Jueves 25 de Abril del 2019

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Bolsonaro en las manos de Trump, Brasil a los pies del imperio

 El mandatario brasilero decidió romper con una tradición de las últimas décadas y voló a Washington, y no a Buenos Aires, para su primer viaje oficial fuera del país.

 

Randy Alonso Falcón. Periodista. Cubadebate. 21/03/019. La visita de Jair Bolsonaro a Estados Unidos ha coronado el empeño de este ex militar extremista de unir cada vez más los destinos de Brasil a los del poderoso imperio. El encuentro con su idolatrado Trump es la mejor fotografía de los tiempos que corren en los dos mayores países de este continente. Ambos representan lo más retrógrado y aborrecible de sus sociedades.

Bolsonaro decidió romper con una tradición de las últimas décadas y voló a Washington, y no a Buenos Aires, para su primer viaje oficial fuera de Brasil. Su primera entrevista se la concedió a la cadena Fox, la favorita del mandatario norteamericano.

Pero, no fue sólo el encuentro con el multimillonario inquilino de la Casa Blanca lo que signó esta visita, pues esta estuvo llena de símbolos desde el comienzo. La primera actividad de Bolsonaro en Washington fue una cena en la que sentó a su lado a Steve Bannon, el ideólogo de la ultraderecha estadounidense que impulsó a Trump hasta la presidencia y con sólidos lazos con las fuerzas ultranacionalistas en Europa y América Latina.

Bannon, fuera hoy de la Casa Blanca, ha mantenido estrechas relaciones con Eduardo Bolsonaro, diputado e hijo del Presidente, a quien nombró recientemente como representante en Sudamérica de The Movement, el movimiento político ultranacionalista con presencia en Estados Unidos y Europa, que él dirige junto al abogado belga Mischaël Modrikamen, y que pretende dar un golpe político en las próximas elecciones europeas.

Inédita visita a la CIA

En su primer día con agenda oficial, el presidente de Brasil, cruzó el río Potomac y fue hasta Langley, Virginia, a la sede de la Central de Inteligencia (CIA) para remarcar la apuesta pro-yanqui de esta administración.

En su cuenta de Twitter, Eduardo Bolsonaro se deshacía en elogios hacia la CIA: “De camino ahora con el presidente Jair Bolsonaro a la CIA, una de las agencias de inteligencia más respetadas del mundo. Será una excelente oportunidad de conversar sobre temas internacionales de la región con técnicos y expertos de más alto nivel”, escribió.

Celso Amorim, ministro de Exteriores con Lula, señaló a Associated Press que ningún presidente brasileño había “hecho una visita jamás a la CIA”, lo que consideró una “posición de sumisión explícita incomparable a nada”. Las filtraciones de Edward Snowden revelaron en 2013 que los servicios de inteligencia estadounidenses habían grabado conversaciones de la entonces presidenta, Dilma Rousseff.

Entre los acompañantes de Bolsonaro en la visita a la Agencia de Inteligencia estaba el juez Sergio Moro, el orquestador de la persecución judicial a Lula y ahora Ministro de Justicia. Moro recibió información privilegiada de Estados Unidos para poder encauzar a Lula, según han dicho varias fuentes.

La CIA evitó dar información alguna sobre la visita de Bolsonaro. En Brasil, muchos han recordado el papel de la CIA en el golpe de Estado contra Joao Goulart y en el sostenimiento de la dictadura militar que asumió el poder entonces.

El “Trump Tropical” adula al Trump de verdad

El encuentro Bolsonaro-Trump fue la Cumbre de la Lisonja. Se intercambiaron camisetas de fútbol, calificaron las relaciones entre ambos países como “mejores que nunca” y se deshicieron en elogios mutuos.

Bolsonaro alabó a su ídolo declarado, deseándole, entre otras cosas, su reelección en 2020. Incluso llegó a opinar que los comunistas tomaban cada vez más conciencia de que iban por mal camino, haciendo referencias directas contra la oposición demócrata, algo que no había hecho antes ningún visitante de Estado. “Gracias”, apuntó un asombrado Trump.

Vísperas del encuentro en la Casa Blanca, Bolsonaro había demostrado su lealtad abyecta y ciega a Trump al declarar que el muro en la frontera con México era necesario porque la mayoría de los inmigrantes tenían “malas intenciones”.

Entregando prebendas…

En la antesala del encuentro entre los mandatarios, Estados Unidos y Brasil firmaron un acuerdo para uso de la base brasileña de Alcántara, en el norte de Brasil, para el lanzamiento de cohetes norteamericanos. Lograba así Washington un objetivo largamente acariciado e imposible de obtener durante los años de gobierno del Partido de las Trabajadores.

Para no pocos brasileños es una afrenta, como lo fue también la venta a Boeing de la división de aviones de media distancia del consorcio brasileño Embraer. Símbolos del orgullo brasileño van siendo devorados por el poder económico del imperio.

…A cambio de casi nada

“Brasil y Estados Unidos nunca han estado más cerca de lo que estamos ahora”, dijo Trump en la Oficina Oval. Pero eso no fue motivo suficiente como para atender algunos de los reclamos brasileños.

La esperanza de Brasil de un acuerdo de libre comercio ya había quedado descartada por Estados Unidos antes de la reunión presidencial. Asimismo, el sueño de Brasil de alcanzar acuerdos comerciales en el sector agrícola quedó sin cumplirse.

Un pequeño premio de consolación podría haber sido el compromiso de Trump de incluir a Brasil en la OCDE, el club de los países industrializados. Pero,  Estados Unidos dejó claro que para ello Brasil tendría que renunciar a su estatus especial de país en desarrollo en la Organización Mundial del Comercio (OMC).  “Brasil debería estar completamente loco para aceptar tales términos”, dijo un experto a la televisora alemana DW.

La más notoria y simbólica promesa de Trump fue clasificar a Brasil como un “gran aliado no OTAN”. En Sudamérica, Argentina ha tenido este estatus desde enero de 1999, en el gobierno de Carlos Menem, y Colombia lo adquirió recientemente.

Según el diario brasileño Folha de Sao Paulo, en el almuerzo entre Trump y Bolsonaro se habló de la posibilidad incluso de que Brasil ingresara en la OTAN, algo que contó con el apoyo entusiasta de John Bolton, el Consejero de Seguridad Nacional. Bolton insistió en el tema en una cena que tuvo en la noche con Bolsonaro en la Blair House, la casa en que el Gobierno de Estados Unidos aloja a sus invitados especiales.

Venezuela en la mira

Derrocar al Gobierno legítimo de Nicolás Maduro en Venezuela (y la animadversión de ambos hacia Cuba) es lo que más une a ambos presidentes en este momento.

Lo dijo el jefe de la Casa Blanca después de la reunión que tuvo con el gobernante de Brasil en el Salón Oval: “Hoy hablamos sobre Venezuela. Brasil ha liderado el proceso de retorno de ese país a la democracia. Fue una de las primeras naciones en reconocer al legítimo presidente Juan Guaidó. Y tenemos que felicitar al pueblo brasileño por la ayuda humanitaria. Los militares venezolanos deben cesar su apoyo a Maduro que es una marioneta de Cuba”.

Bolsonaro se entusiasmó y afirmó en reciprocidad: “Estados Unidos y Brasil están hermanados en la fe en Dios, contra la ideología de género, contra lo políticamente correcto y las fake news. Queremos una Norteamérica grande y un Brasil también grande. Sellamos una alianza prometedora entre las dos mayores democracias de las Américas”.

Luego, ante algunas preguntas, no quiso dar precisiones sobre eventuales líneas de acción para derrocar a Maduro. “Hay algunas cuestiones que son estratégicas y no se pueden divulgar, no pueden tornarse públicas. Ciertas informaciones que estuvieron en la mesa (de negociaciones) no se debaten en público”. Y añadió: “En este momento haremos juntos lo que sea posible para terminar con la dictadura venezolana”.

Su anfitrión insistió que Estados Unidos “está abierto a todas las posibilidades y opciones”, incluida desde luego la invasión militar.

Bolsonaro también se dio su vuelta por la OEA. Fue a dar la mano a su amigo Almagro. Sobre el encuentro escribiría en su cuenta de Twitter su Eduardo Bolsonaro, quien en el manejo hacia Estados Unidos parece tener más peso que el opacado Canciller brasileño.

Alianza con tufo de los 60

“El crepúsculo del socialismo ha llegado a nuestro hemisferio, y espero que, por cierto, también haya llegado esa hora del crepúsculo, a nuestro gran país… Lo último que queremos en los Estados Unidos es el socialismo”, aseguró Donald Trump ante la atenta y afirmativa mirada del mandatario brasileño.

La alianza ideológica ultraderechista entre los dos países más grandes del continente se consolida con esta visita de Bolsonaro. Todo es placer en el entorno presidencial brasileño.

También se mostró muy optimista con el rumbo el siniestro John Bolton. En su cuenta de Twitter señaló: “Estamos orgullosos de convertir a Brasil en un importante aliado no perteneciente a la OTAN, y esperamos trabajar con ellos en Venezuela, Irán y China. ¡Un gran encuentro con un nuevo socio estratégico fuerte!”.

Sin embargo, medios de Brasil expresan las reticencias y dudas que la visita ha provocado entre el alto mando militar brasileño, pues buena parte de lo agendado y conversado tuvo que ver con el área militar. La mayor preocupación de los uniformados es no verse involucrados directamente en una agresión armada contra Venezuela. Públicamente, tras su encuentro con Trump, Bolsonaro rechazó la vía militar contra Venezuela; pero, en una cena con inversionistas el día anterior, Bolsonaro había instado directamente a Estados Unidos a una intervención militar en el país caribeño, revelan algunos medios de prensa como DW.

Otro preocupado es el gobierno de Argentina, no sólo porque Bolsonaro haya roto la tradición de que el primer viaje al exterior de los presidentes brasileños fuera a ese país vecino y aliado en el Mercosur, sino porque acordó la compra anual a Estados Unidos de 750 mil toneladas de trigo, libre de aranceles, lo que afecta el monto y los precios de las exportaciones de trigo argentino a Brasil.

La apuesta de Bolsonaro al alineamiento total con Washington fue marcado con gruesos trazos en esta visita. Los viejos tiempos de contubernio diplomático, cooperación militar estrecha y privilegio a la agenda bilateral por sobre una mirada más latinoamericana de Brasilia van regresando a todo vapor.

 

 

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