Lunes 18 de Noviembre del 2019

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La exigida e inevitable salida de ministros

 

La exigida e inevitable salida de ministros

Todo apunta a que “coroneles” y “halcones” deben apartarse del gabinete de SP. Transversal cuestionamiento a Chadwick, Fontaine, Larraín y Hutt. Se podría agregar Espina.

Gonzalo Magueda. Periodista. 25/10/2019. Está instalado en el escenario político y ciudadano la exigencia de que salgan de sus cargos de ministros Andrés Chadwick (Interior), Juan Andrés Fontaine (Economía), Felipe Larraín (Hacienda), Gloria Hutt (Transporte) y se sumaría Alberto Espina (Defensa).

Desde la oposición hasta el oficialismo, y también en el mundo social y ciudadano, hay un cuestionamiento a esos integrantes del gabinete ministerial por las posturas asumidas durante y antes de la crisis social y política que vive el país. Ello incluye fuertes críticas por declaraciones que incluyeron tonos de burla hacia la población, minimización de las circunstancias que vivía el país e instalación de discursos criminalizadores y autoritarios. Además, la “responsabilidad política” en la implementación de medidas represivas, sobre todo en la actuación de Carabineros y el Ejército.

En definitiva, a través de análisis políticos y reportajes periodísticos, se ha ido estableciendo que en el equipo ministerial actúa un sector identificado con el ala dura de la derecha que defiende acciones autoritarias y la economía neoliberal a ultranza. Además, que no considera para nada el factor social o de empatía con la ciudadanía. En esto estarían antiguos miembros de la corriente de “los coroneles” de la Unión Demócrata Independiente (UDI), que fueron inclusive funcionarios o dirigentes gremiales de la dictadura, como es el caso de Chadwick, y “halcones” de la política y la economía como Fontaine y Larraín.

Chadwick responsabilizado de las medidas represivas y su actitud displicente ante situaciones críticas (su sonrisa mientras diputadas le daban nombres de personas muertas y reprimidas), Fontaine con su afirmación de que los trabajadores se levantaran de madrugada para pagar menos en el Metro (la tarifa más baja es entre 05:30 y 07:00 horas) con lo que gatilló un enojo generalizado previo al estallido social; Larraín con su oposición a medidas económicas en favor de la población, negándose a mantener alza de impuestos a grandes empresarios y mandando a los “románticos” a comprar flores porque el precio había bajado; y Hutt defendiendo y relativizando la subida del pasaje del Metro.

En las exigencias de cambio de gabinete se podría incorporar una presión sobre el titular de Defensa por estar al frente de la salida a la calle de militares y abusos o delitos que cometan. En medio de repetición de errores forzados o desatinos cometidos en estos días, como cuando el ministro de Salud, Jaime Mañalich, en la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados mientras se discutían modificaciones legislativas a favor de personas afectadas por enfermedades catastróficas, y en medio de la movilización social extendida por todo el país demandando derechos sociales, señaló que “no es apropiado decir que porque pase una marcha en la calle, tenemos que cambiar (la) ley”.

En estos días, al interior de segmentos del gobierno, en sectores de la derecha y, por cierto, en casi toda la oposición, se percibe que la continuidad de esos ministros es un mensaje de Sebastián Piñera de que su administración y su gestión continuarán por el mismo camino, lo que incluye elementos políticos y de manejo económico, pero también de dejar abierta la puerta a quienes hicieron declaraciones de burla hacia la ciudadanía y que han demostrado estar lejos de la sensibilidad social.

Es Chadwick el mejor reflejo de lo que se piensa puede ser fortaleza de la derecha, pero que está convertida en una debilidad de La Moneda. Contradictoriamente, su estilo y tesis autoritarias lo llevan a un mal escenario, en un país que cambió y que él -como Fontaine y Larraín- parece no entender. Por ejemplo, cuando todo el mundo cuestionó la frase del mandatario de que en el país “estamos en guerra”, el Ministro del Interior declaró que con esas palabras “el Presidente ha señalado una expresión que demuestra la autoridad, la decisión con la cual nosotros como gobierno queremos combatir el vandalismo”. Pese a eso, luego el mismo Piñera se excusó y pidió a la población: “Compréndanme” porque “a veces he hablado duro”.

Juan Andrés Fontaine y Felipe Larraín, más allá de sus desafortunadas declaraciones, estaban o están por reducir impuestos al sector más rico del país (que se lleva el 30% de la riqueza nacional), por reforzar a las AFP, seguir inyectando dinero estatal a las Isapres, flexibilizar el trabajo y no reducir las jornadas a 40 horas semanales, hacer una “reforma tributaria” que significaba devolver cada año 800 millones de dólares al sector multimillonario de la población; están o estaban en contra de que las y los pensionados pudieran retirar sus ahorros previsionales en casos de enormes deudas hipotecarias o graves problemas de salud, por no aumentar sustancialmente el salario mínimo y mantener el actual esquema económico y financiero. Unos “halcones” de la economía neoliberal que son responsables de las malas políticas públicas en materias que la gente se siente abusada, discriminada y olvidada.

La ministra Gloria Hutt defendió el alza en el pasaje del tren subterráneo metropolitano, al punto que después de días de protesta social masiva en Santiago y otras ciudades, simplemente declaró: “Hay una decisión que ya está establecida”. 

Justificó que  “las tarifas tienen que ver con los costos del sistema” y cuando se le hizo ver que en muchísimos países el pasaje del Metro es harto más barato que en Chile (España, Rusia, México, Argentina, etc.), ella replicó concretamente: “Son situaciones completamente diferentes”. Ante la revuelta social gatillada por el caso del Metro y el masivo reclamo de bajar los costos de traslado, Hutt siguió la línea discursiva de Chadwick y vinculó todo al vandalismo. “No es una discusión que tenga que surgir del nivel de violencia que hemos visto”, comprobando que estaba al margen de todo lo que ocurría.

Lo peor que le pasó a esta integrantes del gabinete, es que después de todo lo que defendió el alza, después de no haber empatizado con el reclamo social, su gobierno decidió que no se aumentara la tarifa, lo que fue ratificado en el Parlamento. Ella vivió ahí una derrota política y un golpe a la gestión de su cartera.

Aunque hay nombres que no se mencionan tanto como los de Chadwick, Fontaine, Larraín  y Hutt, también en círculos oficialistas y de oposición se tiene en la mira a la vocera de La Moneda, Cecilia Pérez, caracterizada por su tono autoritario, de confrontación, últimamente enojada con periodistas en los puntos de prensa, cercana a “los coroneles” y quien también se habría sumado a las tesis de actuar con fuerza y de defender la aplicación de estados de emergencia, Toques de Queda y salida del Ejército a las calles.

Por el momento, en la derecha personeros que van desde el UDI Iván Moreira hasta el RN Manuel José Ossandón, y en la oposición dirigentes y parlamentarios del Partido Comunista, Frente Amplio, Democracia Cristiana, Partido Socialista y Partido por la Democracia, están pidiendo salida de ministros y nueva conformación del gabinete ministerial.

Hay comentarios en medios televisivos y radiales, en medios escritos y en debates de estos días, que apuntan a que con “los coroneles” y “los halcones” instalados en el gobierno e inclusive en el Comité Político, es difícil dar señales política potentes de cambios y reajustes de pare del gobierno de derecha, y que no es con ellos con quienes hay que abordar las modificaciones y cambios que vengan, porque “son parte del problema”, sino con nuevos ministros que se les vea en más sintonía con los problemas o al menos con otra disposición.

Publicado por: elsiglo.cl

 

 

 

 

 

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