Viernes 22 de Marzo del 2019

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La voz de la Revolución llegará muy lejos

 

Foto: Ricardo López Hevia

Nosotros, los cubanos, podemos sentirnos orgullosos de nuestra Revolución. Surgió al mundo sin ansias de dominio, sin propósito de explotación ni de dominación de otros pueblos. Nació al mundo como ejemplo, con una aspiración de justicia, de justicia amplia, de justicia honda, dentro del más extraordinario sistema de respeto a las libertades humanas que ha conocido el mundo.

La Revolución Cubana se puede sintetizar como una aspiración de justicia social dentro de la más plena libertad y el más absoluto respeto a los derechos humanos. Nuestra Revolución hay que defenderla como se defiende, no algo de Cuba, sino algo de América.

Los éxitos de Cuba han sido resultado de una legítima Revolución, de una concepción correcta de cómo hacerla, de cómo movilizar sus masas, de cómo explotar sus recursos naturales, que nos permitirá una especialización tremenda, un uso óptimo de los recursos del país, éxitos extraordinarios, el prerrequisito o requisito imprescindible de que se haya hecho conciencia del pueblo el objetivo económico, conciencia del pueblo el deber del trabajo.

Esos factores fueron decisivos, y decisiva la decisión del pueblo de defender su Revolución a cualquier precio y de llevarla adelante. Cuba, en condiciones extremadamente difíciles, llegó a constituir una nación. Luchó sola con insuperable heroísmo por su independencia.

Hoy, para las generaciones más nuevas, la Revolución apenas comienza. Un  día como este no tendría sentido si no se habla para ellas.
 
UNA SOLA DESDE 1868

¿Qué significa para nuestro pueblo el 10 de Octubre de 1868? Significa sencillamente el comienzo de cien años de lucha, el comienzo de la Revolución en Cuba, porque en Cuba solo ha habido una Revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de Octubre de 1868. Y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes.

Nuestra Revolución, con su estilo, con sus características esenciales, tiene raíces muy profundas en la historia de nuestra Patria.  Por eso decíamos, y por eso es necesario que lo comprendamos con claridad todos los revolucionarios, que nuestra Revolución es una Revolución, y que esa Revolución comenzó el 10 de Octubre de 1868.

Lo que engrandece a Céspedes es no solo la decisión adoptada, firme y resuelta de levantarse en armas, sino el acto con que acompañó aquella decisión –que fue el primer acto después de la proclamación de la independencia–, que fue concederles la libertad a sus esclavos, a la vez que proclamar su criterio sobre la esclavitud, su disposición a la abolición de la esclavitud en nuestro país, aunque si bien condicionando en los primeros momentos aquellos pronunciamientos a la esperanza de poder captar el mayor apoyo posible entre el resto de los terratenientes cubanos.

El Apóstol de nuestra independencia, José Martí, se enfrentó a su vez a dificultades tan grandes y a problemas tan difíciles como no se tuvo que enfrentar jamás ningún dirigente revolucionario y político en la historia de este continente. Y así surgió en el firmamento de nuestra Patria esa estrella todo patriotismo, todo sensibilidad humana, todo ejemplo, que junto con los héroes de las batallas, junto con Maceo y Máximo Gómez, inició de nuevo la guerra por la independencia de Cuba.

Y nosotros debemos saber, como revolucionarios, que cuando decimos de nuestro deber de defender esta tierra, de defender esta Patria, de defender esta Revolución, hemos de pensar que no estamos defendiendo la obra de diez años, hemos de pensar que no estamos defendiendo la Revolución de una generación: ¡Hemos de pensar que estamos defendiendo la obra de cien años! ¡Hemos de pensar que no estamos defendiendo aquello por lo cual cayeron miles de nuestros compañeros, sino aquello por lo cual cayeron cientos de miles de cubanos a lo largo de cien años!

Porque la Revolución es el resultado de cien años de lucha, es el resultado del desarrollo del movimiento político, de la conciencia revolucionaria, armada del más moderno pensamiento político, armada de la más moderna y científica concepción de la sociedad, de la historia y de la economía, que es el marxismo-leninismo; arma que vino a completar el acervo, el arsenal de la experiencia revolucionaria y de la historia de nuestro país.

Hoy nosotros, los revolucionarios de esta generación, nuestro pueblo revolucionario puede sentir esa íntima y profunda satisfacción de estarles rindiendo a Céspedes, a los luchadores por nuestra independencia, el único tributo, el más honesto, el más sincero, el más profundo: ¡el tributo de un pueblo que recogió los frutos de sus sacrificios, y al cabo de cien años les rinde este tributo de un pueblo unido, de un poder del pueblo, de un pueblo consciente, y de una Revolución victoriosa dispuesta a seguir indoblegablemente, firmemente e invenciblemente la marcha hacia adelante!

ESTA REVOLUCIÓN ES DE PUEBLO

El pueblo de ayer, analfabeto y semianalfabeto, sin apenas una verdadera y mínima cultura política, fue capaz de hacer la Revolución, defender la Patria, alcanzar después una extraordinaria conciencia política e iniciar un proceso revolucionario que no tiene paralelo en este hemisferio ni en el mundo. Lo digo no por ridículo espíritu chovinista, o con la absurda pretensión de creernos ser mejores que otros;  lo digo porque la Revolución que nacía aquel Primero de Enero, quiso el azar o el destino que fuese sometida a la más dura prueba a la que haya sido sometido proceso revolucionario alguno en el mundo.

Nuestro pueblo heroico de ayer y de hoy, nuestro pueblo eterno, con la participación ya de tres generaciones, ha resistido 40 años de agresiones, bloqueo, guerra económica, política e ideológica de la más poderosa y rica potencia imperialista que ha existido jamás en la historia del mundo. Su más extraordinaria página de gloria y firmeza patriótica y revolucionaria ha sido escrita en estos años de periodo especial, cuando nos quedamos absolutamente solos en medio de Occidente a 90 millas de Estados Unidos, y decidimos seguir adelante.

Quizá una de las injusticias más grandes que se quiera cometer contra un pueblo, quizá una de las canalladas más grandes que se quiera cometer contra una nación, quizá una de las calumnias más repugnantes que jamás se haya lanzado contra una congregación humana, contra una idea justa, contra una causa honrada, es la que en estos instantes se trata de lanzar en el mundo contra el pueblo, contra la nación y contra la Revolución Cubana.

Repugna, verdaderamente, que en los instantes en que más feliz ha sido este pueblo, en los instantes en que quizá no haya en el mundo otro pueblo más feliz que el pueblo cubano, demostrado en la alegría desbordante de cientos y cientos, más que cientos de miles, millones de ciudadanos, en los instantes en que una nación, cuyos sedimentos se iniciaron hace siglos, y es por primera vez enteramente libre y culmina en triunfo verdadero por primera vez sus esfuerzos para un destino mejor, en esos instantes, los más grandiosos de nuestra Patria, los más extraordinarios de nuestro pueblo, cuando ha dado esta nación un ejemplo que ha conmovido al mundo, un ejemplo que no tiene paralelo en la historia de América y quizás en la historia del mundo, sin que con ello exagere, porque se había dado por sentado que en los tiempos modernos un ejército armado de aviones, de tanques y de todos los equipos modernos de guerra, era absolutamente imposible derrotarlo con una insurrección del pueblo; se daba por imposible que un pueblo desarmado pudiese vencer al ejército en esas condiciones.

No soy yo, ¡fue el pueblo!, porque, ¿de dónde salieron los combatientes de la Revolución? ¡Del pueblo! ¿De dónde salieron los recursos de la Revolución? ¡Del pueblo! ¿De dónde salió la ropa, la medicina y la comida de la Revolución? ¡Del pueblo! ¿De dónde venía la información? ¡Del pueblo!

Entonces, ¿quién hizo la Revolución? ¡El pueblo! ¡El pueblo fue el que hizo la Revolución! Y yo estoy seguro de que esa lucha tan difícil no se hubiera podido llevar adelante sin un pueblo tan formidable y tan virtuoso como el pueblo cubano, y el único mérito que podemos tener nosotros es haberlo comprendido así, y haber tenido fe en el pueblo.

¡Si no hubiera sido yo hubiera sido otro! ¡En el 68 no estaba yo y hubo Revolución; en el 95 no estaba yo y hubo Revolución; en el 30 no estaba yo y hubo Revolución, y en otras fechas!

La Revolución cubana, al hacer añicos el aparato militar de la tiranía, al desarmar el ejército completo y al poner en fuga a todos los generales juntos, ha puesto el dedo en la llaga de la América Latina, y ha despertado una esperanza extraordinaria.

Me duele solo pensar en lo que sería el destino de América si esta Revolución es aplastada.  Porque esta Revolución, que no es un golpe de Estado, que no es la asonada de un grupo de caudillos militares, sino una Revolución de pueblo, de puro pueblo, debe constituir para los pueblos de América una esperanza.

60 AÑOS DE UNA REVOLUCIÓN INDETENIBLE

Aquellos que sueñan con que la Revolución podrá ser alguna vez batida, se engañan; aquellos que sueñan tales desvaríos ignoran que esta Revolución, que es la continuación de la historia de nuestra Patria, su etapa más alta –pudiéramos decir–,cumplirá los 60 y cumplirá los 100 años, y muchos más años, de eso no tenemos duda.

Habrá tal vez que remozar más de una vez este edificio, habrá tal vez que fortalecer estos balcones, pero no tengo ninguna duda de que en cada una de esas fechas históricas a los 60, a los cien años de Revolución, alguien vendrá a hablarles del primero de enero de 1959  ¿Qué éramos aquel primero de enero, aparte de la bravura, de la valentía de nuestro pueblo y de nuestros combatientes; aparte de las ansias de libertad, aparte del afán de construir una Patria nueva?

¿Cuántos ingenieros teníamos, cuántos proyectistas, cuántos agrónomos, cuántos veterinarios, cuántos maestros, cuántos profesores, cuántos médicos, cuántos especialistas, cuántos oficiales, cuántos cuadros, cuántos militantes del Partido y de nuestra Juventud, cuántos sindicatos, cuántas organizaciones de masa?

Nada de esto teníamos cuando nos enfrentamos a una de las páginas más gloriosas de nuestra historia, en lo que comenzó siendo una lucha contra los privilegiados en nuestro país, contra los títeres, contra el ejército mercenario, contra latifundistas, terratenientes y explotadores de toda laya, y terminó siendo después la lucha contra la agresión, las amenazas, los bloqueos y los poderes del imperio más poderoso en la historia de la humanidad.

Aquí estamos, porque hemos sabido resistir, lo que tal vez muy pocos creyeron, lo que tal vez nadie en el mundo pudiera imaginarse; aquí estamos tras años de lucha dura, valiente, inteligente de nuestro pueblo frente a todas las amenazas y contra todos los riesgos, esa fue nuestra mayor hazaña.

Y con lo que contamos hoy, ni soñar entonces; son cientos de miles de maestros, de profesores, de técnicos; decenas de miles de ingenieros, proyectistas, agrónomos, especialistas de todo tipo; decenas de miles de médicos tenemos hoy para velar por la salud de nuestro pueblo. Poseemos una enorme fuerza intelectual y técnica, una juventud sana, vigorosa, magnífica que ha sido capaz de escribir las proezas de estas décadas; una juventud que yo estoy seguro de que es cada vez mejor y de que es cada vez más capaz de la firmeza y del heroísmo.

Con eso y con la experiencia extraordinaria acumulada por nuestro pueblo, contamos para enfrentarnos al porvenir, y si mucho se ha hecho –errores aparte, deficiencias aparte–, es más lo que podremos hacer en el futuro, porque estoy seguro de que con lo que hoy contamos, podemos convertir cada año en dos años, en tres años, en cuatro años. Eso es lo que estamos tratando de hacer en estos instantes.

Aquel primero de enero fue un día de definiciones, en que se dijo algo que había que decir todavía, porque había sido muy larga la historia de engaños, había sido muy larga la historia de politiqueros a lo largo de la república mediatizada; había que decir que esta vez era en serio, que no se podía confundir un golpe de Estado con una revolución, una de las grandes cosas que aprendió nuestro pueblo aquel primero de enero, al salirle al paso a la maniobra y desbaratarla; porque nuestro pueblo quería cambios, nuestro pueblo quería una revolución, y los cambios tenían que ser profundos, los cambios tenían que ser fundamentales, la sociedad de la explotación tenía que desaparecer, y al pueblo le dijimos: ¡Esta vez ha triunfado la Revolución, esta vez los postulados de la Revolución se cumplirán!
 

Foto: Dunia Álvarez Palacios

No olvidaré nunca que aquella fue la esencia de lo que planteamos el primero de enero, cómo a raíz de los acontecimientos del ataque al Moncada fueron proclamados los principios esenciales y los objetivos primordiales de nuestra Revolución, dos veces en Santiago de Cuba: allá, en la sala de un hospital cuando nos juzgaban por los hechos del Moncada, y el primero de enero. Hoy, con la más profunda convicción, digo que nuestra Revolución seguirá adelante, nuestra Revolución verdadera porque es una revolución socialista y porque es una revolución marxista-leninista.

Socialismo, algo de lo que no podía ni hablarse todavía el primero de enero, en medio del espíritu maccarthista que había prevalecido en este hemisferio y el frenético anticomunismo de los órganos de difusión y orientación del pueblo y de todas las instituciones burguesas, en medio de la confusión existente. Pero no tardó mucho la Revolución en hablar de socialismo, porque si se decía: habrá una verdadera revolución, no podía existir ninguna revolución verdadera en nuestro país que no fuera socialista. Por eso aquel 16 de abril, apenas dos años y medio después del primero de enero y cuando nuestros combatientes se preparaban para enfrentarse a la invasión mercenaria, y tal vez a la agresión imperialista, fue proclamado el carácter socialista de nuestra Revolución. Y no mucho tiempo después se habló no solo de socialismo, sino que se proclamó el carácter marxista-leninista de nuestra Revolución socialista.

¡Hoy, podemos asegurar que nuestro pueblo será siempre fiel a los principios del socialismo!, ¡que nuestro pueblo será siempre leal a los principios del marxismo-leninismo!, ¡que nuestro pueblo será siempre leal a los principios del internacionalismo! Que inconmoviblemente fieles a esos principios lucharemos y trabajaremos por hacer cada día mejor a nuestra Revolución, por hacerla cada día más eficiente, por hacerla cada día más perfecta
Y en estos tiempos de confusión en que nuestra Revolución, que tanto asusta a los reaccionarios en el mundo y que tanto asusta al imperio, se yergue como un faro de luz ante los ojos del mundo; en estos instantes y en este primero de enero, podemos afirmar que estamos conscientes de la enorme responsabilidad que ante los pueblos del mundo, ante los trabajadores del mundo y fundamentalmente ante los pueblos del Tercer Mundo tiene hoy nuestro proceso revolucionario, y que sabremos estar siempre a la altura de esa responsabilidad.

Edición: Alejandra García Elizalde y Yeilén Delgado Calvo


Fuentes: Discursos en la velada conmemorativa por el centenario del inicio de las guerras por la Independencia de Cuba, el 10 de Octubre de 1968, en La Demajagua, Manzanillo; durante la visita a la ciudad de Pinar del Río, después del Triunfo Revolucionario, el 17 de enero de 1959; al conmemorarse el x Aniversario del Triunfo de la Revolución, en la Plaza de la Revolución, de La Habana, el 2 de enero de 1969;  en la ceremonia de bienvenida a su Santidad Juan Pablo ii, efectuada en el Aeropuerto Internacional José Martí, en La Habana, el 21 de enero de 1998;  en la magna concentración popular, en el Palacio Presidencial, La Habana, el 21 de enero de 1959; en el acto solemne en conmemoración del xxx Aniversario del Triunfo de la Revolución, en Santiago de Cuba, el 1ro. de enero de 1989; y en el acto central por el cuadragésimo aniversario del Triunfo de la Revolución, efectuado en el Parque Céspedes, Santiago de Cuba, el 1ro. de enero de 1999.


Publicado por: Granma

 

 

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