Jueves 18 de Julio del 2019

LOS PÁJAROS

 

                                LOS PÁJAROS

 

                Para que ustedes, queridos lectores, puedan comprender en su esencia lo que voy a narrar, tendrían que haber visto la película Los pájaros dirigida por el mago del suspenso Alfred Hitchcok. Esto lo asevero porque yo no estoy capacitado para explicar lo que me sucedió con las palabras exactas que lo requieren.

 

                Hecho este necesario preámbulo contaré lo que me acaeció en el Centro Cultural donde suelo escribir y leer en su amplio salón. Era un mala tarde de domingo para mí, me encontraba en un estado de amodorramiento sin duda provocado por el intenso calor. Además, de nada me ayudaba la lectura de Pelando la cebolla, libro autobiográfico del escritor alemán Günter Grass. Hice una pausa, levanté la mirada y me encontré con “los pájaros”. ¿De dónde habían salido tantos? Imágenes de la película ya mencionada vinieron de golpe a mi mente. En este caso mis “pájaros” eran muchachos y muchachas de una edad imposible para mí calcular. Algunos aún tenían sus caras de niños, otros ya tenían las señales de la adolescencia.

 

                Dejé de lado el libro del alemán y me dediqué a observar a los muchachos pájaros. Las chicas vestían de short, pantaloncitos cortos, jeans recortados, blusitas de todos los colores. Ellas  como deseando mostrar lo que la naturaleza les había dotado. Los muchachos, embutidos en sus short, pantaloncitos cortos, jeans, polos, o a torso desnudo. Un par jugaba a golpearse con guantes y también con las piernas. El resto se dedicaba a mirar sus móviles, muy pocos conversaban entre ellos. Divisé una rubita, delgada, que días atrás protagonizó un escándalo allí mismo en la plazuela del Centro Cultural. No sé por qué motivos agredió a un muchacho que llevaba una guitarra a sus espaldas. Éste se limitó a aguantarla y a decirle: “Fea, eres una fea”. El chico de la guitarra se fue, mientras la rubia era arropada por sus amigas que trataban de calmarla.  Después vi a la chica que se sentaba en las rodillas de los chicos, con un par de ellos se dio unos besos.

 

                Y ya que me he ido hacia el pasado, contaré que a estos “pájaros” los he visto sentados, afuera, en las escalas del Centro Cultural, comiendo pizzas, cabritas, pipas, bebiendo bebidas en lata o en plástico. Luego fumando a destajo. Algunos se ponen a rapear. Luego encienden sus radios a todo volumen y se ponen a bailar. Se nota que lo pasan bien. Pero después se van y no se preocupan para nada de lo que han ensuciado.

 

                Seguro que ya se han dado cuenta que pertenezco a una generación muy lejana a la que estoy señalando. Me pregunto que clase de educación ciudadana recibirán de sus padres. Me pregunto de dónde sacan dinero para el cigarrillo y lo que consumen. Hasta el momento no se han metido con la gente. También puede ser que la gente no ha querido meterse con ellos. Por ejemplo yo mismo. Es que tengo mis temores. He visto en la tele como jóvenes agreden a ancianos. He visto que hacen guarradas, las filman con sus móviles y luego las publican en internet. He visto demasiadas cosas que son preocupantes. Y eso que no he hablado del tema de las violaciones tan dadas sobre todo en las fiestas.

 

                El tema es que siguen llegando más “pájaros” y yo me he quedado solo en el Centro Cultural sin que me haya dado cuenta. Vuelven a aparecer en mi mente atribulada escenas truculentas de la película Los pájaros. La imagen, el rostro de terror de la pobre Tippi Hedren, que en esos momentos no sabía que iba a ser la madre de la actriz Melanie Griffih, que a su vez no sabía que iba a casarse con el actor español Antonio Banderas, me produce pavor. Es que ella no reacciona, presa del terror no atina a defenderse. Los pájaros la picotean a su antojo. Para colmo está encerrada en un cuartucho y al buen mozo de Rod Taylor le cuesta un montón sacarla de allí. El suspenso, el terror, está servido. La casa playera está llena de pájaros que se han vuelto locos y asaltan a las personas.

 

                Pero... ¿qué me pasa?, si la situación no es para tanto. ¿De dónde me ha venido tanto miedo? Soy un tipo que ha pasado por unas cuantas. He sobrevivido a terremotos, a golpes de estado, a exilios, a enfermedades, a tantas cosas. ¿Es qué he perdido mis defensas? El asunto es que debo volver a casa y no me atrevo a pasar por entremedio de ese montón de “pájaros” que han llegado. Me digo, dándome ánimo, “pero si son muchachos,  tú también lo fuiste, hiciste más de una gamberrada. Claro que sí, pero nunca ataqué a nadie, siempre respeté a los mayores”.

 

                Enredado en mis temores infundados o no infundados. Cojo mis objetos de lectura y escritura y salgo. El calor pesado, duro, inclemente, me ataca con sus rayos que parecen ser parte de los “pájaros”. Me pongo los lentes, trato de alzar mi figura y me apronto a pasar por entremedio de los “pájaros”. Y otra vez la película, de nuevo el rostro desencajado de Tippi Hedren, los pasos silenciosos de Rod Taylor para abrir la puerta del garaje. Luego entrando en el auto a Tippi, alguien más sube. Enseguida poniendo en acción el carro. Lento muy lento sale del garaje, pasa por entremedio de los pájaros. Estos solos se limitan a mirar, solo a mirar. El crepúsculo es una pálida señal del día que ya se va a adentrar en la oscuridad.

 

Roberto Farías Vera 


Estocolmo, 4 de julio 2019

 

 

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