Martes 25 de Febrero del 2020

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Barraza: La ciudadanía exige “coherencia y consistencia” ante demanda social

Ex ministro de Desarrollo Social sostuvo que el país “transita hacia una sociedad de derechos, o se degrada aun más en términos de una sociedad de mercado”.

Hugo Guzmán. Periodista. 26/10/2019. En entrevista, el ex ministro de Desarrollo Social durante el gobierno de Michelle Bachelet, Marcos Barraza, se mete de lleno en la coyuntura marcada por el estallido social, analiza la respuesta del gobierno, se mete en el fondo de esta realidad chilena, no deja de decir que la izquierda está interpelada a responder y pone en el centro de la profunda desigualdad existente en Chile como factor de esta crisis social y política.

Indicó que ante el escenario el Gobierno ofreció “pequeños mitigadores” y “está intentando reconstruir una agenda con quienes no representan al mundo social”. Enfatizó que la administración piñerista “aspira al aburrimiento del movimiento social” y sostuvo que “el Presidente busca medidas encapsuladas para encapsular al movimiento social”.

Barraza dijo que las fuerzas progresistas y de izquierda tienen un enorme desafío y “eso supone que nadie pretenda arrogarse la representación de este movimiento amplio y masivo, sino que se pongan al servicio…para interpretar correctamente las demandas sociales”.

Insistió en que “cualquier acuerdo que se pretenda edificar sobre la base de la exclusión, de no mirar la aspiración mayoritaria de la sociedad, es una solución que empeora la crisis”.

¿Cómo caracterizarías las respuestas del gobierno ante esta coyuntura, en lo global?

Creo que el gobierno, en algún momento de su análisis, concluyó que el agobio y el rechazo a sus políticas en el plano económico, de la agudización de su programa neoliberal, había generado tal malestar en la ciudadanía, que la única respuesta para mantener el orden político, era la represión policial y militar. El gobierno actuó traspasando las fronteras de un gobierno democrático, situándose como una dictadura velada. Estos son días en que el gobierno desplegó una violación sistemática de derechos ciudadanos y de los derechos humanos. Estamos con varios testimonios y denuncias de vejámenes, golpizas, agresiones, disparos de perdigones, además de lo que fue el Toque de Queda, el Estado de Emergencia y la salida del Ejército a las calles en muchas ciudades.

¿Más que una respuesta social y política, el gobierno priorizó por una respuesta autoritaria y militarizada?

La respuesta social que dio, con las medidas que anunció, son absolutamente insuficientes. Si se desmenuza cada una, son pequeños mitigadores pero no alteran en nada la desigual distribución económico y de poder en el país, que es lo que a la gente la tiene molesta y lo que la gente quiere que cambie. La manifestación social vivida, tiene una dimensión económica, hay una mayoría nacional que está cansada de los abusos en materia de derechos sociales y que se lucre con sus derechos, en salud, en educación, en vivienda. Es una mayoría cansada de un sistema político que se edifica sobre la base de un modelo de democracia restrictivo, que no reconoce la participación del pueblo como un componente activo. Más aún, las instituciones del Estado han sido capturadas por la corrupción o por la falta de probidad. Y también es cultural todo esto, porque el agobio tiene que ver con que en una sociedad de extremado clasismo y segregación, los patrones de convivencia democrática se van deteriorando y emergen las desigualdades de poder con mucho más fuerza. Creo, por eso, que la agenda de gobierno agudiza las políticas neoliberales, es el programa más violento en términos neoliberales desde la dictadura y por lo mismo se haberse consolidado ese programa de gobierno, estaríamos asistiendo a un Estado neoliberal aún más minimalista desde el punto de vista de las garantías ciudadanas. La respuesta que se vio en las calles, en la protesta social y la desobediencia civil, es prolegómeno que antecede un punto de inflexión. O la sociedad chilena transita hacia una sociedad de derechos, o se consolida y se degrada aun más en términos de una sociedad de mercado.

¿Eso quiere decir que las medidas anunciadas por el Presidente Sebastián Piñera, en tanto insuficientes, pueden agudizar la situación?

Podrían llegar a agudizarlas. Cuando el Presidente anuncia el aumento del ingreso mínimo de 301 mil pesos a 350 mil pesos, pero a reglón seguido lo condiciona a una jornada efectiva de 45 horas, no a las 40 horas que está legislando en el Parlamento y que es una demanda nacional, y además establece que ese aumento salarial sería sobre la base de subsidios del Estado, lo que está diciendo es que no hay redistribución del ingreso y de las ganancias por concepto de trabajo justo, sino que el Estado está absorbiendo las injusticias y las desigualdades del mercado laboral. Por eso digo que son insuficientes, no apuntan a que la situación cambie realmente, y deja las cosas pendientes. Por lo mismo es tan importante los pasos que den hoy los partidos y el movimiento social. Cualquier acuerdo que se pretenda edificar sobre la base de la exclusión, de no mirar la aspiración mayoritaria de la sociedad, es una solución que empeora la crisis.

En ese marco, ¿cómo ves el papel del gran empresariado, de los grupos financieros?

Bueno, lo primero es que los grandes empresarios están altamente preocupados porque la demanda social que hemos visto en las calles, esa gigantesca marcha, lo que vemos en la conversación social, en las calles, en las casas, entre vecinas y vecinos, refleja que las chilenas y los chilenos se cansaron de que el fruto del progreso y del bienestar solo sea para las grandes empresas y pequeños grupos económicos y de elite. No para chilenas y chilenos que a diario trabajan y construyen país. Para los grandes empresarios, para esos grupos económicos que controlan el país, eso debe ser fuente de mucha preocupación. Porque se está hablando de que todo devenga en una mejor redistribución de la riqueza del país y eso trae como consecuencia una pérdida en sus altas ganancias ilegítimas. Ahora, los empresarios desplegaron una estrategia que es la de responsabilizar a todos de sus acciones, de las de la derecha y de los neoliberales, que no son responsabilidad realmente de todos. Son ellos responsables. Cuando se pide perdón y a reglón seguido se dice que “todos nos equivocamos”, eso es falso. Quienes han sostenido esta política de estado social residual, de garantías acotadas en derechos sociales, de privatizaciones y neoliberalismo salvaje, han sido la derecha, los empresarios y la tecnocracia neoliberal.

Se dijo que nadie previó eso, que nadie estaba viendo esto, que nadie se había dado cuenta de lo que estaba pasando.

Falso. Partidos de izquierda, como el Partido Comunista, muchas organizaciones sociales y sindicales, lo planteamos hace muchísimo tiempo. Fuimos parte de un gobierno de la Nueva Mayoría porque aspirábamos a una nueva Constitución, impulsamos un proceso que de alguna manera expresara la voluntad soberana y popular. Lo que está en discusión es la soberanía del pueblo, versus la acción ilegítima y factual de pequeñas elites. Muchos sectores planteamos la consecuencia de la desigualdad, la falta de derechos, lo deficitario de derechos sociales.

Pasó más de una semana del estallido social y la continua movilización nacional. El gobierno no ha tenido una sola reunión con dirigentes de  organizaciones sociales, sindicales, gremiales, representativas.

El gobierno está intentando reconstruir una agenda con quienes no representan al mundo social y a quienes hoy se están movilizando. El gobierno busca construir una mesa gatopartidista que aparente cambios pero en los hechos mantener los parámetros estructurales del modelo. Pretende reeditar los principales parámetros de la transición de la dictadura hacia la democracia. Una salida donde el diálogo sea restrictivo desde el punto de vista de las mayorías sociales, donde la participación se asfixie y en lo concreto genere un nuevo letargo social. El diseño del gobierno aspira al aburrimiento del movimiento social. Contrario a eso, vemos que son más las organizaciones sociales, representativas a nivel nacional, que se están sumando con sus petitorios. Y vemos a una mayoritaria ciudadanía que sigue y seguirá movilizada. Un ejemplo, ¿cómo se explica que tenga tanto apoyo la movilización No+TAG? Porque los derechos están conculcados en la esfera de la educación, de la salud, de la vivienda, pero también del transporte público, de la circulación. Otro ejemplo, ¿por qué el Presidente no soluciona la demanda de la gratuidad para todos los adultos mayores en el transporte público? El Presidente busca medidas encapsuladas para encapsular al movimiento social.

Como psicólogo clínico social, cómo miras que algunos académicos plantean que  fue solo una catarsis, un tema de estado de ánimo, una reacción emocional…

Toda transformación social tiene su origen en un agobio y un hastío con el modelo existente y que se pretende superar y se aspira a transformar. Cada búsqueda de cambio real tiene en su fundamento la injusticia y el abuso. Las chilenas y los chilenos saben que la justicia es desigual. Más aun, acabo de ver en las redes que la Fiscalía Sur Metropolitana entrega direcciones electrónicas y redes para que haya denuncias respecto a atentados a la propiedad privada y disturbios, pero no hechos relacionados con violaciones a los derechos humanos. Lo comento como un dato importante, porque la Fiscalía está actuando con pasividad frente a la vulneración de derechos humanos. Los chilenos saben que hay evidencia de desigualdad en acceso a la justicia, en el acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, a la remuneración justa, y eso tiene hoy una expresión explosiva. Pero de ninguna manera opaca o desdibuja un malestar que tiene un componente cognitivo importante, la claridad conceptual que tiene la ciudadanía, que el país es altamente desigual y que en los hechos unos pocos son beneficiarios del trabajo de muchos y muchos con su trabajo no alcanza a vivir con dignidad y calidad de vida. Así sea una catarsis, esa catarsis tiene un fundamento de transformación que se está expresando, entre otras cosas, en la necesidad de participación activa. Los cabildos que se han realizado masivamente, dan cuenta de que esto no es solo un problema de sensaciones explosivas, es ante todo, la constatación de la evidencia de un país altamente desigual.

¿Esto plantea un desafío enorme para los sectores progresistas y de izquierda?

Efectivamente. Desde el Partido Comunista señalamos desde el inicio que no íbamos a participar de esta mesa gatopardista que convocó Piñera. Afortunadamente el Partido Socialista y el Frente Amplio decidieron no participar también. Lo que está exigiendo la ciudadanía es coherencia y consistencia con las demandas sociales. Eso supone que nadie pretenda arrogarse la representación de este movimiento amplio y masivo, sino que se pongan al servicio, principalmente los partidos de izquierda, para interpretar correctamente las demandas sociales. En ese sentido, una demanda que tiene muchísima amplitud es la reducción de la jornada semanal a 40 horas. Lo que la gente busca, además, como lo ha señalado la Central Unitaria de Trabajadores, que su calidad de vida no dependa de subsidios sociales, sino de salarios justos, que den cuenta de una correcta e igualitaria distribución de las ganancias. Eso debe ser correctamente interpretado por los partidos de izquierda. Los partidos de izquierda están interpelados. Y esa interpelación es para que no restrinjamos la demanda social a unos pocos derechos o reformas específicas. Aquí lo que se requiere, de manera complementaria si se quiere, es la discusión de un nuevo modelo de desarrollo, y a la vez la construcción de una nueva Constitución. En ambos casos lo que se tiene que superar es la sociedad de consumo, para que hablemos efectivamente de una sociedad de derechos.

Publicado por: elsiglo.cl

 

 

 

 

 

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