Lunes 18 de Noviembre del 2019

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“Gobierno está generando una operación de cooptación del movimiento ciudadano”

 

“Gobierno está generando una operación de cooptación del movimiento ciudadano”

Académico Ernesto Águila advirtió que Piñera hará eso “por la vía de intentar hacerse cargo superficialmente de algunas demandas e instalar dispositivos de diálogo”.

Hugo Guzmán. Periodista. 26/10/2019. El académico y columnista Ernesto Águila advirtió en entrevista con ElSiglo.cl que el gobierno de Sebastián Piñera “está generando una gran operación de cooptación del movimiento ciudadano, por la vía de intentar hacerse cargo superficialmente de algunas demandas e instalar dispositivos de diálogo sumándose a ideas que han salido del espacio opositor, como los cabildos”.

Enfatizó que “ellos van a impulsar una iniciativa de ‘diálogo social’ los próximos meses para hacer un simulacro de participación social”.

Apuntó, en esa línea, que “la izquierda cometería un grave error, y por suerte no lo cometió, de concurrir a un diálogo con el gobierno”.

Águila opinó que los actores sociales y sindicales tienen que instalarse con fuerza en este escenario y ser los interlocutores ante las autoridades. También habló de los logros ya conseguidos por el estallido social y la movilización popular.

¿Qué pasó, por qué ocurrió el estallido social del 19 de octubre, la semana completa de protesta social nacional, la multitudinaria marcha del 25 de octubre?

Han existido distintas interpretaciones. Quedó claro que existía un malestar y una rabia acumulada desde mucho tiempo, en una sociedad donde se había naturalizado el abuso y la desigualdad social, que incluso era objeto de sorna por parte de autoridades de gobierno. En un momento hizo más sentido en la sociedad por un hecho importante pero acotado, como el alza del pasaje en el Metro. Desde ahí se produjo el movimiento social más importante desde el retorno a la democracia, no solo por su masividad, sino porque en ese malestar y esa movilización hay un cuestionamiento al modelo neoliberal y a las lógicas sociales y de vida que este modelo genera. Van a haber intentos por desvirtuar ese hecho. El gobierno hará el intento por ofrecer una lectura de este movimiento desde una lógica de que con esto nada cambia, va a querer subirse a este carro, buscar reinterpretar lo sucedido y evitar cualquier cambio de fondo. Pero lo que es claro que este movimiento y estallido social expresa malestares profundos con un modelo económico-social profundamente injusto que genera una práctica permanente de abuso y brechas de desigualdad tremendas.

¿Hay una mezcla de enojo, consciencia y espontaneidad en lo ocurrido?

Me parece que lo que sí tiene como característica este movimiento social, además de su masividad, es una cierta inorganicidad, expresada en que no existe hoy un actor social o político que haya originado todo esto, y que por otra parte tenga ascendiente suficiente sobre la sociedad movilizada como para decir que estas son “las” peticiones o las demandas que deberían incluirse para generar una solución. Estamos evidentemente ante algo nuevo. Eso tiene un riesgo. Que distintos actores que no quieran cambios busquen interpretarlos. Mira, yo leo el giro copernicano del discurso del gobierno que incluye el fin del Estado de Emergencia, el fin del Toque de Queda y un cambio de gabinete que se ve profundo, el que el Presidente (Sebastián Piñera) se alegra por la marcha del viernes, y eso tiene que ver con pasos que quieren dar. El gobierno está generando una gran operación de cooptación del movimiento ciudadano, por la vía de intentar hacerse cargo superficialmente de algunas demandas e instalar dispositivos de diálogo sumándose a ideas que han salido del espacio opositor, como los cabildos. Creo que ellos, en el gobierno, van a impulsar una iniciativa de “diálogo social” los próximos meses para hacer un simulacro de participación social que les permita intentar desarticular el movimiento y apropiarse y cooptar a una parte del movimiento en esta etapa. Van a entrar en una lógica de tratar las demandas en una línea de “escuchar” y a partir de eso construir una legitimidad para hacer cambios cosméticos que les permita no cambiar nada esencial de las bases del modelo, ni menos abrir paso a un proceso constituyente que permita avanzar a una Constitución donde no esté protegido el modelo neoliberal. Ahora lo que hay que denunciar es este intento burdo de Piñera de una manifestación en contra de él transformarla en una manifestación que él puede interpretar, manejar, desde su propio interés, proyecto y reconducirla con medidas de técnicas blandas de participación que no serán otra cosa que cooptación de las demandas y desarticulación del movimiento social.

En este cuadro, ¿cuál es el desafío de la izquierda orgánica?

Este es un movimiento de rechazo a la precarización de las condiciones de vida, a la desigualdad y el abuso, pero también expresa una decepción, una crítica, al sistema político representativo, y eso es necesario asumirlo como tal. Eso abarca, en general, a los partidos de izquierda, nuevos e históricos. Creo que en estos momentos la izquierda orgánica, los partidos de izquierda, lo que debieran hacer -es mi opinión- es ponerse al servicio del movimiento y facilitar mucho la constitución e instalación de actores sociales fuertes expresado hoy en dos instancias que visualizo: una es Unidad Social y la Asamblea por el Pacto Social. Me parece que son hoy de las iniciativas y organizaciones más fuertes que están en el escenario. Tienen que coordinarse, diseñar una cierta visión conjunta, y estar como actores sociales en este momento. La izquierda orgánica cometería un grave error, y por suerte no lo cometió, de concurrir a un diálogo con el gobierno porque eso es intermediar y asumir unos grados de representación que hoy no están, no existen, por una fractura entre lo social y lo político. Lo que corresponde es trabajar por la conformación de esos actores sociales y que esos actores presenten sus demandas y sean ellos quienes interlocuten con el gobierno en términos de los proyectos reivindicativos, económicos y sociales que están a la vista. La izquierda tiene que favorecer ese proceso y transformar a los actores y representantes sociales en interlocutores directos con el gobierno. Por otro lado, tiene que explorar iniciativas que permitan hacer avanzar la idea de una Asamblea Constituyente y de una nueva Constitución. Una iniciativa a tener presente es un proyecto de ley que quedó pendiente en el Parlamento y que permite reponer la idea del plebiscito y que sea por ese mecanismo que se dirima el llamado o no a una Asamblea Constituyente y la creación de una nueva Constitución Política. Se puede plantear un plebiscito dirimente que también sería un plebiscito sobre el propio modelo neoliberal.

El sistema político actual, el modelo neoliberal, ¿se agrietó, recibió un golpe duro?

Sí. Yo creo que hay que sacar la siguiente cuenta. Este neoliberalismo nuestro, del país, tan extremo, como experimento neoliberal duro, es incompatible con una democracia plena. Desde 1973 hasta 2019 el neoliberalismo chileno nunca ha gobernado con una forma democrática plena. Lo hizo primero, durante 17 años, con dictadura. A partir del ’90 lo hizo con un conjunto de mecanismos contra-mayoritarios como el Consejo de Seguridad Nacional, senadores designados, los altos quórum de la Constitución, el sistema binominal. Lo hizo ahora, en estas semanas, con un Estado de Emergencia, con militares en la calle. No está comprobado que este neoliberalismo, con este nivel de extracción de la ganancia por parte de los empresarios, con ese nivel de abusos y desigualdades, pueda coexistir con una democracia plena. Ese test no lo ha pasado nunca este modelo económico, político y social. Lo que quedó en evidencia en esta coyuntura también es que hay una contradicción clara entre neoliberalismo y democracia.

Mucha gente dice en sus casas, en la calle, en los barrios, en encuentros de amigos o familiares, ¿habrá servido esto de algo, qué pasará después, va a seguir todo igual?

La sociedad movilizada, las personas que protestaron, tienen derecho a considerar un triunfo de ellos que se levante el Estado de Emergencia, que se termine el Toque de Queda, que se haya echado para atrás el alza del pasaje del Metro. Creo que el millón de personas que marchó en las calles el viernes, marchó por muchas cosas. Pero se derrotó el Estado de Emergencia, y creo que la derecha va a volver a pensarlo más detenidamente si instalar un estado de excepción, porque hubo una gran rebeldía, una gran desobediencia civil, por las características del modelo, pero también por la instalación del Estado de Emergencia y el Toque de Queda. Creo que la ciudadanía derrotó eso y derrotó la presencia el Ejército en las calles. Ahora, es un triunfo parcial, porque no hemos entrado a los temas de fondo como es cambiar el modelo neoliberal y para cambiar ese modelo se necesita una nueva Constitución política y ese es el desafío que sigue estando pendiente. Es justo reconocer y alegrarse de que la ciudadanía movilizada derrotó la estrategia de la guerra y se anotó un triunfo al lograr que se levanten los estados de excepción y se ponga fin a los Toques de Queda.

¿Coincides en que esto fue un parteaguas, que desde el 19 de octubre hay otro Chile?

Lo que cambió y es difícil que se reponga, al menos a corto plazo, es que la sociedad le cambió la agenda a este gobierno de derecha y al empresariado. Ellos volvieron al gobierno con un discurso de que en realidad el problema de la desigualdad es secundario y que el problema es el crecimiento económico. Volvieron con el objetivo de la restauración neoliberal. Sí cambió el país, al menos por un tiempo importante, en esa lógica y esa agenda de la derecha que ahora fue derrotada. La gente impuso nuevamente una agenda prioritaria centrada en el fin de los abusos y en la desigualdad social y la precarización de la vida. También apareció con bastante fuerza y sería un cambio que habría que consolidar, es la toma de consciencia de la gente de que se requieren de soluciones de fondo, no acotadas ni parches, la crisis requiere de soluciones estructurales. Estas agendas sociales parciales o estos simulacros de participación, no sirven. Veo más consciencia de la gente de no ser engañada nuevamente o que esto se resuelva con medidas gatopardistas o acotadas, con cambios para que nada cambie. Hay más consciencia sobre eso y, por lo tanto, tiendo a pensar lo que dice esa consigna en las calles de “Chile despertó”, es decir, hay una idea de que este es un Chile con mucha más claridad de lo que se pensaba. En esto puede que sea un parteaguas, un punto de no retorno.

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