Martes 10 de Diciembre del 2019

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MISIÓN IMPOSIBLE

 

MISIÓN IMPOSIBLE

 

              El día iba a ser movido. Así reflexionaba Peter mientras luchaba con un despertar complicado después de una noche de pesadillas. Su mujer, Margareta, se duchaba cantando como era habitual en ella. Dioses, había que levantarse, la jornada iba a ser dura, compleja. Para despertarse del todo fue a la cocina y se preparó un café más cargado que de costumbre. Se asomó al balcón, aún el sol alargaba el caluroso verano. Terminó el canto, terminó la ducha. Ahora venía el largo período que ocupaba su esposa en arreglarse. Tantos y tantos años en la misma rutina. Ahora era su turno. Poco a poco el agua helada le fue volviendo esa vitalidad que necesitaba. Luego un cuidadoso afeitado. Cuando estaba nervioso siempre terminaba por cortarse. Y ahora estaba nervioso. Como nunca se dio más tiempo; no deseaba verla ni conversar con ella antes que partiera a reunirse con sus amigas a tomar desayuno. Él tomaba su desayuno en el bar café acostumbrado leyendo la prensa. Solamente el día domingo les pertenecía a los dos. Así, año tras año. Pero hoy todo iba a ser distinto.Arreglado, vestido más elegante de lo habitual, vio sobre la mesa del comedor un papel. Claro, eran los típicos mensajes que le dejaba su señora antes de que ella saliera a reunirse con sus amigas. Lo leyó con una semi sonrisa en los labios. “Querido, esta misión consiste en que debes ir al mercado a comprar los siguientes productos”. Enseguida la lista para terminar con el juego de siempre. “Nota, este mensaje no debe ser destruido, últimamente tu memoria, agente 000, ha estado fallando. La semi sonrisa se le borró, la verdad era que estaba harto del juego que tenía que ver con agentes secretos metidos en líos que nada tenían que ver con el espionaje.

             

              “Margarita, Margarita, querida M, este juego se termina, estamos ya viejos para seguir en lo mismo”. Así pensaba Peter mientras redactaba una nota que venía a decir lo siguiente: “Estimada M, the game is over. Sucede que estoy muy cansado de tus misiones, lo dejo, lo he pensado desde hace mucho tiempo; ahora es el momento de ejecutar la más dura misión que yo me he propuesto. Regreso a la patria, me voy al lugar donde comenzó todo. En buenas cuentas, debo investigar cuales fueron los motivos por los cuales me enamoré de ti y me llevaron a casarme contigo. Nota: puedes destruir el mensaje, ya que tú  aún conservas tu memoria. Hasta la vista baby”. Luego Peter se dedicó a preparar su maleta de viaje. Abandonó la casa tratando de dejar de lado todo el tropel de sentimientos que se le venían encima.

               

                Suecia estaba como siempre. Su bello paisaje no había cambiado, el verde por todos lados, los lagos perfilándose a lo lejos o cerca, en el trayecto del aeropuerto a la ciudad donde había vivido gran parte de su existencia. Su carismático amigo, Oke Svensoon,  lo había ido a buscar. Amigo que no dejó de hablar durante todo trayecto. “Suerte para ti Peter, y para los dos, que estoy solo, mi última relación sentimental acababa de terminar. Duró demasiado, fue extraño, tú sabes que soy de relaciones cortas. Pero aún no me has contado lo que te trae por estos lados”. Silencio. Miradas de Peter al paisaje tan añorado. “Por el momento no te contaré nada, tal vez más adelante”. “Peter, aún me queda una semana de vacaciones y pienso compartirla contigo. Seré tu conductor, te llevaré adónde tú quieras”. Eso se lo dijo por la noche ante una cena acompañada por un buen vino, proveniente de Chile, que Peter saboreó a sus anchas. Dijo en voz alta: “Algo bueno tienen los chilenos”.

             

              Al otro día estaban en el lugar donde había comenzado todo. La vieja universidad aún estaba en pie, impartía menos cátedras. Los dos amigos se dirigieron directamente al gimnasio, allí había sido el baile donde Peter conoció a Margareta. Le pidió a su amigo que lo dejara solo. Recuerdos. Peter no era de bailes, se consideraba un pésimo bailarín. A un costado de la pista, bebiendo una bebida junto a otros compañeros, conversaban de temas triviales.  La orquesta, que animaba el baile, atacó con un rock que estaba de moda. De pronto, en el medio de la pista se hizo un hueco y una chica espectacular bailaba sola. Peter se dedicó a observarla. Era maravillosa. Sus rasgos le recordaron a una esplendorosa Marilyn Monroe. La chica se detiene en su accionar. Mira hacia donde Peter se encuentra, hace señales con su dedo indice, señala. Peter cree que se dirige a un compañero, pero no, él es el elegido. Sus amigos lo empujan hacia la pista. Peter llega hasta ella. Un tímido susurro. “Oye, no sé bailar”. Una respuesta, una sonrisa. “No te preocupes, yo te llevo”. Y así fue en ese momento y después en todos los años compartidos. Curioso. Terminado el baile la chica desapareció como una Cenicienta cualquiera, pero sin dejar ningún rastro. Pasó una semana de incertidumbre para Peter, deseaba verla de nuevo. Hasta que se encontró con ella en la cafetería de la universidad. Hablaron de todo en forma muy abierta. Luego se transformaron en pareja. Peter nunca se enteró por qué ella se había prendado de él. No se consideraba a su altura.

             

                Peter visitó otros lugares que había compartido con Margareta. Después de algunos días se dio cuenta que estaba haciendo el tonto. Sabía perfectamente porque se había enamorada de ella. Lo que no sabía era cuándo había empezado a sentir el desamor. Entretanto, su amigo Oke trataba sacarlo del tema. Veía a su amigo deprimido. Trataba de ofrecerle alternativas para que saliera de sí mismo, para divertirse. Inclusive lo llevó a un viejo café, muy hermoso, ubicado junto a un lago donde estaban esperando dos amigas. La más joven saludó a Peter en forma efusiva recordándole de paso que tenían una asignatura pendiente. Peter recordó. Sí, había salido con ella poco antes de conocer a Margareta. Cine, cena, ella se indispuso y hasta ahí llegó todo. Birgita se conservaba muy bien, pero él por el momento no estaba para aventuras.

             

              Otra vez la pregunta. ¿Cuándo empezó el declive, su desamor? Al final llegó a la conclusión de que era un poco de todo. Tal vez lo más pesado fue cuando ella comenzó con sus notas, sus misiones. Enamorada de la serie Misión Imposible, enamorada de Tom Cruise. Lo nombró a él su agente especial dándole todo tipo de misiones, la mayoría de carácter cotidiano. Aunque una vez  se sintió sorprendido con... “Agente, su misión consiste en encontrarse con una dama muy especial, a las doce de la noche en el Lago Azul. Ella lo esperara a las orillas del agua completamente desnuda. Usted, querido agente, deberá desnudarse y bañarse junto con ella. Luego en la cabaña más cercana al lago, junto a las brazas de una chimenea, se dedicará a amarla intensamente. Nota, este mensaje deberá ser destruido, no puede caer en manos extrañas, M”. Esa misión estuvo bien. Aunque se quedó con algunas dudas si había cumplido en su papel de alfa. Margareta era muy exigente. A veces le costaba un mundo llevar su ritmo. Pero luego con el paso de los años fueron cambiando demasiadas cosas. Su misión es sacar a pasear al perro… Su misión es llevar a las niñas a… Su misión es ir al supermercado… Y así largos años para culminar con otra misión que cambiaba el rumbo de sus vidas. “Querido agente, su próxima misión será acompañar a su amada esposa a España donde vamos a residir disfrutando de una jubilación anticipada. El piso ya está comprado, espero que te guste”. España no estaba en sus planes. Tal vez de vacaciones, pero vivir ahí era otro cuento. Trató de adaptarse. La ciudad donde llegaron a vivir era turística ciento por ciento. El cemento predominaba, el verde era escaso. El sol llegaba a ser molesto, demasiado. Echaba de menos la naturaleza de su país, sus costumbres, su aire, sus amigos. Todo. Su mujer se paseaba a sus anchas. Para Peter empezó un largo periplo de soledad.

             

              Dos semanas llevaba en Suecia. Su mujer al teléfono: “Buenos días amor, tu próxima misión, y será la última, es volver a los brazos de tu mujer y amarla intensamente como en los viejos tiempos. Te aseguro querido agente, promesa, esta será tu últimas misión”. M.

             

              Peter está en un café situado al lado de un canal donde pasan veleros, lanchas, naves comerciales. Mientras bebía, a sorbos el brebaje, pensaba en el mensaje que le iba a mandar a su esposa. Un poco más y hablaba en voz alta. “Querida Margareta, volver a ti va a ser una MISIÓN IMPOSIBLE, me quedo aquí en mi país, con mi gente. Siento decirte que ya no siento el amor que tuve por ti por diferentes circunstancias que tú, siendo una mujer inteligente, vas a comprender. Por favor, no me busques, no intentes nada, pues sería en vano”. Esbozó una sonrisa, se levantó del asiento para saludar a la dama que había llegado con la cual tenía una asignatura pendiente.

             

 Roberto Farías Vera

 

 

 

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