Sábado 15 de Diciembre del 2018

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Reflexiones de Teillier ante afirmaciones de Tironi

 

Reflexiones de Teillier ante afirmaciones de Tironi

El triunfo del plebiscito no se gestó en el aire, fue consecuencia de la lucha de un pueblo, de resistencia, de rebeldía, de lucha democrática, de protestas.

Guillermo Teillier. Presidente del Partido Comunista de Chile. No pretendo polemizar, ni desestimar las opiniones de Eugenio Tironi, que desde su perspectiva trata de invalidar o minimizar el papel del Partido Comunista (PC) en la derrota electoral de la dictadura en el plebiscito de 1989. Sólo me permito hacer algunos alcances.

Tampoco pretendo afirmar que el PC era poseedor de la verdad absoluta, pero que luchó contra la dictadura, luchó y consecuentemente con su proclamación de usar todas las formas de lucha, desde la resistencia, la rebelión popular y la lucha electoral.

Partamos desde el principio. El año 1973, las fuerzas de izquierda y democráticas progresistas, incluido el PC, fueron derrotadas mediante un golpe de Estado sangriento, con la intervención directa del Gobierno de los Estados Unidos.

Que no supimos defender el proceso de reformas estructurales iniciado por el Presidente Salvador Allende es una evidencia irrefutable, no sólo por falencias en la política militar del PC (y pienso que de otros partidos también), que nunca fue caracterizada principalmente como la lucha armada, que es la consecución de los objetivos políticos por otras formas, sino como la capacidad, en primer lugar, ideológica y política, para influir en las propias Fuerzas Armadas (FFAA) para evitar su involucramiento en un golpe de Estado. La derecha, con el apoyo sustantivo norteamericano nos derrotó ideológicamente al interior de las FFAA, lo que después del golpe significó el asesinato, la tortura o el destierro de militares constitucionalistas y de pensamiento democrático.

Pero como todos sabemos además, y espero hayamos aprendido la lección, la causa principal de la derrota fue la ruptura política entre fuerzas democráticas progresistas que, si se hubieran puesto de acuerdo sólo en impedir el golpe, tal vez el curso de la historia habría sido distinto y todo se habría resuelto por los causes democráticos, impidiendo la tragedia que significó la dictadura de 17 años para el país con las consecuencias que aún permanecen.

Si Eugenio Tironi quiere celebrar la derrota de la “perspectiva insurreccional de masas” el 5 de octubre, entonces que vaya a La Moneda, yo me quedaré en la calle celebrando la victoria sobre la dictadura, por ello luché y aun sigo luchando contra sus consecuencias.

Y nos hemos ganado ese derecho con creces. Reducir la conducta política de los comunistas bajo la dictadura a sólo un aspecto de la misma, no tiene asidero en la realidad. Desde un comienzo organizó la resistencia, salvaguardando la vida de sus militantes, organizando junto a otras fuerzas la búsqueda y defensa de los detenidos, prisioneros y desaparecidos. Organizando la solidaridad internacional. Iniciando mínimas pero heroicas acciones de protesta y propaganda cuando el terror predominaba. El partido sacaba su voz desde la difícil clandestinidad con diarios y folletos, informaba y trataba de forjar un camino de salida en medio de la dispersión y aplastamiento de las fuerzas políticas y sociales.

Los comunistas también fuimos contribuyentes desde un comienzo a la reconformación del tejido social, especialmente el sindical y poblacional, que en todos los aspectos de la lucha jugaron un papel vital.

Nadie puede negar que, desde el mismo golpe, el PC empezó a buscar la unidad de todas las fuerzas democráticas para acordar una salida conjunta a la dictadura, incluyendo, como el mismo Tironi lo reconoce, que, para facilitar ese proceso, el PC no integraría un Gobierno que resultara de esa coalición tras la derrota de la dictadura. Casi diez años estuvo en eso el PC y lo sostuvo como su principal formulación antes de ir progresivamente a una política de mayor agudización en la lucha contra la tiranía.

Entonces, la exclusión hacia el PC no provino de su política de rebelión popular, sino de mucho antes y está en la base misma del quiebre que produjo o facilitó el golpe de Estado.

El plebiscito fraudulento de 1980, que institucionalizó la dictadura hasta 1989 dejaba en claro que era muy difícil una salida democrática, más que nada por la dispersión de la oposición a la dictadura. Es la coyuntura que decidió al PC a agudizar la confrontación, porque por sí misma, la dictadura no entregaría el poder. ¿Estábamos equivocados? El asesinato del ex presidente Eduardo Frei y los de Orlando Letelier y el General Carlos Prats nos dice a las claras que Augusto Pinochet no buscaba precisamente entregar el poder.

Podríamos por ello haber desestimado el hecho que un sector muy importante de partidos, que después conformaron la Concertación, empezara a fraguar una posible salida el año 89. No fue así en nuestra discusión política, el año 1984 y 85, el PC estaba plenamente consciente de ello. Teníamos claro también que era una construcción excluyente hacia nuestro partido, sin cortar los vínculos, a subienda estos partidos que debían contar con la fuerza y los votos del PC en el momento de la confrontación electoral. El por qué de esta exclusión tiene muy distintas lecturas, una, la principal, que para lograr un cierto acuerdo que garantizara la realización del plebiscito del 89, entre quienes buscaban el consenso, sectores de derecha, de la propia dictadura y del gobierno norteamericano era menester dejar afuera al PC, por imposición de algunos de los concurrentes al acuerdo.

En esos años, 84, 85, el PC adoptó una posición que era ajustada a la realidad política del país y a su propia situación, excluidos de la posibilidad de participar de una coalición opositora, con una dictadura intransigente y represiva, cuyo fin no se vislumbraba. Decidió llevar adelante su política con el máximo esfuerzo, a sabiendas de que había dos posibles salidas, una el derrumbe de la dictadura y la conformación de un Gobierno de la oposición democrática con una nueva Constitución política, o una salida consensuada entre la dictadura y un sector opositor bajo ciertos términos de continuidad, especialmente en términos constitucionales. Lo que, si concluyó, es que ninguna de las dos sería posible sin que se diera el máximo esfuerzo en llevar adelante la política del PC.

En esa lógica es que, dentro de un sinnúmero de iniciativas de carácter popular y de masas, se dieron Carrizal y el ataque a la caravana de Pinochet. Que fueron reveses importantes, sí lo fueron, pero que, por otro lado, tuvieron como consecuencia que la oposición que nos excluía y el propio Gobierno norteamericano y sectores dentro de la dictadura, aceleraran el paso en la búsqueda de una salida, porque si la dictadura se prolongaba, la salida podía ser impredecible.

Endilgarnos que los comunistas preferíamos que la dictadura se prolongara es una ofensa increíble a nuestras víctimas y no voy a abundar en ello.

En relación al plebiscito mismo, los comunistas hicimos lo que teníamos que hacer: sacar conclusiones del análisis de la coyuntura política de ese momento y la conclusión, no sin debate interno, no sin quiebres partidarios, fue que el plebiscito abría una puerta para poner fin al período dictatorial, pero no a los amarres, ni a los poderes fácticos, pero sí a la represión y la imposición del fascismo. Por tanto, había que contribuir a esa posibilidad con el mismo criterio de realidad con que el año 85 impulsamos al máximo nuestra política de rebelión popular, llamando a inscribirse en los registros electorales y a votar. Eso sí, desconfiamos hasta el último minuto de que Pinochet reconociera el triunfo del NO, por ello mantuvimos en alto nuestra política. Luego votamos por Patricio Aylwin, a pesar de la exclusión, y por un tiempo mantuvimos la postura de una oposición constructiva con la esperanza de que muchas de las promesas de trasformaciones hechas por la Concertación se cumpliesen, fundamentalmente las de carácter institucional. Fuimos opositores, pero nunca concordamos ni consensuamos con la derecha. A pesar de las diferencias, siempre seguimos buscando la unidad y hoy más que nunca.

Creo que nunca nos hemos arrogado el triunfo del plebiscito, ni que este fuera solo producto de las protestas de los 80. Pero el triunfo del plebiscito no se gestó en el aire, fue consecuencia de la lucha de todo un pueblo, de 17 años resistencia, de sufrimiento, de rebeldía, de lucha democrática, de protestas, de acciones culturales y de solidaridad.

Por ello nuestras banderas, al igual que ayer en la lucha contra la dictadura y por la democracia, al igual que ayer en nuestra contribución en el triunfo del NO, estarán el 5 en la celebración de ese paso histórico del pueblo de Chile.

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