Lunes 18 de Noviembre del 2019

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LALÍN Y LOS VIEJOS DEL SECOND HAND

 

 

LALÍN Y LOS VIEJOS DEL SECOND HAND

 

EL VIEJO

 

                Otoño. A fines de octubre, específicamente es un sábado, son cerca de las once de la mañana. Música de fondo, el cantautor Pancho Villa. Miro a través de la ventana. Los árboles se van despojando de su vestido de hojas. El amarillo, el naranjo, se baten lentamente en retirada. Un verde desteñido se apega a la tierra. Charcos, sin niños jugando en ellos, invaden los senderos. Ha llovido toda la noche. Lluvia que no sentí. Dioses, me estoy quedando pegado a esta estación otoñal que parece acompañarme en el estadio justo donde me encuentro: etapa otoñal. Tengo mis buenos años. Fuera, fuera, este preámbulo que seguramente está demás. Vamos a lo que deseo contar.

 

LALÍN

 

                No sé por qué extraña razón me dejo caer los martes y los jueves en el Second Hand. De vez en cuando compro algún objeto. De pronto siento el llamado, es algo superior a mis fuerzas. Lento camino hacia el primer salón donde se encuentra la cafetería. Allí están ellos hablando en voz alta, riendo sin reprimir las carcajadas, mirando los más osados a las damas atractivas, sugerentes, que circulan alrededor. Allí están “los viejos” como los denomino. La mayoría están pensionados. Los pocos trabajan y se las arreglan para abandonar sus labores y ser parte de esa extraña cofradía. Me incorporo, me saludan amablemente, también agregaría con cariño. Y de nuevo me pregunto, pero qué hago aquí, si siempre están hablando de los mismo? El golpe militar, el gobierno de la Unidad Popular, comentarios políticos, un poco de deportes, pero siempre lo mismo. Ya sé casi de memoria de que va a hablar cada uno de los cafeteros. Conozco el mensaje de cada cual. Me prometo no volver, sin embargo no cumplo mi promesa y ahí estoy nuevamente en esa mesa blanca de la cual se han adueñado. Tengo cuarenta años, cualquiera de ellos podría haber sido mi padre. Si fuera a un psicólogo, tal vez me diría que ando buscando la figura de mi padre entre esos viejos.

               

EL VIEJO

 

                Ha terminado el CD de Pancho Villa. El canto del ángel, grande Pancho, hermosos versos, gratas melodías. Cambio de música. Es el turno de Frank Sinatra, pero qué cambio. Es que me gusta La voz, y, además, todavía deseo aprender el inglés. Lalín, simpático el chico, me gusta cuando interviene con su vehemencia casi juvenil. Expresa lo típico, hay que dejar paso a lo nuevo, lo viejo no sirve. Nos mira y esboza una sonrisa socarrona. Todos les decimos lo mismo. Aún es tiempo Lalín, estudia, estudia, saca un título. Pero no nos hace caso. Sueña con dar el palo al gato, hacer el negocio del siglo. Se levanta del asiento, se aleja, luego regresa con un montón de caramelos que deja sobre la mesa. Seguro que nos quiere matar lentamente, la mayoría somos diabéticos o tenemos problemas con el colesterol.

 

LALÍN

 

                Y siempre el mismo consejo. Estudia Lalín , saca un título. Pero estudiar, ahora, a mis cuarenta años. No me lo creo, soy demasiado disperso. Hago mis trabajos mecánicos en un taller de un amigo, no tengo horario fijo, me cargan los horarios fijos, soy un alma libre. De vez en cuando compro un auto,lo reparo y luego lo vendo. Es por el momento. Tengo que hincarle el diente a algo más grande. Estoy casado, dos hijos varones, a ellos nunca les voy a fallar. Algunos detalles de los viejos. Hay dos hermanos que penan y sueñan con volver a la patria e instalarse en El Quisco, zona playera en la cual nacieron y se criaron. Hay un trío que son de Valparaíso, siempre sueñan con cerros y ascensores. Hay uno que se las de escritor y prácticamente nos obliga a comprarle sus libros y se enoja porque no los leímos. Hay otro que fantasea con sus mil canales de television y es él más rápido para hacer empanadas de hornos. Hay otro que cuenta una y mil veces cómo la sufrió cuando estuvo en Argentina, luego en Venezuela, en Colombia. Hay otro, calvo, serio, aunque cuando se ríe echa toda la carne en el asador. En realidad se las da  de serio y de intelectual, no es para tanto. Hay un viejo que llegó poco tiempo atrás al grupo, hace quesos en una villa que tiene y cuenta historias de extraterrestes. Él dice que los yanquis no llegaron a la luna y que además la tierra es plana. Llego hasta aquí, puede que más de alguno piense que le estoy poniendo mucho.

 

EL VIEJO

 

                De pronto ha sucedido en Chile un acontecimiento que nos descoloca a todos en el grupo. Nadie lo vaticinaba. El pueblo de Chile, cansado hasta la saciedad por la desigualdad social, por la mala salud, la educación elitista, la corrupción de los políticos, de los militares, de los carabineros, suma y sigue, salió a la calle a protestar por el alza de la locomoción. Fue la gota que rebalsó el vaso. Resultado: varios muertos, centenares de heridos, muchos detenidos. Neruda, seguro que volvería a escribir esos versos que dicen:  “venid a ver la sangre por las calles, venid a ver la sangre por las calles…”.

 

LALÍN

 

                Llegué temprano al Second Hand. Solo estaba el Viejo bebiendo un café en solitario. Le conté abiertamente lo que estaba tragándome. “Profe, estoy mal, los malditos carabineros o los malditos milicos, han asesinado al mejor amigo que he tenido en mi vida desde la infancia. El Diego era la persona más buena y esforzada que he conocido, aunque nunca lo acompañaba la suerte. Provenía de un familia pobre, el padre era un modesto obrero de una fábrica de loza, eran como ocho hermanos. El Diego sacó la enseñanza básica y a trabajar en cualquier cosa para ayudar a la familia. Bueno para el fútbol. La última vez que jugamos juntos, ambos cerca de los veinte años, sacamos campeón al equipo del barrio. Profe, aún recuerdo la jugada con la cual ganamos el partido. Han pasado veinte años pero es como si fuera ayer. Entrenamos la jugada. El Diego cogería la pelota por el costado derecho, era marcador de punta, me la pasaría a mí que jugaba de delantero, yo se la devolvería, él avanzaría como un celaje hasta llegar a la línea de fondo y de ahí me la devolvería haciendo el pase de la muerte. Yo, antes de recibir el balón, me llevaría a los centrales y luego retrocedería un paso para quedar libre de marca y disparar al arco a placer. Estamos en el segundo tiempo casi al final de la brega, el Diego me grita, para que yo lo entendiera bien, “ahora maricón”. Inició la jugada y yo la culminé haciendo el gol del triunfo tal como lo planeamos. Lo celebramos con un tremendo abrazo y rodando por la cancha de tierra. Años más tarde, en la selección chilena, Gary Medel, el "Pitbull" y el Poeta Orellana harían la misma jugada, calcadita, para ganarle a Argentina uno por cero con Messi y todo en la cancha. Profe, cómo celebramos el triunfo. Habíamos ganado el campeonato comunal de Conchalí. Confieso que se nos fue la mano y ambos por primera vez nos emborrachamos. Al poco tiempo, con mi familia, nos estábamos yendo a Suecia como lo hicieron tantos compatriotas. Por circunstancias de la vida mi padre se quedó en Chile. Seguí comunicándome con el Diego. Se casó con una chica del barrio,una vecina, unos cuantos hijos. Siempre trabajando en uno y otro oficio. Vivía en la casa de los suegros, buenos viejos que lo apoyaban. Y así fueron cayendo los calendarios. Yo también me casé. De vez en cuando me arrancaba a Chile. Algún negocio que al final no llegaba a nada. Siempre en contacto con el Diego que no levantaba la cabeza económicamente. Yo le decía: “Compadre, vayase a Suecia, yo le compro el pasaje, aquí no tiene ningún futuro”. Él siempre me contestaba que este era su país, igual lo quería, que nunca lo iba a abandonar, y que algún día todo iba a cambiar para bien. Profe, el Diego se embarcó en la protesta y a la primera de cambio me lo matan… me lo matan. Profe; lo estoy pasando mal, muy mal.

 

EL VIEJO

 

                Busqué las viejas palabras de siempre para consolarlo y levantarle el ánimo.  Me quedó mirando profundamente a los ojos. Estimaba a Lalín y me dolía  el verlo sufrir. Al final le dije que lo primero que debíamos hacer era participar en las concentraciones de apoyo que iban a realizar los chilenos en el centro de Estocolmo. Luego él debía ponerse las pilas y honrar la memoria de su amigo  estudiando y sacando un título, una profesión, que eso no lo  dispensaba de hacer algún negocio en el futuro y darle el palo al gato. Me quedó mirando con una mirada que me recordó al actor Pierce Brossnan que también protagonizó a James Bond. Cogió una servilleta, se limpió unas lágrimas que se asomaron a sus ojos negros sin esfuerzo alguno. No me alcanzó a contestar, venían llegando los otros compañeros.

 

LALÍN

 

                Pero qué cantidad de gente. Estoy asombrado por los cientos y cientos de jóvenes que marchan por Chile. Orgulloso porto la tricolor. La hago ondear. Voy en el grupo de los viejos del Second Hand. Los trágicos sucesos de mi patria nos han conmovido a todos. Chile renace, Chile da paso a la esperanza, Chile dice no a seguir viviendo en forma indigna. Y yo marcho por mi país, mi tierra, y yo marcho por ti Diego querido, Diego amado. Por ti estudiaré, sacaré un título. Te aseguro Diego que a tus hijos no les faltará nada. Los viejos del Second Hand se han comprometido conmigo para ayudar a tu familia economicamente. Esos son gestos nobles, solidarios. Ya no basta con la pura palabrería. Otra vez, en los altoparlantes, se escucha ”El pueblo unido jamás será vencido” que es coreado por la multitud.

 

EL VIEJO

 

                Estamos nuevamente en el Second Hand. El último en llegar es Lalín. Nos dice que está haciendo los trámites para meterse en un curso que va por los caminos del deporte. Se le ve diferente, ganoso, su energía nos desborda, dejamos a un lado nuestras respectivas enfermedades. Pronto nuestras conversaciones vuelven a lo mismo. Lalín nos mira con cariño, con respeto. Se va, pronto vuelve con un puñado de caramelos. Se va a su trabajo, se despide con una sonrisa en los labios. Me voy a casa caminando. Me empapo del otoño sueco, pero qué bello es. Las hojas, convertidas en hojarasca, me recuerdan otros otoños y un parque, ubicado a las orillas del río Mapocho, en el cual estoy con mi novia. Llego a casa un poco cansado, noto que ya no estoy para largas caminatas. Coloco un CD. Violeta Parra me canta Gracias a la vida. Termino estas líneas que se las haré llegar al escritor del grupo para que las convierta en un relato que a lo mejor sus amigos leerán.

               

Nota: Este relato está dedicado a mi amigo Lalo, al pueblo de Chile y a todos aquellos caídos, asesinados, en las protestas contra el gobierno de Sebastián Piñera.

 

Otoño, octubre 2019

Roberto Farías Vera

 

 

 

 

 

 

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