Domingo 25 de Agosto del 2019

Cenda: Problema de pensiones no es falta de ahorro

 

Cenda: Problema de pensiones no es falta de ahorro

Organización hizo llegar carta a trabajadores y trabajadoras de Chile donde resaltó que el ahorro forzoso es el principal problema de las jubilaciones.

Directorio de Cenda. 01/08/2019. El Directorio del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (CENDA) ha estimado necesario publicar estas líneas, en que advierte a trabajadoras y trabajadores de Chile que el intento en curso de aumentar el ahorro forzoso constituye un atentado en su contra.

El ahorro forzoso disfrazado de “capitalización individual” es un inmoral mecanismo de superexplotación, establecido por la dictadura para escamotear aquella parte de los salarios que debería destinarse a asegurar la vejez digna que hoy se niega a trabajadoras y trabajadores jubilados.

El sistema AFP lo descuenta de salarios y lo traspasa de inmediato, en su mayor parte y a perpetuidad, a un puñado de magnates. Éstos han utilizado su dinero e influencia para impedir que sucesivos gobiernos democráticos terminen con este abuso.

CENDA confía plenamente que las trabajadoras y trabajadores de Chile se levantarán como lo han hecho recurrentemente a lo largo de un siglo, para exigir al sistema político actuar con decisión y poner término al ahorro forzoso.

El sistema democrático “arriesga la hecatombe si continúa postergando esta reforma necesaria”, como una vez advirtió el presidente Alessandri Palma. Peor si intenta agravar este abuso intolerable.


Trabajadoras y trabajadores son la fuerza social y económica más importante de Chile

CENDA revisa cada mes las estadísticas de trabajadoras y trabajadores de Chile. A partir de sus fichas individuales en los sistemas de pensiones, que los identifican con RUT, nombre y apellido. Muestran cuántos son, su sexo y edad, cuantos encontraron trabajo y cuantos lo perdieron, en qué actividades y regiones se desempeñan, su salario imponible y las cotizaciones que les descontaron, a cuánto ascendió su pensión, quién la pagó, cómo la financió, y quién se apropió los excedentes de sus cotizaciones tras pagar sus pensiones. Con estos datos, se actualizan los Índices Mensuales de Actividad Económica Interna, IMACEI-CENDA, de donde se obtienen las cifras mencionadas en lo que sigue.

Las trabajadoras y trabajadores de Chile son hoy catorce millones de personas, casi toda la población del país mayor de 16 años. Tres millones están jubiladas, la mitad por AFP, y dos tercios de ellas son mujeres. Sobreviven con pensiones miserables.

Poco menos de once millones de trabajadoras y trabajadores se encuentran en plena actividad. Su número se ha duplicado en el último cuarto de siglo y crecen en un cuarto de millón por año. Son muy jóvenes, dos tercios tienen menos de 46 años de edad y un 42 por ciento es menor de 36 años. Poco menos de la mitad son mujeres.

Son contratados y despedidos constantemente de seis millones de empleos asalariados precarios. Entretanto trabajan a honorarios, por su cuenta o permanecen cesantes. Dichos empleos asalariados crecen a una tasa aún más rápida que el número de trabajadores. Aunque oscilan constantemente, siguiendo los avatares del ciclo económico en un ajuste perfecto. En el último cuarto de siglo han más que duplicado su número, subiendo de menos de tres a seis millones, elevando su participación de 30 a 42 por ciento de la población mayor de 16 años. Los empleos asalariados ocupados por mujeres, si bien suman todavía tres cuartos de los ocupados por hombres, explican la mayor parte del crecimiento total. Han duplicado su participación, subiendo de 18 a 35 por ciento de la población femenina mayor de 16 años, en el mismo período.

Las remuneraciones imponibles de los cotizantes AFP han crecido asimismo, moderadamente, hasta alcanzar un promedio de 810 mil pesos por persona en mayo del año 2019. La mitad, sin embargo, gana menos de 600 mil pesos, incluyendo un cuarto de millón que gana el mínimo o menos. En el otro extremo, 400 mil personas cotizan por el tope imponible de 2,2 millones de pesos al mes, es decir ganan eso o más. Casi todos éstos son asimismo trabajadores y trabajadoras asalariadas que desempeñan labores profesionales calificadas. Las remuneraciones imponibles de las mujeres son todavía inferiores a las de los hombres, puesto que alcanzaron a un 88 por ciento de éstas en abril del año 2019. Llama la atención que, si bien dicha proporción ha subido unos diez puntos porcentuales en el último cuarto de siglo, permanece estancada desde mediados de la década pasada.

Menos de la mitad de los empleos asalariados se dedican a la producción de bienes y servicios que se venden en el mercado, incluyendo industria, construcción, transporte, educación, salud, servicios profesionales y alimentación, entre otros. Incluidos un ocho por ciento que trabaja en actividades productivas relacionadas con recursos naturales, incluyendo agricultura, silvicultura, pesca y un 1,7 por ciento que labora directamente en minería. Sin embargo, estos últimos sectores generan casi todas las exportaciones y la mayor parte de las ganancias y rentas empresariales, lo que demuestra la distorsión rentista de la economía chilena.

Más de la mitad de los empleos asalariados se encuentran en sectores que agregan poco y nada de valor. Como el comercio, que es el principal empleador, finanzas y servicios personales y sociales. Cerca de 8 por ciento trabaja en la administración pública, sector en el cual sugestivamente, estas estadísticas incluyen a los empleados de AFP.

Quiénes trabajan en sectores de baja agregación de valor ven disminuida por este motivo su capacidad de presión. Sin embargo, la mayoría de las trabajadoras y trabajadoras que allí laboran, como los del comercio y finanzas por ejemplo, hacen posible la valorización de los enormes capitales privados allí invertidos. Resultan así tan productivos para el capital que los explota, como los que laboran en industria o transporte.

En extensas y agotadoras jornadas las trabajadoras y trabajadores generan toda la riqueza producida en el país que, junto a las rentas percibidas por los exportadores de recursos naturales, se miden en el producto interno bruto (PIB). Sin embargo, la masa de sus remuneraciones imponibles no alcanza a un tercio de éste. Aunque dicha participación crece sostenidamente por el rápido incremento del número y más moderado de las remuneraciones, de los asalariados, todavía está muy lejos de la que obtienen los trabajadores de países desarrollados, donde la masa salarial equivale usualmente a dos tercios del PIB. Ello demuestra la elevadísima tasa de explotación que sufren las trabajadoras y trabajadores de Chile.

Por añadidura, sus salarios se recortan con cotizaciones previsionales y cobros educacionales, las que en su mayor parte se desvían de inmediato a los bolsillos de grandes empresarios privados. Éstos deberían financiar íntegramente, tanto el ahorro nacional al que supuestamente desvían las cotizaciones, como el gasto educacional, con cargo a las ganancias y rentas que se apropian, las que exceden la mitad del PIB. Si se agregan los intereses usurarios de créditos de consumo popular, estas tres formas principales de superexplotación recortan más de un tercio de los salarios.

Dichos recortes salariales, que ahora se pretenden hacer aún más onerosos, constituyen superexplotación del trabajo y son en parte importante la causa de la escandalosa inequidad de la sociedad chilena.

Las trabajadoras y trabajadores asalariados constituyen la fuerza social y económica más numerosa e importante de Chile. Este es el rostro moderno del pueblo en el Chile. Muy lejano de la caricatura de masa amorfa de individuos sólo preocupados del consumo, que pintan sus adversarios, quienes despreciativamente les motejan “clase media”.


Trabajadores terminarán con ahorro forzoso

CENDA desea referirse en lo que sigue al principal mecanismo institucional de superexplotación, que consiste en destinar las cotizaciones previsionales al ahorro forzoso en lugar de pagar pensiones. Dichas cotizaciones permitirían elevar ahora a un nivel digno las pensiones de los jubilados actuales y reajustarlas hacia el futuro al ritmo de los salarios, pero en cambio se transfieren de inmediato, en su mayor parte y a perpetuidad, a un puñado de magnates.

CENDA ha venido aportado a lo largo de muchos años, fundamentos contundentes a la crítica del sistema de AFP, en todos sus aspectos principales. No pretende reiterar acá sus detalles. En esta ocasión, CENDA desea centrar la crítica en el ahorro forzoso. La majadera propaganda de las AFP y sus partidarios lo presentan como la base del pago de pensiones, pero en realidad es un mecanismo institucional para esquilmar parte de los salarios.

No deja de sorprender, que las principales organizaciones de trabajadores, así como partidos de izquierda y progresistas, hayan demorado tantos años en incorporar a sus programas el terminar de una buena vez con el ahorro forzoso. Algunos todavía no lo manifiestan de forma categórica y por estos días un grupo las pretende elevar todavía más.

Aún hoy, después que trabajadoras y trabajadores han desplegado multitudinaria y reiteradamente en las calles su apoyo al movimiento ¡No+AFP!, no se aprecia de parte de todas sus organizaciones un rechazo tajante y enérgico al ahorro forzoso. Con franqueza, se echa de menos la claridad y actitud decidida de los trabajadores chilenos cuando, mediante un paro nacional convocado por la CUT a fines de los años 1960, echaron abajo los que motejaron “Chiribonos”, un intento del gobierno de entonces por establecer un sistema de ahorro forzoso.

Hace pocas semanas, la mayoría de la Comisión de Trabajo y Seguridad Social, encabezada por su entonces presidente, y luego la mitad de la Cámara de Diputados, por vez primera votaron de manera amplia y categórica, por el rechazo a legislar el proyecto gubernamental que aumenta brutalmente el ahorro forzoso. Los senadores de oposición, por su parte, que conforman la mayoría de la cámara alta, han concordado una declaración que acusa: “el ahorro individual no mejora las pensiones ni [cotizando] un 10% ni un 14%”.

Lamentablemente el hasta ahora todopoderoso lobby empresarial parece estar logrando nuevamente meter su cola en el tema. El gobierno logró imponer estrechamente la tramitación de su proyecto gracias a la defección de un puñado de parlamentarios, supuestamente opositores. Para colmar las cosas, algunos partidos y parlamentarios de este sector han declarado que aceptarán el alza de cotizaciones propuesta por el gobierno ¡a condición que las suba aún más! A cambio de ello proponen destinar el aumento adicional a confusos “seguros colectivos” que, por lo que se conoce y según reconoció el exministro autor de un proyecto parecido presentado por el gobierno anterior ¡a la larga se destinarán asimismo, íntegramente al ahorro forzoso! El susodicho ex ministro ha confesado que ni él se lo puede creer.

Todo ello hace pensar que los esfuerzos realizados hasta ahora no han sido suficientes para despejar este asunto en el seno de las organizaciones del pueblo. Por ello, CENDA se permite repasar los motivos por los cuales los trabajadores en todos los países y en todas las épocas han rechazado siempre, tajantemente, el ahorro forzoso.

La clave de todo el asunto está en las cotizaciones previsionales. Evidentemente no son un aporte voluntario y prudente de trabajadores, lo que no tendría nada de malo, sino un impuesto establecido obligatoriamente por el Estado. Dicho impuesto se aplica sólo a los trabajadores. Las cotizaciones las pagan siempre los asalariados aunque, como es deseable, las desembolsen en parte los empleadores. A éstos les duelen los impuestos sólo cuando se descuentan de sus utilidades. Los que se imponen a la planilla salarial, en cambio, los recuperan rápidamente otorgando menores reajustes.

Las cotizaciones obligatorias pueden ser y lo han sido en Chile en el pasado, aceptables y beneficiosas para los trabajadores, pero sólo a condición que se destinen, íntegra y exclusivamente, a beneficiar a trabajadoras y trabajadores jubilados. Jamás pueden desviarse a los empresarios o destinos que los favorezcan a ellos. Esto último es precisamente lo que sucede cuando las cotizaciones se desvían a ahorro forzoso, como ocurre en el sistema de AFP.

Esta es la causa de las bajas pensiones. No así el llamado “envejecimiento de la población”, que se agita como espantajo para justificar este abuso. CENDA quiere recordar a trabajadoras y trabajadores de Chile que deben confiar siempre en sus propias fuerzas, que son las únicas capaces de sostener dignamente a sus mayores. Mantener bien hoy a sus padres, abuelas y abuelos, es la única garantía que mañana sus hijos y nietos les devolverán la mano. Nadie más puede hacerlo. Azuzar el incumplimiento de este deber es ciertamente una canallada.

CENDA tiene plena confianza en que la poderosa y multitudinaria fuerza de trabajo del Chile de hoy sabrá defender sus intereses, así como los de sus padres, abuelos y abuelas. Como lo han hehco muchas veces en el pasado, exigirán nuevamente al sistema político democrático que cumpla con su deber, en este caso, que termine con este abuso de una buena vez.


Cotizaciones son impuesto sólo a trabajadores

Las cotizaciones previsionales no constituyen un ahorro, voluntario y responsable, de los trabajadores, como se los quiere presentar y siempre resulta prudente para cualquier persona, Para resguardarse de eventualidades o adquirir bienes valiosos. Las cotizaciones son un tributo obligatorio, establecido por ley, es decir, un impuesto. En eso no hay discusión posible.

Las trabajadoras y trabajadores chilenos, al menos los contratados a honorarios, no tienen duda alguna al respecto. Zanjaron esta cuestión de modo categórico. Mientras tuvieron la posibilidad de abstenerse de hacerlo, no cotizaba ninguno. Por eso el Estado, mediante una ley recién promulgada, hizo obligatorio ese descuento para todos los honorarios. El gobierno logró aprobarla entre gallos y medianoche, el 4 de enero recién pasado, con la complicidad de varios parlamentarios opositores. Como es usual, los chantajeó amarrando esta obligación a la aprobación de algunos beneficios menores. Aparte del reclamo de los trabajadores a honorarios, las principales organizaciones de trabajadores no incidieron mucho en esa ley, como resultado de la cual las AFP descontarán varios miles de millones de pesos mensuales adicionales a los trabajadores, que no devolverán jamás. El episodio sirve, sin embargo, para confirmar sin lugar a dudas que las cotizaciones previsionales son un impuesto al trabajo.

Más aún, es un impuesto que se aplica íntegramente sólo a los trabajadores asalariados. En efecto, es proporcional a las remuneraciones imponibles, se recauda principalmente mediante un descuento obligatorio por planilla, y no están afectos al mismo los ingresos por encima del sueldo de un trabajador calificado.

El tope imponible está fijado en 79,2 UF o $2.181.661 aproximadamente para el año 2019. De este modo, a una trabajadora o trabajador que gane ese monto o menos, se le descuentan actualmente para pensiones un 12,78 por ciento de su remuneración, que incluye un 10 por ciento supuestamente destinado al fondo de pensiones, un 1,41 por ciento para el seguro de invalidez y sobrevivencia (SIS), y la comisión de administración de las AFP que en promedio alcanzó a 1,37 por ciento en mayo del año en curso. Por lo tanto, a un trabajador calificado que gana el tope imponible, se le descuentan aproximadamente 280 mil pesos. La remuneración imponible promedio de todos los cotizantes de ese mes alcanzó a $809.906, por lo cual el descuento de 12,78 por ciento representó $103.506 por cotizante, en promedio.

Un gerente de AFP, en cambio, que gana más de treinta millones de pesos mensuales, es decir unas 15 veces el tope imponible, cotiza sólo por este monto, pero en su caso ello representa sólo 0,85 por ciento de su ingreso, la 15ava parte de lo que se descuenta a un trabajador calificado que gana dos millones de pesos mensuales.


Trabajadores pagan cotizaciones aunque las desembolsen empleadores

Como es sabido, las convenciones internacionales de seguridad social establecidas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de las cuales Chile es signatario, establecen que las contribuciones a la seguridad social, es decir, los descuentos a los salarios destinados a pensiones, salud, seguro de cesantía y otros beneficios al trabajador, deben ser desembolsadas de manera tripartita, por los empleadores, trabajadores y el Estado.

En Chile, en 1924 se creó el Ministerio Social, inicialmente a cargo de su inspirador, el Dr. Alejandro del Río, que incluía Salud, Asistencia Social, Previsión Social y Trabajo. Adicionalmente, se creó la Caja del Seguro Obrero Obligatorio, institución semiautónoma que iba a manejar las contribuciones de la seguridad social. Éstas fueron fijadas en seis por ciento de los salarios, y eran aportadas por los empleadores (3 por ciento), los obreros (2 por ciento) y el Estado (1 por ciento).

El financiamiento tripartito de la seguridad social es parte de la tradición de la lucha social y sus conquistas históricas. Reponerlo constituye sin duda una demanda justa y legítima de los trabajadores chilenos, puesto que fue abolido por la dictadura en 1981 con la creación de las AFP. Cuatro décadas más tarde todavía no se ha logrado.

Lamentablemente, esta sentida reivindicación de los trabajadores está siendo instrumentalizada de modo cínico, para justificar un aumento brutal de los impuestos al trabajo, con grave perjuicio a los trabajadores y en beneficio exclusivo del gran empresariado.

En efecto, en Chile se da actualmente la paradoja que estos últimos han logrado imponer en la agenda pública la supuesta necesidad de subir las cotizaciones previsionales. Ello sería del todo incomprensible en cualquier otro país, puesto que en todas partes se usan para pagar pensiones y su nivel actual en Chile excede en el doble el gasto en las respectivas pensiones. Subir el impuesto al trabajo siempre impacta negativamente el empleo y los salarios.

Lo más insólito es que, concientes que el tripartismo es una demanda de las organizaciones sindicales, los empresarios se ofrecen graciosamente a solventar dicho incremento de su propio bolsillo.

Dos proyectos de ley, uno presentado por el gobierno anterior y otro actualmente en tramitación parlamentaria, han tenido como objetivo fundamental subir las cotizaciones previsionales, en 5 por ciento de los salarios el primero y 4,2 por ciento el actual. En ambos casos, los empresarios han ofrecido gentilmente no sólo su apoyo entusiasta a dichos proyectos, sino desembolsar ellos los incrementos.

¿De cuándo acá se han puesto tan generosos los empresarios chilenos, que se ofrecen a poner de su bolsillo un incremento real de su costo laboral, de magnitudes que las propias organizaciones de trabajadores no se atreverían siquiera a soñar en sus demandas reivindicativas?

Los trabajadores bien saben que cada vez que solicitan un aumento de salarios, por pequeño que sea, los empresarios se oponen de manera lastimera y tenaz. Ello sucede cuando se demandan reajustes reales de uno o dos por ciento de los salarios. Incluso cuando se discuten ínfimos incrementos al salario mínimo.

Frente a estas justas demandas, se levanta de inmediato un coro estridente y escandalizado de organizaciones empresariales, autoridades económicas, universidades, economistas, expertos, opinólogos, medios de comunicación afines, en fin. Todos señalando modo afectado y enfático que un aumento en el costo salarial, aunque sea de unas pocas “lucas”, tendría efectos nefastos y potencialmente catastróficos sobre el empleo y la economía, y por lo tanto sería perjudicial para los mismo trabajadores.

Cuando se trata de elevar las cotizaciones previsionales, en cambio, el gran empresariado chileno y sus voceros manifiestan afectada y compasiva preocupación por los pensionados. Ellos y sus amanuenses declaran de modo enfático que para mejorar las pensiones el único camino es ¡ahorrar más!

Sus lobbystas cuidan de enfatizar que con ello se atenderá asimismo una de las más sentidas reivindicaciones de los sindicatos: ¡Restablecer el financiamiento tripartito de la seguridad social! ¡Cumplir finalmente con las obligaciones establecidas en los convenios internacionales de los cuales el país es signatario!

Con una sola condición: que el incremento así financiado se destine al ahorro.


Empresariado se resarcirá alza de cotizaciones otorgando menores reajustes de remuneraciones

¿Cuáles serán los motivos de tanta largueza? La unanimidad de los economistas concuerda en una de las razones de esta generosidad empresarial. Aunque los desembolsen los empleadores, los incrementos de cotizaciones los pagarán íntegramente los trabajadores, con cargo a futuros reajustes. Así lo han declarado todos, incluido el exministro antes aludido que hoy ejerce de principal lobbysta del alza de cotizaciones y hasta el Banco Central.

De hecho, los empleadores ni siquiera deberán adelantar este gasto y resarcirse posteriormente otorgando menores reajustes. Se preocupan de dilatar este desembolso a lo largo de varios años, de modo de recortar los reajustes de remuneraciones antes de incurrir en el mayor gasto de cotizaciones. No pierden nunca.

De este modo, aunque las cotizaciones adicionales fuesen a parar de algún modo a los bolsillos de los trabajadores, por ejemplo, si se destinasen directa e íntegramente a pagar pensiones a trabajadores jubilados, no habría tampoco generosidad alguna de parte de los empleadores.Igual se resarcirán las mayores cotizaciones con menores reajustes de remuneraciones.

Algunos aceptan el alza alegando que los reajustes dependen de la fuerza de los trabajadores en cada momento, lo que es cierto, pero obviamente la misma fuerza obtendrá menores reajustes si las cotizaciones han subido. No hay vuelta que darle. Al final, las cotizaciones las pagan siempre los trabajadores.

Esto es tan efectivo que, por ejemplo, constituye un punto central del debate actual en las elecciones presidenciales estadounidenses. Casi todos los candidatos del Partido Demócrata se han plegado a la idea de establecer un servicio estatal único de salud. El motivo es que el descuento obligatorio a los salarios para seguros de salud privados ha resultado en primas siempre crecientes y reajustes de remuneraciones muy pequeños o inexistentes ¡aunque es de cargo de los empresarios!

Los empresarios chilenos saben esto perfectamente. Ellos pagan las remuneraciones y por lo tanto saben que en Chile han venido creciendo a una tasa real de 2,6 por ciento por año a lo largo de las dos últimas décadas. Aún así los salarios son muy modestos, porque la dictadura los dejó en un nivel inferior al que tenían antes del golpe, pero igual han crecido de manera importante y deberían continuar subiendo. Por lo tanto, los empresarios saben que tienen ese margen para recuperarse del mayor gasto en cotizaciones con cargo a menores reajustes.


Ahorro forzoso transfiere cotizaciones de asalariados, en su mayor parte y a perpetuidad, a puñado de magnates

Los empresarios en general pueden darse el lujo de ser generosos desembolsando mayores cotizaciones, porque saben que ese mayor costo se resarcirá otorgando menores reajustes de remuneraciones. Sin embargo, los grandes grupos empresariales que han impuesto en la agenda pública el intento de subir las cotizaciones de los trabajadores —lo cual debería ser suficiente para sospechar que hay gato encerrado—, tienen un motivo mucho más atractivo para hacerlo. Saben que el aumento en el ahorro forzoso, al igual que la mayor parte de las cotizaciones actuales ¡irá a parar a sus bolsillos, de inmediato, íntegramente y a perpetuidad!

El incremento de cotizaciones propuesto será desembolsado principalmente por los empresarios pequeños y medianos (PYME), que contratan la mayor parte de los trabajadores. A la larga lo pagarán éstos con cargo a sus reajustes. Pero el importe íntegro de lo recaudado, al igual que sucede con la mayor parte de las cotizaciones actuales, irá a parar, de inmediato y a perpetuidad, a manos de los grandes grupos empresariales que controlan y profitan de este negocio. Ya tienen creadas las respectivas IAPAS, como denomina el actual proyecto de ley a las sociedades administradoras que gestionarían la “yapa” de ahorro forzoso en lugar de las AFP. ¡Negocio redondo para ellos!

La ciencia económica ha demostrado con toda claridad que el ahorro forzoso de los trabajadores genera un fondo que crece siempre aunque a cada uno le devolvieran íntegramente lo ahorrado y sus gananciales, con la única condición que su número y/o salarios aumenten. El economista Franco Modigliani ganó el premio Nobel precisamente por comprobarlo.

Lamentablemente, los economistas chilenos no lo han estudiado o se hacen los lesos al respecto. El Presidente y Directorio del Banco Central, por ejemplo, a petición del entonces ministro de hacienda, corrieron a advertir a la entonces Presidenta que al país se le venían encima las siete plagas de Egipto si se le ocurría terminar con el ahorro forzoso, en un proyecto de reforma de pensiones que estaba preparando su gobierno. Lamentablemente, se les olvidó asesorarla en cómo mejorar las pensiones, que era el problema que ella quería resolver. Tristemente les hizo caso, aunque el proyecto al final fue rechazado.

Sea como fuere, si no hay claridad a este respecto entre los economistas, como debería ser, mucho menos resulta evidente para la opinión pública. Las trabajadoras y trabajadores saben que las pensiones son malas y que las AFP están abusando de ellos, pero no saben exactamente cómo. Es lo que CENDA intentará explicar en lo que sigue.


La clave está en las cotizaciones

En los últimos doce meses a mayo del año 2019 y expresado en moneda de ese mes, las cotizaciones obligatorias recaudaron 7,4 billones de pesos, mientras lo aportado por el sistema de AFP para devolver a los jubilados el ahorro de toda su vida activa sumó apenas 2,4 billones de pesos, un 32 por ciento de lo recaudado. De este modo, el impuesto obligatoriamente descontado a los salarios por el sistema de AFP generó un excedente de 5 billones de pesos, un 68 por ciento de lo recaudado en el período.

Los administradores del sistema, AFP y compañías de seguros relacionadas, se embolsaron poco menos de 2 billones de pesos en comisiones y primas netas, cifra del mismo orden que lo aportado a pensiones, y los 3 billones de pesos restantes se registraron en el fondo de pensiones al tiempo que el dinero se transfirió de inmediato al sistema financiero. Dado que este excedente se genera todos los años, el fondo de pensiones crece indefinidamente, sin perjuicio de los vaivenes bursátiles, y por lo tanto no será devuelto jamás. Disfrutan del mismo el gran empresariado y el sistema financiero.

Tal como demostró el premio Nobel Franco Modigliani, ello ocurre necesariamente, aún en el caso que a cada ahorrante individual se le devuelva todo lo aportado, junto con sus ganancias. Sucede porque el número de cotizantes y sus remuneraciones crecen sostenidamente, siguiendo los vaivenes del ciclo económico. Como sabemos, en Chile éstos se han incrementado respectivamente a tasas de 3,2 y 2,6 por ciento anual en promedio, a lo largo de las dos últimas décadas. Mientras sigan creciendo, se continuarán acumulando indefinidamente los excedentes de cotizaciones tras pagar pensiones. Es decir, después de devolver lo aportado por los cotizantes antiguos, que eran mucho menos y ganaban sueldos muy inferiores, que los cotizantes actuales.

Los valores registrados en el fondo junto a sus ganancias permanecerán, en su mayor parte y a perpetuidad, en manos del puñado de grandes grupos empresariales que reciben el dinero en forma de reiterados préstamos y aportes de capital accionario. No serán devueltos hasta el día del juicio final. Mientras tanto, las trabajadoras y trabajadores jubilados continuarán recibiendo pensiones de hambre, pagadas en parte mayoritaria por el fisco, que se reducen mes a mes en relación a los salarios.

Este abuso es resentido y con razón por las trabajadoras y trabajadores que constituyen la abrumadora mayoría de la población y con el esfuerzo de sus manos y mentes crean toda la riqueza producida en el país.


Al abuso del ahorro forzoso, AFP suman agravio de administrarlo en beneficio propio y del puñado de magnates que determinan agenda pública

Al abuso que significa el ahorro forzoso, bajo cualquier esquema que se administre, el sistema AFP suma el agravio de haberse convertido en un monopolio arrogante y agresivo. Cobra un costo exorbitante por servicios cuya ejecución llama frecuentemente a escándalo, traspasa el grueso de las cotizaciones, a perpetuidad, a un puñado de magnates, entre ellos sus propietarios, y se permite influir indebidamente en la ciudadanía y corromper el sistema democrático para mantener este abuso.

El ahorro forzoso, aún bajo un esquema de administración público, probo y eficiente, significa el abuso de transferir parte de los salarios a perpetuidad a un fondo que crece siempre, del cual disfrutan principalmente los grandes empresarios. Mientras tanto, se mantiene a las trabajadoras y trabajadores jubilados con pensiones de hambre, las que podrían elevarse a un nivel digno con esas mismas cotizaciones.

El sistema de AFP agrava este abuso. Cobra comisiones y primas netas del mismo orden de magnitud que el aporte que hacen al pago de pensiones. Por si eso fuera poco, se han constituido en un monopolio que utiliza el poder de los recursos que administra, recortados obligatoriamente a los salarios, para influir en las políticas públicas y en el resto de las empresas, en su propio beneficio.

Muchos han buscado reformar este sistema para hacerlo más eficiente y competitivo. Algunos vienen proponiendo desde hace tiempo la creación de una AFP estatal, entre varias sugerencias para mejorar la administración del sistema. Algunas se han implementado, como la licitación de cartera y ciertas mejoras que en su momento pusieron coto parcial a abusos escandalosos en las rentas vitalicias, entre varias otras.

CENDA nunca se ha cruzado en el camino de estas reformas. En su exposición ante la denominada Comisión Marcel, el año 2006, junto con argumentar fundadamente acerca de la necesidad de establecer un pilar solidario y proponer destinar parte creciente de las cotizaciones existentes a la introducción gradual de un pilar de reparto, recomendó reformar a fondo la administración del sistema, entregando al entonces INP la gestión de afiliación, cotizaciones y pago de pensiones, y establecer un esquema competitivo de gestión de fondos.

Ninguna de estas reformas y propuestas, sin embargo, ha logrado hasta ahora terminar las AFP, a pesar que millones han marchado en las calles exigiendo su fin. Lo que sucede es que este sistema transfiere el grueso de las cotizaciones impuestas a los trabajadores, a manos de un reducido grupo de magnates que determinan la agenda pública, principalmente los que han participado en la gestión del sistema de AFP. Ellos usan descaradamente, el dinero y poder que les dan los recursos públicos que administran las AFP, para influir sobre el sistema político democrático e impedir que ponga fin a este abuso.

Los nombres de estos grupos aparecen entre quienes encabezan la breve lista de quién es quién entre las familias más ricas y poderosas del país. Dos de ellos han adquirido triste notoriedad, además, uno por haber sido condenado por financiamiento ilegal de la política y otro por enfrentar serias dificultades financieras desde hace varios años.

Estos grupos se han apropiado de las cotizaciones de los trabajadores mediante dos formas principales. Por una parte, se embolsan las comisiones y primas cobradas por los administradores del sistema de AFP, especialmente las compañías de seguros. Por otra parte, sus empresas se adjudican el grueso de los préstamos y aportes de capital accionario en que se invierte el fondo de pensiones y las llamadas reservas técnicas de las compañías de seguros.

Las compañías de seguros relacionadas con el sistema AFP se han venido embolsando en propiedad plena, cada mes y cada año desde que hay registro, casi la mitad de las cotizaciones obligatorias. Las llamadas “primas únicas”, que no son otra cosa que el fondo completo de quienes contratan las denominadas “rentas vitalicias”, y las primas del seguro de invalidez y sobrevivencia (SIS), sumaron 3,3 billones de pesos en los 12 meses a mayo del año 2019, un 44 por ciento de las cotizaciones del período.

Solo seis grandes grupos empresariales se embolsaron en propiedad plena un 80 por ciento de dichos inmensos recursos. Entre ellos hay dos compañías de seguros estadounidenses propietarias de AFP, pero cuatro grupos nacionales se apropiaron el 50 por ciento de las “primas únicas”. En los últimos doce meses, el más favorecido fue PENTA, donde estalló el escándalo del financiamiento ilegal de la política.

A ello se agregan los préstamos e inversiones accionarias del fondo de pensiones. Fundación Sol ha actualizado recientemente el estudio que muestra que buena parte del fondo AFP está a disposición de los mayores grupos empresariales del país, aunque formalmente pertenezca a los afiliados. A febrero del año 2019, sólo 16 grupos empresariales nacionales tienen en su poder dinero de préstamos e inversiones accionarias del fondo de pensiones equivalentes a una cuarta parte del mismo.

Cuatro de estos grupos, que en conjunto concentran más de la cuarta parte de estas inversiones, son a su vez propietarios de compañías de seguros que se han embolsado “primas únicas” y SIS equivalentes a una cuarta parte de todas las cotizaciones obligatorias descontadas a los trabajadores desde la creación del sistema de AFP.

Puesto de otro modo, cuatro grupos económicos nacionales se han embolsado “primas únicas” de rentas vitalicias y SIS equivalentes a una cuarta parte de todas las cotizaciones de los trabajadores en el sistema de AFP desde su creación, y adicionalmente son beneficiarios de una cuarta parte de los préstamos e inversiones accionarias del fondo de pensiones en empresas nacionales.

Considerando las principales formas de apropiación del dinero de cotizaciones, “primas únicas” de rentas vitalicias y SIS, por una parte, e inversiones del fondo de pensiones por otra, el grupo empresarial Saieh es el que más dinero ha recibido del sistema de AFP desde el año 2003 en que hay registros al respecto. Era propietario de compañías de seguros que, durante su tenencia, se embolsaron “primas únicas” de rentas vitalicias por cerca de 3 billones de pesos. Adicionalmente, sus empresas aparecen hoy como beneficiarias de préstamos e inversiones accionarias del fondo de pensiones por más de 4 billones de pesos.

Este grupo, que además es propietario de una de las mayores cadenas informativas del país, entró serias en dificultades financieras hace unos años y se vio forzado a traspasar sus negocios de rentas vitalicias a la Cámara de la Construcción, sin embargo sería interesante ver qué proporción de las “reservas técnicas” de dichas compañías continúa invertida en sus empresas.

Este escandaloso abuso debe ser cortado de raíz, terminando con el ahorro forzoso de una buena vez y exigiendo la devolución íntegra, con sus gananciales, del dinero recortado a los salarios en las casi cuatro décadas de vigencia del sistema AFP.


Sólo trabajadoras y trabajadores activos pueden sostener dignamente a sus mayores. Es el deber de cada generación

La inmensa maquinaria de propaganda del grupo de magnates que profitan del ahorro forzoso y han logrado imponer su continuidad tras tres décadas de democracia, difunde un discurso canallesco entre las trabajadoras y trabajadores a quienes expolian cada mes y para siempre una parte de sus salarios. Les dice que sus hijos y nietos no podrán sostenerlos cuando jubilen, porque habrá entonces demasiados viejos. Se ofrecen graciosamente a sostenerlos ellos, a condición que les traspasen ahora las cotizaciones que podrían solventar pensiones dignas a sus padres, abuelos y abuelas.

El pueblo chileno rechaza esta canallada. Los once millones de trabajadoras y trabajadores activos saben que pueden confiar en su capacidad de sostener dignamente hoy a sus padres y abuelos. Saben que pueden confiar que mañana sus hijos y nietos serán capaces de mantenerlos dignamente también y no los dejarán botados. Así lo han hecho siempre los trabajadores, desde que el aumento de productividad del trabajo logró producir un excedente suficiente para sostener a sus viejos. Nadie más puede hacerlo. ¿O es que acaso los gerentes de AFP van a cuidar de ellos, hornear el pan de su desayuno y sanarlos cuando enfermen?

Si es evidente que sólo los que trabajan pueden proveer en cada momento los bienes y servicios que necesitan los que no pueden trabajar, no es tan sabido que el dinero que necesitan se financia asimismo, íntegramente, con impuestos corrientes a los trabajadores activos. En todo el mundo, también hoy día en Chile.

Las AFP y sus partidarios han logrado extender el mito que en este país las pensiones se pagarían con ahorro, pero eso es una completa falsedad. Para lo único que sirve el registro de lo “ahorrado” en cada cuenta individual, es para calcular el pequeño aporte “autofinanciado” por el sistema de AFP al pago de pensiones. El mes de mayo del año 2019 éste alcanzó a 149 mil pesos mensuales, que no alcanzan a cubrir dos tercios de las que reciben el millón y medio jubilados por AFP, y representa un quinto del gasto total en pensiones en Chile. Sin embargo, ese aporte tampoco lo financian con ahorro, sino destinando a ello menos de un tercio de las cotizaciones que recaudan cada mes.

El Estado debe complementar esas pensiones y pagar otro millón y medio que son públicas. Además de otras prestaciones previsionales, como bonos de retiro. En total el Estado paga cuatro quintos del gasto en pensiones en Chile. Lo financia con impuestos corrientes, que en su mayor parte pagan asimismo los trabajadores activos mediante el impuesto al valor agregado (IVA).

Es verdad que cada día hay más trabajadoras y trabajadores jubilados, lo que lejos de ser un problema es la mayor conquista de la humanidad y las luchas de los trabajadores. Pero es falso que los trabajadores activos no los puedan mantener dignamente, hoy y mañana con mayor razón.

Los trabajadores chilenos se la pudieron para producir el pan para sus mayores hace medio siglo, cuando doce activos tenían que alimentar a un viejo y catorce niños, segando el trigo con echona, transportando las gavillas en carreta y el trigo en sacos, al hombro. De sobra pueden alimentar hoy doce activos dos viejos y cuatro niños, cuando esa misma faena se hace con cosechadora. De seguro podrán hacerlo sus hijos y nietos a mediados de siglo, cuando doce activos tendrán que sostener a seis viejos y sólo tres niños, ayudados por quizás qué maravilla de máquinas automáticas.

De hecho, los trabajadores de países desarrollados hoy sostienen muy bien el doble de viejos que los chilenos, con jornadas mucho más cortas. El cuco del envejecimiento es una patraña para cazar incautos.

Para que no les cuenten cuentos, las trabajadoras y trabajadores de Chile deben recordar estas verdades y comentarlas con sus compañeros y compañeras. Recordar asimismo y comentar algunas otras cosas. Es falso que los mercados financieros puedan crecer más rápido que las riquezas que produce el trabajo de ellos mismos. La bolsa de valores de Wall Street creció menos que el producto interno bruto (PIB) en el siglo recién pasado, ha crecido poco y nada en lo que va de éste y crecerá menos que el PIB en lo que resta del siglo. La rentabilidad de los fondos AFP desde su creación en 1981 ha sido similar a la de Wall Street. Esto lo acaba de reconocer el exministro de hacienda del gobierno anterior, quien ha confirmado recientemente que el sistema que peyorativamente denominan “de reparto” resulta por este motivo más sostenible que la llamada “capitalización individual”.

Las cotizaciones de trabajadoras y trabajadores de hoy permiten duplicar las actuales pensiones de sus padres, abuelos y especialmente abuelas a las que hay que reajustar más, ahorrando plata al fisco de paso. Las de mañana permitirán sostener a los trabajadores de hoy. Por la sencilla razón que las riquezas que produce cada año el trabajo, que se mide en el producto interno bruto (PIB), crecen más rápido que el número de viejos. Es decir, las trabajador=as y trabajadores activos de cada momento lograrán siempre disponer de más bienes y servicios para dar una buena vida a sus viejos. Con jornadas más cortas además gracias al continuo y asombroso incremento en la productividad del trabajo.

Las cotizaciones corrientes pueden sostener pensiones que se reajusten al ritmo de los salarios, sin subir su tasa, mientras el número de adultos mayores crezca un poco menos que el PIB. Esa es la regla de sostenibilidad de los sistemas de pensiones basados en cotizaciones corrientes, que despreciativamente denominan “de reparto”. Las trabajadoras y trabajadores deben aprenderla de memoria y no olvidarla nunca. Chile la satisface con holgura.

CENDA desea plantear a las trabajadoras y trabajadores de Chile una última idea, que no siendo esencial —lo fundamental es terminar de una buena vez por todas con el ahorro forzoso y destinar las cotizaciones íntegramente a pagar pensiones ahora—, parece sin embargo de toda justicia. Se trata de exigir la devolución íntegra del dinero prestado a empresarios, registrado junto a sus ganancias en el fondo de pensiones, antes de subir las cotizaciones, que son un impuesto que pagan los trabajadores aunque lo desembolsen los empresarios.

Desde luego, los trabajadores no debieran permitir que les suban un peso de cotizaciones mientras todas las que hoy pagan no sean dedicadas íntegramente a pagar pensiones hoy. Pero, asimismo, parece justo que los trabajadores no permitan que les suban las cotizaciones mientras los empresarios no hayan devuelto hasta el último peso del fondo de pensiones, lo que permite postergar la subida en las cotizaciones que pagan hoy.

El fondo de pensiones es dinero de los trabajadores, dicen. Pues bien, que lo devuelvan. Las trabajadoras y trabajadores se lo han prestado y es opinión de CENDA que deben devolverlo íntegramente a sus dueños legales. Pagando las pensiones que les adeudan, antes de incrementar un peso el impuesto al trabajo para pagar pensiones.

Un sistema bien diseñado solo requiere una reserva técnica para asegurar el financiamiento holgado de las pensiones durante los periodos de recesión económica. Tal como sugiere el movimiento ¡NO+AFP! en su propuesta, que CENDA respalda. Pero dicha reserva técnica no tiene porque exceder uno o dos años de cotizaciones, a lo sumo, no este inmenso fondo que equivalente ya a veinte años de cotizaciones.

Los únicos beneficiados en la mantención de este hipertrofiado fondo son los grandes empresarios que disfrutan del dinero del mismo, en forma de reiterados préstamos y aportes de capital accionario, y ciertamente el sistema financiero que lo gestiona, aunque dicha labor se la encargue un ente estatal.

El fondo de pensiones es el botín expropiado por el gran empresariado a los salarios de los trabajadores, que éstos deberían recuperar íntegramente antes de permitir un alza de las cotizaciones. Es precisamente lo que propuso la la valiente profesora Leokadia Oreziak, en la llamada Comisión Bravo.

Terminar con el abuso del sistema de AFP hará posible que las trabajadoras y trabajadores de Chile en edad activa, cumplan con el deber moral de toda generación de mantener dignamente a sus mayores. Esa es la única garantía que sus hijos y nietos les darán el mismo trato cuando ya no puedan trabajar. Nadie más puede hacerlo.

Ha llegado la hora de cumplir con este deber.
 

Publicado por: www.elsiglo.cl  

 

 

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