Una encuesta a sesenta “economistas de negocios financieros y académicos”, reveló que más de la mitad de ellos consideran que la próxima recesión empieza en 2020.

Hugo Fazio. Economista. 31/12/018. En el seminario efectuado durante diciembre en el Palacio de La Moneda con destacadas figuras extranjeras inaugurado con una intervención de Sebastián Piñera, el economista de la Universidad de Nueva York Nouriel Roubini, que previó el año 2007 los impactos a originarse a partir del estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU, expresó la preocupación de que en el futuro próximo pudiese producirse una recesión. “Mi visión –expresó en su intervención- es que no hay una alta probabilidad de una recesión mundial el próximo año. Vamos a ver –sostuvo- una gradual desaceleración del crecimiento económico mundial, en algunas de las mayores partes del mundo, EEUU, China, Europa, algunos mercados emergentes, veremos un crecimiento levemente menor al de este año. Este año -precisó- estuvo sobre el potencial, el próximo año puede estar cerca del potencial o levemente por debajo. (…) la perspectiva se torna más incierta para 2020 y mucho depende de la evolución de cosas que no sabemos, si va a haber una peor guerra comercial, puede ser peor para el crecimiento de EEUU, si se reduce puede ser más positivo” (15/12/18).

Una encuesta efectuada por The Wall Street Journal en noviembre a sesenta “economistas de negocios financieros y académicos”, reveló que más de la mitad de ellos consideran que la próxima recesión empieza en 2020, un poco más de la cuarta parte en 2021 y solo un 10% establecen su inicio en 2019. Por lo tanto, abrumadoramente tenían presente en su perspectiva el escenario de una recesión. Al mismo tiempo, poco menos del 50% vieron la confrontación  entre Washington y Beijing como el mayor riesgo el próximo año.

Si se toma como referencia a EEUU, la mayor economía mundial, la periodicidad entre recesiones, que  marcan el momento de finalización de un ciclo económico para posteriormente luego de superarlas dar inicio a otro, puede ser muy variada. Van entre lapsos de dos años como aconteció en 1980 y 1982, año este último cuando se sintió los efectos del brusco incremento de las tasas de interés decidido por el G5 y aplicado férreamente por la Reserva Federal en ese entonces encabezada por Paul Volcker, o en 1958 y 1960, en este último cuando se anotaron doce meses con crecimiento negativos, aunque no particularmente profundos; y otros momentos de lapsos largos como la década transcurrida entre 1990-1991, cuando también fue determinante la caída en los precios de los bienes raíces, y la década transcurrida hasta el inicio en 2001 de la crisis punto.com.

De darse el crecimiento estimado por Roubini en 2019, de desaceleración pero muy cerca del nivel experimentado en 2018, se producirá el lapso más largo de fase expansiva en EEUU desde la Gran Depresión. Superando la registrada luego de la recesión en abril de 2001 que se extendió por 120 meses, duración que en el ciclo actual se alcanza a mediados de 2019. El mismo Roubini previó en diciembre de 2008 que la recesión iniciada en diciembre de 2007 en EEUU sería la “más larga y profunda en el país desde la Segunda Guerra Mundial”[1], lógicamente en ese momento era imposible hacer la proyección de la larga fase expansiva de la economía estadounidense que incide en el curso global.

Duración de las fases expansivas en EEUU desde la Gran Depresión

(Fuente: Oficina Nacional de Investigación Económica de EEUU.  En meses)

Fecha inicio Recesión Duración  fase de posterior expansión Fecha inicio Recesión Duración fase de posterior expansión
Junio 1937 50 Diciembre 1973 36
Marzo 1945 80 Febrero 1980 58
Diciembre 1948 37 Agosto 1981 12
Agosto 1953 45 Agosto1990 92
Septiembre 1957 39 Abril 2001 120
Mayo 1960 24 Diciembre 2007 ¿?
Enero 1970 106    

 

La  intervención de Roubini se produjo, como destacó, en un momento en que  los riesgos globales se estaban incrementando. Subrayando entre otros la confrontación económica entre EEUU y China, en la cual “quizás estemos –dijo- en el inicio de una guerra fría”. Subrayando que no se trata solo del enfrentamiento comercial producido, “sino también de una gran rivalidad geopolítica: EEUU ve –subrayó- a una China ascendente, por tanto se podría impactar, además del comercio de bienes, el de servicios, la movilidad del capital y la transferencia de tecnología, entre otros asuntos” (15/1/18). La amplitud que puede alcanzar la confrontación se aprecia notoriamente con los temas de fondo que ayudan a entender la detención en Canadá, a petición del Departamento de Justicia de EEUU, de la directora financiera del gigante chino de las telecomunicaciones Huawei[2].

Luego Roubini hizo mención de que en la profundidad mayor o menor de la evolución incidiría cómo siga actuando la Reserva Federal estadounidense en materia de tasas de interés, “particularmente si la inflación empieza a aumentar en EEUU”, lo cual podría llevarle a incrementos aún mayores conduciendo a un dólar más fuerte, provocando nuevas salidas de recursos financieros desde los países emergentes, “algunos de los cuales están en recesión”, como acontece en Argentina.

Donald Trump en vísperas de la reunión en diciembre de la Fed en que se debía decidir sobre el curso de su política de normalización monetaria reiteró su abierta oposición al proceso llevado adelante por el instituto emisor. Es “increíble–expresó a través de Twitter- que con un dólar muy fuerte y virtualmente sin inflación, el mundo explotando a nuestro alrededor, París incendiándose y China en baja, la Fed considere un nuevo aumento” (18/12/18). Pero, esta institución por unanimidad acordó nuevamente aumentar la tasa de interés en un cuarto de punto, dejándola en una banda entre 2,25% y 2,50%.  Fue su noveno incremento desde hacía exactamente dos años, reduciendo eso sí para 2019 el ritmo de su incremento previsto.  Su presidente, Jerome Powell, defendió la decisión expresando que era la mejor alternativa y que nadie va a “disuadir” a la Fed de efectuar lo que considera apropiado (20/12/18). En sus proyecciones estimó una desaceleración de la economía en 2019, creciendo en un 2,3%, 0,7 puntos porcentuales inferior al año en curso.  La desocupación descendería a 3.5% y la inflación se ubicaría en 2018 y 2019 en 1,9%.  El balance de la institución se redujo durante el ejercicio en casi medio billón de dólares. La divisa estadounidense se había fortalecido en el año hasta ese momento en un 5,35%. Mientras tanto, el curso descendente de Wall Street, donde se producían caídas simultaneas en los indicadores  bursátiles (Dow Jones, Nasdaq y S&P), eran demostración de la incertidumbre existente.

Entre los riesgos Roubini anotó además que por la política aplicada por Trump EEUU está teniendo un estímulo fiscal “insostenible”. A esto se añade “lo que haga China en términos de su política económica, junto con lo que realice Europa en relación con estar unidos por reformar las políticas fiscales, porque esto hará la diferencia para mantener el crecimiento” (15/12/18). El 13 de diciembre, el Banco Central Europeo puso también fin a la política de compra de activos financieros iniciada cuatro años antes, adquiriendo en todo el lapso títulos por 2,6 billones de euros, quedándole aún por revertir varias medidas monetarias no convencionales, incluida tasas de interés negativas en términos nominales.

Cuando se efectuaba el encuentro en el Palacio de la Moneda, las dos mayores economías del Grupo de los Siete, EEUU y China, mantenían una tregua en la guerra comercial, pero aparecieron nuevas expresiones del conflicto, manteniendo la mayor economía mundial un crecimiento en el corto plazo que todo indicaba su futura reversión. EEUU, comentó a comienzos de diciembre The Wall Street Journal, “de acuerdo a la mayoría de indicadores (…) disfruta de una excelente salud. Sin embargo –agregó-, las acciones se están derrumbando, los rendimientos de los bonos  corporativos están subiendo y los precios de las materias primas están bajando, todo esto por lo general es pensar en una desaceleración o recesión” (03/12/18). A comienzos de diciembre, el saliente economista jefe del FMI, Maurice Obstfeld, advirtió la probabilidad de que la mayor economía mundial sintiese los efectos de la corriente descendente global.

China a su turno aplicaba políticas anticiclicas intentando frenar la desaceleración de sus elevadas tasas de crecimiento, favorecidas por el superávit récord  que su comercio bilateral seguía teniendo con Washington. A pesar de ello, Mao Shengyong, vocero de la oficina estadística constató en diciembre que la presión a la baja sobre el crecimiento proseguía debido especialmente a la demanda más débil por exportaciones y las fricciones comerciales con EEUU. Por su parte, tres economías europeas del G7 experimentaban “una reducción en la actividad económica –constataba The Wall Street Journal- durante los tres meses hasta septiembre” (13/12/18). Esta contracción ya era en el caso de Italia claramente una recesión, al tiempo que el Reino Unido vivía un momento de incertidumbre total. En Alemania se registraba una débil actividad manufacturera transformándose en un proceso que causaba preocupación. Como si ello fuese poco, Francia era afectada su actividad por la irrupción del descontento de los “chalecos amarillos”. Ante este cuadro la misma publicación señaló: “Las nuevas cifras económicas de Europa y China aumentaron más la preocupación de que un crecimiento cada vez más débil a fines de 2018 termine en una desaceleración más aguda el próximo año a medida que la expansión global de años madura, las tensiones comerciales se hacen sentir y los consumidores frenan el gasto” (20/12/18).

Otro fenómeno importante durante el año se produjo en el descenso de las cotizaciones de las materias primas, causadas por desbalances en la relación demanda/oferta, la incertidumbre creciente en los mercados y la apreciación del dólar que impacta negativamente en la cotización de los commodities que se efectúan en la divisa estadounidense. Al 14 de diciembre, el Bloomberg  Commodities Index marcaba un descenso general en el año de 7%, encabezado por el precio del petróleo con una contracción de 15%, causado por el incremento de la producción estadounidense y la lentitud con que el OPEP y los países que están actuando junto a ella, entre otros Rusia, acordaban descensos en sus niveles de producción. A la misma fecha, el cobre descendía en el curso de 2018 en 16%, el hierro 6%, el café 23% y la madera 28%, de acuerdo al citado indicador.

Arend Kapteyn, economista de UBS Securities, que en conjunto con Pierse Lafourcade, hacían público un estudio de 120 recesiones en cuarenta países diferentes en las últimas cuatro décadas, es decir a partir de la compleja década de los setenta del siglo XX durante las cuales se produjeron dos crisis del petróleo, declaraba que el modelo utilizado en la investigación realizada les llevó a la conclusión que se produciría una “aguda desaceleración en el crecimiento global, pero no el fin del ciclo de negocios” (13/12/18). Estimando que recesiones como la de Italia o la posible en el Reino Unido tienen causas específicas internas. En Italia lo explican porque “el enfrentamiento del gobierno con la Unión Europea por su presupuesto ha asustado a los inversionistas y ha aumentado sus propios costos de endeudamiento, además de los de las empresas. La oficina estadística italiana confirmaba que la economía se contrajo en el tercer trimestre en 0,1%, el primer  descenso en cuatro años, anotando una caída aguda en la inversión. Este cuadro persistió en el cuarto trimestre. El presupuesto de 2019 fue elaborado por el Ejecutivo estimando un crecimiento de solo 1%.

En el Reino Unido la incertidumbre estaba en esos días en relación a la suerte del Brexit. El Banco de Inglaterra (su banco central) hizo público un documento advirtiendo que una salida del Brexit sin acuerdo con la Unión Europea conduciría en 2019 a un 8% de contracción económica, incrementando el desempleo y la inflación, causando la caída en la cotización de la libra y en los precios de las viviendas. En la misma semana del encuentro en la Moneda, una sucesión de acontecimientos mostraba la magnitud de la crisis: primero Theresa May suspendió a  última hora la votación que rechazaría según reconoció públicamente el acuerdo transitorio acordado con la Unión Europea, segundo una votación de confianza en la bancada parlamentaria del Partido Conservador reveló que la tercera parte de ellos se pronunció por no otorgárselo, y finalmente concurrió sin éxito a obtener un gesto de apoyo  del Consejo Europeo en Bruselas, tanto así que el diario The Times informaba que una mayoría de sus ministros había comenzado a discutir una salida alternativa (15/12/18).

[1] Véase Crisis Mundial. ¿Recesión o Depresión?.  Lom Ediciones 2009, pág. 47

[2] Véase, Carta Económica 09/12/18.

Publicado por: elsiglo.cl