Miercoles 21 de Noviembre del 2018

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La instalación de la ultraderecha chilena

 

La instalación de la ultraderecha chilena

Un sector político que va encontrando expresiones, base social y electoral. El aliento de Bolsonaro. El alt-right, los identitarios y los grupos tradicionales.

H. Guzmán. P. Ryan. Periodistas. 19/10/018. Hace un tiempo ya comenzó la instalación de la ultraderecha en el escenario político chileno. Tiene variadas expresiones, algunas explícitas, otras más solapadas.

Se muestra nítidamente en Acción Republicana que lidera el ex candidato presidencial José Antonio Kast, pasa por segmentos de la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI), se radica en las filas del pinochetismo, se expresa en grupos nacionalistas e identitarios, asoma en dirigentes y parlamentarios de Renovación Nacional (RN) y también se radica en el ámbito de los evangélicos.

No son del todo fidedignos los datos, pero algunos analistas apuntan a una base de varias decenas de miles de adherentes y a que este sector puede alcanzar un consolidado de entre diez y quince por ciento del electorado, aunque fragmentado.

Ya no se trata tan solo de “los coroneles” y pinochetistas alojados en la UDI o de los ultraconservadores que siguen conviviendo al interior de RN. Tampoco de los simpatizantes del Frente Nacionalista Patria y Libertad que siguen actuando ocasionalmente en actividades como la reivindicación del SÍ a la dictadura en el plebiscito de hace 30 años.

La ultraderecha avanza en diversidad de posiciones territoriales, electorales, sociales, culturales y de perfomance, con alcances políticos y comunicacionales.

En lo coyuntural, el posible triunfo presidencial del candidato ultraderechista brasilero, Jair Bolsonaro, trajo un aliento a este sector en Chile, que también aplaude el avance de la derecha extremista en naciones europeas y países más pequeños como El Salvador.

Muestra de casos

El casi 8% de los sufragios en la última elección presidencial (2017) del ultraderechista ex parlamentario José Antonio Kast (superando a la candidata de la Democracia Cristiana, entre otros), comenzó a consolidar a ese sector político y su base de apoyo le permitió crear la organización Acción Republicana.

Todo después de abandonar la UDI, es decir, correrse aún más al extremo de la derecha. Hoy Kast y sus seguidores son los más fieles representantes de la ultraderecha, reivindicando a la dictadura cívico-militar (1973-1990), la figura del dictador Augusto Pinochet, promoviendo ideas ultraconservadoras en materias sociales y de derechos y diversidad sexual, planteando medidas autoritarias ante fenómenos como la seguridad pública y la migración, y oponiéndose persistentemente a las políticas transformadoras y progresistas.

Ya figura en el panorama nacional el Movimiento Social Patriota (MSP) que, entre otras acciones, realizó agresiones contra mujeres en una marcha pro aborto (regó sangre en las calles) y agresivas puestas en escena contra grupos de diversidad sexual y migrantes.

Tendrían alrededor de 8 mil integrantes en regiones del país y mantienen posturas básicamente fascistas, racistas, anti-migrantes y anti-izquierda, homofóbicas y contrarias a la ola feminista. En el último año logró atención en la prensa y en ámbitos políticos, colocándose como ejemplo explícito de expresión ultraderechista.

Desde “la familia militar” también se vienen reagrupando segmentos de la ultraderecha en grupos de uniformados retirados, abogados de represores detenidos en Punta Peuco, realizando actividades internas y algunas manifestaciones públicas; la última, contra el alto mando del Ejército y el Gobierno de Sebastián Piñera por la decisión de pasar a retiro al director de la Escuela Militar por la realización de un reconocimiento al ex oficial Miguel Krassnoff, condenado por crímenes de lesa humanidad. Lo que puso a “la familia militar”, militares en retiro y abogados de ex uniformados, mucho más a la derecha de los personeros de Gobierno. Muchos de ellos votaron por Kast y negaron el sufragio a Piñera; y otros afirman hoy estar arrepentidos de haber respaldado al multimillonario.

En el mundo político se tienen informaciones de que en el alto mando de las Fuerzas Armadas y de Carabineros sigue existiendo una corriente pinochetista, reivindicadora del régimen militar, anticomunista, que se identifica en un ideario de extrema derecha, lo cual inclusive constatarían oficiales de estricta doctrina institucional. No en vano existe la constancia en las últimas décadas, que ex comandantes en jefe de distintas ramas terminaron militando en la UDI o RN, fueron legisladores de la derecha e incluso funcionarios del primer Gobierno de Sebastián Piñera.

Una agrupación ultraderechista que está en desarrollo hace tiempo es Acción Identitaria, de corte ultranacionalista, chovinista, contraria a lo que definen como “sistema democrático-liberal imperante” en el país. “Renuncia Bachelet” fue una de sus consignas más difundidas en los últimos dos años. Ahí se anidan posiciones populistas de corte nacionalsocialista, que en ocasiones dispersa la noción precisa de su carácter discriminatorio y autoritario.

En este espacio político se van consolidando figuras como la diputada de RN, Camila Flores, entusiasta defensora de Pinochet, reivindicadora de la dictadura y que acusó a la abogada de derechos humanos, Carmen Hertz, de “llamar a la lucha armada” y “a asesinar” a personas. La legisladora se opone a que se imparta la cátedra de derechos humanos en los colegios y permanentemente acusa de violentistas al Partido Comunista y otras organizaciones de izquierda. El diputado Ignacio Urrutia, de la UDI, también ferviente admirador del dictador, por quien pidió un minuto de silencio en el Congreso y que en varias ocasiones insultó y agredió a víctimas de la dictadura y sus familiares. A ellos se suma el pinochetista de siempre, senador Iván Moreira, y otros parlamentarios más discretos pero que tienen su afinidad con el pinochetismo. En torno de ellos se están agrupando personas de posturas ultraderechistas.

También se va extendiendo una fuerza ultraconservadora expresada en distintas agrupaciones evangélicas que tiene una base social reconocida y que, entre los episodios más conocidos, suma la agresión a la ex presidenta Michelle Bachelet durante el Te Deum Evangélico, así como actividades agresivas e intolerantes contra los gay, lesbianas, partidarias del aborto, migrantes y otros sectores. Personeros evangélicos lideraron campañas electorales a favor de Piñera, de Kast y candidatos de la UDI, RN. Hoy miran con aliento y ambición el éxito de los evangélicos brasileros vinculados a Bolsonaro, y sus expresiones explícitamente misóginas, homofóbicas, xenofóbicas, autoritarias y ultra religiosas.

En el mapeo aparece asimismo la Fuerza Nacional Identitaria (FNI), defensora del criollismo, del “hombre blanco”, de idearios nacionalsocialistas y nazis, ultra nacionalista y de corte populista.

El pinochetismo, en sus diversas expresiones, es un ideario latente en segmentos ultraderechistas, repartidos en distintos sectores que incluyen políticos, militares, empresarios, artistas, periodistas, académicos, legisladores, que se caracterizan más bien por sus actividades privadas, alejados de la opinión pública y que encuentran expresiones abiertas en las acciones de oficiales en retiro, familiares y abogados de represores o en actos como los homenajes al abogado Jaime Guzmán, reconocido ideólogo de la dictadura cívico-militar y fundador de la UDI.

El caldo de cultivo y separación de aguas

“El caldo de cultivo que se ha creado para el avance de la extrema derecha implica preguntas y desafíos a todo el espectro político pero a la derecha chilena, en particular, le plantea una reflexión y una toma de posición de rango histórico que puede afectar el futuro democrático del país”. Así lo planteó el académico de la Universidad de Chile, Ernesto Águila, en una columna en el diario La Tercera.

Explicó que “las condiciones sociales y políticas de nuestro país no son muy distintas (a Brasil y otros países) y todos los ingredientes del explosivo cóctel están presentes: un sistema democrático representativo en crisis (la mitad de los ciudadanos no vota, partidos deslegitimados); fuerte inmigración con las dificultades y prejuicios asociados; cooptación de la religiosidad popular por parte de movimientos evangélicos que combinan una ‘teología de la prosperidad’ pro mercado con un fuerte conservadurismo moral; casos de corrupción en la elite política; negacionismo o relativización de las violaciones a los derechos humanos; demanda por mayor seguridad pública”.

Es un tema, o varios temas, presente en los análisis realizados en países con notables avances de los ultranacionalistas y ultraderechistas, como Bélgica, Italia, Francia, Austria, Brasil, Colombia, donde se llega a la conclusión que no bastan las críticas a esos sectores, sino dar con el origen de su expansión, lo que incluye el respaldo de gran parte del electorado.

En Chile, por ejemplo, se ha constatado el respaldo a políticas represivas y autoritarias, las ideas de “orden” en la vida nacional, de posturas conservadoras ante fenómenos sociales y culturales. Explicado en algunos sondeos y en la votación de partidos y personeros de la derecha.

Águila, también ex director ejecutivo del Instituto Igualdad y militante socialista, escribió que “en la mayoría de los países europeos la derecha ha separado aguas de la extrema derecha. Ha entendido que lo que está en juego son valores democráticos y mínimos civilizatorios, y que el proyecto de la extrema derecha o el neofascismo no es parte de ese acuerdo básico”.

Y acto seguido puntualizó que “está por verse si la derecha chilena realizará o no esta separación de aguas; si su núcleo más liberal y democrático será condescendiente con este fenómeno o bien lo confrontará”.

En todo caso, el académico apuntó que “las primeras reacciones no son alentadoras. El Presidente Piñera valoró el programa económico neoliberal de Bolsonaro, relativizando con ello los aspectos autoritarios y anti derechos humanos de su discurso y programa (estamos hablando de alguien que ha defendido la tortura). Se vuelve así a la primacía de lo económico sobre el ethos democrático, lo que nos retrotrae al maridaje entre dictadura y políticas económicas ultraliberales”.

Alt-right”, “populismo de ultraderecha”

Junto a factores analizables en el contexto del sistema político nativo, y el estado de la política en el país, que pudieran ser, en efecto, caldo de cultivo para posturas surgidas desde rincones autoritarios y discriminadores (en diversidad de campos), en Chile se expanden ideas que van configurando un mapeo ideológico de la ultraderecha con componentes antiguos y otros más recientes. Todo con influencia de pensadores y organizaciones extranjeras, fundamentalmente europeas y estadounidenses.

Es así que en el seno de varias organizaciones de ultraderecha se profesa o asimila el ideario alt-right (“alternativa a la derecha” o “derecha alternativa”), de corte neofascista, autoritario, promotor de la supremacía racial y anti-migración, enemigo del movimiento feminista, afín al “populismo de derecha” y, para variar, contrario a cualquier expresión de diversidad sexual y posturas comunistas o marxistas.

La idea alt-right tiene origen en Estados Unidos, y opera de manera más virtual que orgánica, pero con propósitos y planteamientos que inciden en grupos ultraderechistas en varios estados de ese país. Lo mismo está ocurriendo en Chile, aunque se podría decir que ya encontró terreno fértil en grupos como Acción Identitaria, el Movimiento Social Patriota, grupúsculos evangélicos, otros con ligas al pinochetismo, entre otros.

Quienes se sienten parte de esa “derecha alternativa”, en Estados Unidos sobre todo, se mueven esencialmente en redes sociales, potencian tuiteros y blogueros, y apoyan a ultraconservadores y ultranacionalistas. En Chile no hay un catastro demostrable, pero se han observado ejercicios de ese tipo en redes sociales, sobre todo con las “noticias falsas” e injurias a personajes de la izquierda.

Hay cierta influencia en el mundo de la derecha chilena de los conceptos del Tea Party, un movimiento ultraconservador y nacionalista de Estados Unidos, y del ideario dejado en algunos rincones por Margaret Thatcher, la ex primera ministra de extrema derecha -del Reino Unido- que fue una aliada incondicional del dictador Augusto Pinochet y de la derecha chilena.

Sumado a eso, está en boga el concepto, asociado a una acción política, del “populismo de ultraderecha”, que es el que se expande por países europeos y latinoamericanos, consiguiendo triunfos políticos y electorales.

Tiene un componente autoritario, nacionalista, homofóbico, ultra privatizador, racista y xenófobo, de fanatismo religioso, enemigo de la izquierda, ordenador de la vida social y pública, limitador de derechos ciudadanos y sexuales, y que levanta banderas como oponerse al aborto, al ingreso de migrantes, dar respuestas represivas y criminalizadoras ante fenómenos de seguridad ciudadana y pública y frente a movimiento sociales.

El “populismo de ultraderecha” encuentra, por diversas circunstancias, espacios en la población, sobre todo con un discurso en materia de seguridad ciudadana, combate a la corrupción, falazmente “apolítico”, de corte “salvador” ante la política tradicional, ligado a expresiones religiosas (donde encajan los movimientos evangélicos), de estabilidad financiera y bienestar económico individual, y de “ordenamiento” ante procesos reformistas y transformadores -que se describen como perturbadores- que promueve la izquierda y el progresismo.

Junto a lo anterior, no pocos analistas están hablando del “populismo neoliberal”, que es aterrizar una serie de planteamientos económicos que hagan razón en la población y que apunten a reforzar ese modelo acentuando los aspectos individuales, de crecimiento personal, asistencialista y privatizador (inclusive como forma de vida por sobre el sentido comunitario).

En el caso chileno, en la coyuntura, ejemplo de aquello es el proyecto “modernizador” del Gobierno de derecha respecto a tributación, la “reforma” en materia de pensiones y la “adecuación” y “flexibilización” de la legislación laboral.

Más a la derecha 

En una entrevista dada a EMOL, Kenneth Bunker, doctor en ciencia política, explicando el sentido del viaje de la presidenta de la UDI a Brasil, para conversar con Jair Bolsonaro, indicó que hay un alza de partidos populistas de ultraderecha y que Jacqueline van Rysselberghe “identificó que también está pasando en Chile y que se tiene que adelantar”, y aseveró que “lo que está haciendo es ocupar ese espacio, porque está viendo que hacia allá se está moviendo el mundo, y con eso también está mandando una señal”.

Bunker dio algunas luces al sostener que “no hay nadie a la derecha de Kast, porque él se salió de la UDI para moverse a la derecha y está solo. Él es lo que podríamos denominar la figura populista antiliberal del escenario local”.

Apuntó que “normalmente, cuando uno mira a los líderes de derecha populistas antiliberales, son personas que se han desmarcado de los partidos políticos. Kast es el típico caso de un candidato como Bolsonaro, que siempre fueron parte del Congreso y después se salieron porque no encontraron el espacio para acceder al poder. Bolsonaro fue diputado, Kast también, pero ellos se salen. Son lo que en ciencia política denominamos outsiders y en general tratan de levantar una campaña que se bypassea a las instituciones para hablarle directo al pueblo, lo cual es la definición del populismo”.

En esa línea, representantes de los sectores más duros de la derecha, como el economista y ex ministro de la dictadura, Hernán Büchi, o el ex presidente de la UDI, Jovino Novoa, han insistido en la tesis de “no abandonar las ideas propias” y cuestionan que sectores de la derecha, en lo que incluyen a personajes como Piñera “se corran a la izquierda”. Son varios personeros del mundo ultraconservador -político, empresarial, académico e intelectual- que cuestionan el comprarse “la agenda de la izquierda” y aflojar en el ideario de la derecha.

En ese marco, cuando visitó a Bolsonaro, José Antonio Kast declaró que el posible triunfo del candidato ultraderechista es algo estratégico para su sector porque implica “el primer paso para la derrota de la izquierda ideológica”. Se refería sobre todo a la que representan el Partido de los Trabajadores, el Partido Comunista y otras fuerzas de izquierda.

Lo que señalaron varios analistas y personeros políticos es que si Van Rysselberghe y Kast fueron a sacarse la foto con el ultraderechista Bolsonaro, es porque tienen la convicción que les reditúa electoral y políticamente, en su sector y más allá, como en el espectro evangélico.

Hay una apuesta por ganar electorado en el extremo de la derecha lo que implica, de hecho, no buscar, como sostienen otros dirigentes del oficialismo, acercarse al centro y específicamente a la Democracia Cristiana que ven disminuida.

Fascismo campante, fuerzas identitarias

Uno de los casos de surgimiento y expansión de la ultraderecha lo constituye la organización Movimiento Social Patriota (MSP), que ha escenificado diversas acciones políticas y violentas y cuyos voceros no han dudado en dar entrevistas de prensa.

Es una agrupación fascista que ya cuenta con miles de adherentes, que funciona en varias ciudades y que se instala en sectores socioeconómicos altos así como en barrios populares, exhibiendo sus propuestas, emblema y distribuyendo su propaganda.

Una bandera de batalla es ir contra el movimiento pro aborto, contra toda expresión de diversidad sexual, contra los migrantes (“los chilenos primero”) y, por cierto, contra las ideas de la izquierda y transformadoras. “Daniela Vega es hombre, la verdad antes que la paz”, “Esterilización Gratuita para todas las hembristas”, estar en contra de toda “dictadura gay”, “feminazis”, “muerte a abortistas” y regar sangre en medio de una marcha de mujeres, son consignas y acciones de esta organización.

Jaime Morales, de “Resumen.cl”, en un documentado y descriptivo trabajo, señaló que las actividades del MSP “llevan a pensar en el resurgimiento de los movimientos de extremas derecha  de corte fascista en el país, y de su exponencial crecimiento en el territorio chileno durante los últimos años”.

Apuntó que el movimiento efectúa “acciones asistencialistas y performáticas que incitan al odio…Asumiendo posturas decididamente xenófobas, misóginas y homobóficas, (y) discursivamente intentan hacerse pasar por la minoría, los oprimidos y los discriminados. Se valen de ridículas teorías de la conspiración y fake news para fundamentar su posición”.

Morales explicó que el Movimiento Social Patriota se inspira “en las experiencias fascistas de Tercera Posición europeas como CasaPound (Italia) y Hogar Social (España)” y “busca desde una posición cultural y desde una raigambre social, generar organización de extrema derecha con rasgos populistas”. Algo que coincide con ese ideario “populista de ultraderecha” que comparten sujetos como Kast, segmentos de la UDI y otros grupos del ultraconservadurismo chileno, entre ellos evangélicos.

En el reportaje de “Resumen.cl” se lee asimismo que “el fascismo de tercera posición, más que ser el fascismo duro y abiertamente racista e intolerante que conocemos a través de los libros de historia, intenta tener un tono (o apariencia) distinto. Organizaciones como Casa Pound, Hogar Social, Acción Identitaria y Movimiento Social Patriota se caracterizan por pretender tener una aproximación más cultural que biologicista, y por intentar encubrir hábilmente la intolerancia propia, atacando y atribuyendo a los sectores más progresistas o de izquierdas como los supuestos verdaderos intolerantes. De este modo se enfocan más en el fenómeno migratorio que directamente en el factor racial, y critican a la globalización tomando en instantes discursos que parecieran ser de izquierda”.

Acción Identitaria, en sus resúmenes de ideario, señala conceptos que pueden parecer bastantes ambiguos, pero en sus actividades de propaganda y acciones políticas afloran los rasgos neofascistas, nacionalistas, de supremacía racial, autoritarios.

En su “programa político” plantean como eje “la soberanía, la identidad y la justicia social”. Para algunos comentaristas, los planteamientos tienen una dosis del nacional socialismo y de seguimiento de la doctrina de la dictadura. Así, sostienen que “el resurgimiento de la identidad de nuestro país y de sus tradiciones y virtudes, es nuestro principal objetivo. Asimismo, buscamos construir dentro de él una sociedad orgánica, vital, integral y con altos estándares de justicia, donde primen los intereses de la comunidad nacional por sobre los intereses individuales, partidarios o sectoriales”.

En su largo programa, Acción Identitaria plantea la defensa de “valores ancestrales” por encima de la “forma de vida impuesta por el mundialismo y la globalización”. Está por la desmunicipalización de la educación, instaurar la educación cívica en los colegios, “aumentar la penalidad” ante delitos graves y construir más cárceles, mayor “control efectivo de la inmigración”, “penalizar a quienes especulen y lucren con la miseria del pueblo”, defender los recursos naturales del país, “transformar a la población nacional en una sociedad de propietarios” y dignificar el trabajo, “por el derecho a una pensión y jubilación dignas”, por vivienda y salud dignas, “prohibición definitiva e inderogable del aborto libre”, entre otros puntos.

Esos planteamientos, junto al “activismo” y “servicio social”, captaron ya la adhesión de ciudadanos que visten las poleras azules o verdes del colectivo y el símbolo de Acción Identitaria, un torreón, como símbolo de defensa de la nación y de la identidad nacional.

Se conoce el trabajo que desarrolla en varias ciudades del país Fuerza Nacional Identitaria (FNI), que también tiene una postura nacionalista, alaba el criollismo, reivindica al “hombre de raza blanca”, y se apega a idearios como los de Amanecer Dorado, un grupo nazi de Grecia. Sostienen el “nacional-identitarismo: la vía del identitarismo criollo en un país sin Nación y en un mundo globalizado”.

La FNI se considera un grupo “socio-cultural”, un movimiento “pancriollista que aspira a la unificación de todos los criollos de Chile, para defender una Identidad que desde hace siglos se encuentra amenazada por las negativas condiciones de vida que atentan contra su continuidad biológica, psíquica y cultural”.

En una especie de declaración de principios, la organización ultraderechista sostiene: “FN-I busca ofrecer una real oposición al Liberalismo y sus implicancias político-económicas, al Marxismo cultural y sus consecuencias sociales, al Universalismo globalizante en sus diferentes expresiones, así como a la alta finanza, grupos económicos transnacionales, y organizaciones internacionales que les son funcionales”.

Al igual que el MSP y AI, la FNI prioriza por “acciones de propaganda” en todo el país, y por la realización de charlas y captación de adherentes.

Además, tanto el Movimiento Social Patriota como Acción Identitaria, efectúan labor comunitaria, jornadas de trabajo social, acompañamiento en barrios y poblaciones, charlas de formación, acciones en lugares públicos como esquinas, plazas y salidas de estaciones del Metro, principalmente en zonas de nivel socioeconómico medio y bajo. Ahí buscan su base social y nuevos adherentes.

“Ultraderecha 2.0”

En la página Web FútbolRebelde.org, se abordó en un reportaje el tema de la “ultraderecha chilena 2.0”, que sobre todo se agrupa en el MSP y los grupos identitarios, también en Acción Republicana y grupos pinochetistas activos.

En parte del texto se lee: “Hay ( ) sectores de la ultraderecha chilena actual, que apuestan por transformarse en alternativa política y social, probablemente electoral -a la usanza de sus espejos europeos…y sus ideas suelen entrar más fácil, sobre todo en jóvenes populares de familias más conservadoras, esas que son religiosas y creen fervientemente en el ascenso social”.

Se indica que “la primera característica de estos grupos, es que se niegan a sí mismos, al menos públicamente, como ultraderecha, neonazis y/o fascistas, y por ende, también son menos visibles en términos estéticos, ya que visten como la mayor parte de las personas, y sus simbologías no tienen mucho que ver con el nazismo”.

El trabajo de FútbolRebelde.org señala que “estos grupos adoptan un discurso social crítico del neoliberalismo, pro-capitalismo desarrollista, -a lo Trump, incluso en sus mensajes les hablan a las mayorías: trabajadores, derechos sociales, soberanía-; y populista -haciendo suyos discursos y prácticas que les permitan entrar en ciertas capas sociales chilenas de forma masiva-, fomentando el apoliticismo -ni izquierda ni derecha, los políticos no sirven- y anticorrupción”.

Por ahí se describen los formatos que desarrolla la ultraderecha en el país. Un sector sobre el cual podrán existir ponderaciones, pero que existe en el escenario local, que tiene alcances en sectores sociales y está demostrando contar con una base electoral.

 

 Publicado por: www.elsiglo.cl  

 

 

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