Viernes 21 de Septiembre del 2018

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Piñera no puede

 

Piñera no puede

 

Se le desbarató la agenda. El cambio de gabinete que era para ordenar al Gobierno, se convirtió en una crisis política que marcó el primer semestre.

Equipo ESMal primer semestre. Sebastián Piñera no pudo sostener su agenda de Gobierno. Tampoco consiguió un fluido cambio ministerial, que se convirtió en un bochorno. Le falló el relato del crecimiento, con la instalación de una percepción negativa en distintos sectores. No pudo hacer una instalación prolija, con fallas en el nombramiento de funcionarios (sobre todo en regiones) y una constatable “sequía legislativa”. Fue incapaz de mantenerse arriba en las encuestas, con bajas ostensibles. En seguridad ciudadana, el mandatario no pudo mejorar las cosas. Medios de prensa y analistas caracterizaron los primeros tiempos del mandatario como “una tormenta perfecta”, “momento de tensiones” y expansión de “errores no forzados” y “fuego amigo”.

Las advertencias y cuestionamientos llegaron desde su sector y de la oposición. El columnista conservador Hugo Herrera escribió que “hay una lista de errores graves que el Gobierno ha venido cometiendo y que amenazan sumirlo en la desaprobación profunda de la que ya no se sale”. Guillermo Teillier, presidente del Partido Comunista, señaló que “un problema que tiene este Gobierno es que perdió la confianza de la gente, defraudó a parte de su electorado, Piñera no pudo cumplir con las expectativas que prometió, lo del auge del crecimiento no lo siente el pueblo, se le desarmó la agenda y ahora está dedicado a ver cómo sale de todo eso”.

Hace un par de meses desde el oficialismo se comenzó a hablar del despegue del Gobierno pos instalación. Pero una serie de episodios negativos lo convirtieron en un despegue fallido. A seis meses de su administración, el mandatario está en medio de torbellino sin demostrar que pueda echar a andar su locomotora.

Se desbarató la agenda

El 9 de agosto se confirmó lo que sería el desbaratamiento de la agenda de Piñera. Él mismo se pisó la cola. Ese día sacó al ministro de Educación, Gerardo Varela, después de una seguidilla de errores mediáticos del funcionario, que terminaron con llamar a la gente a hacer bingos para reparar las escuelas. El Presidente había señalado el 30 de julio: “No vamos a hacer un cambio de gabinete porque haya una palabra más o menos”. Diez días después hizo todo lo contrario.

Y se metió en otro lío. Nombró a Mauricio Rojas como ministro de las Culturas, y a los 4 días tuvo que sacarlo ante la exigencia ciudadana, porque el funcionario calificó de “montaje” al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (MMDH); y a Luis Castillo como subsecretario de Redes Asistenciales, sobre quien pesa la denuncia de ocultar la autopsia del asesinado ex presidente Eduardo Frei Montalva, lo que le significó un enfrentamiento con el Partido Demócrata Cristiano, al que Piñera siempre quiere tener cerca.

Varela, Rojas y Castillo no fueron promovidos por ningún partido de la derecha. Esos nombramientos fueron de la entera responsabilidad del Presidente, y sólo él carga hoy con esos errores. A dos no pudo mantenerlos.

Se abrió una crisis política marcada por el mal manejo del mandatario. Y Piñera echó más fuego a la pradera. Dijo que crearía el Museo de la Democracia, como tácito contrapunto con el MMDH, lo que el ex mandatario Ricardo Lagos definió como “la teoría de cómo le empato al otro”. Sentenció que el ex presidente Salvador Allende “validaba la violencia y los mecanismos no democráticos”, frente a lo cual el Partido Socialista (PS) estableció que el jefe de La Moneda  “ha renunciado a su tarea de contribuir al reencuentro y la paz”.

Se le metió la agenda de derechos humanos, lo que generó una fuerte disputa entre Evópoli versus RN y la Unión Demócrata Independiente (UDI) respecto a la validación del Museo de la Memoria y la condena a los crímenes de la dictadura, generándose un cuadro de golpeteo en el oficialismo.

Para el analista Roberto Méndez “fue una crisis…con una arista repentina de efectos radicales que vino a dañar el cuidadoso diseño político de La Moneda”. Sostuvo que “el Ejecutivo perdió completamente el control de la agenda pública”.

Negativas percepciones

Todo aquello se sumó a problemas en el ámbito económico y laboral. Sebastián Piñera no pudo lograr un punto de encuentro entre los datos macro y la realidad ciudadana.

Si bien hubo cifras en números azules, con un crecimiento económico en el segundo trimestre de 5.3% y una expansión del 7,1% en la inversión, las percepciones en el país no eran buenas. Desde la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y diversos sectores se apuntó al escuálido aumento de salarios de un 0.1%, la continuidad de la pobreza arriba del 20%, y un desempleo oficial de 7.2%. Las críticas por elevar solo a 300 mil pesos el salario mínimo, fueron extendidas.

De acuerdo a la Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento, las empresas liquidadas en el primer semestre de 2018 subieron en un 47%, llegando a 647 cerradas. Sumado el cierre de fábricas como Maerks, Pastas Suazo e Iansa, los despidos en el sector público y medios de comunicación, la cifra de  nuevos cesantes se acercó a los diez mil.

El ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, advirtió que “estamos viendo que hay mayor dificultad para que el crecimiento se transforme en crecimiento del empleo” y transparentó que “el impacto sobre la gente común ha demorado más de lo que uno habría esperado”

Alejandro Fernández, gerente de estudio de Geminis, citado por el diario La Segunda, expresó: “El deterioro de expectativas se dio porque no se ven fundamentos para que la expansión acelerada de la actividad continúe…Las expectativas que había de la gestión del Gobierno no se han materializado”.

El Informe de Percepción de Negocios del Banco de Chile, dado a conocer en agosto, reveló que ejecutivos de empresas enfatizaron que “el desempeño de sus negocios ha sido más bajo de lo que esperaban a comienzos de año”. Eso los lleva a pensar que habrá un atraso en las expectativas de repunte o crecimiento durante este año.

El Índice de Percepción Económica, realizado por GKK-Adimark, anotó una caída de casi 3 puntos, situando el índice en 50 puntos, lo que indica una baja de la confianza de los consumidores chilenos. Max Purcell, directivo de la entidad, dijo, citado en El Mercurio, que “si hubiésemos hecho la encuesta en las últimas dos semanas, la verdad es que el indicador estaría incluso peor, estaría en el lado negativo”.

Un elemento prioritario para el Presidente es la seguridad ciudadana. No ha podido mejorar nada. En mayo, la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Nacional indicó que la victimización nacional llegó al 28%, más que en 2017. La denuncia de delitos pasó de 39.5% a 38.5%. Datos del Departamento de Análisis Criminal de Carabineros señalaron que, a nivel país, los robos con intimidación subieron un 15%, hubo un aumento de 10% de robos, un 11% de incremento de robos con violencia y en comunas populares de las Región Metropolita el aumento de diversos delitos creció arriba del 50%.

Mal en los sondeos

En su momento, el presidente de RN, Mario Desbordes, reconoció que “se acabó la luna de miel” del Gobierno con la ciudadanía. Daba cuenta de las dificultades del oficialismo. Y aquello se plasmó sobre todo en las encuestas, algo muy sensible para el Presidente Piñera.

El sondeo de Adimark, en junio, indicó que la aprobación de Piñera bajó de 54 a 50 por ciento. El informe señaló que “la desaprobación aumenta 10 puntos porcentuales, pasando de 30% en abril a 40% en mayo”. Señaló también que “la aprobación en el segmento socioeconómico bajo presenta un descenso significativo”, situándose en 42%.

El sondeo de Criteria, de agosto, señaló que del 60% de respaldo en junio, se pasó a 49% en julio y que el 41% desaprueba la forma en que Piñera está conduciendo el Gobierno. La aprobación al Gobierno pasó de 56% a 47%.

La encuesta Cadem, fijó en 45% la aprobación a Piñera, representando una baja de 15 puntos. El Gabinete gubernamental presentó un 31% de rechazo.

Las dudas sobre si el mandatario podrá revertir este escenario son poderosas. La baja del precio del cobre, la guerra comercial de Estados Unidos contra China y presiones de empresarios para que baje los impuestos, son elementos que apuntan a bajo crecimiento y problemas en la economía.

Septiembre y octubre se le vienen encima con la conmemoración del golpe de Estado, del triunfo del No contra la dictadura (su sector votó Sí) y los 20 años de la detención de Augusto Pinochet en Inglaterra, a quien Piñera defendió.

Para La Moneda, las medidas en materia de tributación, trabajo y pensiones aparecen como reconstructivas de la imagen del Gobierno, pero son materias complejas donde llueven los cuestionamientos y que constituyen más puntos de polémica que de aprobación fluida.

Quizá se estén calibrando las palabras de la vocera de La Moneda, Cecilia Pérez, cuando señaló que “todos los errores que podamos cometer, (hay que) corregirlos con sentido de urgencia”.

elsiglo.cl

 

 

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