Martes 10 de Diciembre del 2019

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EL RÉCORD

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Lanzamiento del libro Relatos Sórdidos

El pasado 21 de junio, en la Biblioteca Pública de Recoleta Pedro Lemebel, fue el lanzamiento del libro Relatos Sórdidos de David Espinoza Medina, escritor recoletano, que relata la rudeza y lo sublime de la literatura de barrio. La presentación estuvo a cargo del profesor David Mc Conell.


LOS PÁJAROS

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La Caja

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Lanzamiento del libro Relatos Sórdidos

 

Relatos Sórdidos

Iniciada la lectura de los primeros cuentos del libro “Relatos Sórdidos” de David Espinoza, los restantes se leen con avidez, como si cada una de las situaciones descritas fuese parte de nuestro propio entorno o de nuestros recuerdos. Los hechos conmueven por su crudeza. Dibujados con pinceladas gruesas no admiten sino el lenguaje duro de los protagonistas, en el que el autor se ha especializado, desarrollando una narrativa sin disquisiciones innecesarias y solo contemplando el trazado de los porfiados hechos, exentos de aditamentos superfluos…la vida simplemente, a veces sórdida, a veces generosa.

No son escenas del pasado o de tiempos superados. El tema de sus cuentos, traspasa épocas y eso tal vez los hace interesantes y atractivos para diferentes generaciones. Es el paisaje de un mundo actual, cada vez más universal. Los personajes son en su mayoría protagonistas de la noticia, y a la vez despreciados por la sociedad. Son seres humanos de nuestra ciudad, de nuestras calles, de nuestros barrios y parques. Son personas anónimas que sufren, ríen, odian y aman en silencio. A nadie le importa si murieron, viven, o abandonaron el vecindario. Son desechables, como el sistema lo ha impuesto.

Los cuentos de David Espinoza deben ser leídos…nos humanizan.

Permítanme un comentario a la pregunta…¿, Qué significa …nos humanizan?. Difícil respuesta, con mil facetas y variados contenidos en la historia de la humanidad. Solo diremos algo general y que puede traspasar milenios. HUMANISMO significa crear las condiciones favorables de vida social para el hombre, y lo humano es el producto de las condiciones de vida comunes a todas las épocas.

Siendo este enunciado en general correcto nos da pocas luces para dilucidar y comprender lo humano en las sociedades divididas en clases antagónicas, en donde convive lo humano con lo inhumano, y repetidas ocasiones cuesta separarlos. Incluso en las sociedades primitivas en donde las hostilidades entre tribus eran permanentes.

Las ideas dominantes en la sociedad dividida en clases, son las ideas de las clases dominantes. Ellas permean, influyen y determinan en un alto porcentaje la manera de pensar y de actuar de la mayoría de los miembros de la sociedad.

Junto a las ideas dominantes, cohabitan en germen, en nacimiento constante, las ideas, las representaciones, la ideología, la moral, y el humanismo de los dominados.

Esta semana por ejemplo, hemos sido impactados con la noticia de desalojo de una toma de terrenos en donde viven casi 200 familias por más de 10 años. Muchas madres solteras con tres, cuatro y hasta cinco hijos serán lanzadas a la calle. La ley respalda a las inmobiliarias, la moral dominante lo aprueba, las ideas dominantes lo justifican. La ley y los poderes existentes no se plantean la solución del problema humano, los poderes políticos y fácticos existentes tienen sus propias ideas morales y su propia concepción acerca de lo humano. La ganancia determina y rige sus códigos morales. En contraposición coexisten las ideas humanistas de los oprimidos. Sus ideas expresan la solidaridad con los sin casas y exigen una solución que contemple los intereses de esas familias y no los intereses de las inmobiliarias. Podemos encontrar miles de ejemplos similares, dadadía, cada semana y a lo largo de nuestra historia.

La corrupción que siempre ha existido en nuestra sociedad, hoy, producto del desarrollo de las comunicaciones y por sobre todo de la actitud valiente de muchos investigadores, se nos pone al tanto de cuantiosos robos realizados en todos los segmentos del aparato estatal. Lo robado en el ejército, carabineros, policía, gendarmería, el parlamento, las universidades, notarios, justicia, los bancos, las inmoralidades de la jerarquía católica y evangélica, la compra de políticos por Penta y Soquimich, la colisión de las farmacias, del papel, etc. , nos dan cuenta de una crisis moral de proporciones. Pareciera que la consigna fuese….”a robar, a robar que el mundo se va a acabar”.

Para justificar lo existente y bajar el tono a las denuncias, oímos argumentar de inmediato…”esto ha ocurrido en todas las épocas”. Sí, es verdad, y también es verdad, que en todas las épocas ha habido hombres y mujeres dispuestos a luchar por cambiar esas reglas morales, esa negación de lo humano. La lucha social contra la opresión, los crímenes y el saqueo, nunca ha cesado. Desde la aparición de la sociedad dividida en clases, se avanza y se retrocede. Con triunfos y derrotas, la lucha renace con nuevos bríos, nuevas ideas. No puede dejar de existir mientras haya clases sociales antagónicas, en donde un grupo de individuos viven a costa del trabajo del resto de la sociedad.

Por experiencia histórica gritamos a coro… “La lucha social por el cambio debe organizarse”, “solo organizados y no divididos obtendremos triunfos”… Es una verdad tan antigua como la misma palabra “organización”… pero siendo verdad y a la vez la base material, para orientar y dirigir el cambio, necesita también de un sustrato ideológico, de un elemento cultural, de ideas, que al reflejar la realidad correctamente y tomadas por las masas multiplican su accionar por una sociedad verdaderamente humana. Es aquí, en el plano de las ideas, en donde juegan un rol importantísimo no solo los ideólogos y científicos ligados a las ciencias sociales, sino también los poetas, los escritores, los cantantes, los pintores, los artistas de todo tipo. Arte y ciencia conforman una unidad. La propia revolución es ciencia y arte.

Las obras más destacadas de la historia, las que perduran y nos impresionan, no solo por su belleza, sino en especial por su contenido, han sido obras que muestran la lucha de los pueblos por su felicidad, por terminar con los males que la aquejan. Las más hermosas obras de arte son capaces de describirnos los más variados e increíbles dramas personales y colectivos, y humanizar al lector, impulsarlo a salir de la abulia en que nos intenta sumergir esta forma opaca y adormecedora de la ideología dominante.

Penoso es constatar, las pocas posibilidades de los trabajadores, de acceder a lo creado por la cultura universal. Después de ocho o diez largas y tediosas horas de trabajo, apretujados y semidormidos en un bus de la locomoción colectiva, llegan a casa sin ánimo para leer algo, sin ánimo siquiera para una tertulia amigable con la familia, solo desean descansar viendo algunos programas de televisión sin mayor contenido. Pasan por la pantalla del televisor, los crímenes, los robos, los femicidios, los portonazos, los nuevos amores de los protagonistas de la farándula, los ovnis, los duendes, los tarotistas, los astrólogos y las noticias envasadas del mundo, con claro sesgo reaccionario. Al otro día son motivo de conversaciones con los compañeros de trabajo, repitiendo los mismos argumentos de los mal llamados comunicadores. Comunicadores de la moral, la ideología y el humanismo de los poseedores del capital, de los monopolistas, de la oligarquía financiera.

La cultura, en general, en nuestro país, no es otra cosa que una forma de adiestramiento para transformar a los trabajadores en máquinas. Máquinas para producir ganancias.

Hasta se nos intenta convencer que lo comunicado por la televisión es lo deseado por la gente. Y de repente sabemos de la existencia de un científico que llena teatros y estadios, explicándonos el universo. El profesor José Masa nos ha demostrado en la práctica que la población está ávida de conocimientos. La Universidad abierta en Recoleta, iniciativa del Alcalde Jadue nos lo corrobora.

Aunque las informaciones dadas por los medios informativos son frecuentemente burdas mentiras, (“Mentid, mentid que siempre algo queda”, decía Goebels) lo esencial de la ideología dominante no son las mentiras, sino las medias verdades, concluyendo con esa “media verdad” una concepción, una explicación para todo el fenómeno y de esa manera influir con más facilidad en los incautos.

Un ejemplo concreto. Cuando se discutió la gratuidad de la educación, la candidata a la presidencia Evelyn Mathey argumentó y lo repitieron todos sus partidarios… se oponía a la medida. No estaba dispuesta a financiar con dineros del Estado, a los ricos. A no dudar, al oído suena bien, y pareciera que con su oposición a la gratuidad de los ricos se ubica al lado de los pobres, pues no estaría dispuesta a financiar a los poderosos.

Pero los ricos no superan el 3 o el 5% de la población y sus hijos asistirán, de todas maneras, a las escuelas privadas. En los hechos la candidata presidencial se opone al 95 o 97 % de la población, que sí necesita educación gratuita, como la que tuvo ella y toda nuestra generación.

Otro ejemplo digno de recordar y dar a conocer, es el entregado por un gran filósofo de larga barba, nacido en Tréveris en 1818, apodado el moro, En un pequeño libro de 30 páginas, aparecido en 1848 y traducido a casi todos los idiomas del mundo, dirigiéndose a los grandes capitalistas escribe…”Os horrorizáis de que queremos abolir la propiedad privada. Pero en vuestra sociedad actual, la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros; existe precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes. Nos reprocháis, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad.

En una palabra, nos acusáis de querer abolir vuestra propiedad. Efectivamente, eso es lo que queremos”.

Los pequeños y medianos empresarios no deben preocuparse, en el presente, la cita está referida a los monopolios, a la oligarquía financiera. Un Gobierno con hegemonía del proletariado, un Gobierno integrado con representantes de las clases oprimidas e incluso de la burguesía no monopólica asegura con créditos la existencia de la pequeña y mediana burguesía, la existencia de propietarios privados, necesarios para el proceso de producción. El gobierno de Allende lo demostró por tres años. La experiencia China, vietnamita y cubana lo avalan.

Queridos amigos

La naturaleza y el hombre no pueden separarse de la expresión artística. El hombre pertenece a la naturaleza, es su producto supremo. Hombre y naturaleza conforman una unidad. En este sentido podemos afirmar que la naturaleza, a través del hombre pensante, se piensa a sí misma. Hombre y naturaleza son inseparables y esta unidad ha quedado refrendada en todas las obras artísticas. Siendo lucha social, la máxima expresión artística del hombre, hoy debemos sumar con mayor fuerza, la lucha por la defensa del medio ambiente.

Leemos estupefactos lo comunicado por las ciencias acerca del cambio climático y las barbaridades expresadas por el presidente de los Estados Unidos, al negar que ello ocurra. Para él y los monopolios, lo más importante es la ganancia.

Cuando utilizamos el término hombre nos referimos a hombres y mujeres en sociedad, el hombre solo existe en sociedad, por eso su esencia son las relaciones sociales. La esencia del hombre no hay que buscarla en su cuerpo biológico, ni en un espíritu o alma alojado en el cuerpo.

Tal vez por esta razón, por ser las relaciones sociales la esencia del hombre, me fue tan fácil congeniar, aceptar, disfrutar, aplaudir, admirar y difundir la obra de mi tocayo David Espinoza. A David lo conozco desde Marzo del presente año, cuando nos presentó nuestro común amigo Hugo.

Las relaciones sociales de nuestro entorno, de nuestra infancia y juventud Las características del lugar en donde crecimos, de nuestras familias numerosas, de nuestros amigos humildes, de la escuela primaria cercana a la casa, han sido muy parecidas. Crecimos jugando a la pelota en calles cubiertas de barro en invierno y polvo en verano. Jugando al trompo, a la rayuela, al caballito de bronce, al emboque, al run run, con niños casi siempre descalzos. Algunos de nuestros amigos cantaban en las micros para ayudar con unas monedas al presupuesto familiar, otros eran hijos de padres alcohólicos y sus madres golpeadas con frecuencia. En Agosto y Septiembre corríamos tras los volantines cortados por el hilo “curado” de los contrincantes. Se fueron en “comisión” gritábamos cuando los hilos se juntaban y todos en loca carrera queríamos poseer el volatín ya liberado de su dueño. En nuestros dormitorios cabían dos camas y por lo general dormían cuatro hermanos, las cosas se guardaban debajo de la cama y era frecuente que uno robara a otro las estampillas, las bolitas, o las calcomanías de los jugadores de futbol más famosos. Los conflictos los solucionaba la madre retándolos a todos por igual, nadie se salvaba. En invierno nos unía el brasero y las ricas sopaipillas pasadas, hechas por la madre. En verano nos refrescábamos en el canal el Carmen que descendía desde el cerro San Cristóbal al final de la calle El Salto, junto a unas chacras cercanas al establo. Allí aprendimos a nadar en medio de un barro negro, putrefacto. Por nuestras calles pasaba el afilador de cuchillos con su característico sonido de armónica. Aprendíamos a gritarle a los cocheros de las carrozas con cuatro caballos, vestidos de negro smoking…”a la noche” y ellos respondían con un guascazo del que había que huir. Se les gritaba…”A la noche” porque debían cambiarse de ropa al terminar su jornada de trabajo y sus pilchas, al regresar a casa, eran las mismas de la gente de nuestra población. Al atardecer hacía su aparición el vendedor de mote mei. “Motemeeeei… pelao el mote calientitoooo”… gritaba. Alrededor del afilador de cuchillos y el soldador de ollas se reunían los niños en la calle a observar con atención como las ollas rotas quedaban como nuevas y los cuchillos cortaban hasta las hojas de papel.

Nuestra generación creció junto a la radio. Las familias se reunían a escuchar radioteatros y capítulos de series alegres o tenebrosas...”la familia de los Valverde”, “La tercera oreja”, “Lo que cuenta el viento”, “Peter Fox lo sabía”, “El loco del bosque”, “La copucha”, “Don Damián”, “Residencial la pichanga” y decenas de títulos que han permanecido en el oído y el recuerdo de las personas de la tercera edad. A mí, me gustaba en especial…”ojo de águila”. Terminaba cada capítulo con su clásica frase…”y aquellos que intenten un plan de destrucción tengan presente que nada escapa a ojo de águila”. Es muy posible que “ojo de Águila” esté muerto, si no ya habría acabado con Donad Trump.

La familia entera asistía al teatro Chile en Recoleta cuando la compañía de teatro de Lucho Córdova montaba la obra… “El derecho de nacer” y salíamos todos llorando. Las mujeres con un pañuelo en sus ojos, los hombres escondiendo el rostro para no aparecer como poco machos, poco varoniles.

Podría seguir llenando páginas y páginas sobre el ambiente en que crecimos y presentar cada vez más semejanzas acerca de nuestras vivencias. Con David Espinoza las hemos recordado gratamente, y digo gratamente porque a pesar de haber sido una infancia con muchas carencias, los niños de poblaciones populares tienen la cualidad de disfrutar con lo que la vida les proporciona.

Y no es que cualquiera tiempo pasado fuera mejor…esa es una mala interpretación de la oda escrita por Jorge Manríquez a la muerte de su padre Don Diego, en el siglo XVI. Los versos dicen…”Cuan presto se va el placer. Como después de acordado, da dolor. Como a nuestro parecer cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Recalcamos…a nuestro parecer.

Las madres nos zurcían los pantalones, las camisas y hasta los calcetines. Cuando el padre llegaba con un kilo de carne era fiesta. La parte más grande fue siempre para él y no había discusión. A la escuela se iba peinado y con las uñas limpias, revisadas por la madre. Los zapatos lustrados. Si existía la posibilidad de jugar una pichanga antes de llegar a casa, había que quitarse los zapatos para no ser reprendido por la madre.

Las amistades de la infancia se conservan hasta la vejez, y los regaños de los padres se comprenden como necesarios en la madurez, acrecentando el amor por ellos.

Como olvidar al chino, al chanfaina, al care marraqueta, al pate lana, al moco largo, al care palta, el marabunta, al gato, al manzanita, al piojo, al pata chula, al burro, al pituco, al care concreto, al peineta, al turrón de amor, al calambrito, al pollo, al potoco, al pera de agua, al macana y tantos otros que fueron nuestros compinches, nuestros cómplices de diabluras. Los sobrenombres se repetían en casi todos los barrios. A mí me decían el cabeza de pichi porque tenía el pelo un poco claro. Confieso que no me gustaba, pero ofenderse era peor, más te molestaban.

Casi no existen obras literarias o artísticas en donde se nos narre o describa lo bien que lo pasaban los esclavistas o los señores feudales a costa de los esclavos y los siervos y las que existen son para denostarlos, para demostrarnos como disfrutaban a costa de los pueblos. Las obras literarías nos humanizan, nos alertan para que no vuelvan a ocurrir actos inhumanos.

Los cuentos de David son un aporte significativo en el mar de denuncias en contra de los males de esta sociedad, por eso mi convencimiento del humanismo contenido en su obra.

La literatura, las artes en general, ayudan también a crear las condiciones favorables para una correcta humanización de la sociedad, ayudan a la liberación definitiva.
 

Gracias David Espinoza por tu libro…Relatos sórdidos.
 

David Mc Conell

Viernes 21 de junio, 2019
 

 

 

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