Sábado 14 de Diciembre del 2019

Más articulos

MISIÓN IMPOSIBLE

Por: Roberto Farías Vera. MISIÓN IMPOSIBLE. El día iba a ser movido. Así reflexionaba Peter mientras luchaba con un despertar complicado después de una noche de pesadillas. Su mujer, Margareta, se duchaba cantando como era habitual en ella. Dioses, había que levantarse, la jornada iba a ser dura, compleja.


EL RÉCORD

Por: Roberto Farías Vera. - José Manuel tenía sesenta años y todavía soñaba con hacer algo grande: estar en el primer plano, aparecer en los medios de comunicación, después de haber hecho una hazaña, una acción espectacular. Tantas veces buscando ese momento tan especial. Soñaba con rescatar personas de un in


Lanzamiento del libro Relatos Sórdidos

El pasado 21 de junio, en la Biblioteca Pública de Recoleta Pedro Lemebel, fue el lanzamiento del libro Relatos Sórdidos de David Espinoza Medina, escritor recoletano, que relata la rudeza y lo sublime de la literatura de barrio. La presentación estuvo a cargo del profesor David Mc Conell.


LOS PÁJAROS

Por: Roberto Farías Vera. Para que ustedes, queridos lectores, puedan comprender en su esencia lo que voy a narrar, tendrían que haber visto la película Los pájaros dirigida por el mago del suspenso Alfred Hitchcok. Esto lo asevero porque yo no estoy capacitado para explicar lo que me sucedió con las palabras


La Caja

Por: Patricia Paredes Flores. Era finales de invierno en el trópico, donde lo único invernal es la humedad, sin embargo hacía un calor sofocante. Cuando no llovía, el sol ejercía a plenitud su cargo de astro rey. Uno de esos días nos cambiamos de casa. No hizo falta camión para la mudanza ni contratar cargado


EL RÉCORD

 

EL RÉCORD

 

                José Manuel tenía sesenta años y todavía soñaba con hacer algo grande: estar en el primer plano, aparecer en los medios de comunicación, después de haber hecho una hazaña, una acción espectacular. Tantas veces buscando ese momento tan especial. Soñaba con rescatar personas de un incendio; otras que se estaban ahogando, etc. Pero nunca se dio la oportunidad, siempre estaba en el lugar que no correspondía  a la hora que no correspondía. En busca de ese especial momento, se olvidó de casarse, a pesar que tuvo algunas oportunidades. No se desarrolló en su carrera funcionaria. En buenas cuentas, nunca supo aprovechar su momento por perseguir ese enfermizo afán de hacer algo notable, excepcional, que lo llevara a la fama de alguna manera.

 

                Lo jubilaron. De repente con todo el tiempo a su favor. Atrás quedaba la maldita oficina con sus jefes tan complicados. Como era un lector adicto a todo tipo de novelas, inclusive al teatro, a la poesía, no le hizo mella el disponer de una gran cantidad de horas libres. Ahora, podía leer a destajo. Se sentía bien en cuanto a salud. Hombre de estatura media, ni gordo, ni flaco. Aún el pelo lo mantenía íntegro y sin asomar las canas. Todavía no necesitaba gafas para leer. No era mal parecido. Inclusive le decían que se parecía al conocido actor Robert de Niro. Se alimentaba como correspondía, no abusaba de la bebida y no fumaba. Daba largas caminatas. En términos generales se sentía bien, pero ese gran pero: aún le picaba el gusanillo de ser famoso de alguna manera.

 

                Frecuentaba la Biblioteca Municipal de la ciudad, donde residía, casi todos los días. A pesar de tener una biblioteca de gran calado en su departamento. Se felicitó por haber ahorrado dinero con el cual pudo comprar un departamento amplio, cómodo, con un balcón que le hacía ver, perfectamente, sobre todo lo que sucedía de noche en el cielo. De vez en cuando se las daba de poeta y escribía uno que otro versito que guardaba celosamente en un compartimiento especial de un librero. No tenía pretensiones en cuanto a este tema. En realidad él quería ser famoso, pero entendía que su poesía no lo llevaría a estar en la cima, en la cúspide de la fama.

 

                De pronto, estando en la biblioteca, la gran idea. Hecho que le produjo una especie de fiebre que lo mantuvo un par de días en casa. Tiempo que le sirvió para madurar la gran idea que se le había ocurrido. Pues bien, puesto que era un espécimen especial adicto a la lectura, lector empedernido, iba a proponerle a la biblioteca su gran idea que consistía en batir el récord de lectura. Nadie lo había hecho hasta el momento según sus investigaciones. No aparecía en el registro de los récord guinness. Nervioso, muy bien vestido, hasta se veía elegante, acudió a la cita con la directora de la Biblioteca Municipal. Le había dado hora a las diez de la mañana de un nuevo mes que comenzaba. Febrero le parecía auspicioso, él había nacido en ese mes. Era una buena señal

 

                Lo recibió la directora amablemente. Lo hizo sentarse frente a ella. Era una dama que se veía muy bien. Debería tener unos cincuenta años calculó José Manuel. Le expuso su plan tratando de ser lo más claro posible: “Mire usted Carmen Gloria, le voy a ser sincero, desde que tengo uso de la razón me ha perseguido ese afán de ser famoso. No sé por qué. A lo largo de mi vida he tratado de hacerlo, pero no se me ha dado la oportunidad. Dejo este pequeño preámbulo para darle a conocer mi idea. Se trata de que quiero batir el récord de lectura, teniendo como base esta biblioteca. Desde luego respetando el horario por el cual se rige. Yo me pondría en un lugar donde todos me puedan ver y me dedicaría solo a leer y leer, por supuesto que esto se suspendería en los momento naturales, físicos, horas específicas de comida. Pero siempre con alguien contabilizando los tiempos. El día que comience los medios de comunicación de la zona deben estar presentes. Pues bien este es mi plan. ¿Qué le parece?”.

 

                La directora de la biblioteca, doña Carmen Gloria, se tomó su tiempo para responder: “José Manuel, me parece en primera instancia que es un proyecto muy original, pero comprenderá que no puedo darle la respuesta de inmediato. Debo reunirme con el resto del directorio. Ya le daré la respuesta en un futuro no muy lejano”. Se despidieron amablemente. José Manuel estuvo tentado de invitarla a un café, pero se abstuvo cuando vio que ella exhibía un caro anillo matrimonial. Para sus adentros se dijo: “Con casadas nunca”.

 

                Pasó un tiempo que a José Manuel le pareció demasiado largo. Andaba  inquieto, se despreocupó un poco de su persona. Le creció la barba, el cabello. No se reconocía ante el espejo. Hasta que llegó una nota en la cual lo invitaban a una reunión. Volvió a relucir su verdadero ser. Se rasuró la barba, fue al peluquero. Se apersonó en la biblioteca a la hora designada. Estaban en la oficina de la directora otros personajes que se fueron dando a conocer uno a uno. Breves intervenciones de los presentes, para por último comunicarle que su proyecto había sido aprobado y que se pondría en marcha a comienzos del próximo mes . Amable despedida. José Manuel en los cielos, no cabía en su estructura física. Se sentía como un ser volátil despegado de la tierra. No supo cómo llegó a su casa sin pasar por el bar café donde solía beber una taza de café con leche y ojear los diarios deportivos.

 

                Todo plazo se cumple, toda hora llega. José Manuel, bastante tranquilo en la biblioteca contestando a los medios de comunicación. Prensa, radio, televisión, presentes haciendo su labor. La directora hizo uso de la palabra. Luego a petición de la televisión, José Manuel recorriendo los anaqueles para coger un libro al azar y comenzar con el proyecto, con la loca idea de batir el récord de lectura. Enseguida se ubicó en el centro de la sala de lectura con el libro que había elegido al azar. El libro se llamaba Citas de Café de un autor desconocido.

 

                El factor tiempo, siempre en acción, fue dejando atrás los calendarios. Al principio José Manuel fue el centro de la noticia de la ciudad. La gente en la calle se detenía para saludarlo. Pasó a ser un personaje público. Feliz de la vida se encontraba, por fin, disfrutando de una popularidad, de una fama , que lo llenaba de satisfacción. Trataba de ser el hombre sencillo, afable, de siempre, pero no podía dejar de lado cierta petulancia, un poco de vanidad, y otros defectos que provoca estar en la cresta de la ola.

 

                Devoraba y devoraba libros de la biblioteca sin cesar de acuerdo a los horarios establecidos. Pero el tiempo, inexorable, iba a hacer de las suyas. La directora  jubiló. El funcionario que llevaba el recuento de las horas también jubiló. Nuevos lectores reemplazaban a los cuales José Manuel siempre se encontraba. Él también sufrió cambios. De partida tuvo que empezar a usar gafas especiales para leer. Ahora ya no subía las escalas de la biblioteca para llegar a la sección de lectura, usaba el ascensor. Su cabello ya lucía unas entradas y estaba completamente canoso.

 

                El tiempo, implacable dictador, siguió su ritmo cansino y trajo el olvido. Llegó un punto en que nadie sabía porque ese caballero, anciano, estaba siempre en un mismo sitio leyendo mecánicamente. Nunca se supo si José Manuel había batido el récord de lectura. Mas lo peor, por desgracia, en que llegó un momento en que José Manuel no sabía porque acudía a la biblioteca a sentarse en un mismo lugar y leer, leer, sin enterarse de lo que estaba leyendo.

 

                Moraleja: “Cuántos y cuántos seres van por la vida buscando el éxito, la fama, dejando de lado la vida misma con todos sus afanes, para después caer en el olvido”.

 

Roberto Farías Vera

 

 

Actividades

 

 

Federación Nacional Victor Jara - Estocolmo, Suecia
contactos: director@victorjara.se
© www.victorjara.se autoriza la reproducción total o parcial de los contenidos con mención de la fuente.