ha cruzado a todo Chile”

 
Carmona: Demanda de nueva Constitución “ha cruzado a todo Chile”

“Sobre más de mil cabildos es un tema transversal”. Secretario general del PC habla también de la vara puesta a los partidos por el movimiento social.

Hugo Guzmán. Periodista. 29/10/2019Llama la atención como se instaló, en este contexto de la revuelta social y las demandas ciudadanas, el tema del plebiscito y la nueva Constitución, que parecía olvidado.

La demanda y la exigencia de convocar a plebiscito y la insistencia en plantear la necesidad imperiosa de una nueva Constitución, en el camino de cambiar este modelo, ha cruzado a todo Chile, al movimiento social, a las fuerzas políticas. Eso tiene que ver con tener recursos para el desarrollo del país, con tener salarios justos, pensiones justas, con una democracia fortalecida, con mecanismos de participación.

Este tema salió fuerte en los cabildos autoconvocados de estas semanas.

El papel de los cabildos como espacios de democracia participativa que se instalaron con una explosión de cantidad de gente en todo el país, es ser el lugar donde movimientos sociales, partidos políticos, la ciudadanía, intercambien sobre las prioridades de los cambios que se reclaman. Sobre más de mil cabildos, de acuerdo a la información que conozco, un tema transversal es nueva Constitución. Eso da cuenta de que la gente percibe y sabe que eso es fundamental para atender las necesidades. También en los cabildos salió el tema de tener salarios mínimos por sobre la línea de la pobreza, otro tema transversal es pensión básica igual al salario mínimo. A lo menos esos tres puntos. De ahí se van sumando demandas, por ejemplo, de los territorios. Debemos comprometernos para que se mantengan y se multipliquen los cabildos, muchos de los cuales surgieron en un corte de arteria, de una calle. Mientras la gente hacía un corte en una esquina, también conversaban y fue el embrión del cabildo y que después terminaron en largas jornadas de trabajo, de hasta ocho horas. Quiero decir que en eso, la obligación de los partidos políticos es trabajar para que eso sea vinculante. Hacerse cargo de los acuerdos de esos cabildos y llevarlos a todos los espacios de la política. Debiera ser un compromiso de todos los militantes estar en los cabildos, así como la presencia activa contribuyendo en los organismos sociales. También estar en la organización comunal que vela por los derechos humanos, que junta cuadros, hombres y mujeres de luchas históricas, con profesionales y pobladores jóvenes, con estudiantes, y que están atentos a no dejarle pasar ni una a una fuerza represiva que viole los derechos humanos. Hay una relación directa entre estas grandes olas de movimiento que reclaman sobre grandes temas, con el nivel de organización que esos temas alcancen. Está el cabildo del barrio, y también el cabildo de la comuna como una voz autorizada que obliga, por ejemplo, a que los concejales, los alcaldes, se pongan a disposición de esos cabildos, recojan las demandas. Eso es una conquista de una calidad distinta de la democracia participativa.

La vara alta para los partidos políticos

Antes que sucediera el estallido social, la oposición estaba en un debate respecto a coordinarse, converger, unirse. ¿Esta situación ayudará o posibilitará una convergencia en la oposición?

La circunstancia que está cruzando pone una vara de la cual nadie podría ponerse por debajo, si de verdad quiere reivindicarse como representante de sectores populares y de las demandas que se han expresado en estos días históricos y heroicos. Subió el piso de la exigencia, de la reivindicación, de la demanda, para lo que es la representación que hacen los partidos políticos. Ahí hay un tema cualitativo muy importante. Del cosismo, de dos o  tres medidas cosméticas para mejorar las apariencias, hemos llegado al tema de fondo. Es el modelo neoliberal que repercute en políticas económicos que son de abierta desigualdad y precarización de salarios, pensiones, jornadas de trabajo, salud, vivienda. Repercute en las políticas sociales y las obligaciones del Estado. También es la demanda de calidad de la democracia y la necesidad de una nueva Constitución. Es decir, la vara está puesta en otro nivel. Está por verse las evaluaciones de cada partido porque es evidente que llevada a una tensión máxima la situación social, devela quienes están por transformar el modelo, cambiar el sistema neoliberal y poner un sistema de justicia social, y quienes están por hacer unos arreglos al modelo y no hacer nada que no esté dentro de los márgenes establecidos. Va a existir una salida, que nos va a distinguir a unos de otros. Veremos el veredicto que tendrá el movimiento que levantó estas banderas.

En ese marco, y porque vienen elecciones, mucha gente afirma que ojalá estos millones que se movilizan o expresan descontento, vayan a votar.

Todo va a depender de la calidad de la reivindicación que cada partido va a representar. Porque si alguien pretende hacer juego de piernas, decir que hay que escuchar porque esto fue muy fuerte, que hay que volver a la normalidad, que hay que tener paciencia, que las cosas son progresivas, y lleva eso a los debates electorales, va a recibir el repudio, y quizá no con la negación del voto de la gente, sino con una abstención mucho más grande y mucho más peligrosa. Por eso los partidos políticos tenemos obligaciones, va depender de la consecuencia, de la consistencia, la perseverancia, la coherencia con que recojamos y representemos estas demandas, como nos vean. Y si así lo hacemos, seremos una opción, y si van millones a votar, podremos cambiar el modelo imperante. Estoy seguro que la gente actuará en consecuencia, porque todo esto no es una rabieta, no es una irracionalidad, es una protesta con contenidos y con consciencia de lo que se necesita y se reivindica. Eso lo dicen desde los más jóvenes hasta los más adultos.

Pueden surgir “cocinas”, arreglos…

Si alguien va a hacer las cosas entre cuatro paredes, va a hacer muchas “cocinas” para faenar estas demandas, pidiendo que el pueblo no se dé cuente, no fiscalice, no controle y no exija que se le respete, va a cometer un tremendo error político. La participación masiva en las futuras contiendas electorales, está directamente vinculada también a cómo los partidos del mundo popular, progresista, de izquierda, recogen las demandas del movimiento social, se ganan la confianza de los movimientos. Ahí hay una clave. Sentir que el movimiento social y ciudadano, y particularmente el movimiento sindical, tiene capacidad política para ser contribuyente en promocionar puntos de convergencia y exigirle a los partidos que jueguen su papel.

La clave de las claves en esta etapa será la movilización

Pregunta obligada: ¿Qué mirada tiene el Partido Comunista de los últimos acontecimientos?

Hay muchas formas de mostrarlo, de argumentarlo, pero la conclusión es que hubo una explosión social multitudinaria que recorre todo Chile, desde grandes ciudades hasta pequeñas comunas, que tiene una expresión de una tremenda anchura social, que representa fielmente lo que es el pueblo de Chile. Un pueblo que se pone en movimiento hastiado para terminar con el modelo imperante. Bien dice una de las afirmaciones de estos días, “no son 30 pesos” por el aumento del pasaje del Metro, sino que son 30 años en referencia a la extensión de una transición que frustró las expectativas, los legítimos derechos y demandas de un pueblo que luchó para terminar con una dictadura y conquistar un sistema democrático y equitativo. Pero lo que se instaló fue un modelo neoliberal al extremo, que excluye, que margina, que es elitista, que promueve privilegios, y limita las posibilidades de grandes sectores de la sociedad.

Se habla mucho de que todo esto fue espontáneo.

Es un proceso que se venía anunciando desde las grandes movilizaciones de los estudiantes, desde las convocatorias de la Central Unitaria de Trabajadores a protestas, paros y primeros de mayo, la gran expresión de la protesta contra el sistema de AFP y No+AFP, las movilizaciones de las mujeres por sus demandas y sus derechos, de los pueblos originarios, es decir, había una insistente advertencia de un malestar creciente que reclamaba derechos que este sistema no entrega. Creo que habría que leer lo de los altos niveles de abstención electoral como forma de repudio y protesta a decisiones políticas que se tomaban. Desde esa perspectiva, si bien es cierto se puede ver una expresión espontánea y la masividad que alcanza en 48 horas, también se ven los contenidos que se exponen y hay coincidencia en cuestionar el modelo neoliberal. Las demandas no tienen nada de espontáneo, son claramente una representación de la consciencia de la gente y de que esto debe cambiar.

¿Esto interpela, le pone desafíos a la izquierda chilena?

Sin ninguna duda. Los partidos políticos y en particular los partidos de izquierda, el Partido Comunista entre ellos -lo digo sin ningún afán que no sea rigor con la verdad-, tienen obligaciones en estos momentos. Nosotros tenemos la disposición de cumplir con nuestras obligaciones, corregir lo que sean atrasos como en la riqueza del vínculo con el movimiento social. Estamos por estar juntos con el movimiento social que se ha representado. Es un mandato que surge de lo que reclaman millones en las calles, y ahí hay un desafío de los partidos de izquierda, incluido el PC, de cómo se sigue profundizando y enriqueciendo el vínculo con el pueblo y con las demandas. Hay que considerar la experiencia que existe de vincular la lucha social con las demandas políticas, eso es un elemento importante. Tenemos un movimiento social que sabe relacionar sus demandas con demandas políticas como una nueva Constitución y la lucha por los derechos humanos.

¿No hay peligro que desde los partidos se tienda a parlamentarizar todo esto?

Por lo menos desde el Partido Comunista hay una convicción del rol protagónico y decisivo del movimiento popular y social. Las luchas sociales tienen una relación dialéctica con el trabajo de representación en los espacios como el Parlamento o de votación popular. No puede -para los comunistas nunca ha sido así- restringirse la lucha por las transformaciones, solo a espacios como el Parlamento. Tiene que haber una relación con el movimiento social. Eso es vigente ahora. La lucha política se expresa en todos los espacios que tiene la sociedad, cada uno en lo propio, y la clave de las claves en esta etapa será la movilización y la exigencia consciente de sus demandas que haga el movimiento popular movilizado.

Guerra interna contra el pueblo

El gobierno insiste en priorizar un discurso de vandalismo, de delincuencia, de violencia. Y le exige a la oposición definiciones sobre eso.

En estos días hemos visto a un pueblo movilizado masivamente por sus demandas. Hemos visto a casi todo el territorio movilizado, vimos una gran marcha, hemos visto las movilizaciones. Entonces, cuando el gobierno interesadamente quiere poner el foco en las alteraciones que tiene un estallido de las connotaciones que hemos visto, y quiere marcar sólo allí, está equivocado y estás desvirtuando las cosas. Además, no ha existido ningún organismo del movimiento, o asociado a la Mesa de Unidad Social, o a la CUT, o a algún partido político, que haya convocado a esos atentados al Metro, o al comercio. No hay ninguna responsabilidad en eso desde la convocatoria del movimiento social. El Partido Comunista tampoco lo ha hecho. La gente se hace una pregunta: ¿Por qué con tanto dispositivo policial y militar en la calle se descuidaron resguardos de sistemas públicos como estaciones y vagones del Metro? Entonces, uno tiene la legítima duda de preguntarse qué estás detrás de estos atentados, a quienes les sirven que se busque descalificar la movilización por este tipo de hechos. También se busca atemorizar al movimiento, bajarle el perfil, disminuirlo, es un viejo truco de los aparatos del Estado. Hay otra pregunta: ¿Quién indicó que estaba en guerra? ¿Guerra de qué, contra quién? ¿Quién decretó el Estado de Emergencia y el Toque de Queda? ¿Quién sacó los militares a la calle a tratar de controlar las manifestaciones, tal como lo hizo la dictadura?

Hay un tema de violaciones a los derechos humanos.

Así es. Se han vulnerado derechos de la sociedad, hay víctimas. Hay un gran papel en estas semanas de los organismos de derechos humanos, del Instituto Nacional de Derechos Humanos. Hubo un Estado de Emergencia, Toque de Queda, salida del Ejército a la calle que implicó, hasta el momento de esta entrevista, más de 3 mil detenidos, más de mil heridos, la mitad de ellos con arma de fuego, unos 200 heridos oculares, muertos con clara demostración de participación de agentes del Estado. Es decir, lo que hizo (Sebastián) Piñera al disponer del Ejército en las calles, el despliegue de las fuerzas represivas de Carabineros, y otras medidas, fue la implementación de un real terrorismo de Estado. Eso es lo que políticamente no se puede permitir y se deben usar todos los recursos que signifiquen, que los responsables o él responsable asuman las consecuencias. Esto no fue un día, fue por muchos días, represión y violación a los derechos humanos. Se ha ejercido una guerra interna contra un pueblo movilizado que reclama derechos, legítimos y justos.

Publicado por: elsiglo.cl

 

 

 

 

 

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